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Divulgación Disney (II): el genio nuclear

En esta segunda parte, seguiremos analizando el contexto de Guerra Fría durante el cual se desarrolló la labor divulgativa de Disney, especialmente, relacionada con la carrera espacial y la energía atómica, y analizaremos dos de sus peliculas, hoy en día, más políticamente incorrectas: “Our Friend the Atom” (1957), una apología de la energía nuclear, y “Eyes In Outer space” (1959),  sobre el uso de tecnologías para manipular el clima.

Walt Disney en la portada de la revista Time de diciembre de 1954

Como vimos en la entrada anterior, el éxito de los productos de divulgación realizados por la factoría Disney en los años 50 estuvo muy ligado con el desarrollo del medio televisivo tras la posguerra. El despegue de la televisión comenzó, sobre todo, a partir de 1952 con la concesión de nuevas licencias para cadenas que quedaron en manos de poderosas multinacionales del sector electrónico. Walt Disney supo aprovechar este contexto y se enfrentó abiertamente al nuevo medio desde una perspectiva pedagógica que sólo ha sido comprendida por unos pocos comunicadores; posiblemente, el último y el más mediático de todos, haya sido Carl Sagan con su serie Cosmos.

Como un equilibrista, Disney supo combinar el entretenimiento y el espectáculo con la divulgación científica; los intereses empresariales con la preocupación pedagógica; la comunicación de masas con la responsabilidad social. Todos sus proyectos tuvieron siempre un fondo de interés por la vida animal y las maravillas naturales y culturales del mundo, a la vez que estimulaban a reflexionar sobre el progreso y el mundo del futuro. El escaparate ideado por Disney para materializar esta inquietud didáctica fue su programa de televisión y parque de atracciones Disneyland.

Reportaje televisivo de la inauguración de Tomorrowland en 1955

En ambos medios, su talento divulgativo destacó especialmente en su visionaria sección conocida como Tomorrowland, en la que Disney incluyó una proyección impresionante de cómo sería la vida futura del hombre y sobre los fabulosos logros de la ciencia. En Tomorrowland, la intención era mostrar al público, sobre todo, a la generación más joven, que la ciencia era la nueva frontera de los tiempos modernos, capaz de conducir a la humanidad por los caminos pacíficos de progreso.

Walt Disney con su diseño de ciudad del futuro al fondo. El EPCOT estaba concebido como una urbe construida en círculos concéntricos cuyo núcleo estaba protegido por una cúpula para controlar el clima en su interior.

La fascinación de Disney por los avances científicos le llevó a crear, más adelante, un parque temático dedicado exclusivamente a divulgarlos, el Experimental Prototype Community of Tomorrow (EPCOT), que abrió sus puertas en 1982 en Orlando, Florida. El propósito de Walt Disney era construir una ciudad utópica que sirviera de modelo al mundo. Aunque Walt Disney murió en diciembre de 1966 y no se respetó su idea original de edificar la urbe del futuro, cuando se inauguró se convirtió en la atracción más espectacular de Disney World con áreas como Future World, Horizons, Space Ship, con la famosa Geosphere, The Land, The Living Seas, Universe of Energy, Wonders of Life… Más cerca de las exposiciones universales que de los parques de atracciones, EPCOT se erigió como el paradigma de los centros temáticos educativos.

Un asunto de estado
Volviendo a las películas de animación, esta vez destacaremos dos de ellas que, hoy en día, son de lo más políticamente incorrectas. Se trata de Our Friend the Atom (1957), un alegato a favor del uso de la energía atómica y a la proliferación de centrales nucleares, y Eyes In Outer space (1959), un curioso manifiesto sobre el uso de tecnologías capaces de cambiar el clima a nivel global para, incluso, convertir los zonas árticas en lugares de cultivo. Sin duda, dos interesantes documentos que, más allá de la ingenuidad de algunos de sus planteamientos, nos sirve para reflexionar sobre la maleabilidad y docilidad del pensamiento científico a los intereses, generalmente, políticos y económicos de cada momento.

Walt Disney de visita al Marshall Space Flight Center de la NASA en 1965

Estas películas deben entenderse en el contexto de Guerra Fría, cuando la amenaza de una destrucción mutua asegurada colgaba sobre los Estados Unidos. Por aquel entonces, las principales potencias nucleares, teorizaban con diferentes estrategias, para vencer en un conflicto nuclear o, al menos, quedar en una posición ventajosa. Para justificar los esfuerzos dedicados a este fin, se intentó generar entre la sociedad la promesa de un futuro emocionante para el hombre basado en nuevas aplicaciones civiles y científicas derivadas de la investigación , especialmente, de la energía atómica y de la carrera espacial.

Sin embargo, era difícil no percatarse que los grandes cohetes espaciales no sólo permitían llevar al hombre al espacio y colocar satélites, también desarrollar misiles balísticos de alcance intercontinental con los que librar un gran número de armas nucleares contra blancos remotos. No es casualidad que el mismo propulsor utilizado para lanzar el Sputnik, la primera nave espacial en órbita, fuera también el primer misil balístico intercontinental soviético, el Cohete R-7. Y que el desarrollo de los misiles Titán americanos fuera paralelo al del cohete Saturno I de la NASA.

Walt Disney en la secuencia de presentación de la película “Our Friend the Atom”

Por otro lado, también se quiso convertir la era atómica en un paso más en el progreso tecnológico del mundo, como la edad del bronce o la revolución industrial. Se extendió la creencia que todos los generadores de energía en el futuro serían nucleares. Al igual que la bomba atómica había dejado a todos los explosivos convencionales obsoletos, la energía nuclear haría lo mismo con las fuentes de energía como el carbón y el petróleo. Había una sensación general de que lo nuclear iba a colonizar todos los ámbitos de una manera positiva y productiva.

Disney se mantuvo fiel a las pretensiones de la administración americana de generar contenidos atractivos que permitieran comprender a la sociedad el nuevo panorama científico y tecnológico, y estimular, a la vez, a una nueva generación de técnicos que garantizaran la permanencia y el éxito de la carrera armamentística. Asesorado por los mejores físicos e ingenieros del momento, Disney produjo las dos siguientes películas de animación que, a pesar de su fondo propagandístico, contienen momentos de una incuestionable belleza formal y capacidad didáctica.

Merece la pena su visionado, sobre todo, para todos aquellos que confunden divulgación con espectacularidad y se dejan embaucar por las nuevas producciones repletas de espectaculares imágenes generadas por ordenador y aderezadas con efectos de postproducción que poco informan, enseñan, ni enamoran.

Our Friend the Atom (1957)
49′ 15”

Este filme fue promovido por la administración de Eisenhower para su programa de defensa del uso civil de energía atómica y estuvo patrocinado por General Dynamics, fabricante de reactores nucleares, que también financió la atracción del submarino atómico para Tomorrowland en Disneyland. Esta producción, además de emitirse en el show televisivo, sirvió como material didáctico en escuelas. En su conjunto, se trataba de un proyecto para crear en la generación del babyboom americano una actitud favorable hacia la energía atómica a través del entretenimiento y ofreciendo una visión intencionadamente ingenua.

El físico Heinz Haber junto con Wernher von Braun con una de las maquetas del film “Man and the Moon”

La película comienza con unas imágenes de la película 20.000 leguas de viaje submarino. Seguidamente, Walt Disney introduce el film comparando el Nautilus con los modernos submarinos nucleares y da paso al físico Heinz Haber, colaborador junto a Wernher von Braun en Man in space, quien conduce el filme. Comienza comparando el descubrimiento del átomo con el cuento de “El pescador y el Genio” de Las mil y una noches.  Siguiendo esta fábula, la película relaciona la energía atómica con un genio en una botella, capaz de hacer tanto el bien y como el mal, y sitúa a la humanidad como la responsable de controlar esta fuerza y garantizar la seguridad. Seguidamente, el film pasa a relatar la historia del átomo, desde las primeras especulaciones de Demócrito y la invención de los primeros microscopios que infundieron el sueño por descubrir lo más pequeño hasta el desarrollo de los reactores y centrales nucleares, lamentablemente, tan de moda estos días.

Portada del libro “Our friend the atom” publicado al mismo tiempo que la emisión televisiva como material educativo para escuelas

En su narración el film repasa la lista de todos aquellos científicos del pasado que contribuyeron al estudio del átomo, como John Dalton y su teoría atómica, Amadeo Avogadro y su distinción entre moléculas y átomos, Antoine Henri Becquerel y su descubrimiento de la radioactividad del uranio, Pierre y Marie Curie y su hallazgo del polonio y el radio, Albert Einstein y su conocida fórmula E=mc2 que relaciona masa y energía, Ernest Rutherford y su modelo atómico con el que probó la existencia de un núcleo… Finalmente, la película muestra el modelo planetario del átomo, que erróneamente hoy se sigue enseñando en las escuelas, y la tabla periódica como la culminación de nuestra comprensión de la materia.

Después de esta admirable narración guiada por un uso magistral de la elipsis, la parte final del film se dedica a explicar los mecanismos y consecuencias de una reacción en cadena. Para ilustrar este proceso de fisión nuclear, utiliza el ejemplo de una mesa llena de trampas para ratones, que representan a los átomos, con varias pelotas de ping pong como neutrones formados de la división de los núcleos. Por último, en la que quizás sea la parte más curiosa y chocante de la película, se explica el funcionamiento de un reactor nuclear y se ensalza su poder como generador de progreso vaticinando que todos los generadores de energía en el futuro serían atómicos.

El genio atómico es sospechosamente parecido al genio de “Aladdin” (1992)

De hecho, se muestra la energía atómica como una fuerza casi mágica capaz de penetrar en todos los ámbitos de la vida, no sólo los energéticos, con utilidades tanto en la producción agrícola y en el ganado, a través de abonos y piensos radiactivos para mejorar y conservar los alimentos, como en el desarrollo de una medicina nuclear capaz de curar todo tipo de enfermedades. Su imagen final de un mundo lleno de centrales nucleares pondrá los pelos como escarpias a muchos prosélitos de Greenpeace.

Eyes In Outer space (1959)
25′ 20”

Sin duda, se trata de una de las películas más extrañas y visionarias producidas por el estudio Disney, no sólo por aventurar el uso de los satélites como instrumentos de observación meteorológica cuando hacía apenas dos años del lanzamiento del Sputnik, sino por tratar uno de los temas más de moda entre las intrigas conspiranoicas: la posibilidad de cambiar artificialmente el clima. Aunque se puede intuir claramente el uso militar de estas tecnologías, el filme trata de convencernos de sus muchas utilidades prácticas como, por ejemplo, para protegernos de fenómenos meteorológicos adversos o para mejorar la productividad agrícola de zonas estériles.

Imagen de la futurista estación para la observación meteorológica y el control del clima

Como en la trilogía del espacio, está dirigida por el animador Ward Kimball y narrada por el actor Paul Frees. Empieza hablando sobre la utilización de satélites en órbita con la Tierra para observar los fenómenos meteorológicos y ayudar a predecir el tiempo atmosférico. Tras aclarar cómo el tiempo puede condicionar aspectos tan cotidianos como el estado de ánimo, el filme hace un repaso por las supersticiones y los refranes populares relacionados con la predicción de los fenómenos atmosféricos. Seguidamente, se explica el ciclo del agua por el cual, tras pasar del estado líquido en la superficie de los océanos al estado gaseoso en la atmósfera, el vapor de agua se condensa formando nubes y se precipita como lluvia o nieve. También se analiza el papel del Sol en estos fenómenos.

Misiles dirigidos con compuestos químicos capaces de alterar el tiempo meteorológico

La película ilustra de manera didáctica la influencia de la presión atmosférica en la formación de borrascas y anticiclones, y advierte de su complejidad y de la dificultad de hacer predicciones meteorológicas. Por ello, aboga por el uso de satélites artificiales para hacer pronósticos más precisos. Finalmente, en la parte más asombrosa del filme, se dramatiza una situación de control del clima para detener un huracán que se aproxima a Florida en los Estados Unidos. Dispersando agentes químicos en la atmósfera y creando nubes artificiales consiguen crear un escudo frente la costa americana y desviar el huracán. La película acaba con la curiosa promesa de que en un futuro la humanidad podrá convertir las zonas árticas en lugares productivos para el cultivo. Sin duda, Al Gore tiene a esta película en su lista de películas prohibidas y como material combustible para prender su hoguera de negacionistas y degenerados climáticos. Por otra parte, hará las delicias de todos aquellos seguidores de intrigas conspiranoicas, especialmente, los convencidos de los maléficos chemtrails y de las perversidades del proyecto HAARP.

Estas películas se pueden encontrar en el DVD Walt Disney Treasures – Tomorrowland: Disney in Space and Beyond.

La forma del átomo II

“Dios es capaz de crear partículas de distintos tamaños y formas… y quizás de densidades y fuerzas distintas, y de este modo puede variar las leyes de la naturaleza, y hacer nuevos mundos de tipos diferentes en partes diferentes del Universo. Yo por lo menos no veo esto nada contradictorio”, ISAAC NEWTON, Óptica

Los Simpson

El modelo planetario del átomo ha inspirado a generaciones de artistas y escritores de ciencia ficción a imaginar mundos dentro de otros mundos, en la que los átomos son diminutos sistemas solares que forman parte de una estructura cada vez mayor. Un ejemplo de ello es esta genial intro de un capítulo de Los Simpson.

Buckminster Fuller

No sólo la configuración elemental de la materia ha inspirado al arte. Una estructura arquitectónica conocida como cúpula geodésica, desarrollada por el ingeniero y visionario Richard Buckminster Fuller en 1954, dio nombre a un tipo de molécula formada por átomos de carbono llamada fulereno. Tanto la molécula como la cúpula geodésica comparten su forma esférica generada a partir de polígonos cuyos vértices coinciden con la superficie de una esfera. Este tipo de estructuras son extremadamente ligeras y estables debido a lo que Fuller calificó como tensegridad, esto es, el equilibrio entre fuerzas de tracción y compresión. Si quieren saber más sobre el legado de Buckminster Fuller, vean este magnífico reportaje de la CBS y no se pierdan su ‘espacial’ final con esta reflexión del arquitecto: “everyboy is an astronaut”.

Atomium

Cuando el arquitecto André Waerkeyn recibió el encargo de construir un monumento para la Exposición Universal de Bruselas de1958, no dudó en diseñar una estructura atómica como símbolo de la era moderna. Compuesta por nueve esferas de acero de 18 metros de diámetro, representa la estructura de un cristal de hierro ampliado 165 mil millones de veces. Planeada para permanecer sólo seis meses, pronto se convirtió en una atracción turística y ha perdurado hasta la actualidad como un emblema de la ciudad de Bruselas.

A is For Atom

Poco después de la explosión de Hiroshima, los Estados Unidos iniciaron una campaña para promocionar el uso pacífico de la energía atómica. Para ello realizaron algunas películas de propaganda con el propósito de “humanizar” la figura del átomo. A is For Atom (1953) es un ejemplo de este esfuerzo. Se trata de una película educativa de animación producido por General Electric en la que los elementos aparecen como personas con cabeza de molécula y la energía nuclear como gigantes portadores de progreso para la humanidad. El film es una reliquia del pensamiento y de la animación americana de los años 50.

La hormiga atómica

Tras la explosión nuclear en Japón,  numerosos monstruos y superhéroes mutantes aparecieron en la ficción como metáfora del temor surgido por la nueva energía. Entre ellos, La Hormiga Atómica es un personaje de dibujos animados creado por la factoría de animación Hanna-Barbera en 1965. Se trata de una minúscula hormiga antropomórfica y parlante, poseedora de una gran fuerza y poder que obtiene de la exposición a la radiación a través de un “desintegrador de átomos” que se encuentra en su laboratorio. Su símbolo no podría ser otro que el modelo atómico de Bohr.

Doctor Manhattan

Dr. Manhattan es uno de los personajes principales del popular comic Watchmen, cuya acción transcurre en los años 80 en el marco de una inminente guerra nuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Tras sufrir un accidente durante un experimento de física para desintegrar los objetos en átomos individuales su cuerpo se vaporiza. Sin embargo, sus átomos vuelven a combinarse convertido en un superhéroe capaz de manipular la materia. Sus creadores se inspiraron en otro superhéreo  de los años 60 con iguales poderes llamado Capitán Átomo . A diferencia de aquel personaje, el Dr. Manhattan rechaza un uniforme con el símbolo del átomo de Bohr, que considera absurdo, y se graba en la frente el esquema de un átomo de hidrógeno.

Here Comes Science

They Might Be Giants es un grupo de música indie estadounidense formado en los 80. Desde 2005 han elaborado varios proyectos educativos para niños. Su último disco en 2009 está dedicado a la divulgación de la ciencia. Para ello han elaborado varios videoclips de animación donde explican con sencillez varios conceptos científicos, entre ellos, este brillante vídeo sobre la tabla periódica donde se da a entender cómo los elementos se ordenan según las propiedades físicas de sus átomos.

Cosmos

El popular astrónomo y divulgador de la ciencia Carl Sagan hizo una magistral descripción de los átomos y de los elementos químicos en el episodio 9 de su serie Cosmos sin mostrar ni una sola representación del modelo atómico. Si a él le sobraban las imágenes, a quienes nos dedicamos a la divulgación nos sobran las palabras para describir la genilidad del maestro.

Atom

Una de los mejores documentales sobre física cuántica. Realizado en 2007 por la BBC y presentado por el físico Jim Al-Khalili, posiblemente el nuevo Carl Sagan de la divulgación científica, está compuesto por tres episodios donde se explica cómo el descubrimiento del átomo ha cambiado nuestra comprensión del Universo.


La forma del átomo I

Modelo planetario del átomo

Todo el mundo conoce la imagen del átomo formada por varios electrones dando vueltas a un núcleo como planetas orbitando alrededor del Sol. Esta figura la creó en 1904 un físico japonés llamado Hantaro Nagaoka y aunque constituye la percepción más común del átomo, está equivocada.

Según la mecánica cuántica, las partículas elementales tienen una apariencia un tanto borrosa. Los electrones se parecen más bien a aspas de un ventilador que gira. Es decir, el electrón no ocupa una órbita definida, sino una nube o zona del espacio donde existe la probabilidad de encontrarlos. El siguiente vídeo, elaborado por el canal NOVA de la televisión pública americana PBS, ilustra a la pefección cómo es en realidad un átomo:

Literalmente, un átomo no se parece a nada que hayamos visto antes. Tal vez, debido a esta incapacidad de poder someter al mundo subatómico a nuestro sentido común, el modelo planetario del átomo, ordenado y mecanicista, se siga enseñando en las escuelas y haya inspirado a multitud de artistas desde su formulación en los primeros años del siglo XX. Fue entonces cuando surgió en las más variadas ramas del conocimiento un mismo interés por descomponer el objeto de estudio en sus unidades mínimas: desde las partículas subatómicas en la física a las cadenas del ADN en la genética o los factores conductuales en psicología.

En arte, el equivalente de esta tendencia fue la abstracción. Las vanguardias artísticas, en su búsqueda de un lenguaje renovado que expresara una realidad más completa y diversa, no dudaron incorporar los avances científicos de la época, especialmente, los relacionados con la nueva física de la fragmentación de la materia. La idea de que un mensaje visual complejo se puede construir a partir de elementos simples se convirtió en uno de los principios básicos del arte abstracto.

Kandinsky, anatomía de un lienzo

"Composición VIII", Wassily Kandinsky

Tal vez le corresponde a Vassili Kandinsky la contribución más lúdica a esta nueva concepción del arte. Su interés por la ciencia fue una constante en su vida y ejerció una profunda influencia en su obra. Uno de los descubrimientos científicos más decisivos en su pintura y que sirvió de justificación teórica en el proceso de abandono del naturalismo a la abstracción une sus raíces en la composición atómica de la materia. No es casualidad que sólo pasaran diez años entre la creación de su pintura más representativa “Composición VIII” (1923) y la aparición del modelo atómico del físico Niels Bohr en 1913.

"Several circles", Wassily Kandinsky

Gracias a su erudición, Kandinsky supo entender la nueva realidad, más allá de las percepciones y sin determinismo, que la mecánica cuántica planteaba. En palabras del pintor, refiriéndose al descubrimiento de las partículas subatómicas: “Un acontecimiento científico vino a eliminar uno de los obstáculos más importantes de este camino. Fue la división del átomo. En mi alma, la desintegración del átomo era lo mismo que la desintegración del mundo entero.”

La nueva era de la incertidumbre era para él un logro que confirmaba la fortaleza de la ciencia y, a su vez, una oportunidad de cambio para el arte. “Allí están los sabios profesionales que analizan una y otra vez la materia, que no tienen miedo a ninguna pregunta, y que finalmente ponen en tela de juicio la misma materia sobre la que ayer descansaba todo y sobre la que se apoyaba todo el universo”, expresó.

"Circles in a circle", Wassily Kandisnky

La materia ya no era algo rígido, aprehensible mediante los sentidos, sino un complejo enredo de materia y vacío, unida por fuerzas que apenas comenzaban a estudiarse. “Todo se hacía precario, inestable, blando. No me hubiera asombrado ver una piedra fundirse en el aire frente a mí y hacerse invisible”, explicó. Kandisnky no dudó en convertir este sentimiento de pérdida total del sentido y de colapso de las bases preexistentes en una conversión a la abstracción y concentró sus esfuerzos pictóricos en visualizar esa inestabilidad material e invisible.

Dalí y la mística nuclear
Dalí también se sintió fascinado por la teoría cuántica. El llamado periodo nuclear de Dalí empieza con el lanzamiento de la bomba de Hiroshima: “La explosión atómica el 6 de agosto de 1945 me había estremecido sísmicamente. A partir de entonces el átomo se convirtió en mi sujeto de reflexión preferido. Muchos paisajes pintados en este periodo expresan el miedo enorme que sentí con el miedo de la explosión“.

"Las tres esfinges de bikini", Salvador Dalí

Interesado por el mundo escondido de los sueños y del psicoanálisis, la física de partículas significó para él la posibilidad de conocer metafóricamente los misterios insondables de la materia. “En la actualidad el mundo exterior -el de la física- ha trascendido al de la psicología. Mi padre hoy es el doctor Heisenberg”, manifestó. Para el pintor, el Principio de Incertidumbre formulado por el físico era algo absolutamente surrealista: “Esta es la razón de que yo, que hasta ahora sólo admiraba a Dalí, comience admirar a ese Heisenberg que se parece a mi”.

La desintegración de la materia y la liberación de la energía como consecuencia de las fuerzas que unen las partículas subatómicas serán, desde entonces, algunos de los temas recurrentes de Dalí. “Deseaba ver y comprender las fuerzas y leyes ocultas de las cosas, evidentemente para llegara a dominarlas”, declaró el pintor quien se consideraba a sí mismo como un “medio excepcional para penetrar en el corazón de las cosas”. Llegó a manifestar: “En la comarca del Empordán el único átomo que se encuentra en periodo de fabricación es el átomo de Dalí”.

"Galatea de las esferas", Salvador Dalí

El pintor se sintió, sobre todo, cautivado por la representación esférica de los átomos. En su universo atómico, los objetos se descomponen en partículas corpusculares que flotan en un estado de aparente inmovilidad a través de fuerzas de atracción y repulsión recíproca. “Sumido en una gran efervescencia de ideas, decidí acometer la solución plástica de la teoría cuántica, e inventé el realismo cuantificado para convertirme en dueño de la gravitación”, expresó.

"La separación del átomo (Desmaterialización cerca de la nariz de Nerón)", Salvador Dalí

La tensión superficial, la fuerza de origen atómico que impide que los materiales se mezclen, sirvieron a Dalí para justificar una vuelta al misticismo en el que incorporó elementos tradicionales de la pintura religiosa. “La virgen no asciende al cielo rezando. Sube hacia él impulsado por la fuerza misma de sus antiprotones”, comentó. Consideraba las partículas y antipartículas como “elementos angelicales” y manifestó: “Con los pi-mesones y los más gelatinosos e indeterminados neutrinos deseo pintar la belleza de los ángeles y de la realidad (…) Si los físicos producen antimateria, les está permitido a los pintores, ya especialistas en ángeles, pintarlas.”

Más allá de la Relatividad

“Un físico es el medio que tienen los átomo de pensar en los átomos”, Anónimo.

Vídeo de divulgación donde se explican dos de los descubrimientos que Albert Einstein publicó en el mismo año que su teoría de la relatividad: el movimiento browniano, que proporcionó pruebas de la existencia de los átomos; y el efecto fotoeléctrico, que supuso la explicación más exacta de la naturaleza de la luz, así como el premio Nobel de física para su autor. Realizado por Iván Jiménez

El siglo XX vio como se transformaba súbitamente la visión de la realidad. La física que nos había guiado desde los tiempos de Galileo a Newton dejó de tener sentido. Uno de los principales causantes de esta revolución fue Albert Einstein. Gracias a él se desarrollaron las dos piedras angulares en las que hemos reconstruido nuestra comprensión del Universo y la materia.

Por un lado, la Relatividad supuso un cambio radical en nuestro modo de ver el mundo cuando los objetos se mueven a gran rapidez o tienen una gran masa. Gracias a ella descubrimos que el espacio y el tiempo son curvos e inseparables, que el Universo había tenido un comienzo y que aún se está expandiendo. Pero, por otro lado, Einstein también proyectó el primer rayo de luz sobre una nueva rama de la física: la mecánica cuántica. Un nuevo marco para comprender el comportamiento de los átomos, el mundo de la luz, la electricidad y de todo lo que opera a las escalas más diminutas.

A cambio hemos tenido que pagar un precio muy alto: renunciar a las certezas y dejar la ciencia en manos de la probabilidad. El mundo de lo infinitamente pequeño representa una realidad ajena a nuestra experiencia cotidiana y sentido común. Simplemente no se puede comprender a base de símiles derivados de la experiencia humana. Sin embargo, sin ella no podemos comprender muchas cosas que de otro modo no habríamos podido conocer.

La mecánica cuántica no sólo es fascinante por sus insólitos planteamientos y sus extravagantes leyes, además ha servido para realizar las predicciones más precisas y eficaces de toda la historia de la ciencia. Predijo la posibilidad del láser, que hoy tiene múltiples aplicaciones, desde en ingeniería hasta los lectores de CD; ha ayudado a la optimización de nuevos medicamentos y materiales; o se ha utilizado como base para nuevos microscopios capaces de ver la forma de las propias moléculas.

Paradójicamente, Albert Einstein se negó a aceptar la teoría que él mismo había ayudado a crear y sostuvo, hasta su muerte, que la realidad debía estar acorde con ideas más intuitivas. Aunque siempre se cita su frase “Dios no juega a los dados”, sus palabras auténticas fueron: “parece difícil echarle un vistazo furtivo a las cartas de Dios. Pero que juegue a los dados y utilice métodos telepáticos… es algo que yo no puedo creer ni por un momento”.

Cuántica: la chistera de mago

Este vídeo nace de la necesidad urgente de divulgación hacia la sociedad de este campo del conocimiento ya que, recientemente, ha crecido la popularidad de la física cuántica entre muchas pseudociencias que han encontrado en la complejidad de esta disciplina la jerga y verborrea adecuada para dotar de base científica a sus absurdas pretensiones con el innegable intento de obtener credibilidad.

Nuestra imagen del mundo y de nosotros mismos se ha visto afectada por los descubrimientos científicos. Para algunos seguidores de la Nueva Era, creyentes en ovnis, astrólogos, homeópatas y amantes de las pulseras milagrosas la ciencia les ha arrebatado el misterio esencial de la vida. Pero, en realidad, la ciencia sólo ha ayudado a eliminar algunos mitos producto de la ignorancia. Por suerte, ya han pasado los tiempos en el que las enfermedades eran resultado de maldiciones, o cuando la Tierra era el centro del Universo y los rayos, instrumentos de los dioses.

La ciencia no tiene respuestas a todos las preguntas, pero su realidad está abrumadoramente respaldada por las pruebas experimentales, lo que supone una evidencia muy importante de la existencia de unas leyes que, aún fuera de nuestra experiencia directa, nos sirven para comprender y prever el funcionamiento de la Naturaleza. Esto no significa que las respuestas sean ciertas y que el científico tenga la verdad.  Sea como sea, la ciencia, en su intento de dar solución a las grandes preguntas de la humanidad, nos ha proporcionado un conjunto de nuevos misterios igual de profundos e interesantes. Y eso es lo verdaderamente estimulante del conocimiento científico.

Cuando existen preguntas que la ciencia no puede responder pasan a formar parte del dominio de las creencias y las religiones. Estas son perfectamente respetables y forman parte de la propia naturaleza humana, pero todavía ninguna forma de fe ha sido suficiente para demostrar algún milagro, al menos que, como decía David Hume “el testimonio sea de tal categoría que su falsedad sea más milagrosa que los hechos que se propone establecer”. O lo que es lo miso, como simplificó el excelente divulgador Carl Sagan, “las afirmaciones extraordinarias precisan pruebas extraordinarias”.

Para finalizar, no está de más compartir el legítimo consejo de Bertrand Russell: “No es conveniente creer una proposición cuando no hay base alguna que sugiera que es cierta”. Espero que el vídeo trasmita al espectador algún ejemplo de lo fascinante y sorprendente que puede ser la ciencia.

Ver también:

“Viaje a la Relatividad” (Vídeo sobre la teoría especial y general de la Relatividad)

Entrevista a Juan Ignacio Cirac

Instituto Max Planck de Óptica Cuántica de Alemania

A pesar de ser habitantes de un mundo a medio camino entre las enormes distancias cósmicas y las microscópicas de los átomos, esos extremos nos atraen. Por un lado creamos instrumentos para observar las fronteras del universo conocido y por otro nos adentramos en el límite de lo muy pequeño, hasta crear dispositivos minúsculos capaces de almacenar información. Pero, en esa carrera hacia lo cada vez más pequeño nos encontramos con una frontera, si cruzamos al otro lado comprobamos que ya no rigen las mismas leyes, hemos entrado en el territorio de la mecánica cuántica. Aquí la realidad parece cambiar, nos enfrentamos con fenómenos que contradicen nuestro sentido común, es el reino de la paradoja. Si aplicamos todo esto al campo de la informática, nos hallamos a las puertas de una nueva disciplina: la computación cuántica. Este es el terreno en el que desarrolla su investigación Juan Ignacio Cirac, galardonado recientemente con el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica. Este joven físico, director del Instituto Max Planck de Óptica Cuántica de Alemania, nos habla en esta entrevista del presente y el futuro de esta nueva rama del conocimiento.

¿Qué le motivó a estudiar computación cuántica?

Llevo trabajando con la física cuántica desde que estudié la carrera. Hice una tesis sobre ella y en 1994, cuando surgió la computación cuántica gracias a los resultados obtenidos por un americano, me sentí atraído por el tema y empecé a trabajar con un equipo.

¿Cuál es el problema de la computación clásica? ¿Hasta donde hemos llegado y por qué resulta necesaria una nueva computación basada en las propiedades de lo muy pequeño?

Los ordenadores van cada vez más rápido. Los chips almacenan tanta información que al final el elemento de información más elemental serán los átomos. Dentro de unos años llegaremos al mundo microscópico. En ese momento la mecánica cuántica será una necesidad. Simplificando, podemos decir que la computación cuántica utiliza la mecánica cuántica de los sistemas microscópicos para hacer las cosas más rápidas y mejor.

¿Qué distingue esencialmente la información cuántica de la clásica?

En la información clásica la unidad de información es el bit. En la computación cuántica todo se almacena en términos de qubits o bits cuánticos que, a demás de tener los valores 0 y 1, pueden tener valores intermedios de superposición, es decir, ser a la vez O y 1.

¿Cuál es el principal escollo que se interpone en la realización de un ordenador cuántico?

El problema es que no podemos controlar y manejar bien esos sistemas tan pequeños. Hay que aislarlos y manipularlos con láseres que no son perfectos. No disponemos de la herramienta adecuada.

Al leer el resultado, una vez realizado el cálculo, ¿no estaríamos, de algún modo, interfiriendo según el Principio de Incertidumbre?

Los algoritmos cuánticos están hechos de tal forma que la probabilidad de obtener un resultado correcto es muy alta. Así que se mide, se obtiene un resultado y si no es correcto se vuelve a repetir hasta que es el adecuado.

Si el ordenador cuántico no puede ser construido a partir del transistor clásico, ¿cómo será el hardware de la computación cuántica?

No sabemos cómo va a ser el hardware definitivo, pero sí hay prototipos basado en sistemas atómicos en los cuales se tiene un conjunto de 20 o 30 átomos, iluminados con luz láser, y cada uno de ellos almacena información.

¿La computación cuántica depende del desarrollo de la nanotecnología y su capacidad de manipular estructuras atómicas?

Está muy relacionada. La computación cuántica necesita dominar el mundo microscópico y eso es lo que intenta la nanotecnología. Lo que ocurre es que la computación cuántica da un paso más y no sólo intenta controlar ese mundo microscópico, sino también sus cualidades cuánticas.

¿La cuántica también tiene aplicaciones en el terreno del almacenamiento de datos?

No, tiene muy pocas aplicaciones. Realmente no puede almacenar muchos más datos que un ordenador clásico. En un ordenador cuántico se pueden procesar mejor y más rápido, no guardar.

Entonces, ¿el computador cuántico no desbancará al clásico? ¿De qué depende su futuro?

Los ordenadores clásicos estarán durante mucho tiempo. Luego aparecerán los cuánticos y los sustituirán, pero tal vez ocurra dentro de 100 años. Es difícil de predecir, aunque queda mucho. Todavía se está investigando y no sabemos muy bien cómo utilizarlos salvo para obtener una serie de algoritmos.

Uno de los primeros usos que está teniendo la información cuántica es la encriptación, ¿Cómo se consigue?

En la criptografía cuántica no es importante almacenar datos, sino enviarlos. Se consigue a través de superposiciones cuánticas: los bits cuánticos, en lugar de enviar 0 y 1, envían superposiciones de forma que, si alguien los intenta medir, cambia su estado y el receptor puede percatarse de que hay alguien viendo el mensaje.

Si todo está formado por átomos, la cuántica debería ser una cuestión que interesara a todas las disciplinas científicas. ¿Es la cuántica un puente entre distintos saberes?

Lo és. Cuando haces una conferencia sobre mecánica cuántica te encuentras desde matemáticos desarrollando teorías matemáticas de la información, informáticos que buscan algoritmos y protocolos de comunicación, físicos teóricos y experimentales de materia condensada, de estado sólido o de física molecular y atómica, químicos… es una materia muy interdisciplinar.

Y en el caso de la astrofísica, ¿cómo puede la física cuántica ayudarnos a la comprensión del Universo?

Sin duda, está muy presente en la astrofísica. Hay dos partes de la cuántica que pueden ayudar a entender el Universo. Por un lado, la relatividad nos permite ir hacia atrás, pero hay un momento inicial en que no sabemos qué pasó y en el que nos hace falta la mecánica cuántica. Sin embargo, no tenemos, por ahora, ninguna teoría de la gravitación cuántica que nos de una respuesta. Por otro lado, la mecánica cuántica también está presente cuando miramos las estrellas y vemos los espectros de emisión para saber cuáles son los componentes. En el caso de la información cuántica no son estas propiedades espectrales las que se utilizan, sino otras propiedades distintas.

¿Habrá una teoría del todo que unifique la macro y lo microscópico?

Yo creo que sí, aunque está costando mucho.

Y en biología, ¿comprender cómo se autoorganizan y ensamblan los átomos puede tener implicaciones en la manera de analizar las moléculas y en cómo se constituye la naturaleza?

Algunos piensan que dentro de las moléculas hay procesos coherentes parecidos a las superposiciones. Aunque encontramos muchas controversias al respecto: hay quien opina que las temperaturas de las moléculas que hay en la naturaleza son demasiado altas para que estas superposiciones jueguen un papel importante. Sin embargo, no hay duda de que a más bajas temperaturas sí lo juegan. También hay gente que utiliza la mecánica cuántica para promover mejores reacciones químicas, utilizando láseres y el principio de superposición, y obtener productos de una manera más eficiente.

¿Las posibilidades de computación cuántica nos acercan a la inteligencia artificial?

Por el momento, no hay quien haya hablado de inteligencia artificial de manera cuántica. Hay un problema de almacenamiento relacionada con el autoaprendizaje. Para resolverlo se pueden utilizar varias reglas, las de la mecánica clásica y la cuántica. En la clásica hay una serie de protocolos que te dicen cómo tienes que resolverlo de una forma determinada. Con la cuántica tienes que encontrar los algoritmos y ver qué es mejor. Para ciertos problemas conocemos esos algoritmos y sabemos que son mejores, pero para la inteligencia artificial, el almacenamiento y procesamiento de información, nadie ha planteado que exista un algoritmo que demuestre que es mejor.

¿La revolución cuántica es una utopía o una realidad?

La anterior revolución pertenece a los ordenadores y el transistor que están basados en la mecánica cuántica. Este progreso en el siglo pasado fue debido a la existencia de los láseres, los semiconductores y otras propiedades de los materiales eléctricos. La segunda revolución tendrá lugar cuando el principio de superposición, la incertidumbre y las propiedades extrañas que utiliza la información cuántica jueguen un papel importante.

Entonces, ¿este mundo de lo infinitamente pequeño y de efectos extraños está mas presente de lo que creemos?

Dicen que el 40% de la economía actual tiene una base cuántica.

Por último, ¿Dios juega a los dados?

Parece que sí. Einstein no se convenció porque no pudo ver los experimentos realizados en los 70 y 80 que han demostrado que existen superposiciones y que cuando las observamos lo que obtenemos es completamente aleatorio. La vida no es determinista.

Entrevista realizada por Eva Rodríguez Zurita e Iván Jiménez Montalvo para la revista IAC Noticias (Ver versión en .pdf)

Dalí: el Universo en su reverso

Como un moderno personaje renacentista, el artista de Figueres creía firmemente en la concurrencia entre la causa surrealista y la ciencia. Su obra es un maravilloso recorrido por los avances científicos del siglo XX.

Como un moderno personaje renacentista, el artista de Figueres creía firmemente en la concurrencia entre la causa surrealista y la ciencia. Su obra es un maravilloso recorrido por los avances científicos del siglo XX.

Dalí fue un artista de muchas inquietudes. En especial, se sintió fascinado por la ciencia, cuyos descubrimientos alimentaron su creatividad, sus reflexiones, escritos y, sobre todo, su obra. Como un moderno personaje renacentista, el artista de Figueres creía firmemente en la concurrencia entre la causa surrealista y la ciencia. Su obra es un maravilloso recorrido por los avances científicos del siglo XX. El pintor catalán trató disciplinas como la cuántica, la física nuclear, la relatividad, la genética, la geología, la geometría, la psicología y la óptica.

Dalí utilizó el lenguaje científico con rigor y como culto a la objetividad. Aprovechó la capacidad de la física y las matemáticas de ver más allá de los objetos visibles y del mundo tangible para explorar en sus obras nuevas dimensiones que superasen la realidad cotidiana. Según él, la ciencia era, además de una fuente de inspiración inagotable, una de las vías para llegar a la inmortalidad e incorporó plenamente a sus pinturas un mundo basado en las leyes de la relatividad y la incertidumbre cuántica. De hecho, creó un método basado en un discurso científico para explicar el funcionamiento de su proceso creativo: el método paranoico-crítico.

Ávido lector de publicaciones científicas, hasta su muerte estuvo suscrito a revistas especializadas y poseía una amplia biblioteca de libros de física, biología y matemáticas repletos de sus propias anotaciones en los márgenes. El interés que demostraba por cada teoría emergente le valió la amistad de muchos científicos, que ayudaron y asesoraron al pintor en la realización de sus obras y admiraron la poderosa intuición del artista. “Todos mis cuadros, la gente se ríe al verlos por primera vez, pero después de casi 12 años, todos los científicos reconocen que cada una de estas pinturas es una auténtica profecía”, declaró.

Tras su imagen frívola y provocadora se escondía un creador seriamente involucrado con los avances de la ciencia y sus implicaciones sociales. Para Dalí no había nada más sugerente que la realidad: “es evidente que existen otros mundos, pero esos otros mundos están en el nuestro, residen en la Tierra”.  El pintor no sólo encontró en la ciencia el impulso poético que necesitaba, además de una religión y una manera de trascender, sino que llegó a sentenciar: “los pensadores y literatos no pueden aportarme absolutamente nada y los científicos todo, incluso la inmortalidad del alma”.

La relatividad del inconsciente
Dalí estuvo especialmente influenciado por las teorías de dos grandes pensadores del siglo XX, Freud y Einstein. De este último, Dalí acoge las implicaciones del espacio-tiempo relativista cuyas explicaciones escuchó en la visita que el físico hizo a la Residencia de Estudiantes en 1923. Aquella semilla científica germinará en su obra “La persistencia de la memoria” (1931), donde Dalí pinta la deformación del tiempo, la cuarta dimensión de Einstein, representada con diversos relojes blandos y maleables que consideró premonitorios de la nueva física que se avecinaba.

En cuanto a Freud, incorporó el psicoanálisis y utilizó sus teorías para penetrar en el inconsciente científicamente. Dalí escribió: “Freud es mi padre”. De hecho, en 1938, llegó a entrevistarse con él en Londres. El artista, fascinado por todo lo invisible, intentó plasmar en sus pinturas el mundo del inconsciente, el universo sumergido según el padre del psicoanálisis. Dalí siempre tenía a los pies de su cama un caballete con un lienzo preparado para plasmar las ensoñaciones que recordaba tras despertar. Manifestó: “yo trabajo constantemente en el momento de dormir; mis mejores ideas vienen de mis sueños y la actividad más ‘daliniana’ se produce mientras duermo”.

La firma de Salvador Dalí se inspira en una imagen científica: la fotografía estroboscópica de la caída de una gota de leche tomada por Harold Edgerton.

La firma de Salvador Dalí se inspira en una imagen científica: la fotografía estroboscópica de la caída de una gota de leche tomada por Harold Edgerton.

Dalí mezcló los elementos psicoanalíticos con aspectos del campo de la percepción. En especial, añade algunos fundamentos de la psicología de la Gestalt que estudió, desde principios del XX, los fenómenos fisiológicos y psicológicos que subyacen en la percepción y la relación del sujeto con el medio. Manipulando la imagen, Dalí logra en su obra hacernos partícipes de un delirio perceptivo, una “ilusión óptica” según la Gestalt, de forma que lo que vemos es tangible e imposible de contradecir.

El engaño de los sentidos
La primera de las pasiones científicas de Dalí fueron las dobles imágenes. Intrigado por el engaño de los sentidos, experimentó con representaciones de objetos que conforman, a la vez, otros totalmente distintos. La primera doble imagen que pinta es “El hombre invisible” (1929). Fueron varios los orígenes de esta obsesión por la metamorfosis perceptiva: por un lado, el ensayo de Freud sobre el cuadro de Leonardo da Vinci “Santa Ana, la virgen y el niño” (1517), donde aparece un buitre entre los pliegues del ropaje; y por otro, el célebre “Tratado de la Pintura” (1651) del mismo Leonardo, donde instaba a los artistas a encontrar figuras reconocibles en las manchas o contornos informes de paredes sucias o nubes.

Otra de las inquietudes de Dalí fue la tridimensionalidad, que le condujo a combinar su técnica artística con la tecnología científica más destacada del momento. La primera de ellas fue la representación estereoscópica que descubre a través de las telas de Gerard Dou, artista holandés contemporáneo de Vermer, al comprobar que había realizado dos versiones, apenas distintas entre sí, de muchas de las escenas que retrató. Siguiendo esta idea, en “El Cristo de Gala” (1978) pintó dos cuadros casi idénticos para lograr la visión en tres dimensiones al superponerlos, y en “La armonía de las esferas” (1979) consigue su primera obra estereoscópica en un solo elemento. Al mismo tiempo, Dalí trabaja con la lente de Fresnel, un instrumento óptico ensayado por la NASA para ver imágenes en relieve.

Posteriormente, el artista creyó encontrar en la cuarta dimensión una salida al estancamiento del mundo del arte. En 1971, año en que Dennis Gabor recibió el Premio Nobel por sus trabajos sobre el láser, Dalí se interesa por la holografía, y un año después realiza la primera exposición de hologramas en Nueva York con asesoramiento del propio científico. En la introducción del catálogo de la muestra, Dalí explica: “Gracias al genio de Gabor, la holografía ha hecho posible el renacimiento del arte y las puertas de un nuevo espacio creativo se han abierto ante mi”.

Tampoco dejó de lado otros avances en el mundo de la imagen. Valoraba con interés las películas y la fotografía científicas coetáneas. De tal forma, el cine fue otro de sus medios de expresión el cual consideraba capaz de expresar la violencia de las emociones humanas mucho mejor que la quietud y la cristalización de la pintura. Y transformó la representación de la fotografía estroboscópica de la caída de una gota de leche, tomada por el ingeniero Harold Edgerton en 1936, en la corona con la que remataba su firma.

La estética de los números
Dalí llevó acabo en sus obras un extraordinario desarrollo de las matemáticas. Como los maestros clásicos, aplica el conocimiento científico al equilibrio de las composiciones. En especial, gracias a los consejos del matemático húngaro Matila Ghyka, obtuvo un gran dominio de la Regla Áurea, una proporción que ya conocían los griegos y que se encuentra en la naturaleza. Es el caso del cuadro “Semitaza gigante volante, con anexo inexplicable de cinco metros de longitud” (1945) donde una espiral áurea controla toda la composición.

El hipercubo fue una de las grandes intuiciones de Dalí que, adelantándose en 20 años a la representación matemática de Thomas Banchoff, muestra a Jesús crucificado sobre una cruz de cuatro dimensiones formada por ocho cubos unidos por sus caras.

El hipercubo fue una de las grandes intuiciones de Dalí que, adelantándose en 20 años a la representación matemática de Thomas Banchoff, muestra a Jesús crucificado sobre una cruz de cuatro dimensiones formada por ocho cubos unidos por sus caras.

Pero Dalí fue mas allá del uso técnico de las matemáticas y las incorporó como forma de expresión artística. Usó figuras abstractas como el cubo, la esfera o el dodecaedro, junto con otras casi inéditas en arte, como el hipercubo, un objeto de cuatro dimensiones, inimaginable salvo para los matemáticos, que el pintor utilizó en su cuadro “La crucifixión” (1954) o “Corpus Hypercubus”. El dibujo se adelantó en 20 años a la representación matemática de Thomas Banchoff que en 1975 publicó un artículo en el Washington Post ilustrado con la obra de Dalí. Desde entonces el científico y el artista mantuvieron una estrecha colaboración.

En cierta ocasión, preguntado en qué consistía su método paranoico-crítico, respondió: “en el método no hay nada de ensoñación sino topología trascendental”. Así, en muchos cuadros, los objetos (relojes, rostros, partes de cuerpos humanos o animales) experimentan cambios y deformaciones por medio de transformaciones topológicas, como en “Desintegración de la persistencia de la memoria” (1952-54), donde Dalí descompone las imágenes de su famosa pintura de los relojes.

Estos conocimientos en Topología Diferencial y Sistemas Dinámicos llevaron a Dalí a interesarse por la Teoría de las Catástrofes del matemático René Thom, quien obtuvo por ella la Medalla Field, equivalente al Premio Nobel. La teoría desafió el mundo científico al proponer una nueva manera de considerar todas las transformaciones que se producen de manera imprevista. Esta idea influyó en Dalí hasta el punto de que adaptó su firma para convertirla en una ecuación, como en “El rapto topológico de Europa” (1983), que materializa la idea de la evolución del continente europeo desde la teoría del creativo matemático.

Dalí escribe en 1985: “no se puede encontrar una noción más estética que la última Teoría de las Catástrofes de René Thom, que se aplica tanto a la geometría del ombligo parabólico como a la deriva de los continentes; la Teoría de René Thom ha encantado todos mis átomos desde que la conocí”. Y bajo sus influjos no dejó de crear, inspirando una particular caligrafía en el “Tratado de escritura catastrofeiforme” (1982) o formando parte de sus cuadros, como en “La cola de golondrina” (1983) donde aparece la ‘arista de retroceso’ de una superficie.

Pero Dalí fue todavía más lejos. Utilizará sistemas autorreferenciales y estructuras fractales en pinturas como “El rostro de la guerra”, (1940). Otras, como “La calavera de Zurbarán” (1956), contienen ilusiones ópticas basadas en un cubo de Necker y de Koffka. También, la espiral será un elemento fundamental. En “Figura rinoceróntica del Alisios de Fidias” (1954) o en “Retrato de Gala con síntomas rinocerónticos” (1954) relaciona las espirales logarítmicas con los cuernos de rinocerontes. Dalí, además, utilizó la teoría de la simetría y la combinó con un tipo específico de ambigüedad antisimétrica, tal y como ocurre en su “Aparición de rostro y frutero en una playa” (1938), donde casi todos los detalles tienen doble significado y la misma pintura representa un paisaje o la figura de un perro.

La doble hélice
El 25 de abril de 1953 se publicaba en la revista Nature un artículo, de poco más de una página, que causaría un gran impacto en la comunidad científica. El texto, escrito por un joven biólogo estadounidense de 24 años, James Dewey Watson, y un físico británico de 36 años que no había acabado su tesis doctoral, Francis Harry Compton Crick, explicaba la hipótesis de que el ADN, responsable de la transmisión del código genético, tenía una hermosa estructura de doble hélice. En poco tiempo, esta imagen se convirtió en un icono e impresionó profundamente a Dalí que la utilizó en su obra pictóricas como un elemento para pervivir en el tiempo, ya que consideraba el ADN como la clave de la inmortalidad.

Para el artista, tanto la estructura del átomo como el ADN configuraban una realidad que no podíamos percibir con los sentidos, realidades ocultas como la de los sueños. Así, en “Galacidalacidesoxyribonucleicacid” (1963), combinación de les palabras Gala, Dalí y ácido desoxirribonucleico, la doble hélice aparece junto con Gala, que es observada por la molécula de la sal, formada por hombres que se apuntan con fusiles. En “Representación del ADN” (1971) y “El ácido desoxirribonucleico y la escalera de Jacob”(1975) se reproduce el ácido desoxirribonucleico desde la óptica surrealista; a la estructura helicoidal le incorpora una historia bíblica: el sueño de Jacob con una escalera que llega hasta el cielo por donde bajan y suben los mensajeros de los dioses.

Dalí también dedicó una obra a Watson y Crick e incluyó las fotografías de ambos científicos con las inscripciones ‘Watson: a model builder’ y ‘Crick: Life is a three-letter word’ en “Hommage à Crick et Watson” (1963). La molécula aparecerá en otras muchas obras como “Árabes acidodesoxirribonucleicos” (1963), “La estructura del ADN” (1975) o “Paisaje de Mariposa. El gran masturbador en paisaje surrealista con ADN” (1957-58).

La mística nuclear
En 1940 Dalí se interesa por la teoría cuántica de Max Planck. Estaba fascinado por la física de partículas ya que permitía conocer los misterios insondables de la materia al igual que las teorías de Freud desvelaban el yo más escondido. En este año pinta la obra “Mercado de esclavos con la aparición del rostro de Voltaire” (1940), que finaliza la etapa surrealista. Y en 1945, aterrorizado por la explosión atómica de Hiroshima, inicia su periodo nuclear con el cuadro apocalíptico “Idilio atómico y uránico melancólico” (1945).

Desde entonces, Dalí aprovechará en sus obras, en sentido metafórico, los descubrimientos científicos relativos a la desintegración de la materia y a la liberación de la energía. Los objetos se descomponen en partículas que flotan en el espacio en un estado de aparente inmovilidad provocado por fuerzas de atracción y repulsión recíprocas, observable en obras como “Equilibrio interatómico de una pluma de cisne” (1947), “Las tres esfinges de Bikini” (1947) o “Desmaterialización de la propia nariz de Nerón” (1947).

El cuadro se estructura según la proporción Áurea que fue calculada siguiendo las directrices del matemático Matila Ghyka. En el boceto de 1947 se advierte la meticulosidad del análisis geométrico realizado por Dalí basado en el pentagrama místico pitagórico.

El cuadro se estructura según la proporción Áurea que fue calculada siguiendo las directrices del matemático Matila Ghyka. En el boceto de 1947 se advierte la meticulosidad del análisis geométrico realizado por Dalí basado en el pentagrama místico pitagórico.

La pintura corpuscular desembocará en la mística nuclear, una vuelta a la pintura religiosa mediante la nueva dimensión de la realidad y la materia descrita por la física moderna. “Deseaba ver y comprender las fuerzas y las leyes ocultas de las cosas, evidentemente para llegar a dominarlas”, comentó. “Mi genio intuitivo me dice que yo poseo un medio excepcional para penetrar en el corazón de las cosas: el misticismo”. Según él, la ciencia era una prueba de la existencia de Dios y la existencia de Dios era una prueba de la fuerza de la ciencia.

Dalí sigue pintando la fragmentación de la materia, pero incorpora elementos de la tradición religiosa. El pintor utilizará la tensión superficial, la fuerza de origen atómico que impide que dos materiales se mezclen, en “La Madonna de Portlligat” (1949), donde nada toca a nada, y para divinizar a su mujer Gala en “Leda atómica” (1949), obra que requirió un gran desarrollo matemático y el estudio del “Tratado de la divina proporción” del matemático renacentista Luca Pacioli. También, cautivaron al artista las esferas que representan a los átomos en los manuales de física, y en “Galatea de las esferas” (1952) muestra a su musa compuesta por multitud de átomos.

Sentía, además, fascinación por los grandes aceleradores de partículas que bombardeaban la materia y lo utilizó de inspiración en la creación de lo que llamó ‘la pistola cuántica’, un trabuco de época cargado de tinta que aplicará para realizar las litografías que ilustraron la Divina Comedia de Dante. El autor llegó a la necesidad de plasmar las antipartículas, trabajo que inicia con “La Asunción Antiprotónica” (1956), donde plantea que la Asunción de la Virgen no es consecuencia de la fuerza de la oración, sino de la fuerza de sus antiprotones.

Pero Dalí, sobre todo, admiraba la figura de Werner Heisenberg, el físico que anunció el Principio de Incertidumbre según el cual la propia presencia del observador determinaba la observación, lo que el pintor consideraba absolutamente surrealista. En 1958, Dalí escribe el texto “Manifiesto Antimateria”, en el que declara: “quiero encontrar la manera de transportar mis obras a la antimateria. Se trata de la aplicación de una nueva ecuación formulada por el doctor Werner Heisenberg (…) Esta es la razón de que yo, que sólo admiraba a Dalí, comience a admirar a este Heisenberg que se parece a mí”.

La nueva cultura
En los últimos años de su vida, en 1985, el Museo Dalí de Figueres acogió una reunión científica de alto nivel bajo el título “Cultura y Ciencia: determinismo y libertad” en el que asistieron físicos, matemáticos y artistas. El enfermo y anciano Dalí siguió con atención desde su habitación toda la jornada a través de un circuito de televisión interno y durante el simposio se entrevistó personalmente con la algunos de los científicos asistentes, entre ellos sus dos amigos, René Thom e Ilya Prigogine, a quienes pidió que reconciliaran sus diferencias científicas “en el nombre de Schrodinger”.

Pero ésta no fue la última anécdota de Salvador Dalí respecto a la ciencia. El día de su muerte, en 1989, dejó en su mesilla de noche varios libros, entre ellos, “La breve historia del tiempo” de Stephen Hawking, “La geometría del arte y la vida” del matemático Matila Ghyka y “¿Qué es la vida?” del físico Erwin Schrodinger. Sin duda, unas lecturas muy singulares para cualquier artista, pero no para Dalí quien, en 1979, con motivo del ingreso en la Académie des Beaux-Arts del Instituto de Francia, a la pregunta del porqué de su interés por la ciencia, respondió: “porque los artistas no me interesan nada. Creo que los artistas deberían tener nociones científicas para caminar sobre otro terreno, que es el de la unidad”.

Dalí fue pionero en el diálogo entre las humanidades y las ciencias: “lo desgraciado de nuestros días es la monstruosa especialización de cada ciencia; o sea, el que sabe de física no sabe de pintura, el pintor no sabe de física, el biólogo muy poco de física, todo está demasiado especializado”. El artista siempre fue consciente de los logros de la ciencia y se sintió responsable de sus implicaciones. “Estamos asistiendo al progreso casi monstruoso de la civilización, sin ningún tipo de síntesis”, afirmó. Por ello, quiso volver a agrupar ambos mundos, tal y como lo había hecho Leonardo en el Renacimiento: “yo soy el salvador de la pintura”.

Lamentablemente, su disfraz de bufón exhibicionista que le dio dinero y fama eclipsó la lectura científica de su obra. Él era consciente de ello: “si no organizara estos espectáculos y dijera disparates, interesaría mucho menos como pintor”. Loco o visionario, la ciencia que le acompañó toda la vida tiene mucho que aprender de sus lienzos. Dalí sabía que no hay mayor recurso creativo que poner la realidad patas arriba. Y ese es el impulso poético que convendría recuperar para la ciencia: que los matemáticos piensen en física, los físicos en biología, los biólogos en arte y los artistas en matemáticas; ver, por un instante, el Universo en su reverso.

Este artículo fue publicado en el diario “La Opinión de Tenerife” (Versión .pdf ) y recibió una Mención Honorífica en los Premios Prismas Casa de las Ciencias a la Divulgación 2006