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Divulgación Disney (II): el genio nuclear

En esta segunda parte, seguiremos analizando el contexto de Guerra Fría durante el cual se desarrolló la labor divulgativa de Disney, especialmente, relacionada con la carrera espacial y la energía atómica, y analizaremos dos de sus peliculas, hoy en día, más políticamente incorrectas: “Our Friend the Atom” (1957), una apología de la energía nuclear, y “Eyes In Outer space” (1959),  sobre el uso de tecnologías para manipular el clima.

Walt Disney en la portada de la revista Time de diciembre de 1954

Como vimos en la entrada anterior, el éxito de los productos de divulgación realizados por la factoría Disney en los años 50 estuvo muy ligado con el desarrollo del medio televisivo tras la posguerra. El despegue de la televisión comenzó, sobre todo, a partir de 1952 con la concesión de nuevas licencias para cadenas que quedaron en manos de poderosas multinacionales del sector electrónico. Walt Disney supo aprovechar este contexto y se enfrentó abiertamente al nuevo medio desde una perspectiva pedagógica que sólo ha sido comprendida por unos pocos comunicadores; posiblemente, el último y el más mediático de todos, haya sido Carl Sagan con su serie Cosmos.

Como un equilibrista, Disney supo combinar el entretenimiento y el espectáculo con la divulgación científica; los intereses empresariales con la preocupación pedagógica; la comunicación de masas con la responsabilidad social. Todos sus proyectos tuvieron siempre un fondo de interés por la vida animal y las maravillas naturales y culturales del mundo, a la vez que estimulaban a reflexionar sobre el progreso y el mundo del futuro. El escaparate ideado por Disney para materializar esta inquietud didáctica fue su programa de televisión y parque de atracciones Disneyland.

Reportaje televisivo de la inauguración de Tomorrowland en 1955

En ambos medios, su talento divulgativo destacó especialmente en su visionaria sección conocida como Tomorrowland, en la que Disney incluyó una proyección impresionante de cómo sería la vida futura del hombre y sobre los fabulosos logros de la ciencia. En Tomorrowland, la intención era mostrar al público, sobre todo, a la generación más joven, que la ciencia era la nueva frontera de los tiempos modernos, capaz de conducir a la humanidad por los caminos pacíficos de progreso.

Walt Disney con su diseño de ciudad del futuro al fondo. El EPCOT estaba concebido como una urbe construida en círculos concéntricos cuyo núcleo estaba protegido por una cúpula para controlar el clima en su interior.

La fascinación de Disney por los avances científicos le llevó a crear, más adelante, un parque temático dedicado exclusivamente a divulgarlos, el Experimental Prototype Community of Tomorrow (EPCOT), que abrió sus puertas en 1982 en Orlando, Florida. El propósito de Walt Disney era construir una ciudad utópica que sirviera de modelo al mundo. Aunque Walt Disney murió en diciembre de 1966 y no se respetó su idea original de edificar la urbe del futuro, cuando se inauguró se convirtió en la atracción más espectacular de Disney World con áreas como Future World, Horizons, Space Ship, con la famosa Geosphere, The Land, The Living Seas, Universe of Energy, Wonders of Life… Más cerca de las exposiciones universales que de los parques de atracciones, EPCOT se erigió como el paradigma de los centros temáticos educativos.

Un asunto de estado
Volviendo a las películas de animación, esta vez destacaremos dos de ellas que, hoy en día, son de lo más políticamente incorrectas. Se trata de Our Friend the Atom (1957), un alegato a favor del uso de la energía atómica y a la proliferación de centrales nucleares, y Eyes In Outer space (1959), un curioso manifiesto sobre el uso de tecnologías capaces de cambiar el clima a nivel global para, incluso, convertir los zonas árticas en lugares de cultivo. Sin duda, dos interesantes documentos que, más allá de la ingenuidad de algunos de sus planteamientos, nos sirve para reflexionar sobre la maleabilidad y docilidad del pensamiento científico a los intereses, generalmente, políticos y económicos de cada momento.

Walt Disney de visita al Marshall Space Flight Center de la NASA en 1965

Estas películas deben entenderse en el contexto de Guerra Fría, cuando la amenaza de una destrucción mutua asegurada colgaba sobre los Estados Unidos. Por aquel entonces, las principales potencias nucleares, teorizaban con diferentes estrategias, para vencer en un conflicto nuclear o, al menos, quedar en una posición ventajosa. Para justificar los esfuerzos dedicados a este fin, se intentó generar entre la sociedad la promesa de un futuro emocionante para el hombre basado en nuevas aplicaciones civiles y científicas derivadas de la investigación , especialmente, de la energía atómica y de la carrera espacial.

Sin embargo, era difícil no percatarse que los grandes cohetes espaciales no sólo permitían llevar al hombre al espacio y colocar satélites, también desarrollar misiles balísticos de alcance intercontinental con los que librar un gran número de armas nucleares contra blancos remotos. No es casualidad que el mismo propulsor utilizado para lanzar el Sputnik, la primera nave espacial en órbita, fuera también el primer misil balístico intercontinental soviético, el Cohete R-7. Y que el desarrollo de los misiles Titán americanos fuera paralelo al del cohete Saturno I de la NASA.

Walt Disney en la secuencia de presentación de la película “Our Friend the Atom”

Por otro lado, también se quiso convertir la era atómica en un paso más en el progreso tecnológico del mundo, como la edad del bronce o la revolución industrial. Se extendió la creencia que todos los generadores de energía en el futuro serían nucleares. Al igual que la bomba atómica había dejado a todos los explosivos convencionales obsoletos, la energía nuclear haría lo mismo con las fuentes de energía como el carbón y el petróleo. Había una sensación general de que lo nuclear iba a colonizar todos los ámbitos de una manera positiva y productiva.

Disney se mantuvo fiel a las pretensiones de la administración americana de generar contenidos atractivos que permitieran comprender a la sociedad el nuevo panorama científico y tecnológico, y estimular, a la vez, a una nueva generación de técnicos que garantizaran la permanencia y el éxito de la carrera armamentística. Asesorado por los mejores físicos e ingenieros del momento, Disney produjo las dos siguientes películas de animación que, a pesar de su fondo propagandístico, contienen momentos de una incuestionable belleza formal y capacidad didáctica.

Merece la pena su visionado, sobre todo, para todos aquellos que confunden divulgación con espectacularidad y se dejan embaucar por las nuevas producciones repletas de espectaculares imágenes generadas por ordenador y aderezadas con efectos de postproducción que poco informan, enseñan, ni enamoran.

Our Friend the Atom (1957)
49′ 15”

Este filme fue promovido por la administración de Eisenhower para su programa de defensa del uso civil de energía atómica y estuvo patrocinado por General Dynamics, fabricante de reactores nucleares, que también financió la atracción del submarino atómico para Tomorrowland en Disneyland. Esta producción, además de emitirse en el show televisivo, sirvió como material didáctico en escuelas. En su conjunto, se trataba de un proyecto para crear en la generación del babyboom americano una actitud favorable hacia la energía atómica a través del entretenimiento y ofreciendo una visión intencionadamente ingenua.

El físico Heinz Haber junto con Wernher von Braun con una de las maquetas del film “Man and the Moon”

La película comienza con unas imágenes de la película 20.000 leguas de viaje submarino. Seguidamente, Walt Disney introduce el film comparando el Nautilus con los modernos submarinos nucleares y da paso al físico Heinz Haber, colaborador junto a Wernher von Braun en Man in space, quien conduce el filme. Comienza comparando el descubrimiento del átomo con el cuento de “El pescador y el Genio” de Las mil y una noches.  Siguiendo esta fábula, la película relaciona la energía atómica con un genio en una botella, capaz de hacer tanto el bien y como el mal, y sitúa a la humanidad como la responsable de controlar esta fuerza y garantizar la seguridad. Seguidamente, el film pasa a relatar la historia del átomo, desde las primeras especulaciones de Demócrito y la invención de los primeros microscopios que infundieron el sueño por descubrir lo más pequeño hasta el desarrollo de los reactores y centrales nucleares, lamentablemente, tan de moda estos días.

Portada del libro “Our friend the atom” publicado al mismo tiempo que la emisión televisiva como material educativo para escuelas

En su narración el film repasa la lista de todos aquellos científicos del pasado que contribuyeron al estudio del átomo, como John Dalton y su teoría atómica, Amadeo Avogadro y su distinción entre moléculas y átomos, Antoine Henri Becquerel y su descubrimiento de la radioactividad del uranio, Pierre y Marie Curie y su hallazgo del polonio y el radio, Albert Einstein y su conocida fórmula E=mc2 que relaciona masa y energía, Ernest Rutherford y su modelo atómico con el que probó la existencia de un núcleo… Finalmente, la película muestra el modelo planetario del átomo, que erróneamente hoy se sigue enseñando en las escuelas, y la tabla periódica como la culminación de nuestra comprensión de la materia.

Después de esta admirable narración guiada por un uso magistral de la elipsis, la parte final del film se dedica a explicar los mecanismos y consecuencias de una reacción en cadena. Para ilustrar este proceso de fisión nuclear, utiliza el ejemplo de una mesa llena de trampas para ratones, que representan a los átomos, con varias pelotas de ping pong como neutrones formados de la división de los núcleos. Por último, en la que quizás sea la parte más curiosa y chocante de la película, se explica el funcionamiento de un reactor nuclear y se ensalza su poder como generador de progreso vaticinando que todos los generadores de energía en el futuro serían atómicos.

El genio atómico es sospechosamente parecido al genio de “Aladdin” (1992)

De hecho, se muestra la energía atómica como una fuerza casi mágica capaz de penetrar en todos los ámbitos de la vida, no sólo los energéticos, con utilidades tanto en la producción agrícola y en el ganado, a través de abonos y piensos radiactivos para mejorar y conservar los alimentos, como en el desarrollo de una medicina nuclear capaz de curar todo tipo de enfermedades. Su imagen final de un mundo lleno de centrales nucleares pondrá los pelos como escarpias a muchos prosélitos de Greenpeace.

Eyes In Outer space (1959)
25′ 20”

Sin duda, se trata de una de las películas más extrañas y visionarias producidas por el estudio Disney, no sólo por aventurar el uso de los satélites como instrumentos de observación meteorológica cuando hacía apenas dos años del lanzamiento del Sputnik, sino por tratar uno de los temas más de moda entre las intrigas conspiranoicas: la posibilidad de cambiar artificialmente el clima. Aunque se puede intuir claramente el uso militar de estas tecnologías, el filme trata de convencernos de sus muchas utilidades prácticas como, por ejemplo, para protegernos de fenómenos meteorológicos adversos o para mejorar la productividad agrícola de zonas estériles.

Imagen de la futurista estación para la observación meteorológica y el control del clima

Como en la trilogía del espacio, está dirigida por el animador Ward Kimball y narrada por el actor Paul Frees. Empieza hablando sobre la utilización de satélites en órbita con la Tierra para observar los fenómenos meteorológicos y ayudar a predecir el tiempo atmosférico. Tras aclarar cómo el tiempo puede condicionar aspectos tan cotidianos como el estado de ánimo, el filme hace un repaso por las supersticiones y los refranes populares relacionados con la predicción de los fenómenos atmosféricos. Seguidamente, se explica el ciclo del agua por el cual, tras pasar del estado líquido en la superficie de los océanos al estado gaseoso en la atmósfera, el vapor de agua se condensa formando nubes y se precipita como lluvia o nieve. También se analiza el papel del Sol en estos fenómenos.

Misiles dirigidos con compuestos químicos capaces de alterar el tiempo meteorológico

La película ilustra de manera didáctica la influencia de la presión atmosférica en la formación de borrascas y anticiclones, y advierte de su complejidad y de la dificultad de hacer predicciones meteorológicas. Por ello, aboga por el uso de satélites artificiales para hacer pronósticos más precisos. Finalmente, en la parte más asombrosa del filme, se dramatiza una situación de control del clima para detener un huracán que se aproxima a Florida en los Estados Unidos. Dispersando agentes químicos en la atmósfera y creando nubes artificiales consiguen crear un escudo frente la costa americana y desviar el huracán. La película acaba con la curiosa promesa de que en un futuro la humanidad podrá convertir las zonas árticas en lugares productivos para el cultivo. Sin duda, Al Gore tiene a esta película en su lista de películas prohibidas y como material combustible para prender su hoguera de negacionistas y degenerados climáticos. Por otra parte, hará las delicias de todos aquellos seguidores de intrigas conspiranoicas, especialmente, los convencidos de los maléficos chemtrails y de las perversidades del proyecto HAARP.

Estas películas se pueden encontrar en el DVD Walt Disney Treasures – Tomorrowland: Disney in Space and Beyond.

Divulgación Disney (I): Fantasía espacial

A lo largo de varios post analizaremos algunos de los trabajos que Walt Disney produjo como divulgador científico. En este primer capítulo ahondaremos en el contexto histórico de la sociedad americana de los años 50, periodo en el que Disney concentró la mayor parte de su labor pedagógica, y destacaremos tres joyas de la animación dedicadas a popularizar el programa espacial americano: Man in Space (1955), Man and the Moon (1955) y Mars and Beyond (1957).

Fotografía de Walt Disney tomada en 1954 en las instalaciones de la NASA.

Más allá de hombre negocios, comunicador de masas y corruptor de la infancia, Walt Disney también fue un excelente divulgador científico que supo aprovechar el contexto de la posguerra americana. En este escenario de guerra fría, además de la necesidad de legitimar el modelo social americano – American way of life -, había que impulsar una nueva educación científica para que los ciudadanos aceptaran las grandes inversiones de recursos económicos que suponía una carrera tecnológica y científica global. Walt Disney, un modesto hijo de granjeros y distraído dibujante de anuncios, supo aprovechar este momento. En seguida comprendió el potencial de la imagen y del nuevo medio televisivo como instrumentos de seducción y de entretenimiento. Una vez pudo reunir la experiencia y el patrimonio necesarios, puso todo su creatividad y talento en construir un paraíso de posguerra para que la sociedad americana además de sentir que formaba parte de una gran aventura, también aprendiera sobre su historia y sobre su papel hegemónico en el futuro del mundo.

La televisión dominante
Tras la II Guerra Mundial la televisión se introdujo en los hogares americanos convirtiéndose en la piedra angular de la información y el entretenimiento. La programación televisiva tardó bastante tiempo en encontrar su propia fórmula y lenguajes; la radio y el cine representaron un vivero de contenidos para alimentar el nuevo medio. En el caso de las empresas cinematográficas, tras unos primeros años de enfrentamiento con la televisión -que consideraba culpable de la crisis de espectadores-, acabaron comprendiendo que la gran popularidad de la caja tonta podía beneficiar a su negocio y empezaron a desarrollar series y películas específicas para el medio televisivo. Estos contenidos eran además exportados al mundo entero difundiendo un estilo de vida y unas temáticas genuinamente americanas.

En la década de los 50, la televisión fue la gran aliada del “american way of life” por su capacidad de penetración, difusión y recreación del modelo social.

Durante estos años los Estados Unidos se consolidaron como el estado dirigente del mundo occidental. El dominio americano, y por extensión del capitalismo, estaba estructurado en la doctrina del liberalismo que permitía extender su hegemonía a los terrenos ideológico y cultural. Los medios de comunicación, especialmente los del sector audiovisual -por su capacidad de penetración e influencia- tenían la función de legitimar el orden social y político. El modelo americano optó por dejar las actividades culturales en manos de empresas privadas, en lugar del auspicio estatal, pensando en las oportunidades de negocio que podían generar y en su capacidad de producir productos atractivos con un mensaje proamericano pero sin una explícita carga propagandística.

La proyección internacional de la cultura de masas americana fue acompañada de una invasión empresarial que generaba ingresos millonarios. La actividad cultural era una mercancía más, como la Coca-Cola o las hamburguesas de McDonalds, un agente de desarrollo y de promoción de conductas para estimular modelos de consumo y de expresar la modernidad social y tecnológica americana. Es decir, aunque promovidos por empresas privadas, los medios de comunicación se consolidaron como un servicio público con un importante objetivo: el desarrollo económico, la educación y la promoción cultural.

Poster realizado por Roman Cieslewicz en 1968. Superman representa a las dos superpotencias que ridículamente ven su imagen reflejada en el otro.

La ciencia del miedo
El telón de fondo real que justificaba este modelo era el contexto político de la guerra fría. Basada en la creencia de que, tras la II Guerra Mundial, la época de las catástrofes aún no se había acabado, los Estados Unidos y la Unión Soviética se enfrentaron a una batalla ideológica que tuvo en la propaganda su principal arma. La constante amenaza de una invasión exterior y la histeria colectiva permitía mantener una economía de guerra permanente que suponía rentables dividendos. Sin embargo, la sociedad solo podía sobrevivir a la carrera armamentística preparándose para una carrera tecnológica y científica global, por lo que la educación científica se convirtió en una prioridad estratégica para que la población aceptara contribuir al esfuerzo económico que suponía esa carrera.

Para proporcionar el clima intelectual adecuado era necesaria una educación científica rápida y eficaz, en que todo el mundo pudiera comprender los últimos avances, especialmente en el campo de la ingeniería y de la física, convertidos en sinónimo de poder tras las bombas de Hiroshima y Nagasaki, y el primer satélite artificial ruso, el Sputnik. Pero la alfabetización científica de una sociedad en rápido cambio científico y tecnológico necesitaba de nuevos instrumentos y nuevos métodos de enseñanza. Por supuesto, la televisión era una de las vías más importantes abiertas para acercar la divulgación científica a la población. Y en este contexto una figura destacó especialmente: Walt Disney (1901-1966).

Poster de la película “Der Fuehrer’s Face” (1943) realizada por los estudios Disney para el Gobierno americano durante la II Guerra Mundial y protagonizada por el pato Donald.

América en sueños
Disney comenzó como dibujante publicitario. En 1920, junto con el animador Ubbe Iwwerks, fundó la Iwerks-Disney Commercial Artists, pero sin mucho éxito. Más tarde y en solitario creó la Laugh-O-Gram Films, Inc. para realizar cortometrajes de dibujos animados basados en cuentos para niños. Con su corto Alicia en el País de las Maravillas (1923) bajo el brazo, decidió irse a Los Ángeles donde fundó junto a su hermano el Disney Brothers’ Studio, que más tarde sería The Walt Disney Company. Tras el éxito de su primer personaje-icono Mickey Mouse (1928), nacido a la par que el cine sonoro, y de su primer largometraje animado en Technicolor Blancanieves y los Siete Enanitos (1938), el comienzo de la II Guerra Mundial permitió a los estudios Disney colaborar estrechamente con el gobierno, produciendo casi 70 horas de películas educativas y de formación militar.

Tras la guerra, llegó la crisis de las salas cinematográficas. La venta de entradas empezó a descender de forma alarmante y los exhibidores dejaron de interesarse por la animación. A su vez, la histeria anticomunista sacudió los cimientos de la industria de Hollywood. La represión de la “caza de brujas” supuso un duro golpe al cine en un momento crucial en el que debía hacer frente a la competencia de la televisión. Ante esta nueva situación, Disney diversificó su oferta, orientándose hacia la producción de películas infantiles de imagen real, como la serie True-Life Adventures (1948), los documentales sobre naturaleza y, por supuesto, los programas de televisión que lo convertirían en un influyente comunicador de masas.

Poster del film “The living desert” (1953) que revolucionó el género del documental de naturaleza. Hoy en día se critica su exceso de antropomorfismo y la falta de veracidad de algunas de sus tomas.

Muchos de sus documentales y reportajes sobre la vida animal ganaron varios premios Óscar, como la conocida The Living Desert (1953) que también ganó en los festivales de Cannes, Berlín y en los premios Globo de Oro, además de inspirar a un generación de documentalistas. También un reportaje sobre los aspectos científicos y técnicos de la filmación de la película 20.000 leguas de viaje submarino hizo ganar a Walt Disney su primer premio Emmy al mejor documental.

En 1950 produjo su primer programa televisivo, One Hour in Wonderland, un especial para el día de Navidad. Pero su gran éxito en el nuevo medio estaría directamente relacionado con su macroproyecto Disneyland. Hacía tiempo que Disney estaba interesado en otra área del entretenimiento, los parques de atracciones. Quería desarrollar un “parque familiar” en el que el visitante pudiera moverse a su elección por cinco grandes mundos (Main Street, U.S.A.; Fantasyland; Tomorrowland, Frontierland y Adventureland), con atracciones y espacios de animación organizados temáticamente. Con la colaboración de actores que encarnaban a los personajes de la factoría, el predispuesto espectador se convertía en un participante más en la aventura, a la vez que se sentía en casa, formando parte de la “cultura americana”.

Imagen de la cabecera del programa televisivo “Disneyland” que empezó a emitirse el 27 de octubre de 1954 y acabó en 2008 siendo el segundo show más longevo de la televisión americana.

Interesado en promocionar su ambicioso parque, Disney se unió a la cadena de televisión ABC y formó la compañía Walt Disney Incorporated. En octubre de 1954, comenzó a emitirse el programa Disneyland TV Show, con la difusión del documental The Disneyland Story a través del cual millones de americanos empezaron a soñar con el nuevo paraíso de fantasía. Con un lanzamiento tan bien preparado, el éxito fue inmediato.

 

La conquista de la ingravidez

Walt Disney y el ingeniero espacial Wernher von Braun en 1954. La colaboración de ambos en una trilogía de películas sobre el espacio obedecía claramente a un lavado de imagen para que la sociedad tolerara la presencia de ex miembros de las SS en el programa militar americano.

Pero más allá de lo promocional, este espacio televisivo permitió a Disney demostrar su gran habilidad como pedagogo produciendo varias joyas de la animación. Entre ellas,  en la década de los 50 llevó a cabo una serie de películas educativas sobre el programa espacial americano en colaboración con el ingeniero aerospacial de la NASA y creador del mítico cohete alemán V2, Wernher von Braun. Todas ellas fueron dirigidas por el dibujante Ward Kimball, el más atrevido de los llamados “Nueve Ancianos de Disney” y el encargado de dar vida a personajes como el Sombrerero Loco y el Gato de Cheshire en Alicia en el país de las maravillas o el mítico Pepito Grillo de Las aventuras de Pinocho.

Portada de la revista “Collier’s” con la ilustración de un transbordador espacial de tres fases, uno de los muchos diseños de von Braun para la conquista del espacio.

Estas películas se convirtieron en tres episodios - Man in Space (1955), Man and the Moon (1955) y Mars and Beyond (1957)- que fu eron reunidos bajo el nombre de Tomorrowland. Esta trilogía animada estaba basada en una serie de artículos publicados en los años 50 en la famosa revista Collier’s bajo el enunciado Man Will Conquer Space Soon! en los que se analizaba y detallaba los planes de Wernher von Braun  para la carrera espacial. Los artículos estaban escritos por los máximos expertos del momento, como Willy Ley, Fred Lawrence, Joseph Kaplany, Heinz Haber y el propio von Braun, y tenían ilustraciones de tres de los mejores dibujantes de la época: Chesley Bonestell, Fred Freeman y Rolf Klep. Todo un acierto del visionario editor Cornelius Ryan. La serie tuvo además su continuación en tres libros: Across the Space Frontier (1952), Conquest of the Moon (1953) y The Exploration of Mars (1956). (Recomiendo consultar los enlaces para conocer más sobre estos interesantes personajes -cada uno de ellos merecería un post completo- y en los libros y sus años para ver su reseña y apreciar sus ilustraciones)

De izquierda a derecha, los expertos en cohetes Willy Ley; Fred L. Whipple y von Braun; los ilustradores Chesley Bonestell, Rolf Klep y Fred Freeman; y el editor del magazine “Collier’s” Cornelius Ryan.

Man In Space (1955)
49’27’’


Empieza con una introducción de Walt Disney que da paso al dibujante y director del film Ward Kimball quien hace de narrador junto con algunos de los autores de los artículos de la revista Collier’s y el actor Dick Tufeld, conocido por poner su voz al Robot de la popular seria de televisión Lost in Space. La película primero hace un repaso cómico por la accidentada historia de los cohetes y aprovecha para explicar de forma gráfica y sencilla las leyes del movimiento de Newton, especialmente la ley de acción y reacción. También se exponen cuestiones como la dificultad de vencer la gravedad terrestre y cómo conseguir colocar un objeto espacial en órbita, lo que no deja de sorprender ya que aún faltaba un par de años para el lanzamiento del Sputnik. Mas adelante, ofrece una mirada graciosa sobre aquellas cuestiones prácticas a las que los astronautas deben enfrentarse en un vuelo espacial, como la comida, el sueño, la ingravidez o el momento del despegue, así como algunos peligros, como la radiación procedente de los rayos cósmicos o una lluvia de meteoritos.

Von Braun y su diseño de cohete de múltiples fases que sirvió al ingeniero alemán para desarrollar posteriormente su Saturno V y llevar al hombre a la Luna.

Resulta especialmente interesante el momento en el que el asesor científico del film, Wernher von Braun, expone su diseño de un cohete formado por tres fases o módulos de propulsión y una aeronave de alas fijas con la tripulación, precursor de los modernos transbordadores. Acaba con una espectacular recreación de una misión espacial que sorprende por la gran calidad de su animación y de los efectos especiales. El episodio fue nominado a los Óscar de ese año al mejor corto documental. Como expertos en merchandising, el estudio convirtió el film en un cómic bajo el título de Walt Disney’s Man in Space: A Science Feature from Tomorrowland (1956) y en un libro de texto para escuelas, Man in Space: A Tomorrowland Adventure (1959).

Man and the Moon (1955)
49’19’’

Tras la introducción de Walt Disney, es nuevamente Ward Kimball quien ejerce de narrador del film. Comienza con un repaso irónico sobre la fascinación humana por la Luna y su influencia en prácticamente todas las áreas de la cultura, como en la filosofía, la ciencia, la religión, la literatura y la música, así como en mutitud de leyendas y supersticiones. Continúa haciendo un resumen de las características físicas de nuestro satélite según la investigación científica del momento. Así, se explican cuestiones como el origen de la Luna asociada a la formación del Sistema Solar, los ciclos lunares, los diferentes tipos de eclipses, su influencia en las mareas, su temperatura y su lado oscuro. Más adelante, Kimball presenta de nuevo a Wernher von Braun quien expone los planes para un posible misión tripulada al satélite. Para su realización, el ingeniero propone la construcción de una estación espacial base en forma de rueda giratoria, movida por energía nuclear, que proporcionaría gravedad artificial a sus tripulantes. Esta idea ya había sido descrita por el ingeniero austrohúngaro Herman Potočnik en su libro The Problem of Space Travel – The Rocket Motor (1928) y más tarde fue utilizada por Arthur C. Clarke en su novela 2001: Una odisea en el espacio (1968), llevada al cine por Stanley Kubrick.

Arriba, el diseño de von Braun para una estación espacial capaz de generar gravedad artificial. Abajo la Earth-orbiting Space Station V ideada por Arthur C. Clarke en “2001: Una odisea en el espacio”.

Tras las descripciones de Von Braun acerca del proceso de construcción de la estación espacial a través de constantes viajes con cohetes reutilizables y manejando una especie de cápsulas o trajes espaciales multiusos, el ingeniero explica muy gráficamente el tipo de trayectoria necesaria para alcanzar el satélite y muestra su diseño de un vehículo espacial para un futuro viaje a la Luna. La película termina con una recreación con actores reales de una misión a bordo de la Lunar Recon Ship RM-1 en la que se dramatiza posibles situaciones como una lluvia de asteroides o el avistamiento de una civilización en el lado oscuro de la Luna. En 1959 el episodio fue emitido de nuevo con el nombre de Tomorrow the Moon.

Mars and Beyond (1957)
48’ 41’’

La película empieza con una introducción de Walt Disney y de su amigo robot Garco y continúa con la extraordinaria narración del actor Paul Frees, la voz de multitud de personajes Disney y de muchas de sus atracciones, además de acompañar a Orson Wells en la mítica emisión radiofónica de La Guerra de los Mundos. El episodio hace un breve y magistral repaso de la historia de la astronomía en el que analiza de forma ordenada las distintas teorías científicas y filosóficas sobre el Universo. También expone las múltiples especulaciones sobre la presencia de vida en Marte de la mano de algunos autores de ciencia-ficción como H.G. Wells y Edgar Rice Burroughs, a la vez que parodia las revistas “Pulp” de la época. El film continúa con uno de los mejores resúmenes que se han hecho de la evolución de la vida en la Tierra, desde la formación del Sistema Solar y la Tierra, pasando por la aparición de las primeras proteínas y organismos unicelulares, hasta llegar a la especie humana.

Ernst Stuhlinger y von Braun con un prototipo de nave espacial con forma de paraguas para una misión al planeta Marte.

Más adelante, se describen las características físicas de cada uno de los planetas del Sistema Solar, especialmente su temperatura y composición atmosférica, para analizar las posibilidades de habitabilidad. De esta explicación se deduce la idoneidad de Marte como candidato para un futuro viaje espacial. También se muestra la evolución de nuestro conocimiento sobre el planeta rojo gracias a la progresiva mejora de los telescopios, desde Galileo hasta los modernos observatorios y el astrónomo E. C. Slipher da detalles sobre su órbita, tamaño, composición, gravedad, orografía, etc. El film acaba con una simulación de cómo sería un viaje al planeta rojo. El diseñador de naves espaciales Ernst Stuhlinger, pionero de la propulsión eléctrica, muestra los detalles de un modelo de nave espacial con forma de paraguas que proporcionaría gravedad artificial y con un sofisticado reactor que permitiría llegar a Marte en 400 días siguiendo una trayectoria espiral hasta el planeta. Sin duda, por lo originalidad de sus dibujos y la excentricidad de sus planteamientos, se trata de uno del los productos de animación más atípicos y arriesgados que Disney produjo para la televisión.

Estas películas se pueden encontrar en el DVD Walt Disney Treasures – Tomorrowland: Disney in Space and Beyond.

En próximas entradas analizaremos otras películas de divulgación realizadas por Disney con otras temáticas científicas.

A lo largo de varios post analizaremos algunos de los trabajos que Walt Disney desarrolló como divulgador científico. En este primer capítulo ahondaremos en el contexto histórico de la sociedad americana de los años 50, periodo en el que Disney concentró la mayor parte de su labor pedagógica, y destacaremos tres joyas de la animación dedicadas a popularizar el programa espacial americano: Man in Space (1955), Man and the Moon (1955) y Mars and Beyond (1957).