Archivo de la etiqueta: espacio

10 visiones artísticas de astronautas trastornados

Dese hace unos días La Formula del Lápiz tiene una nueva spin-off llamada La Fórmula del Cosmos, un microblog en el que iré recopilando cualquier tipo de arte inspirado en el Universo y la exploración espacial con el que vaya tropezando. Y qué mejor forma de inaugurarla que con una lista -elaborada con las primeras entradas publicadas-, de varios proyectos artísticos basados en la figura que más legítimamente representa la última aventura humana: los astronautas.

Aunque el interés por la belleza y el significado de la experiencia humana en el espacio sigue presente, como demuestra el reciente éxito de la película Gravity, desde que el hombre llegó a la Luna, ser astronauta nunca ha vuelto a ser lo mismo. La exploración espacial se ha convertido en algo rutinario. Los hombres del espacio ya no son intrépidos exploradores, sino adiestrados operarios de laboratorios espaciales. Hoy los astronautas no son héroes nacionales, sino hombres corrientes. No ocupan portadas de periódicos ni reúnen a millones de personas delante del televisor.

Culturalmente, tras el uso mediático, ideológico y propagandístico durante los primeros años de la carrera espacial, el astronauta ha pasado de ser un mito a convertirse en un icono pop que inspira campañas de publicidad, artículos de moda y hasta ropa de cama. Pero el arte, interesado por el viaje espacial desde los inicios de la astronáutica, ha continuado inspirándose en su figura. Si bien a finales del siglo pasado muchos artistas la utilizaron para criticar la estandarización de la cultura de masas (como la serie ‘Space’ del artista islandés Erró) o la manipulación informativa (como ‘Sputnik’ del catalán Joan Fontcuberta), en este siglo la mayoría de artistas parecen coincidir en relacionar al viajero espacial con la soledad, la incomunicación o la pérdida de valores e ideales. La siguiente lista, formada por siete proyectos fotográficos y tres pictóricos, son una muestra de esta tendencia.

1. Crash Landed  de Ken Hermann

¿Qué pasaría si un día, al girar una calle o al levantar la cabeza en una biblioteca, descubres a un astronauta mirándote fijamente? El fotógrafo Ken Hermann, en ocasiones, ve astronautas deambulando por Copenhagen.  Leer más

2. Astronauts  de Hunter Freeman

Los astronautas retratados por Hunter Freeman tienen miedo de salir de sus trajes, pero no es fácil adaptarse cuando vives encerrado en una escafandra espacial. Sin duda, para abandonar la Tierra antes es necesario salir de la ‘cuna de la mente’. Leer más

3. Space de Tyler Shields

¿Quién no ha soñado, alguna vez, en ser astronauta? Sin embargo, el fotógrafo de moda Tyler Shieds tenía otro anhelo: utilizar una cámara Hasselblad 500 como la empleada durante el programa Apolo. Un día su sueño se hizo realidad. Leer más

 4. Lost Astronaut  de Nacho Alegre y Alicia Framis

¿Por qué ninguna mujer ha ido a la Luna? La astronauta fotografiada por Nacho Alegre y reencarnada en la artista Alicia Framis lleva más de 40 años esperando su turno. Pero, ya se sabe, quien espera, desespera… o bien, como otras muchas mujeres en la historia, acaba haciéndose invisible y anónima. Leer más

5. Astronaut Suicides de Neil Dacosta

Miles de horas de estudio, entrenamientos intensivos, noches de ojos abiertos imaginando el día en que tu sueño de ingravidez, por fin, se hará realidad… y llega Obama y te cancela el programa del transbordador espacial.  ¿No dan ganas de suicidarse? Leer más

6. Astronauts  de Bernard Bailly

Los astronautas describen con frecuencia su primer vuelo espacial como una “sensación divina” o una “alucinación paradisíaca”. Los viajeros fotografiados por Bernard Bailly siguen en un estado alterado de conciencia. Leer más

7. Disportraits  de Matthias Schaller

¿Alguna vez has tenido la sensación cuando hablabas con alguien de que no te estaba escuchando? Probablemente es lo que te suceda con los astronautas de Matthias Schaller. Leer más

 8. Astronauts de Scott Listfield

Los astronautas de Scott Listfield son el presagio de que  el turismo espacial será en unos años el equivalente a los viajes espirituales a la India. La sociedad de consumo tiene los días contados, claro que cuando los vuelos espaciales sean low cost y permitan acumular puntos. Leer más

9. Astronauts de Nicholas Forker

Astronautas jugando al béisbol, posando con un balón de baloncesto o sentados en un sofá. El bolígrafo de Nicholes Forker escribe fino a la hora de retratar las contrariedades de la cultura americana. Leer más

10. Cosmonauts de Jeremy Geddes

A los cosmonautas de Jeremy Geddes les gusta echar de comer a las palomas, pero no para matar el aburrimiento, sino para crear atmósfera y dramatismo. Como ángeles de una mitología cósmica, su vuelo espacial es al mismo tiempo un ascenso y una caída. Leer más

Divulgación Disney (I): Fantasía espacial

A lo largo de varios post analizaremos algunos de los trabajos que Walt Disney produjo como divulgador científico. En este primer capítulo ahondaremos en el contexto histórico de la sociedad americana de los años 50, periodo en el que Disney concentró la mayor parte de su labor pedagógica, y destacaremos tres joyas de la animación dedicadas a popularizar el programa espacial americano: Man in Space (1955), Man and the Moon (1955) y Mars and Beyond (1957).

Fotografía de Walt Disney tomada en 1954 en las instalaciones de la NASA.

Más allá de hombre negocios, comunicador de masas y corruptor de la infancia, Walt Disney también fue un excelente divulgador científico que supo aprovechar el contexto de la posguerra americana. En este escenario de guerra fría, además de la necesidad de legitimar el modelo social americano – American way of life -, había que impulsar una nueva educación científica para que los ciudadanos aceptaran las grandes inversiones de recursos económicos que suponía una carrera tecnológica y científica global. Walt Disney, un modesto hijo de granjeros y distraído dibujante de anuncios, supo aprovechar este momento. En seguida comprendió el potencial de la imagen y del nuevo medio televisivo como instrumentos de seducción y de entretenimiento. Una vez pudo reunir la experiencia y el patrimonio necesarios, puso todo su creatividad y talento en construir un paraíso de posguerra para que la sociedad americana además de sentir que formaba parte de una gran aventura, también aprendiera sobre su historia y sobre su papel hegemónico en el futuro del mundo.

La televisión dominante
Tras la II Guerra Mundial la televisión se introdujo en los hogares americanos convirtiéndose en la piedra angular de la información y el entretenimiento. La programación televisiva tardó bastante tiempo en encontrar su propia fórmula y lenguajes; la radio y el cine representaron un vivero de contenidos para alimentar el nuevo medio. En el caso de las empresas cinematográficas, tras unos primeros años de enfrentamiento con la televisión -que consideraba culpable de la crisis de espectadores-, acabaron comprendiendo que la gran popularidad de la caja tonta podía beneficiar a su negocio y empezaron a desarrollar series y películas específicas para el medio televisivo. Estos contenidos eran además exportados al mundo entero difundiendo un estilo de vida y unas temáticas genuinamente americanas.

En la década de los 50, la televisión fue la gran aliada del “american way of life” por su capacidad de penetración, difusión y recreación del modelo social.

Durante estos años los Estados Unidos se consolidaron como el estado dirigente del mundo occidental. El dominio americano, y por extensión del capitalismo, estaba estructurado en la doctrina del liberalismo que permitía extender su hegemonía a los terrenos ideológico y cultural. Los medios de comunicación, especialmente los del sector audiovisual -por su capacidad de penetración e influencia- tenían la función de legitimar el orden social y político. El modelo americano optó por dejar las actividades culturales en manos de empresas privadas, en lugar del auspicio estatal, pensando en las oportunidades de negocio que podían generar y en su capacidad de producir productos atractivos con un mensaje proamericano pero sin una explícita carga propagandística.

La proyección internacional de la cultura de masas americana fue acompañada de una invasión empresarial que generaba ingresos millonarios. La actividad cultural era una mercancía más, como la Coca-Cola o las hamburguesas de McDonalds, un agente de desarrollo y de promoción de conductas para estimular modelos de consumo y de expresar la modernidad social y tecnológica americana. Es decir, aunque promovidos por empresas privadas, los medios de comunicación se consolidaron como un servicio público con un importante objetivo: el desarrollo económico, la educación y la promoción cultural.

Poster realizado por Roman Cieslewicz en 1968. Superman representa a las dos superpotencias que ridículamente ven su imagen reflejada en el otro.

La ciencia del miedo
El telón de fondo real que justificaba este modelo era el contexto político de la guerra fría. Basada en la creencia de que, tras la II Guerra Mundial, la época de las catástrofes aún no se había acabado, los Estados Unidos y la Unión Soviética se enfrentaron a una batalla ideológica que tuvo en la propaganda su principal arma. La constante amenaza de una invasión exterior y la histeria colectiva permitía mantener una economía de guerra permanente que suponía rentables dividendos. Sin embargo, la sociedad solo podía sobrevivir a la carrera armamentística preparándose para una carrera tecnológica y científica global, por lo que la educación científica se convirtió en una prioridad estratégica para que la población aceptara contribuir al esfuerzo económico que suponía esa carrera.

Para proporcionar el clima intelectual adecuado era necesaria una educación científica rápida y eficaz, en que todo el mundo pudiera comprender los últimos avances, especialmente en el campo de la ingeniería y de la física, convertidos en sinónimo de poder tras las bombas de Hiroshima y Nagasaki, y el primer satélite artificial ruso, el Sputnik. Pero la alfabetización científica de una sociedad en rápido cambio científico y tecnológico necesitaba de nuevos instrumentos y nuevos métodos de enseñanza. Por supuesto, la televisión era una de las vías más importantes abiertas para acercar la divulgación científica a la población. Y en este contexto una figura destacó especialmente: Walt Disney (1901-1966).

Poster de la película “Der Fuehrer’s Face” (1943) realizada por los estudios Disney para el Gobierno americano durante la II Guerra Mundial y protagonizada por el pato Donald.

América en sueños
Disney comenzó como dibujante publicitario. En 1920, junto con el animador Ubbe Iwwerks, fundó la Iwerks-Disney Commercial Artists, pero sin mucho éxito. Más tarde y en solitario creó la Laugh-O-Gram Films, Inc. para realizar cortometrajes de dibujos animados basados en cuentos para niños. Con su corto Alicia en el País de las Maravillas (1923) bajo el brazo, decidió irse a Los Ángeles donde fundó junto a su hermano el Disney Brothers’ Studio, que más tarde sería The Walt Disney Company. Tras el éxito de su primer personaje-icono Mickey Mouse (1928), nacido a la par que el cine sonoro, y de su primer largometraje animado en Technicolor Blancanieves y los Siete Enanitos (1938), el comienzo de la II Guerra Mundial permitió a los estudios Disney colaborar estrechamente con el gobierno, produciendo casi 70 horas de películas educativas y de formación militar.

Tras la guerra, llegó la crisis de las salas cinematográficas. La venta de entradas empezó a descender de forma alarmante y los exhibidores dejaron de interesarse por la animación. A su vez, la histeria anticomunista sacudió los cimientos de la industria de Hollywood. La represión de la “caza de brujas” supuso un duro golpe al cine en un momento crucial en el que debía hacer frente a la competencia de la televisión. Ante esta nueva situación, Disney diversificó su oferta, orientándose hacia la producción de películas infantiles de imagen real, como la serie True-Life Adventures (1948), los documentales sobre naturaleza y, por supuesto, los programas de televisión que lo convertirían en un influyente comunicador de masas.

Poster del film “The living desert” (1953) que revolucionó el género del documental de naturaleza. Hoy en día se critica su exceso de antropomorfismo y la falta de veracidad de algunas de sus tomas.

Muchos de sus documentales y reportajes sobre la vida animal ganaron varios premios Óscar, como la conocida The Living Desert (1953) que también ganó en los festivales de Cannes, Berlín y en los premios Globo de Oro, además de inspirar a un generación de documentalistas. También un reportaje sobre los aspectos científicos y técnicos de la filmación de la película 20.000 leguas de viaje submarino hizo ganar a Walt Disney su primer premio Emmy al mejor documental.

En 1950 produjo su primer programa televisivo, One Hour in Wonderland, un especial para el día de Navidad. Pero su gran éxito en el nuevo medio estaría directamente relacionado con su macroproyecto Disneyland. Hacía tiempo que Disney estaba interesado en otra área del entretenimiento, los parques de atracciones. Quería desarrollar un “parque familiar” en el que el visitante pudiera moverse a su elección por cinco grandes mundos (Main Street, U.S.A.; Fantasyland; Tomorrowland, Frontierland y Adventureland), con atracciones y espacios de animación organizados temáticamente. Con la colaboración de actores que encarnaban a los personajes de la factoría, el predispuesto espectador se convertía en un participante más en la aventura, a la vez que se sentía en casa, formando parte de la “cultura americana”.

Imagen de la cabecera del programa televisivo “Disneyland” que empezó a emitirse el 27 de octubre de 1954 y acabó en 2008 siendo el segundo show más longevo de la televisión americana.

Interesado en promocionar su ambicioso parque, Disney se unió a la cadena de televisión ABC y formó la compañía Walt Disney Incorporated. En octubre de 1954, comenzó a emitirse el programa Disneyland TV Show, con la difusión del documental The Disneyland Story a través del cual millones de americanos empezaron a soñar con el nuevo paraíso de fantasía. Con un lanzamiento tan bien preparado, el éxito fue inmediato.

 

La conquista de la ingravidez

Walt Disney y el ingeniero espacial Wernher von Braun en 1954. La colaboración de ambos en una trilogía de películas sobre el espacio obedecía claramente a un lavado de imagen para que la sociedad tolerara la presencia de ex miembros de las SS en el programa militar americano.

Pero más allá de lo promocional, este espacio televisivo permitió a Disney demostrar su gran habilidad como pedagogo produciendo varias joyas de la animación. Entre ellas,  en la década de los 50 llevó a cabo una serie de películas educativas sobre el programa espacial americano en colaboración con el ingeniero aerospacial de la NASA y creador del mítico cohete alemán V2, Wernher von Braun. Todas ellas fueron dirigidas por el dibujante Ward Kimball, el más atrevido de los llamados “Nueve Ancianos de Disney” y el encargado de dar vida a personajes como el Sombrerero Loco y el Gato de Cheshire en Alicia en el país de las maravillas o el mítico Pepito Grillo de Las aventuras de Pinocho.

Portada de la revista “Collier’s” con la ilustración de un transbordador espacial de tres fases, uno de los muchos diseños de von Braun para la conquista del espacio.

Estas películas se convirtieron en tres episodios - Man in Space (1955), Man and the Moon (1955) y Mars and Beyond (1957)- que fu eron reunidos bajo el nombre de Tomorrowland. Esta trilogía animada estaba basada en una serie de artículos publicados en los años 50 en la famosa revista Collier’s bajo el enunciado Man Will Conquer Space Soon! en los que se analizaba y detallaba los planes de Wernher von Braun  para la carrera espacial. Los artículos estaban escritos por los máximos expertos del momento, como Willy Ley, Fred Lawrence, Joseph Kaplany, Heinz Haber y el propio von Braun, y tenían ilustraciones de tres de los mejores dibujantes de la época: Chesley Bonestell, Fred Freeman y Rolf Klep. Todo un acierto del visionario editor Cornelius Ryan. La serie tuvo además su continuación en tres libros: Across the Space Frontier (1952), Conquest of the Moon (1953) y The Exploration of Mars (1956). (Recomiendo consultar los enlaces para conocer más sobre estos interesantes personajes -cada uno de ellos merecería un post completo- y en los libros y sus años para ver su reseña y apreciar sus ilustraciones)

De izquierda a derecha, los expertos en cohetes Willy Ley; Fred L. Whipple y von Braun; los ilustradores Chesley Bonestell, Rolf Klep y Fred Freeman; y el editor del magazine “Collier’s” Cornelius Ryan.

Man In Space (1955)
49’27’’


Empieza con una introducción de Walt Disney que da paso al dibujante y director del film Ward Kimball quien hace de narrador junto con algunos de los autores de los artículos de la revista Collier’s y el actor Dick Tufeld, conocido por poner su voz al Robot de la popular seria de televisión Lost in Space. La película primero hace un repaso cómico por la accidentada historia de los cohetes y aprovecha para explicar de forma gráfica y sencilla las leyes del movimiento de Newton, especialmente la ley de acción y reacción. También se exponen cuestiones como la dificultad de vencer la gravedad terrestre y cómo conseguir colocar un objeto espacial en órbita, lo que no deja de sorprender ya que aún faltaba un par de años para el lanzamiento del Sputnik. Mas adelante, ofrece una mirada graciosa sobre aquellas cuestiones prácticas a las que los astronautas deben enfrentarse en un vuelo espacial, como la comida, el sueño, la ingravidez o el momento del despegue, así como algunos peligros, como la radiación procedente de los rayos cósmicos o una lluvia de meteoritos.

Von Braun y su diseño de cohete de múltiples fases que sirvió al ingeniero alemán para desarrollar posteriormente su Saturno V y llevar al hombre a la Luna.

Resulta especialmente interesante el momento en el que el asesor científico del film, Wernher von Braun, expone su diseño de un cohete formado por tres fases o módulos de propulsión y una aeronave de alas fijas con la tripulación, precursor de los modernos transbordadores. Acaba con una espectacular recreación de una misión espacial que sorprende por la gran calidad de su animación y de los efectos especiales. El episodio fue nominado a los Óscar de ese año al mejor corto documental. Como expertos en merchandising, el estudio convirtió el film en un cómic bajo el título de Walt Disney’s Man in Space: A Science Feature from Tomorrowland (1956) y en un libro de texto para escuelas, Man in Space: A Tomorrowland Adventure (1959).

Man and the Moon (1955)
49’19’’

Tras la introducción de Walt Disney, es nuevamente Ward Kimball quien ejerce de narrador del film. Comienza con un repaso irónico sobre la fascinación humana por la Luna y su influencia en prácticamente todas las áreas de la cultura, como en la filosofía, la ciencia, la religión, la literatura y la música, así como en mutitud de leyendas y supersticiones. Continúa haciendo un resumen de las características físicas de nuestro satélite según la investigación científica del momento. Así, se explican cuestiones como el origen de la Luna asociada a la formación del Sistema Solar, los ciclos lunares, los diferentes tipos de eclipses, su influencia en las mareas, su temperatura y su lado oscuro. Más adelante, Kimball presenta de nuevo a Wernher von Braun quien expone los planes para un posible misión tripulada al satélite. Para su realización, el ingeniero propone la construcción de una estación espacial base en forma de rueda giratoria, movida por energía nuclear, que proporcionaría gravedad artificial a sus tripulantes. Esta idea ya había sido descrita por el ingeniero austrohúngaro Herman Potočnik en su libro The Problem of Space Travel – The Rocket Motor (1928) y más tarde fue utilizada por Arthur C. Clarke en su novela 2001: Una odisea en el espacio (1968), llevada al cine por Stanley Kubrick.

Arriba, el diseño de von Braun para una estación espacial capaz de generar gravedad artificial. Abajo la Earth-orbiting Space Station V ideada por Arthur C. Clarke en “2001: Una odisea en el espacio”.

Tras las descripciones de Von Braun acerca del proceso de construcción de la estación espacial a través de constantes viajes con cohetes reutilizables y manejando una especie de cápsulas o trajes espaciales multiusos, el ingeniero explica muy gráficamente el tipo de trayectoria necesaria para alcanzar el satélite y muestra su diseño de un vehículo espacial para un futuro viaje a la Luna. La película termina con una recreación con actores reales de una misión a bordo de la Lunar Recon Ship RM-1 en la que se dramatiza posibles situaciones como una lluvia de asteroides o el avistamiento de una civilización en el lado oscuro de la Luna. En 1959 el episodio fue emitido de nuevo con el nombre de Tomorrow the Moon.

Mars and Beyond (1957)
48’ 41’’

La película empieza con una introducción de Walt Disney y de su amigo robot Garco y continúa con la extraordinaria narración del actor Paul Frees, la voz de multitud de personajes Disney y de muchas de sus atracciones, además de acompañar a Orson Wells en la mítica emisión radiofónica de La Guerra de los Mundos. El episodio hace un breve y magistral repaso de la historia de la astronomía en el que analiza de forma ordenada las distintas teorías científicas y filosóficas sobre el Universo. También expone las múltiples especulaciones sobre la presencia de vida en Marte de la mano de algunos autores de ciencia-ficción como H.G. Wells y Edgar Rice Burroughs, a la vez que parodia las revistas “Pulp” de la época. El film continúa con uno de los mejores resúmenes que se han hecho de la evolución de la vida en la Tierra, desde la formación del Sistema Solar y la Tierra, pasando por la aparición de las primeras proteínas y organismos unicelulares, hasta llegar a la especie humana.

Ernst Stuhlinger y von Braun con un prototipo de nave espacial con forma de paraguas para una misión al planeta Marte.

Más adelante, se describen las características físicas de cada uno de los planetas del Sistema Solar, especialmente su temperatura y composición atmosférica, para analizar las posibilidades de habitabilidad. De esta explicación se deduce la idoneidad de Marte como candidato para un futuro viaje espacial. También se muestra la evolución de nuestro conocimiento sobre el planeta rojo gracias a la progresiva mejora de los telescopios, desde Galileo hasta los modernos observatorios y el astrónomo E. C. Slipher da detalles sobre su órbita, tamaño, composición, gravedad, orografía, etc. El film acaba con una simulación de cómo sería un viaje al planeta rojo. El diseñador de naves espaciales Ernst Stuhlinger, pionero de la propulsión eléctrica, muestra los detalles de un modelo de nave espacial con forma de paraguas que proporcionaría gravedad artificial y con un sofisticado reactor que permitiría llegar a Marte en 400 días siguiendo una trayectoria espiral hasta el planeta. Sin duda, por lo originalidad de sus dibujos y la excentricidad de sus planteamientos, se trata de uno del los productos de animación más atípicos y arriesgados que Disney produjo para la televisión.

Estas películas se pueden encontrar en el DVD Walt Disney Treasures – Tomorrowland: Disney in Space and Beyond.

En próximas entradas analizaremos otras películas de divulgación realizadas por Disney con otras temáticas científicas.

A lo largo de varios post analizaremos algunos de los trabajos que Walt Disney desarrolló como divulgador científico. En este primer capítulo ahondaremos en el contexto histórico de la sociedad americana de los años 50, periodo en el que Disney concentró la mayor parte de su labor pedagógica, y destacaremos tres joyas de la animación dedicadas a popularizar el programa espacial americano: Man in Space (1955), Man and the Moon (1955) y Mars and Beyond (1957).

Relatividad: ciencia y estética

Vídeo de divulgación donde se explican las cuestiones más básicas de la teoría de la Relatividad, así como otros aspectos de la vida de Albert Einstein. Mereció el Premio especial en el Pirelli Relativity Challenge 2005, concurso organizado por el festival anual de divulgación Pirelli International Award. Realizado por Iván Jiménez e Inés Bonet

Pocas teorías científicas han tenido tanta repercusión en la cultura y en las artes como la teoría de la relatividad de Einstein. No sólo significó una ruptura en el ámbito científico al cambiar las bases de la mecánica clásica de Galileo y Newton en las que se había asentado la física a lo largo de cuatro siglos, sino que modificó el curso del pensamiento occidental. Ortega y Gasset dijo al respecto: “la teoría de Einstein es una maravillosa justificación de la multiplicidad armónica de todos los puntos de vista. Amplíese esta idea a lo moral y a lo estético y se tendrá una nueva manera de sentir la historia y la vida”.

A pesar de la incomprensión inicial de una teoría ciertamente compleja, las nociones acerca de la percepción de la realidad que introdujo la relatividad tuvieron inmediatamente su correlato en el discurso artístico. Estas ideas lograron su máxima expresión con las vanguardias que recurrieron a una visión subjetiva de la realidad y a la destrucción o distorsión del espacio y el tiempo. Los objetos perdieron la nitidez, se hicieron más difusos y la realidad pasó a representarse desde múltiples referencias o puntos de vista.

No es casualidad que dos años después de que Einstein presentara al mundo su teoría de la relatividad, Picasso pintara “Las señoritas de Avignon”, obra que rompió los confines de la perspectiva visual al sintetizar todos los puntos de vista en uno. También Dalí acogió las implicaciones del espacio-tiempo relativista cuyas explicaciones escuchó en la visita que el físico hizo a la Residencia de Estudiantes en 1923. Aquella semilla científica germinará en su obra “La persistencia de la memoria”, donde Dalí pinta la deformación del tiempo, la cuarta dimensión de Einstein, representada con diversos relojes blandos y maleables que consideró premonitorios de la nueva física que se avecinaba.

La relatividad es un ejemplo más de cómo los fenómenos científico-técnicos han influido en el arte en distintas épocas. Por ello, la ciencia debe aprender a aprovechar la capacidad de captación y acercamiento del arte para trasmitir fragmentos del saber desconocidos e inaccesibles. Con él la divulgación científica se hace interesante, hermosa y enriquecedora. Este fue el objetivo del presente audiovisual: aprovechar la conjunción de luz, color y sonido de este medio de creación artística para intentar explicar las cuestiones más básicas de la relatividad.

Continuación:

“El otro legado de Einstein” (Vídeo sobre el efecto fotoeléctrico y el movimiento browniano)