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Eames: ciencia y diseño

“Take your pleasure seriously” , Charles Eames

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Charles y Ray Eames frente a la maqueta conceptual de la exposición “Mathematica” que diseñaron para el California Museum of Science and Industry en 1961 por encargo de IBM Corporation. Crédito: Eames Office, LLC.

Existen parejas que pueden (o no) llevarse bien en el amor, pero que trabajando juntas son capaces de complementarse hasta el punto de convertir su relación en una fuente de energía creativa arrolladora. Éste fue el caso de Charles y Ray Eames que, además de marido y mujer, fueron el dúo de diseñadores más importante del siglo XX.

Los Eames son un arquetipo de colaboración creativa, pero también de unión entre conocimiento científico y humanista. Charles, como arquitecto, aportaba el conocimiento técnico, mientras que Ray imprimía el sentido artístico y estético. El éxito de sus trabajos son hoy la demostración de que la innovación y la creatividad surgen, a menudo, en la frontera entre disciplinas pero, sobre todo, cuando las personas ponen en contacto sus respectivas imaginaciones. En palabras de Charles: “en última instancia todo se conecta -personas, ideas, objetos. La calidad de las conexiones es la clave de la calidad en sí”.

Sus personalidades se atrajeron como polos opuestos y, gracias a su alianza sentimental y profesional, los Eames dejaron un legado fascinante.  Juntos abarcaron un amplio rango de disciplinas: arquitectura, diseño de muebles, películas, fotografía… Prácticamente, no hubo ningún medio o soporte que la pareja no abordara con imaginación e inventiva. Como manifestó Charles en una ocasión: “es una reacción en cadena; cada tema nos lleva al siguiente”.

Trailer del documental “Eames: The Architect and the Painter” (2011) que analiza la relación profesional y personal del dúo de diseñadores.

Divulgación de la ciencia
Aunque la fama les llegó gracias a sus diseños de muebles, especialmente de sillas (como la inmortal Lounge Chair and Ottaman), los Eames se consideraban a sí mismos comunicadores de imágenes. Su objetivo principal era redefinir cómo el público entendía la información y cómo ésta debía ser presentada, ambición que les convirtió en pioneros de la sociedad de la información. Como manifestó Charles en cierta ocasión: “detrás de la era de la información está la era de las oportunidades”.

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Charles y Ray Eames trabajando en un prototipo de la Aluminum Group Lounge Chair en 1957. Crédito: Eames Office, LLC.

Concebían sus proyectos como “llamadas a las armas”, manifiestos intelectuales para educar al espectador en los que conseguían trasmitir grandes cantidades de información pero “dejando salir el buen humor”. Los Eames llamaban a esta estrategia “diversión seria” y a través de ella desarrollaron una amplia labor educativa, fundamentalmente, en la divulgación de la ciencia, a través de revolucionarios diseños de exposiciones, libros y películas que hoy en día siguen siendo un referente.

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Imagen de Charles Eames tomada por el fotógrafo Peter Stackpolel en la Case Study House, donde vivía la pareja, para la revista LIFE en 1950. En el pie de foto del reportaje puede leerse: “Los diseños naturales contenidos en las plantas del desierto de Mojave fascinan a Eames a quien le gusta colgarlos en la pared de su estudio. De ellos dice que recibe ideas para sus propios diseños ” (Enlace al reportaje fotográfico completo al clicar en la imagen) . Créditos: Time Inc.

Posiblemente,  la clave principal del éxito de los Eames en la divulgación de la ciencia es que ellos mismos fueron, además de curiosos, unos investigadores incansables. Su colaboración, durante la Segunda Guerra Mundial, con el ejército de los Estados Unidos les permitió tener acceso a los últimos avances tecnológicos en materiales y maquinaria que luego aplicaron a sus creaciones. A lo largo de su carrera, diseñaron muebles con madera contrachapada, fibra de vidrio, plástico, malla metálica, aluminio… que moldeaban con aparatos que ellos mismos desarrollaban en su estudio. Además, inventaron sistemas de asientos múltiples para aeropuertos o escuelas, contenedores, sillas apilables, etc. Y desarrollaron un innovador estilo arquitectónico de bajo coste y diseño minimalista basado en procesos industriales y en la utilización de módulos prefabricados.

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Una muestra de la frecuente correspondencia que la oficina de los Eames mantuvo con científicos. En este caso se trata de una carta al biólogo Jean-Paul Revel, uno de los muchos asesores de la película “Powers of Ten” (1977). Crédito: Manuscript Division, Library of Congress (E-02)

Pero los Eames no sólo estaban al día en el desarrollo de nuevos materiales y técnicas de producción, sino que también adoptaron el lenguaje, la estética y la metodología de la ciencia para crear su impactante estilo visual. De hecho, los Eames tuvieron entre sus colegas y amigos a reconocidos científicos que colaboraron con ellos en muchos de sus proyectos, especialmente, los educativos.

Los Eames se comprometieron a fomentar el entendimiento popular sobre los beneficios sociales del conocimiento. Para ello, desarrollaron la peculiar habilidad de traducir las ideas complejas en simples imágenes con las que conseguían hacer la ciencia fascinante y accesible para el público general. La fórmula seguida por los Eames consistía, por un lado, en mostrar la belleza y la elegancia de los principios científicos y, por otro, en relacionar los aspectos desconocidos de la ciencia con aspectos familiares de la vida cotidiana. De esta forma convirtieron sus exposiciones y películas en atractivas experiencias de aprendizaje en las que la ciencia se integraba con el arte, el diseño y la filosofía.

Colaboración con IBM
La labor divulgativa de los Eames está estrechamente relacionada con la empresa informática IBM. En la década de 1950, tras conocer el filme A Communication Primer (1953) que explicaba el uso del ordenador en un lenguaje llano, IBM contrató al dúo de diseñadores para crear una serie de películas y exposiciones para su programa educativo. El objetivo de éste no era promocionar los productos de la empresa, sino ayudar a entender a la sociedad el potencial y el impacto de las nuevas tecnologías en el futuro. El primer encargo de IBM al estudio Eames fue la realización de la película The Information Machine (1957), una especie de remake de su anterior filme. De esta forma, comenzó una colaboración que se prolongó más de tres décadas y en la que los Eames llegaron a crear más de cincuenta películas, libros y exposiciones para la multinacional informática.

Pero el proyecto más importante encargado por IBM fue Mathematica: A World of Numbers…and Beyond, una exposición interactiva de matemáticas que se convirtió en un referente mundial del diseño de exposiciones científicas para museos. La muestra se realizó en 1961 para inaugurar una nueva sección del California Museum of Science and Industry en Los Angeles. Charles y Ray Eames pasaron un año investigando y diseñando Mathematica. El objetivo de la exposición era crear una exposición que entretuviera y educara, o como expresó Charles: “iluminar a los aficionados sin avergonzar a los especialistas”.

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Charles Eames mostrando a miembros de IBM el “cubo de la multiplicación”, un interactivo formado por 512 luces que resolvía las funciones de elevación al cuadrado y al cubo escritas por los visitantes a través de un teclado. Crédito: IBM Corporate Archive

El folleto de la exposición dejaba claro su planteamiento:

“Las matemáticas son una herramienta. Las matemáticas son una ciencia. Las matemáticas son una obra de arte. Las matemáticas son un lenguaje, un lenguaje conocido y usado a diario, un lenguaje que toca y afecta a casi todas las áreas del trabajo humano y el juego.”

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Una llamativa cinta de Moebius, interpretada con una flecha móvil, se convirtió en un de los elementos distintivos de la exposición “Mathematica”. Crédito: Eames Office, LLC.

El resultado fue espectacular. Dos muros de 15 metros delimitaban la exposición: el “muro de la historia”, una línea temporal que resumía los principales logros de matemáticos famosos; y el “muro de la imagen”, que mostraba de forma gráfica principios matemáticos fundamentales. Nueve instalaciones interactivas ocupaban el área central de la exposición  e intentaban explicar al público general conceptos como la multiplicación, la topología, la mecánica celeste, la probabilidad y la geometría proyectiva (explicaciones que se completaban con el catálogo de la exposición). Además, cinco “peep shows” mostraban a los asistentes divertidas películas de animación de dos minutos -con música de Elmer Bernstein-, sobre conceptos matemáticos. Sus títulos: Simetría, Eratóstenes, Topología, Funciones y 2n.

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Dispositivos individuales de visionado o “peep shows” mostraban a los visitantes películas de animación de dos minutos sobre conceptos matemáticos. Crédito: IBM Corporate Archive

Mathematica encantó a los espectadores.  Su éxito abrió el apetito del público por entender la ciencia y allanó el camino para la creación de exposiciones experimentales y de museos como el Exploratorium de San Francisco o el Museo de Chicago de Ciencia e Industria. Además, hizo historia convirtiéndose en la exposición para museo, patrocinada por una empresa, de más larga duración hasta la fecha. Se mantuvo abierta hasta 1998, antes de recorrer los principales museos de arte de Estados Unidos. Actualmente, la exposición original se exhibe en el New York Hall of Science y una copia se encuentra como instalación permanente en el Museo de la Ciencia de Boston.

Vídeo realizado por el  New York Hall of Science que explica los elementos que componen la exposición “Mathematica”

Tras Mathematica, los Eames siguieron diseñando exposiciones científicas para IBM, como A computer Perspetive (1971) que recorría la historia del procesador de datos y el ordenador;  Copernicus (1972) con motivo de los quinientos años del nacimiento del astrónomo (a quien los Eames también dedicaron una película);  Isaac Newton: Physics for a Moving Earth (1973), exposición itinerante sobre astronomía y física; y Movable Feasts and Changing Calendars que repasaba los usos de los calendarios desde la antigüedad hasta el presente y su vinculación con la astronomía.

Exposiciones Universales
Los Eames también participaron en otros montajes de gran impacto visual y estético que, de un modo u otro, siempre estuvieron relacionados con la ciencia. El dúo de diseñadores formó parte de La Exhibición Nacional Estadounidense (American National Exhibition) realizada en Moscú en 1959.  La muestra fue organizada por el Departamento de Estado de EE. UU. para promover el intercambio cultural entre las dos superpotencias, aunque en realidad se trataba de un escaparate propagandístico en el que mostrar “ciencia, tecnología y cultura” por turnos.

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Imagen de “Glimpses of the USA”, una espectacular instalación de pantalla múltiple ideada por Charles y Ray Eames para la gran exposición de Moscú en 1959. La película se proyectó dentro de una cúpula geodésica diseñada por Busckminster Fuller. Crédito: Eames Office, LLC.

El diseño corrió a cargo del arquitecto y diseñador George Nelson de la empresa Herman Miller (representante del mobiliario Eames), quien recomendó al dúo de diseñadores para que produjeran una película que mostrara las ventajas del estilo de vida estadounidense. El resultado de esta colaboración fue una espectacular instalación de pantalla múltiple, conocida como Glimpses of the USA, situada dentro de la nueva cúpula geodésica diseñada por el visionario y genial arquitecto Buckminster Fuller.

Con esta suma de talentos, no es de extrañar que la instalación fuera calificada por la prensa mundial como una auténtica “maravilla tecnológica”. Constaba de siete pantallas de seis por nueve metros. Juntas formaban un mosaico en el que se proyectaba una película de nueve minutos compuesta por 2.200 imágenes.

La película comienza con imágenes del espacio exterior -mostrando estrellas, constelaciones, cúmulos estelares, nebulosas, etc.-, hasta que, de manera parecida a lo que luego harían en su famosa película Powers of Ten (1977), aterriza en el ciudad mientras el narrador dice: “Las mismas estrellas que brillan en Rusia brillan en los Estados Unidos. Desde el cielo, nuestras ciudades se ven muy parecidas”. Seguidamente, la película pasa a mostrar los detalles de “un día normal de trabajo”  y un “día típico de fin de semana” en la vida de los habitantes de los Estados Unidos.

La proyección de los Eames fue el gran éxito de la Feria. Cerca de tres millones de personas se amontonaron en este espacio durante las seis semanas de exhibición. Hasta el propio Fuller afirmó: “nadie había hecho nada como esto antes” e instó a los anunciantes y a los directores de cine a seguir la senda experimental y efectista marcada por los Eames.

Tras esta exitosa puesta en escena, los Eames se hicieron imprescindibles en las sucesivas exposiciones culturales.  Y su sistema de narración fragmentada en pantalla multiple se convirtió en su sello distintivo. En 1962 participaron en la Feria Mundial de Seattle (The Century 21 Exposition) en la realización de una película de 14 minutos titulada The house of Science. Esta vez se trataba de una proyección sincronizada sobre seis pantallas cóncavas instaladas en el interior de una sala oval. La película servía de prólogo para el pabellón de la Ciencia donde se divulgaba conceptos relacionados con disciplinas como las matemáticas, la astronomía, la ciencia atómica y la genética.

Y en 1964 los Eames, junto con el arquitecto Eero Saarinen, se hicieron cargo del pabellón de IBM para la Feria Mundial de Nueva York (1964 New York World’s Fair). La principal atracción de la muestra fue el Ovoid Theater, un recinto elevado a 27 metros de altura con forma de huevo. En su interior se proyectaba sobre 22 pantallas de diferentes formas y tamaños el documental THINK, mezcla de animación, planos fijos e imágenes reales, narrado por un presentador en directo. El objetivo de la película era dar la bienvenida a los espectadores a la era de la informática e intentaba establecer una relación entre el procesamiento informático y asuntos corrientes como organizar una cena con invitados o predecir el tiempo.

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Charles Eames enseña una maqueta del Pabellón IBM y su principal atracción, el Ovoid Theater, a Dean R. McKay, vicepresidente de la compañía. Crédito: Eames Office, LLC.

Dos elementos de la muestra Mathematica fueron reproducidos para la exposición: el muro con el collages de anécdotas de matemáticos y la máquina de probabilidades de más de 4 metros. El estudio también produjo para la exposición tres películas de marionetas creadas por ordenador para familiarizar a los visitantes con los ordenadores y el procesamiento de datos: Computer Day at Midvale, Cast of Characters y Sherlock Holmes in the singular case of the plural green Mustache.

El pabellón fue desmantelado al concluir la exposición. Sin embargo, los Eames produjeron varias películas más como documentos para la posteridad: IBM at the Fair (1965), un vídeo-resumen sobre la feria,  y View from the people wall (1966), una versión condensada en una sola pantalla de la película THINK.

Películas científicas
Las películas fueron el hilo conductor de todos los proyectos de los Eames. Durante toda su carrera, Charles y Ray llegaron a producir más de 100 filmes. “No son sólo películas, sino intentos de comunicar una idea”, decía Charles. Su estilo, próximo al cine experimental, estaba basado en la fragmentación narrativa y en una deliberada sobrecarga informativa. Su fórmula: cortes rápidos, imágenes fijas, animación, colores vivos y la música de Elmer Berstein, el gran compositor de cine americano, autor de bandas sonoras como Los Diez Mandamientos, Matar a un ruiseñor o La Edad de la inocencia.

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Charles y Ray Eames durante el rodaje de una de sus películas . Crédito: Eames Office, LLC.

La máxima expresión Eamesiana en el medio cinematográfcio -hoy considerada como obra maestra-,  fue una película de divulgación científica: Powers of Ten. Se realizaron dos versiones, una en 1968 para la Comisión de Física Universitaria, y otra en 1977 más completa. La película  está basada en un libro de 1957 titulado Cosmic View: the Universe en Forty Jumps del holandés Kees Boeke, aunque el concepto de escala ya había sido tratado en dos películas anteriores de los Eames, A Communication Primer y 2n.

El filme explora el tamaño relativo de las cosas desde lo microscópico hasta lo cósmico. El espectador viaja desde una vista aérea de un hombre en un parque de Chicago a los límites exteriores del universo directamente sobre él. La imagen se aleja cada diez segundos a una distancia diez veces mayor hasta alcanzar la cifra de 10 elevado a la 25ª potencia. Luego, la imagen empieza a descender en sentido contrario hasta adentrase en el mundo microscópico que figura en la mano del hombre, alcanzando la cifra de 10 elevado a la menos 16ª potencia.

La versión completa, de nueve minutos, fue realizada en colaboración con el profesor de física del MIT Philip Morrison, que hace de narrador en la película, y un grupo de asesores en astrofísica, biología, genética y física de partículas. El proceso de realización fue toda una hazaña para la época. Tardaron más de un año en reunir todo el material y para ordenarlo tuvieron que construir un banco de animación de 12 metros de largo.

La película se distribuyó en escuelas y fue vista por varias generaciones de niños. En 1982 se convirtió en un libro, Powers of Ten: A Book About the Relative Size of Things in the Universe and the Effect of Adding Another Zero, escrito por Philip Morrison, Phylis Morrison y la Oficina Eames. La película, dado su valor histórico y estético, fue incluida en 1998 para su preservación en el Registro Nacional de Cine de la Biblioteca del Congreso de EE.UU.

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Charles y Ray Eames posando dentro de las patas metálicas de sus sillas Dining Chairs Metal (DCM) sobre la acera frente a su estudio, en 1947. Crédito: Eames Office, LLC.

La realización de la película concluyó un año antes de la muerte de Charles y constituyó su último gran logro personal y como pareja. Tras su fallecimiento, Ray cerró las puertas de su estudio y se dedicó a catalogar y escribir sobre el legado de su marido. Ella murió en 1988, exactamente, diez años después que él. El día antes de su muerte ella le dijo a un amigo: “sé que día es mañana”.

Interesante e inspiradora charla TED realizada por Eames Demetrios, nieto del dúo de diseñadores, sobre las claves del proceso creativo de los Eames.

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Universo Kubrick

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Universe (1960) de Roman Kroitor y Colin Low, National Film Board of Canada. Un excelente documental que inspiró a Stanley Kubrick en el diseño de efectos especiales de 2001: una odisea del espacio.

Los grandes creadores saben sacar partido de su propio talento e inspiración. Pero, a menudo, también necesitan fijarse en la obra de otros. El dominio público es siempre una fuente rica de creatividad. Una prueba de que sin el préstamo y la adaptación muchas grandes obras maestras que hoy admiramos no hubieran podido existir es la película 2001: una odisea del espacio (1968) del enigmático director de cine Stanley Kubrick.

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Kubrick durante el rodaje de 2001: una odisea del espacio. Esta imagen pertenece a una serie de 20 fotografías realizadas por la revista LIFE en el set de la película. Crédito: Dmitri Kessel-Time & Life Pictures / Getty Image

A estas alturas no hay nada que podamos descubrir de este excelente cineasta, pero resulta interesante comprobar cómo su preocupación por la minuciosidad y el detalle le llevó a investigar cada uno de los temas que trataba en sus películas con una precisión casi científica. Tal y como se descubrió tras su muerte (y se muestra en el documental Stanley Kubrick’s Boxes), llegó a recopilar habitaciones enteras de documentación que archivaba en cajas que el mismo diseñaba, ya que las que había en el mercado no le parecían adecuadas. Por supuesto, la preparación de 2001: una odisea del espacio no estuvo exenta de una obsesiva búsqueda de inspiración y preocupación por el detalle.

Sorprende, sin embargo, los motivos por los que Kubrick quiso hacer una película sobre la exploración espacial aún sin tener un interés particular por la ciencia. De hecho, sentía una especial desconfianza hacia los progresos tecnológicos; cosa que no es de extrañar dado su carácter hipocondríaco. Kubrick dudaba acerca de la capacidad del género humano para sobrevivir a su propia capacidad de inventar armas de destrucción en masa. No obstante, llegó a la conclusión de que la conquista del espacio, tal vez, era la única cosa que la raza humana podía hacer para evitar su desaparición. Esta idea y un informe sobre la posibilidad de vida en otros planetas, que leyó durante su investigación para su anterior película ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú, hicieron que Kubrick se decidiera a realizar una película de ciencia ficción que tratara sobre el destino del hombre, su papel en el Cosmos y su relación con una posible forma de vida superior.

Consejo de expertos

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Stanley Kubrick y Arthur C. Clarke (en el centro) custodiado por un grupo de asesores, entre ellos, el ingeniero Fred Ordway III de la NASA (de blanco). Crédito: Kubrick Family Estate

Para 2001: una odisea del espacio Kubrick se entrevistó con distinguidos astrónomos, expertos en vida extraterrestre y viajes espaciales, médicos, teólogos, biólogos, químicos… Muchas de estas entrevistas se grabaron para incluirlas en la película en forma de introducción, ya que la intención inicial de Kubrick era hacer lo que él calificó como un “documental mitológico”, aunque finalmente desechó esta idea. También visitó las instalaciones de la NASA y otras empresas implicadas en la carrera espacial a fin de descubrir cómo eran y cómo funcionaban. Kubrick contrató como asesores a dos técnicos del Centro Marshall de la NASA: el ingeniero Fred Ordway y el diseñador Harry Lange, quienes formaban parte del equipo de Wernher von Braun, promotor del proyecto de exploración espacial americano

El famoso divulgador Carl Sagan convenció a Kubrick de que no mostrara alienígenas con forma humanoide. Cuando vio la película en su estreno, se alegró de haber puesto su granito de arena.

El famoso divulgador Carl Sagan pudo ser el germen del famoso monolito de 2001: una odisea del espacio ya que convenció a Kubrick de que no mostrara en la película alienígenas con forma humanoide. Cuando vio la película en su estreno, se alegró de haber contribuido a que el cineasta hubiera apostado por una representación más abstracta de la inteligencia extraterrestre. Crédito:  NASA/JPL

Incluso, llegó a tener un transcendental encuentro con el conocido astrónomo y divulgador Carl Sagan a quien pidió opinión sobre cómo representar una posible inteligencia extraterrestre. Kubrick quería usar actores para retratar alienígenas humanoides ya que era mucho más barato. Sin  embargo, Sagan lo convenció de que no lo hiciera. Así lo contaba él en uno de sus libros:

“Alegué que era tan grande el número de improbables acontecimientos individuales en la historia de la evolución del hombre, que tampoco era probable existiesen en el Universo seres parecidos a nosotros. Sugerí entonces que cualquier representación explícita de un ser extraterrestre avanzado, sin duda alguna mostraría, al menos, un elemento de falsedad y que la mejor solución sería sugerir a los seres extraterrestres en lugar de retratarlos sui generis.”  (La Conexión Cósmica, 1973)

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Muchos críticos de arte han visto similitudes entre el monolito de 2001: una odisea del espacio y las pinturas del artista francés Georges Yatrides quien utiliza este símbolo en muchas de sus obras como representación de un conocimiento superior. Sus obras empezaron a exhibirse en los años 50 y 60, coincidiendo con el periodo de producción de la película, por lo que es muy probable que Kubrick y Clarke pudieran inspirarse en ellas. Two Figures on the Beach, 1963. Colección privada.

A pesar de que Kubrick no dejó escapar ni un solo aspecto técnico que pudiera ofrecer una imagen poco plausible sobre el futuro, se enfrentaba a un gran reto: cómo mostrar visualmente y de forma realista cosas que nunca antes se habían visto.  Cabe tener en cuenta que cuando Kubrick empezó a idear 2001: una odisea del espacio la carrera espacial acaba de empezar, por lo que no existían apenas referencias sobre cómo se veían las cosas desde el espacio. De hecho, las sucesivas noticias e innovaciones que se iban sucediendo durante la exploración espacial (como los paseos espaciales, las fotografías de planetas tomadas por las sondas, etc.) llegaron a ser un suplicio para el equipo de producción ya que tenía que rectificar constantemente sus diseños.

El viaje del héroe

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Stanley Kubrick y Arthur C. Clarke durante la escritura del guión de 2001: una odisea del espacio en el apartamento del director en Central Park. Crédito: Colección Kubrick Family Estate

Para buscar inspiración Kubrick visionó un gran número de películas de ciencia ficción, como Metropolis (1926), La vida Futura (1936) o Planeta Prohibido (1956), así como algunas títulos japoneses ambientados en el espacio del género Kaiju Eiga. También leyó multitud de novelas y relatos de los mejores escritores de género fantástico, como Isaac Asimov, Ray Bradbury, Robert A. Heinlein y, por supuesto, Arthur C. Clarke, quien finalmente fue contratado para escribir el guión de la película. El cineasta se interesó por él tras leer su novela El fin de la Infancia de la que la 2001: una odisea del espacio tomaría prestado algunas de sus ideas centrales, aunque la inspiración más directa vino de otro relato de Clarke llamado El Centinela.

El primer borrador del guión se llamó “Cómo se conquistó el Sistema Solar” y más tarde, “Viaje más allá de las estrellas”, hasta que en 1965 pasó a ser 2001: una odisea del espacio. Es probable que Kubrick y Clarke se basaran en el poema épico griego La Odisea de Homero. Según el director,

“una Odisea espacial es casi lo mejor que se nos ha ocurrido – comparable en algunos aspectos a La Odisea homérica. Nos percatamos de que para los griegos las vastas extensiones de mar tenían el mismo tipo de misterio y lejanía que el espacio tiene para nuestra generación, y las alejadas islas visitadas por los maravillosos personajes de Homero eran no menos remotas para ellos que para nosotros lo son los planetas que nuestros astronautas pronto explorarán. También comparte con La Odisea un interés por la reflexión, la exploración y la aventura.” (“Beyond the Stars,” Jeremy Bernstein, The New Yorker Magazine, 1965)

También hay quien ha visto otras similitudes argumentales como, por ejemplo, entre HAL 9000 y el cíclope Polifemo, o el apellido del protagonista del filme, Bowman (‘arquero’ en inglés), y la pericia de Odiseo (Ulises) con el arco. Sea como sea, 2001 es una narración épica y, como tal, es lógico que se inspirara en una de los relatos más influyentes de la cultura occidental. Como también puede considerarse épico el proceso de escritura del guión: Kubrick y Clarke llegaron a estimar que habían dedicado más de 2.400 horas para una película de dos horas y veinte minutos y donde hay poco menos de 40 minutos de diálogo. Así lo justificó Kubrick:

“No es un mensaje que yo haya tratado de convertir en palabras. 2001 es una experiencia no verbal (…) Traté de crear una experiencia visual que trascendiera las limitaciones del lenguaje y penetrara directamente en el subconsciente con su carga emotiva y filosófica. Como diría McLuhan, en 2001 el mensaje es el medio” (Playboy Interview, 1968)

Futuro simple

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Maquetas utilizadas en el documental Universe. El método artesanal empleado en la elaboración de los efectos especiales y el realismo y la precisión alcanzados hicieron que Kubrick contratara a su equipo de producción para 2001: una odisea del espacio. Crédito: NFB

Pero Kubrick seguía sin tener claro el diseño visual de la película. La iluminación le llegó tras visionar un modesto documental canadiense en blanco y negro de apenas 30 minutos de duración titulado Universe (en la versión en francés, Notre Univers). Realizado por el National Film Board de Canadá en 1960, la película explica los últimos avances en cosmología de la época. Este excelente y enigmático documental (cuya atmósfera recuerda a los episodios de la mítica serie La Dimensión Desconocida) no sólo inspiró a Kubrick, sino que se convirtió en visión obligada por los técnicos de la NASA, que ordenó más de 300 copias de la película, durante los preparativos de la misión tripulada a la Luna. También recibió una veintena de premios importantes, incluyendo un premio BAFTA a la Mejor Película de Animación, el Premio del Jurado a la Animación en el Festival de Cannes y la nominación a los Óscar al Mejor Cortometraje Documental.

Lo que más llamó la atención al cineasta Stanley Kubrick de esta película, hasta el punto de contratar a su equipo de producción, fue el modo ingenioso en que, sin un gran presupuesto, consigue mostrar de forma realista aspectos astronómicos de difícil visualización, como el nacimiento de una nebulosa o los procesos de formación de estrellas a partir del gas y el polvo cósmico. De hecho, para la realización de estas imágenes, su técnico de efectos especiales, Wally Gentleman, tan sólo necesitó derramar unas gotas de tinta sobre un pequeño recipiente metálico con aceite de coco. Al parecer, la inspiración le llegó cuando, al diluir un poco de crema de leche en su café, se percató en cómo un rayo de Sol proyectaba en el techo una galáctica espiral en rotación. El mismo procedimiento, pero en color y sobre negativo de 65 mm, se utilizó más tarde en 2001: una odisea del espacio para crear las explosiones de estrellas y las nubes de gas y polvo interestelar que el protagonista ve durante su ‘viaje’ a través de la Puerta Estelar.

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Universe no sólo fascinó a Kubrick por su original diseño, sino que también llamó su atención la voz de su narrador Douglas Rain a quien contrató para dar vida a la misteriosa computadora HAL 9000. Crédito: Warner Bros. / MGM

Cabe destacar que la idea y el diseño de producción de Universe estuvo marcado, a su vez, por un encuentro que uno de los directores del filme, Colin Low, tuvo en París con Berthold Bartosch, un vanguardista artista checo pionero del cine de animación que, según le explicó, tenía previsto realizar una película sobre el Cosmos. Como a Kubrick con Universe, también a Low le sorprendió la sencillez y el ingenio de las técnicas que Berthold había previsto usar, especialmente las relacionadas con los tiempos de exposición y la profundidad de campo; ideas que luego ‘tomaría prestado’ para su documental.

Obra de artesanía 

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Maqueta de la nave espacial Discovery One. Para mantener la ilusión de una única fuente brillante de luz, tal y como ocurre en el espacio con el Sol, el equipo técnico tuvo que renunciar a una mayor iluminación. Esta limitación obligó a grabar a velocidades extremadamente lentas y, por lo tanto, a largas sesiones de rodaje con turnos de 24 horas. Crédito: Warner Bros. / MGM

Sin duda, las sutiles y misteriosas imágenes de Universe convencieron a Kubrick de que la sencillez era el mejor aliado para conseguir el grado de realismo que quería para su película. Esto hizo que el cineasta decidiera finalmente que los efectos especiales de 2001: una odisea del espacio estuvieran basados en métodos tradicionales. Esta solución, lejos de simplificar las cosas, complicó extremadamente la producción del filme y obligó a los responsables del equipo técnico a ingeniárselas, incluso renunciando muchas veces a procedimientos más eficaces.  Por ejemplo, para las naves espaciales, en lugar de rodar las maquetas sobre un fondo azul y añadir el resto a partir de otro negativo, como se hace habitualmente en este tipo de producciones, se optó por utilizar complicadas técnicas de rotoscopia, similares a las que se usan en animación, que exigían pintar manualmente miles de hojas de acetato.

Se rodaba con media docena de cámaras simultáneamente y, a veces, en turnos de 24 horas. Además, para conseguir la nitidez y la profundidad de campo necesaria para que las maquetas estuvieran totalmente enfocadas y así no parecer miniaturas, se grababa con aperturas tan pequeñas que obligaban a exposiciones de hasta cuatro segundos por imagen. Algunos planos requerían tanto tiempo de grabación que, tal y como expresó Kubrick, “era como ver la aguja de las horas de un reloj”.

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Maqueta de la Space Station 5 abandonada en algún lugar de la campiña inglesa en 1974. Al terminar la película Kubrick mandó destruir todos los modelos construidos para que no pudieran ser utilizados en otras producciones. Poco después de haber obtenido esta imagen, la maqueta fue destrozada por vándalos. Crédito: Trevor Parsons / The Kubrick FAQ

Resulta paradójico que una película como 2001: una odisea del espacio, construida mediante métodos artesanales más propios del cine mudo que de la moderna industria cinematográfica, esté considerada como una de las películas técnicamente más complejas de la historia del cine. Estas palabras de Kubrick dan una idea de la dificultad del proyecto:

“Nos dimos cuenta de que había 205 escenas con efectos especiales y que cada uno de ellas requeriría un promedio de 10 pasos principales para completarlas. Defino como ” paso principal ” aquel en el que una escena requiere de otro técnico o departamento. (…) 10 pasos para 200 escenas equivale a 2.000 pasos. Pero si piensas que la mayoría de estos pasos había que repetirlos más de ocho o nueve veces para asegurarse de que eran perfectos, el total real era de más de 16.000 pasos por separado.  Esto significaba un increíble número de diagramas, organigramas y otros datos para mantener todo organizado y ser capaz de recuperar la información que alguien podía necesitar sobre algo que otro había hecho siete meses antes. En un un momento dado teníamos que ser capaces de saber en qué etapa se encontraba cada escena . Y el  sistema funcionó”.

Orden e ingenio

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La revista Popular Science publicó en su número de Junio de 1968 un detallado reportaje sobre los efectos especiales de la película titulado “How they filmed 2001: A Space Odyssey” que incluía dibujos del ilustrador oficial Bob McCall.

No es de extrañar que el tiempo de producción de la película se alargara cuatro años. En los estudios de la MGM en Borehamwood (Inglaterra) se creó una sala de control para coordinar todo el trabajo. Bocetos, storyboards, informes de progreso, hojas de notas, fotografías y cualquier sistema imaginable de archivo y de gestión de información se utilizaron para realizar el seguimiento de todos los avances que se iban produciendo en la grabación. Se decía que durante el rodaje se respiraba en los estudios una atmósfera más frenética que en las instalaciones de Cabo Kennedy durante un lanzamiento espacial.

Para 2001: una odisea del espacio también se desarrollaron innovaciones tecnológicas como: un revolucionario diseño de cámara llamado Slit-scan con la que realizaron la psicodélica secuencia de la “Puerta Estelar”; la utilización de un complicado sistema de proyección frontal mediante pantallas polarizadas para las secuencias de los simios; o, quizás, la más espectacular de todas, la construcción de una centrifugadora gigante de doce metros de diámetro y dos de ancho para representar el compartimento principal de la nave Discovery y su sistema de gravedad artificial.

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El impresionante set de rodaje de la centrifugadora. El tambor podía rotar 360 grados a 5 kilómetros por hora y estaba rodeado de compuertas móviles para las cámaras, que tuvieron que ser modificadas para poder funcionar como un sistema de circuito cerrado e, incluso, operar cuando estaban boca abajo. Fuente: Bizony, Piers (2001). 2001 Filming the Future. London: Sidgwick and Jackson

Sin embargo, algunos de estos derroches tecnológicos se complementaron con altas dosis de ingenio. Por ejemplo, para que no se vieran los cables que soportaban a los actores o a los planetas se grabaron verticalmente desde abajo de forma que el propio cuerpo de los astronautas o la maqueta ocultaba las sujeciones. También algunos fondos del cielo estrellado se consiguieron salpicando pintura blanca mediante cepillos de dientes. Incluso se modificó tres amplios frigoríficos para hacer los ataúdes criogénicos de los astronautas. Y no deja de ser llamativo que se decidiera que la misión del Discovery fuera a Júpiter en lugar de Saturno porque el equipo técnico no sabía cómo hacer los anillos.

Puzle de piezas

Universe no fue la única película que inspiró a KubricK. También le causó una gran impresión otro documental que vio durante su visita junto con Clarke a la Feria Mundial de Nuevo York de 1964, un grandioso escaparate de la cultura y la tecnología americana en el que la carrera espacial ocupaba un lugar destacado.

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Cartel de la película To the Moon and Beyond producida por la NASA y proyectada en la Feria Mundial de Nuevo York de 1964, exposición que Kubrick y Clarke visitaron en busca de inspiración para 2001: una odisea del espacio. Crédito: nywf64.com

La película, titulada To the Moon and Beyond, estaba producida por la NASA y se proyectó en un formato experimental llamado Cinerama 360 en el interior de la gigantesca cúpula del Pabellón T&T, conocida durante la feria como “Moon Dome” por estar su exterior cubierto con una reproducción en relieve de la superficie lunar. Se encargó de su realización la empresa Graphic Films en la que trabajaba un joven aprendiz llamado Douglas Trumbull a quien, por supuesto, Kubrick reclutó para formar parte del grupo de producción de efectos especiales de 2001: una odisea del espacio. No tuvo mal ojo, pues Trumbull no sólo fue el artífice de la increíble secuencia de la “Puerta Estelar”, sino que más tarde se convertiría en uno de los más grandes expertos de efectos especiales de la historia del cine, siendo el responsable de películas como Encuentros en la tercera fase, Blade Runner o, recientemente, El árbol de la vida.

Secuencia de la Puerta Estelar realizada por el técnico de efectos especiales Douglas Trumbull mediante una cámara Slit-Scan modificada. A través de este complejo aparato, Trumbull convirtió una serie de imágenes de distintas procedencias, desde pinturas pop-art hasta diagramas electrónicos o láminas de arquitectura, en los espectaculares e hipnóticos dibujos de luces. Esta secuencia contribuyó al éxito de la película ya que las salas se llenaron de espectadores dispuestos a ‘colocarse’ con ayuda de alguna que otra sustancia alucinógena.


2001: una odisea del espacio
 se estrenó en 1968, el mismo año que el Apolo 8 realizó el primer vuelo orbital tripulado a la Luna. La película ganó sólo el premio a los mejores efectos especiales en los Óscar de ese año. En la nominación no aparecía el nombre de ninguno de sus cuatro supervisores. Sí, en cambio, el de Kubrick que ocupaba en los créditos el cargo de director y diseñador de efectos especiales. Aunque el cineasta no estuvo presente en la ceremonia, el premio no sentó del todo bien a algunos miembros del equipo técnico de la película.  Sin embargo, ninguno de ellos olvidaría nunca el privilegio de haber podido trabajar en un proyecto tan experimental y a las órdenes de uno de los mejores cineastas de la historia. Al fin y al cabo, era la mirada de Kubrick la que convirtió 2001: una odisea del espacio en una obra tan inmortal como su oscuro monolito.

Pero, más allá de la extraordinaria visión cinematográfica de Kubrick, de la experiencia de 2001: una odisea del espacio pueden desprenderse varias conclusiones. Por un lado, que la producción creativa es proporcional al acceso a la cultura. Por lo tanto, ya sea en el arte o en la ciencia, es necesario garantizar que cualquiera pueda inspirarse en la obra de otros. A menos que aprendamos a compartir nuestras ideas con los demás, nos quedaremos estancados en una cultura inmovilista y un mundo de problemas sin solución. Y por otro, que un grupo no es sólo una colección de talentos individuales, sino una oportunidad para que estos ingenios se superen y creen algo más grande de lo que nadie hubiera imaginado. 2001: una odisea del espacio es un magnífico ejemplo de que cuando se consigue reunir una combinación acertada de ideas y cuando las personas colaboran de una manera adecuada, el resultado sólo puede ser mágico.

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La elipsis más larga de la historia del cine: 4 millones de años de evolución tecnológica, desde las primeras herramientas de hueso hasta las naves espaciales. Aunque hay quien sostiene que Kubrick tomó prestada la idea del documental de Frank Capra Rendezvous in Space (1964), es, sin duda, una de las imágenes más emblemáticas del séptimo arte.

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Frank Capra: ¡Qué bella es la ciencia!

Muchos recordarán a Frank Capra por ser el director de películas tan emotivas e inolvidables como la navideña ¡Qué bello es vivir! (1946). Sin embargo, pocos conocen que este famoso cineasta estadounidense de origen italiano fue también un excelente divulgador científico que dedicó los últimos años de su vida a explicar ciencia básica a través del, por aquel entonces, nuevo medio televisivo y utilizando los recursos expresivos de los dibujos animados.

Imagen de Frank Capra en la campaña publicitaria de Apple Computer “Think Different” de 1998

Capra tuvo un interés permanente por la ciencia. Antes de empezar su carrera en el mundo del cine, se licenció en ingeniería química en el Instituto Tecnológico de California (Caltech), entonces conocido como Throop University, con el que nunca llegaría a perder el contacto. De hecho, Capra se consideraba a sí mismo un científico frustrado y cuando uno de sus biógrafos le preguntó sobre dónde hubiera acabado si no hubiera sido director de cine, respondió:

“Con [el Dr. Edwin] Hubble. Como un astrónomo. Podría estudiar las estrellas y los planetas para siempre. Siempre he querido saber por qué, por qué… Las películas cambiaron mi mentalidad. Me metí demasiado en el negocio del cine. Pero cuando recientemente he vuelto a Caltech y escucho sobre cosas que no conozco, como los agujeros negros… ¡Maldita sea! ¡Me vuelvo loco! ¡Cómo demonios he renunciado a lo que desconozco!… Pero parece que las imágenes en movimiento tienen un terrible dominio sobre mí. No sé lo que es…”.
De Frank Capra: The Catastrophe of Success, Joseph McBride

La fascinación de Capra por la ciencia era tal que llegó a incluir conceptos científicos en algunas de sus películas, obligando a sus guionistas a readaptar las escenas. Como es el caso Vive como quieras (1938) en el que su protagonista, James Stewart, suelta un alegato a favor del uso de la energía solar en una de las secuencias románticas del film.

“Recuerdo que en la Universidad otro hombre y yo teníamos una idea; queríamos saber lo que hacía crecer la hierba verde, porque hay un motor diminuto en el verde de la hierba y en el verde de los árboles que tiene el misterioso don de poder coger la energía de los rayos del Sol y almacenarla. Bueno, nosotros pensábamos que si eramos capaces de encontrar el secreto de todos esos millones de pequeños mecanismos en esta materia verde, podríamos hacerlos más grandes, y entonces podríamos obtener todo el poder que necesitáramos para siempre tan sólo de los rayos del Sol.”

Fotograma de la película '¡Qué bello es vivir!' dirigida por Frank Capra en 1946

A mediados de la década de 1950, Capra decidió retirarse del cine de Hollywood tras el fracaso en taquilla de varios de sus films, en especial, de la conocida ¡Qué bello es vivir!, hoy película de culto. Sin embargo, quiso recuperar su vinculación con la universidad de Caltech con la intención de producir una serie de películas educativas sobre ciencia para televisión. Como resultado, Capra no sólo produjo, sino que dirigió y escribió cuatro especiales para la CBS que fueron patrocinados por la American Telephone and Telegraph Company (AT & T) y los Laboratorios Bell.

Rodaje de la película 'Caballero sin espada' dirigida por Frank Capra (sentado en el suelo) en 1939

Our Mr. Sun (1956), Hemo the Magnificent (1957), The Strange Case of the Cosmic Rays (1957) y Unchained Goddess (1958) son los títulos de las cuatro películas realizadas por Capra . Cada una de ellas trata sobre un tema concreto: el Sol, el sistema circulatorio humano, la radiactividad y el cambio climático (sí, han leído bien). En su conjunto forman parte de una serie de nueve episodios en la que se combinan imágenes científicas, actores en vivo y animación para transmitir conceptos científicos. En la serie participaron, además de Capra, otros directores, entre ellos, Walt Disney, que fue el anfitrión de la última película de la llamada Bell Laboratory Science Series. (Ver enlaces a las películas y comentarios al final del artículo)

Ciencia animada

Frank Capra fue portada de la revista 'Time' en 1938

En un momento en el que el número de televisores en blanco y negro aún era muy elevado, Capra apostó por el uso de los dibujos animados mezclados con imagen real en Technicolor. Capra ya era un gran amante de los dibujos animados incluso antes de producir estas películas. De hecho, a principios de los años 30, fue el responsable de asegurar un contrato de distribución de Disney con Columbia. Consciente de la eficacia de esta potente herramienta pedagógica, Capra convirtió la animación en la pieza clave de su propuesta y reunió a cuatro de las mejores empresas de dibujos animados del momento para trabajar en el proyecto: UPA, Disney, Shamus Culhane Productions y Warner Bros.

Se distribuyeron gratuitamente copias en 16mm de las películas en muchas escuelas de los Estados Unidos donde eran utilizadas regularmente en las aulas. De esta manera, la serie se convirtió en un éxito rotundo y un referente generacional para aquellos estudiantes que crecieron y se formaron con ellas. (Como ejemplo, basta echar un vistazo al cortometraje en animación tradicional de Pixar “Your Friend the Rat”  que utiliza el formato de película educativa, probablemente, inspirado en la serie de los Laboratorios Bell).

La serie guarda cierto parecido con los episodios de “Tomorrowland” del programa de televisión Disneyland que dirigió el legendario animador Ward Kimball (cuyas películas ya hemos tratado en este blog).

El presentador de la serie de los Laboratorios Bell, Frank C. Baxter, se hizo tan popular que tiene una estrella en el paseo de la fama de Hollywood

Sin embargo, el diseño de la Bell Laboratory Science Series es, tal vez, más simple y orientado a la didáctica. En siete de las ocho películas que componen la serie, la estrella principal es el Dr. Frank C. Baxter, un afable profesor de literatura que hace de narrador y conductor. Aunque no era científico, Baxter se convirtió en un icono de la ciencia, algo así como un Eduard Punset, para la generación del baby boom americano de después de la Segunda Guerra Mundial. De hecho, tiene su propia estrella en el paseo de la fama de Hollywood.

Un final de Ciencia Ficción

La última película de la filmografía de Capra fue Rendezvous in Space, un documental futurista encargado por la empresa Martin Marietta Corporation. El film se mostró en la Feria Mundial de Nueva York de 1964, inspiradora de lo que más tarde Walt Disney convirtió en su famoso parque de atracciones.

Vista general de la Feria Mundial de Nueva York de 1964 con su símbolo la Unisphere en el centro

La exposición estuvo dedicada a la carrera espacial, a pesar de su lema “paz mediante el entendimiento”, y tuvo su símbolo en la Unisphere, un globo terráqueo gigante de acero que algunos recordarán haber visto en películas como Men in Black.

El documental de Capra muestra los planes del programa espacial americano de la época, principalmente, los relacionados con el diseño de transbordadores espaciales tripulados y con la construcción de una estación espacial orbitando la Tierra. Hay historiadores que sostiene que éste documental sirvió de inspiración a Stanley Kubrick para 2001: Odisea del espacio, quien tomó prestado algunas ideas del film de Capra, como la elipsis de un sombrero que se convierte en un cohete espacial y que Kubrick utilizaría supuestamente para la escena del hueso arrojado por un simio que da paso a una estación espacial, así como el uso de composiciones musicales clásicas como banda sonora. Después de la Feria, el film se siguió exhibiendo en el salón de la ciencia de la ciudad.

Portada de la novela 'Marooned' de Martin Caidin en su edición de 1964

A mediados de 1960, Capra quiso dirigir una película de ciencia ficción y, durante sus últimos años, trabajó en la pre-producción de una adaptación de la novela Marooned de Martin Caidin, autor también de la famosa Cyborg que inspiró la serie The Six Million Dollar Man y The Bionic Woman. El libro trata de una misión espacial tripulada que queda atrapada en la órbita de la Tierra y espera, mientras el oxígeno se acaba, que una nave experimental la rescate.

Sin embargo, las limitaciones presupuestarias hicieron que, finalmente, Capra abandonara el proyecto. La película fue definitivamente dirigida por John Sturges y se estrenó en 1969, cuatro meses después de la misión Apolo 11, por lo que muchos detalles del libro original se adaptaron en el film para reflejar los avances en el programa espacial americano.

Poster del film 'Marooned' dirigida por John Sturges en 1969

También la novela fue reescrita siguiendo el planteamiento de la película donde son tres los astronautas (y no uno) a bordo de una nave espacial Apolo (en lugar de una Mercury) quienes esperan el rescate por parte de un cohete Titán III-C (en sustitución de la experimental Gemini) y una nave Soyuz 11 (en vez de una Vostok), curiosamente, misión que más tarde, en 1971, terminó en tragedia cuando regresaba de la primera estación espacial tripulada Salyut 1.

La serie de los Laboratorios Bell

Estas son las películas que componen la Bell Laboratory Science Series:

1. Our Mr. Sun (1956)

Esta película educativa es un excelente repaso  sobre lo que en aquella época se sabía de la estructura y el funcionamiento del Sol, así como sobre su influencia sobre la vida en la Tierra. Escrita y dirigida por Capra, está  protagonizada por Frank C. Baxter, que hace de investigador, y el conocido actor Eddie Albert, que interpreta a un escritor de ficción. Se encargó de la animación el magistral estudio UPA Pictures, fundado por un modernista grupo de animadores de Disney que estaban cansados del estilo realista de la factoría y de la moda de los ‘animales parlanchines’.

Pusieron las voces a los personajes animados: Sterling Holloway, como Chloro Phyll, conocido por ser la voz de Winnie the Pooh o el gato Cheshire en Alicia en el país de las maravillas; el veterano actor Lionel Barrymore, que interpreta en el film el papel del Padre Tiempo, y que muchos recordarán por ser el villano de la película de Kapra ¡Qué bello es vivir!; y Marvin Miller, el Sol del film, conocido por ser la voz del robot Robby en la película Forbidden Plantet o el narrador del Show de la Pantera Rosa, entre otros personajes.

A pesar de las estupendas explicaciones del film y su afán didáctico, no deja de sorprender las constantes referencias religiosas en su narración, reflejo del contexto y circunstancias de su tiempo. La película gano un premio Emmy a la mejor edición de película para televisión. Our Mr. Sun supuso el debut de la serie y fue emitida en la CBS en 1956 en horario de prime time, lo que deja entrever que el propósito de los Laboratorios Bell no era el público infantil, sino el adulto. Su emisión llegó a nueve millones de hogares y se distribuyeron 600 copias de 16 mm en escuelas y otras instalaciones educativas.

2. Hemo The Magnificent  (1957)

La película explica el funcionamiento del sistema circulatorio. Junto con Our Mr. Sun, es una de las películas más populares de la serie y muchas escuelas continuaron proyectándola en sus aulas hasta los años 80. Como en la anterior película, contrasta en el film las didácticas explicaciones sobre la evolución y el surgimiento de la vida desde los océanos, con las empalagosas referencias religiosas.

Fue escrita y dirigida por Frank Capra, y protagonizada nuevamente por el tándem Frank C. Baxter, como investigador, y el actor Richard Carlson, como escritor. La animación fue realizada por la Shamus Culhane Producctions, una empresa fundada por un animador emigrado de la factoría Disney (donde fue responsable de la mítica secuencia de la canción “Heigh-Ho”  de Blancanieves y los siete enanitos), y amante del estilo experimental de la vanguardia rusa, como plasmó en la fabulosa película del Pájaro Loco, El barbero de Sevilla.

Poniendo las voces de los personajes animados, destaca la interpretación, como ardilla, de Mel Blanc, también conocido como “el hombre de las mil voces” por interpretar a multitud de personajes como Bugs Bunny, el Pato Lucas, Pablo Mármol de los Picapiedras o el robot Twiki de Buck Rogers, entre otros. El personaje protagonista, Hemo, lo interpretó Marvin Miller, la voz del Sol en Our Mr. Sun.

3. The Strange Case of the Cosmic Rays (1957)

Esta película trata de explicar qué son y cómo funcionan los rayos cósmicos, partículas muy energéticas procedentes del espacio exterior que chocan con nuestra atmósfera, cargándola eléctricamente, y cuyo origen sigue siendo un misterio. El film fue escrito y dirigido por Frank Capra, y protagonizado por Frank C. Baxter y el actor Richard Carlson, conocido por sus trabajos en películas de terror y ciencia ficción, entre ellas, el clásico It Came from Outer Space (1953). Como en el caso de Hemo de Magnificent, la animación fue encargada al vanguardista estudio Shamus Culhane Producctions.

En este extracto de la película se muestra, como si fuera un western, cómo los científicos llegaron a deducir la existencia de la radiación cósmica cuando estudiaban los fenómenos de ionización, es decir, el proceso por el cual el átomo adquiere carga eléctrica, por medio de un instrumento llamado electroscopio (representado en la animación como un banco de electrones).

Las investigaciones mostraron que algo arrancaba electrones de sus átomos aún estando en recipientes cerrados e incluso aislados de los rayos ultravioleta (encarnados en el film como una mujer fatal de sinuosas curvas), los rayos gamma (un mágico ladrón que atraviesa paredes) y la radiación de materiales radiactivos (un grupo de forajidos armados con los números de los isótopos del uranio impresos en sus ropas). El efecto fue atribuido a una radiación extremadamente penetrante que fue llamada “radiación ionizante” y cuyo origen se vinculó inicialmente a la radiactividad terrestre hasta que, a mediados de la década de 1920, se utilizó la expresión “rayos cósmicos” para señalar que la radiación procedía de fuera de la Tierra.

4. Meteora: Unchained Goddess (1958)

Fue la cuarta película y la última de la serie producida por Frank Capra, quien co-escribió el guión y, a diferencia de las otras tres de películas, cedió la dirección al actor Richard Carlson, que también aparece en la película junto con Frank C. Baxter, cada uno en sus respectivos papeles de escritor e investigador.  Lo sorprendente de este film de 1958 es que se adelantó casi 50 años al panfletario documental de Al Gore Una verdad incómoda (2006) al tratar, de manera sospechosamente parecida, el tema de los posibles efectos adversos de un calentamiento global. Con este enfoque, el film explica diferentes aspectos relacionados con el clima, como el viento, las nubes o la lluvia, a través de una dramática fotografía que contrasta con una humorística animación, nuevamente, de la experimental Shamus Culhane Productions.

La idea de un calentamiento global ya era conocida en aquel momento, especialmente, por la publicación un año antes del film de un documento, firmado por el oceanógrafo  Roger Revelle, en el que sugería que un exceso de emisiones de dióxido de carbono haría que los océanos de la Tierra absorbieran este gas a un ritmo mucho más lento de lo previsto por los geólogos, provocando un “efecto invernadero”. Con base en ese conocimiento, Capra imaginó, a través del cine, lo que podría esperarse de tal situación. Así empieza el film:

Dr. Frank C. Baxter: “Una cuestión sumamente peligrosa. Porque con nuestros conocimientos no tenemos idea de lo que podría suceder. Incluso ahora, el hombre puede sin querer cambiar el clima del mundo a través de los residuos de su civilización. Debido a nuestras emisiones, a través de las fábricas y los automóviles, de más de seis millones de toneladas de dióxido de carbono cada año, que ayuda al aire a absorber el calor del Sol, la atmósfera parece estar calentándose”.

Richard Carlson: ” ¿Es esto malo?”

Dr. Frank C. Baxter: “Bueno, se ha calculado que un aumento de unos pocos grados en la temperatura de la Tierra derretiría los casquetes polares. Y si esto sucede, un mar interior ocuparía una buena parte del valle del Mississippi. Los turistas, en barcos con fondo de cristal, verían las torres inundadas de Miami a través de 150 pies de agua tropical. Con el clima, no estamos tratando sólo con fuerzas de una variedad mucho mayor que cualquiera de las que los físicos atómicos hayan encontrado, sino también con la vida misma. “

Tras el cuarteto de Capra, completaron la serie otros cuatro títulos igualmente extraordinarios:

5. Gateways to the Mind (1958), trata sobre los sentidos.  Especialmente interesante son las imágenes que muestran lo que podría suceder como resultado de la privación sensorial extrema. Las animaciones tienen un punto de psicodelia muy propia de la época y de los supuestos experimentos que algunos animadores se atrevieron a hacer con LSD. Contó con la presencia del neurocirujano canadiense Wilder Penfield, creador de un mapa sensorial de la corteza cerebral e impulsor de importantes avances en neurocirugía, especialmente, en operaciones de epilepsia,  y el psicólogo Hadley Cantrell, quien co-dirigió un estudio sociológico sobre la retransmisión radiofónica de La Guerra de los Mundos.

6. The Alphabet Conspiracy (1959), trata sobre el lenguaje. Intervino en el film el genial animador de Warner Bros. Friz Freleng, autor de series como Looney Tunes, Merrie Melodies y La Pantera Rosa.

7. Thread of Life (1960), magistral película que trata de explicar el desarrollo de la teoría genética desde Mendel hasta Watson y Crick . Incluye sencillas explicaciones sobre el ADN, la reproducción humana y la división celular. La animación fue producida por Warner Bros. a través de un de sus animadores, Robert McKimson, autor del diseño definitivo de Bugs Bunny y creador de personajes como el Gallo Claudio, el Demonio de Tasmania o Speedy González;

8. About Time (1962), sobre el tiempo, en el que intervino el actor Richard Deacon, (nota friki: el médico calvo y con gafas del inicio de la maravillosa Invasion of the Body Snatchers (1956). (No encontré enlaces al vídeo)

9. The Restless Sea (1964), sobre los océanos, que cerró la serie y tuvo a Walt Disney como maestro de ceremonias. (No encontré enlaces al vídeo)

Resumiendo, ya sea como divulgador científico o como cineasta, las películas de Capra son siempre un placer; relatos llenos de valores en los que el director reflejó su alto compromiso ético con la sociedad a la que perteneció.  El sacrificio hacia los otros, la familia, la lucha por un ideal, la búsqueda de la verdad… son temas que Capra siempre quiso que estuvieran en cada una de sus películas, por lo que todas ellas pueden ser utilizadas con fines educativos. Aunque se  critica su cine como ingenuo y sentimental, lo cierto es que su visionado es más que recomendable, especialmente, en una sociedad en crisis como la actual.

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Divulgación Disney (II): el genio nuclear

En esta segunda parte, seguiremos analizando el contexto de Guerra Fría durante el cual se desarrolló la labor divulgativa de Disney, especialmente, relacionada con la carrera espacial y la energía atómica, y analizaremos dos de sus peliculas, hoy en día, más políticamente incorrectas: “Our Friend the Atom” (1957), una apología de la energía nuclear, y “Eyes In Outer space” (1959),  sobre el uso de tecnologías para manipular el clima.

Walt Disney en la portada de la revista Time de diciembre de 1954

Como vimos en la entrada anterior, el éxito de los productos de divulgación realizados por la factoría Disney en los años 50 estuvo muy ligado con el desarrollo del medio televisivo tras la posguerra. El despegue de la televisión comenzó, sobre todo, a partir de 1952 con la concesión de nuevas licencias para cadenas que quedaron en manos de poderosas multinacionales del sector electrónico. Walt Disney supo aprovechar este contexto y se enfrentó abiertamente al nuevo medio desde una perspectiva pedagógica que sólo ha sido comprendida por unos pocos comunicadores; posiblemente, el último y el más mediático de todos, haya sido Carl Sagan con su serie Cosmos.

Como un equilibrista, Disney supo combinar el entretenimiento y el espectáculo con la divulgación científica; los intereses empresariales con la preocupación pedagógica; la comunicación de masas con la responsabilidad social. Todos sus proyectos tuvieron siempre un fondo de interés por la vida animal y las maravillas naturales y culturales del mundo, a la vez que estimulaban a reflexionar sobre el progreso y el mundo del futuro. El escaparate ideado por Disney para materializar esta inquietud didáctica fue su programa de televisión y parque de atracciones Disneyland.

Reportaje televisivo de la inauguración de Tomorrowland en 1955

En ambos medios, su talento divulgativo destacó especialmente en su visionaria sección conocida como Tomorrowland, en la que Disney incluyó una proyección impresionante de cómo sería la vida futura del hombre y sobre los fabulosos logros de la ciencia. En Tomorrowland, la intención era mostrar al público, sobre todo, a la generación más joven, que la ciencia era la nueva frontera de los tiempos modernos, capaz de conducir a la humanidad por los caminos pacíficos de progreso.

Walt Disney con su diseño de ciudad del futuro al fondo. El EPCOT estaba concebido como una urbe construida en círculos concéntricos cuyo núcleo estaba protegido por una cúpula para controlar el clima en su interior.

La fascinación de Disney por los avances científicos le llevó a crear, más adelante, un parque temático dedicado exclusivamente a divulgarlos, el Experimental Prototype Community of Tomorrow (EPCOT), que abrió sus puertas en 1982 en Orlando, Florida. El propósito de Walt Disney era construir una ciudad utópica que sirviera de modelo al mundo. Aunque Walt Disney murió en diciembre de 1966 y no se respetó su idea original de edificar la urbe del futuro, cuando se inauguró se convirtió en la atracción más espectacular de Disney World con áreas como Future World, Horizons, Space Ship, con la famosa Geosphere, The Land, The Living Seas, Universe of Energy, Wonders of Life… Más cerca de las exposiciones universales que de los parques de atracciones, EPCOT se erigió como el paradigma de los centros temáticos educativos.

Un asunto de estado
Volviendo a las películas de animación, esta vez destacaremos dos de ellas que, hoy en día, son de lo más políticamente incorrectas. Se trata de Our Friend the Atom (1957), un alegato a favor del uso de la energía atómica y a la proliferación de centrales nucleares, y Eyes In Outer space (1959), un curioso manifiesto sobre el uso de tecnologías capaces de cambiar el clima a nivel global para, incluso, convertir los zonas árticas en lugares de cultivo. Sin duda, dos interesantes documentos que, más allá de la ingenuidad de algunos de sus planteamientos, nos sirve para reflexionar sobre la maleabilidad y docilidad del pensamiento científico a los intereses, generalmente, políticos y económicos de cada momento.

Walt Disney de visita al Marshall Space Flight Center de la NASA en 1965

Estas películas deben entenderse en el contexto de Guerra Fría, cuando la amenaza de una destrucción mutua asegurada colgaba sobre los Estados Unidos. Por aquel entonces, las principales potencias nucleares, teorizaban con diferentes estrategias, para vencer en un conflicto nuclear o, al menos, quedar en una posición ventajosa. Para justificar los esfuerzos dedicados a este fin, se intentó generar entre la sociedad la promesa de un futuro emocionante para el hombre basado en nuevas aplicaciones civiles y científicas derivadas de la investigación , especialmente, de la energía atómica y de la carrera espacial.

Sin embargo, era difícil no percatarse que los grandes cohetes espaciales no sólo permitían llevar al hombre al espacio y colocar satélites, también desarrollar misiles balísticos de alcance intercontinental con los que librar un gran número de armas nucleares contra blancos remotos. No es casualidad que el mismo propulsor utilizado para lanzar el Sputnik, la primera nave espacial en órbita, fuera también el primer misil balístico intercontinental soviético, el Cohete R-7. Y que el desarrollo de los misiles Titán americanos fuera paralelo al del cohete Saturno I de la NASA.

Walt Disney en la secuencia de presentación de la película “Our Friend the Atom”

Por otro lado, también se quiso convertir la era atómica en un paso más en el progreso tecnológico del mundo, como la edad del bronce o la revolución industrial. Se extendió la creencia que todos los generadores de energía en el futuro serían nucleares. Al igual que la bomba atómica había dejado a todos los explosivos convencionales obsoletos, la energía nuclear haría lo mismo con las fuentes de energía como el carbón y el petróleo. Había una sensación general de que lo nuclear iba a colonizar todos los ámbitos de una manera positiva y productiva.

Disney se mantuvo fiel a las pretensiones de la administración americana de generar contenidos atractivos que permitieran comprender a la sociedad el nuevo panorama científico y tecnológico, y estimular, a la vez, a una nueva generación de técnicos que garantizaran la permanencia y el éxito de la carrera armamentística. Asesorado por los mejores físicos e ingenieros del momento, Disney produjo las dos siguientes películas de animación que, a pesar de su fondo propagandístico, contienen momentos de una incuestionable belleza formal y capacidad didáctica.

Merece la pena su visionado, sobre todo, para todos aquellos que confunden divulgación con espectacularidad y se dejan embaucar por las nuevas producciones repletas de espectaculares imágenes generadas por ordenador y aderezadas con efectos de postproducción que poco informan, enseñan, ni enamoran.

Our Friend the Atom (1957)
49′ 15”

Este filme fue promovido por la administración de Eisenhower para su programa de defensa del uso civil de energía atómica y estuvo patrocinado por General Dynamics, fabricante de reactores nucleares, que también financió la atracción del submarino atómico para Tomorrowland en Disneyland. Esta producción, además de emitirse en el show televisivo, sirvió como material didáctico en escuelas. En su conjunto, se trataba de un proyecto para crear en la generación del babyboom americano una actitud favorable hacia la energía atómica a través del entretenimiento y ofreciendo una visión intencionadamente ingenua.

El físico Heinz Haber junto con Wernher von Braun con una de las maquetas del film “Man and the Moon”

La película comienza con unas imágenes de la película 20.000 leguas de viaje submarino. Seguidamente, Walt Disney introduce el film comparando el Nautilus con los modernos submarinos nucleares y da paso al físico Heinz Haber, colaborador junto a Wernher von Braun en Man in space, quien conduce el filme. Comienza comparando el descubrimiento del átomo con el cuento de “El pescador y el Genio” de Las mil y una noches.  Siguiendo esta fábula, la película relaciona la energía atómica con un genio en una botella, capaz de hacer tanto el bien y como el mal, y sitúa a la humanidad como la responsable de controlar esta fuerza y garantizar la seguridad. Seguidamente, el film pasa a relatar la historia del átomo, desde las primeras especulaciones de Demócrito y la invención de los primeros microscopios que infundieron el sueño por descubrir lo más pequeño hasta el desarrollo de los reactores y centrales nucleares, lamentablemente, tan de moda estos días.

Portada del libro “Our friend the atom” publicado al mismo tiempo que la emisión televisiva como material educativo para escuelas

En su narración el film repasa la lista de todos aquellos científicos del pasado que contribuyeron al estudio del átomo, como John Dalton y su teoría atómica, Amadeo Avogadro y su distinción entre moléculas y átomos, Antoine Henri Becquerel y su descubrimiento de la radioactividad del uranio, Pierre y Marie Curie y su hallazgo del polonio y el radio, Albert Einstein y su conocida fórmula E=mc2 que relaciona masa y energía, Ernest Rutherford y su modelo atómico con el que probó la existencia de un núcleo… Finalmente, la película muestra el modelo planetario del átomo, que erróneamente hoy se sigue enseñando en las escuelas, y la tabla periódica como la culminación de nuestra comprensión de la materia.

Después de esta admirable narración guiada por un uso magistral de la elipsis, la parte final del film se dedica a explicar los mecanismos y consecuencias de una reacción en cadena. Para ilustrar este proceso de fisión nuclear, utiliza el ejemplo de una mesa llena de trampas para ratones, que representan a los átomos, con varias pelotas de ping pong como neutrones formados de la división de los núcleos. Por último, en la que quizás sea la parte más curiosa y chocante de la película, se explica el funcionamiento de un reactor nuclear y se ensalza su poder como generador de progreso vaticinando que todos los generadores de energía en el futuro serían atómicos.

El genio atómico es sospechosamente parecido al genio de “Aladdin” (1992)

De hecho, se muestra la energía atómica como una fuerza casi mágica capaz de penetrar en todos los ámbitos de la vida, no sólo los energéticos, con utilidades tanto en la producción agrícola y en el ganado, a través de abonos y piensos radiactivos para mejorar y conservar los alimentos, como en el desarrollo de una medicina nuclear capaz de curar todo tipo de enfermedades. Su imagen final de un mundo lleno de centrales nucleares pondrá los pelos como escarpias a muchos prosélitos de Greenpeace.

Eyes In Outer space (1959)
25′ 20”

Sin duda, se trata de una de las películas más extrañas y visionarias producidas por el estudio Disney, no sólo por aventurar el uso de los satélites como instrumentos de observación meteorológica cuando hacía apenas dos años del lanzamiento del Sputnik, sino por tratar uno de los temas más de moda entre las intrigas conspiranoicas: la posibilidad de cambiar artificialmente el clima. Aunque se puede intuir claramente el uso militar de estas tecnologías, el filme trata de convencernos de sus muchas utilidades prácticas como, por ejemplo, para protegernos de fenómenos meteorológicos adversos o para mejorar la productividad agrícola de zonas estériles.

Imagen de la futurista estación para la observación meteorológica y el control del clima

Como en la trilogía del espacio, está dirigida por el animador Ward Kimball y narrada por el actor Paul Frees. Empieza hablando sobre la utilización de satélites en órbita con la Tierra para observar los fenómenos meteorológicos y ayudar a predecir el tiempo atmosférico. Tras aclarar cómo el tiempo puede condicionar aspectos tan cotidianos como el estado de ánimo, el filme hace un repaso por las supersticiones y los refranes populares relacionados con la predicción de los fenómenos atmosféricos. Seguidamente, se explica el ciclo del agua por el cual, tras pasar del estado líquido en la superficie de los océanos al estado gaseoso en la atmósfera, el vapor de agua se condensa formando nubes y se precipita como lluvia o nieve. También se analiza el papel del Sol en estos fenómenos.

Misiles dirigidos con compuestos químicos capaces de alterar el tiempo meteorológico

La película ilustra de manera didáctica la influencia de la presión atmosférica en la formación de borrascas y anticiclones, y advierte de su complejidad y de la dificultad de hacer predicciones meteorológicas. Por ello, aboga por el uso de satélites artificiales para hacer pronósticos más precisos. Finalmente, en la parte más asombrosa del filme, se dramatiza una situación de control del clima para detener un huracán que se aproxima a Florida en los Estados Unidos. Dispersando agentes químicos en la atmósfera y creando nubes artificiales consiguen crear un escudo frente la costa americana y desviar el huracán. La película acaba con la curiosa promesa de que en un futuro la humanidad podrá convertir las zonas árticas en lugares productivos para el cultivo. Sin duda, Al Gore tiene a esta película en su lista de películas prohibidas y como material combustible para prender su hoguera de negacionistas y degenerados climáticos. Por otra parte, hará las delicias de todos aquellos seguidores de intrigas conspiranoicas, especialmente, los convencidos de los maléficos chemtrails y de las perversidades del proyecto HAARP.

Estas películas se pueden encontrar en el DVD Walt Disney Treasures – Tomorrowland: Disney in Space and Beyond.

Divulgación Disney (I): Fantasía espacial

A lo largo de varios post analizaremos algunos de los trabajos que Walt Disney produjo como divulgador científico. En este primer capítulo ahondaremos en el contexto histórico de la sociedad americana de los años 50, periodo en el que Disney concentró la mayor parte de su labor pedagógica, y destacaremos tres joyas de la animación dedicadas a popularizar el programa espacial americano: Man in Space (1955), Man and the Moon (1955) y Mars and Beyond (1957).

Fotografía de Walt Disney tomada en 1954 en las instalaciones de la NASA.

Más allá de hombre negocios, comunicador de masas y corruptor de la infancia, Walt Disney también fue un excelente divulgador científico que supo aprovechar el contexto de la posguerra americana. En este escenario de guerra fría, además de la necesidad de legitimar el modelo social americano – American way of life -, había que impulsar una nueva educación científica para que los ciudadanos aceptaran las grandes inversiones de recursos económicos que suponía una carrera tecnológica y científica global. Walt Disney, un modesto hijo de granjeros y distraído dibujante de anuncios, supo aprovechar este momento. En seguida comprendió el potencial de la imagen y del nuevo medio televisivo como instrumentos de seducción y de entretenimiento. Una vez pudo reunir la experiencia y el patrimonio necesarios, puso todo su creatividad y talento en construir un paraíso de posguerra para que la sociedad americana además de sentir que formaba parte de una gran aventura, también aprendiera sobre su historia y sobre su papel hegemónico en el futuro del mundo.

La televisión dominante
Tras la II Guerra Mundial la televisión se introdujo en los hogares americanos convirtiéndose en la piedra angular de la información y el entretenimiento. La programación televisiva tardó bastante tiempo en encontrar su propia fórmula y lenguajes; la radio y el cine representaron un vivero de contenidos para alimentar el nuevo medio. En el caso de las empresas cinematográficas, tras unos primeros años de enfrentamiento con la televisión -que consideraba culpable de la crisis de espectadores-, acabaron comprendiendo que la gran popularidad de la caja tonta podía beneficiar a su negocio y empezaron a desarrollar series y películas específicas para el medio televisivo. Estos contenidos eran además exportados al mundo entero difundiendo un estilo de vida y unas temáticas genuinamente americanas.

En la década de los 50, la televisión fue la gran aliada del “american way of life” por su capacidad de penetración, difusión y recreación del modelo social.

Durante estos años los Estados Unidos se consolidaron como el estado dirigente del mundo occidental. El dominio americano, y por extensión del capitalismo, estaba estructurado en la doctrina del liberalismo que permitía extender su hegemonía a los terrenos ideológico y cultural. Los medios de comunicación, especialmente los del sector audiovisual -por su capacidad de penetración e influencia- tenían la función de legitimar el orden social y político. El modelo americano optó por dejar las actividades culturales en manos de empresas privadas, en lugar del auspicio estatal, pensando en las oportunidades de negocio que podían generar y en su capacidad de producir productos atractivos con un mensaje proamericano pero sin una explícita carga propagandística.

La proyección internacional de la cultura de masas americana fue acompañada de una invasión empresarial que generaba ingresos millonarios. La actividad cultural era una mercancía más, como la Coca-Cola o las hamburguesas de McDonalds, un agente de desarrollo y de promoción de conductas para estimular modelos de consumo y de expresar la modernidad social y tecnológica americana. Es decir, aunque promovidos por empresas privadas, los medios de comunicación se consolidaron como un servicio público con un importante objetivo: el desarrollo económico, la educación y la promoción cultural.

Poster realizado por Roman Cieslewicz en 1968. Superman representa a las dos superpotencias que ridículamente ven su imagen reflejada en el otro.

La ciencia del miedo
El telón de fondo real que justificaba este modelo era el contexto político de la guerra fría. Basada en la creencia de que, tras la II Guerra Mundial, la época de las catástrofes aún no se había acabado, los Estados Unidos y la Unión Soviética se enfrentaron a una batalla ideológica que tuvo en la propaganda su principal arma. La constante amenaza de una invasión exterior y la histeria colectiva permitía mantener una economía de guerra permanente que suponía rentables dividendos. Sin embargo, la sociedad solo podía sobrevivir a la carrera armamentística preparándose para una carrera tecnológica y científica global, por lo que la educación científica se convirtió en una prioridad estratégica para que la población aceptara contribuir al esfuerzo económico que suponía esa carrera.

Para proporcionar el clima intelectual adecuado era necesaria una educación científica rápida y eficaz, en que todo el mundo pudiera comprender los últimos avances, especialmente en el campo de la ingeniería y de la física, convertidos en sinónimo de poder tras las bombas de Hiroshima y Nagasaki, y el primer satélite artificial ruso, el Sputnik. Pero la alfabetización científica de una sociedad en rápido cambio científico y tecnológico necesitaba de nuevos instrumentos y nuevos métodos de enseñanza. Por supuesto, la televisión era una de las vías más importantes abiertas para acercar la divulgación científica a la población. Y en este contexto una figura destacó especialmente: Walt Disney (1901-1966).

Poster de la película “Der Fuehrer’s Face” (1943) realizada por los estudios Disney para el Gobierno americano durante la II Guerra Mundial y protagonizada por el pato Donald.

América en sueños
Disney comenzó como dibujante publicitario. En 1920, junto con el animador Ubbe Iwwerks, fundó la Iwerks-Disney Commercial Artists, pero sin mucho éxito. Más tarde y en solitario creó la Laugh-O-Gram Films, Inc. para realizar cortometrajes de dibujos animados basados en cuentos para niños. Con su corto Alicia en el País de las Maravillas (1923) bajo el brazo, decidió irse a Los Ángeles donde fundó junto a su hermano el Disney Brothers’ Studio, que más tarde sería The Walt Disney Company. Tras el éxito de su primer personaje-icono Mickey Mouse (1928), nacido a la par que el cine sonoro, y de su primer largometraje animado en Technicolor Blancanieves y los Siete Enanitos (1938), el comienzo de la II Guerra Mundial permitió a los estudios Disney colaborar estrechamente con el gobierno, produciendo casi 70 horas de películas educativas y de formación militar.

Tras la guerra, llegó la crisis de las salas cinematográficas. La venta de entradas empezó a descender de forma alarmante y los exhibidores dejaron de interesarse por la animación. A su vez, la histeria anticomunista sacudió los cimientos de la industria de Hollywood. La represión de la “caza de brujas” supuso un duro golpe al cine en un momento crucial en el que debía hacer frente a la competencia de la televisión. Ante esta nueva situación, Disney diversificó su oferta, orientándose hacia la producción de películas infantiles de imagen real, como la serie True-Life Adventures (1948), los documentales sobre naturaleza y, por supuesto, los programas de televisión que lo convertirían en un influyente comunicador de masas.

Poster del film “The living desert” (1953) que revolucionó el género del documental de naturaleza. Hoy en día se critica su exceso de antropomorfismo y la falta de veracidad de algunas de sus tomas.

Muchos de sus documentales y reportajes sobre la vida animal ganaron varios premios Óscar, como la conocida The Living Desert (1953) que también ganó en los festivales de Cannes, Berlín y en los premios Globo de Oro, además de inspirar a un generación de documentalistas. También un reportaje sobre los aspectos científicos y técnicos de la filmación de la película 20.000 leguas de viaje submarino hizo ganar a Walt Disney su primer premio Emmy al mejor documental.

En 1950 produjo su primer programa televisivo, One Hour in Wonderland, un especial para el día de Navidad. Pero su gran éxito en el nuevo medio estaría directamente relacionado con su macroproyecto Disneyland. Hacía tiempo que Disney estaba interesado en otra área del entretenimiento, los parques de atracciones. Quería desarrollar un “parque familiar” en el que el visitante pudiera moverse a su elección por cinco grandes mundos (Main Street, U.S.A.; Fantasyland; Tomorrowland, Frontierland y Adventureland), con atracciones y espacios de animación organizados temáticamente. Con la colaboración de actores que encarnaban a los personajes de la factoría, el predispuesto espectador se convertía en un participante más en la aventura, a la vez que se sentía en casa, formando parte de la “cultura americana”.

Imagen de la cabecera del programa televisivo “Disneyland” que empezó a emitirse el 27 de octubre de 1954 y acabó en 2008 siendo el segundo show más longevo de la televisión americana.

Interesado en promocionar su ambicioso parque, Disney se unió a la cadena de televisión ABC y formó la compañía Walt Disney Incorporated. En octubre de 1954, comenzó a emitirse el programa Disneyland TV Show, con la difusión del documental The Disneyland Story a través del cual millones de americanos empezaron a soñar con el nuevo paraíso de fantasía. Con un lanzamiento tan bien preparado, el éxito fue inmediato.

 

La conquista de la ingravidez

Walt Disney y el ingeniero espacial Wernher von Braun en 1954. La colaboración de ambos en una trilogía de películas sobre el espacio obedecía claramente a un lavado de imagen para que la sociedad tolerara la presencia de ex miembros de las SS en el programa militar americano.

Pero más allá de lo promocional, este espacio televisivo permitió a Disney demostrar su gran habilidad como pedagogo produciendo varias joyas de la animación. Entre ellas,  en la década de los 50 llevó a cabo una serie de películas educativas sobre el programa espacial americano en colaboración con el ingeniero aerospacial de la NASA y creador del mítico cohete alemán V2, Wernher von Braun. Todas ellas fueron dirigidas por el dibujante Ward Kimball, el más atrevido de los llamados “Nueve Ancianos de Disney” y el encargado de dar vida a personajes como el Sombrerero Loco y el Gato de Cheshire en Alicia en el país de las maravillas o el mítico Pepito Grillo de Las aventuras de Pinocho.

Portada de la revista “Collier’s” con la ilustración de un transbordador espacial de tres fases, uno de los muchos diseños de von Braun para la conquista del espacio.

Estas películas se convirtieron en tres episodios - Man in Space (1955), Man and the Moon (1955) y Mars and Beyond (1957)- que fu eron reunidos bajo el nombre de Tomorrowland. Esta trilogía animada estaba basada en una serie de artículos publicados en los años 50 en la famosa revista Collier’s bajo el enunciado Man Will Conquer Space Soon! en los que se analizaba y detallaba los planes de Wernher von Braun  para la carrera espacial. Los artículos estaban escritos por los máximos expertos del momento, como Willy Ley, Fred Lawrence, Joseph Kaplany, Heinz Haber y el propio von Braun, y tenían ilustraciones de tres de los mejores dibujantes de la época: Chesley Bonestell, Fred Freeman y Rolf Klep. Todo un acierto del visionario editor Cornelius Ryan. La serie tuvo además su continuación en tres libros: Across the Space Frontier (1952), Conquest of the Moon (1953) y The Exploration of Mars (1956). (Recomiendo consultar los enlaces para conocer más sobre estos interesantes personajes -cada uno de ellos merecería un post completo- y en los libros y sus años para ver su reseña y apreciar sus ilustraciones)

De izquierda a derecha, los expertos en cohetes Willy Ley; Fred L. Whipple y von Braun; los ilustradores Chesley Bonestell, Rolf Klep y Fred Freeman; y el editor del magazine “Collier’s” Cornelius Ryan.

Man In Space (1955)
49’27’’


Empieza con una introducción de Walt Disney que da paso al dibujante y director del film Ward Kimball quien hace de narrador junto con algunos de los autores de los artículos de la revista Collier’s y el actor Dick Tufeld, conocido por poner su voz al Robot de la popular seria de televisión Lost in Space. La película primero hace un repaso cómico por la accidentada historia de los cohetes y aprovecha para explicar de forma gráfica y sencilla las leyes del movimiento de Newton, especialmente la ley de acción y reacción. También se exponen cuestiones como la dificultad de vencer la gravedad terrestre y cómo conseguir colocar un objeto espacial en órbita, lo que no deja de sorprender ya que aún faltaba un par de años para el lanzamiento del Sputnik. Mas adelante, ofrece una mirada graciosa sobre aquellas cuestiones prácticas a las que los astronautas deben enfrentarse en un vuelo espacial, como la comida, el sueño, la ingravidez o el momento del despegue, así como algunos peligros, como la radiación procedente de los rayos cósmicos o una lluvia de meteoritos.

Von Braun y su diseño de cohete de múltiples fases que sirvió al ingeniero alemán para desarrollar posteriormente su Saturno V y llevar al hombre a la Luna.

Resulta especialmente interesante el momento en el que el asesor científico del film, Wernher von Braun, expone su diseño de un cohete formado por tres fases o módulos de propulsión y una aeronave de alas fijas con la tripulación, precursor de los modernos transbordadores. Acaba con una espectacular recreación de una misión espacial que sorprende por la gran calidad de su animación y de los efectos especiales. El episodio fue nominado a los Óscar de ese año al mejor corto documental. Como expertos en merchandising, el estudio convirtió el film en un cómic bajo el título de Walt Disney’s Man in Space: A Science Feature from Tomorrowland (1956) y en un libro de texto para escuelas, Man in Space: A Tomorrowland Adventure (1959).

Man and the Moon (1955)
49’19’’

Tras la introducción de Walt Disney, es nuevamente Ward Kimball quien ejerce de narrador del film. Comienza con un repaso irónico sobre la fascinación humana por la Luna y su influencia en prácticamente todas las áreas de la cultura, como en la filosofía, la ciencia, la religión, la literatura y la música, así como en mutitud de leyendas y supersticiones. Continúa haciendo un resumen de las características físicas de nuestro satélite según la investigación científica del momento. Así, se explican cuestiones como el origen de la Luna asociada a la formación del Sistema Solar, los ciclos lunares, los diferentes tipos de eclipses, su influencia en las mareas, su temperatura y su lado oscuro. Más adelante, Kimball presenta de nuevo a Wernher von Braun quien expone los planes para un posible misión tripulada al satélite. Para su realización, el ingeniero propone la construcción de una estación espacial base en forma de rueda giratoria, movida por energía nuclear, que proporcionaría gravedad artificial a sus tripulantes. Esta idea ya había sido descrita por el ingeniero austrohúngaro Herman Potočnik en su libro The Problem of Space Travel – The Rocket Motor (1928) y más tarde fue utilizada por Arthur C. Clarke en su novela 2001: Una odisea en el espacio (1968), llevada al cine por Stanley Kubrick.

Arriba, el diseño de von Braun para una estación espacial capaz de generar gravedad artificial. Abajo la Earth-orbiting Space Station V ideada por Arthur C. Clarke en “2001: Una odisea en el espacio”.

Tras las descripciones de Von Braun acerca del proceso de construcción de la estación espacial a través de constantes viajes con cohetes reutilizables y manejando una especie de cápsulas o trajes espaciales multiusos, el ingeniero explica muy gráficamente el tipo de trayectoria necesaria para alcanzar el satélite y muestra su diseño de un vehículo espacial para un futuro viaje a la Luna. La película termina con una recreación con actores reales de una misión a bordo de la Lunar Recon Ship RM-1 en la que se dramatiza posibles situaciones como una lluvia de asteroides o el avistamiento de una civilización en el lado oscuro de la Luna. En 1959 el episodio fue emitido de nuevo con el nombre de Tomorrow the Moon.

Mars and Beyond (1957)
48’ 41’’

La película empieza con una introducción de Walt Disney y de su amigo robot Garco y continúa con la extraordinaria narración del actor Paul Frees, la voz de multitud de personajes Disney y de muchas de sus atracciones, además de acompañar a Orson Wells en la mítica emisión radiofónica de La Guerra de los Mundos. El episodio hace un breve y magistral repaso de la historia de la astronomía en el que analiza de forma ordenada las distintas teorías científicas y filosóficas sobre el Universo. También expone las múltiples especulaciones sobre la presencia de vida en Marte de la mano de algunos autores de ciencia-ficción como H.G. Wells y Edgar Rice Burroughs, a la vez que parodia las revistas “Pulp” de la época. El film continúa con uno de los mejores resúmenes que se han hecho de la evolución de la vida en la Tierra, desde la formación del Sistema Solar y la Tierra, pasando por la aparición de las primeras proteínas y organismos unicelulares, hasta llegar a la especie humana.

Ernst Stuhlinger y von Braun con un prototipo de nave espacial con forma de paraguas para una misión al planeta Marte.

Más adelante, se describen las características físicas de cada uno de los planetas del Sistema Solar, especialmente su temperatura y composición atmosférica, para analizar las posibilidades de habitabilidad. De esta explicación se deduce la idoneidad de Marte como candidato para un futuro viaje espacial. También se muestra la evolución de nuestro conocimiento sobre el planeta rojo gracias a la progresiva mejora de los telescopios, desde Galileo hasta los modernos observatorios y el astrónomo E. C. Slipher da detalles sobre su órbita, tamaño, composición, gravedad, orografía, etc. El film acaba con una simulación de cómo sería un viaje al planeta rojo. El diseñador de naves espaciales Ernst Stuhlinger, pionero de la propulsión eléctrica, muestra los detalles de un modelo de nave espacial con forma de paraguas que proporcionaría gravedad artificial y con un sofisticado reactor que permitiría llegar a Marte en 400 días siguiendo una trayectoria espiral hasta el planeta. Sin duda, por lo originalidad de sus dibujos y la excentricidad de sus planteamientos, se trata de uno del los productos de animación más atípicos y arriesgados que Disney produjo para la televisión.

Estas películas se pueden encontrar en el DVD Walt Disney Treasures – Tomorrowland: Disney in Space and Beyond.

En próximas entradas analizaremos otras películas de divulgación realizadas por Disney con otras temáticas científicas.

A lo largo de varios post analizaremos algunos de los trabajos que Walt Disney desarrolló como divulgador científico. En este primer capítulo ahondaremos en el contexto histórico de la sociedad americana de los años 50, periodo en el que Disney concentró la mayor parte de su labor pedagógica, y destacaremos tres joyas de la animación dedicadas a popularizar el programa espacial americano: Man in Space (1955), Man and the Moon (1955) y Mars and Beyond (1957).

Puntitos

Este corto obtuvo una Mención Especial en la Octava Edición de Jameson Notodofilmfest (Madrid, 2010) en la categoría Starlight. Realizado por Iván Jiménez

Jameson Notodofilmfest, con el apoyo del Instituto de Astrofísica de Canarias, invitó este año a realizar cortometrajes que se inspiraran en el tema “el cielo y las estrellas”. De casi un centenar de trabajos presentados a esta sección, que se llamó Starlight, sólo dos llegaron a la final celebrada el pasado 20 de abril en el Teatro Alcázar de Madrid.

Bajo el seudónimo de Noa Rodríguez Rodríguez, el/la director/a del film intenta dar explicación a las eternas preguntas sobre el Universo a través del humor y la ironía, resaltando los tópicos, las frases hechas y las reflexiones manidas que habitualmente acompañan las observaciones del cielo estrellado.

En la forma de una discusión de pareja, interpretada por Natalia Ruiz y Javier Martos, el corto avanza hasta una sorpresa final que da sentido a la buscada simplicidad visual y técnica del film, y que resalta, a modo de autocrítica, la cada vez más frecuente actitud en astrofísica y, en general, en la ciencia, de ver lo que se quiere ver.  También pretende ser una metáfora literal de lo “pequeños e insignificantes que somos” (parafraseando las trilladas palabras de uno de sus personajes), pero dando la vuelta a la popular y gastada visión de los seres humanos vistos como un hormiguero desde la altura.

Aunque se trata de un corto sencillo y poco elaborado (tan sólo se dedicó un par de horas en su realización y una caja de zapatos, la que aparece en el cartel), “Puntitos” confía en la inteligencia del público para que éste agrupe ideas y alcance sus propias conclusiones a través de un formato poco corriente y “bajo mínimos” narrativos: un plano fijo y dos personajes fuera de campo. Una elección arriesgada, pero ilustradora de que con una idea de base y sin medios se pueden contar historias y estimular la reflexión de temas tan profundos y complicados como lo es el Universo y nuestro lugar en él.

Enlace a la versión con seudónimo presentada en Notodofilmfest