Entrevista a Ginés Morata

Centro de Biología Molecular del CSIC-UAM (España)

“El ser es eterno; existen leyes para conservar los tesoros de la vida, de los cuales el Universo extrae su belleza”. Goethe

(Entrevista realizada para el canal VOCES del Instituto de Astrofísica de Canarias)

Ginés Morata es otro científico que habita la “frontera”, ese terreno que une, en lugar de separar, la ciencia y las humanidades. “La cultura no es sólo la literatura o el arte”, expresa el reconocido biólogo y genetista. Sólo alguien dispuesto a correr riesgos, a imaginar imposibles, puede permanecer en esa orilla donde la razón y la emoción forman parte de un mismo anhelo, el conocimiento. Por eso su campo de estudio puede parecer para muchos una quimera, un sueño. Descubrir los mecanismos de regeneración de órganos y tejidos, así como el misterioso fenómeno de la muerte celular programada, esencial para abordar la cuestión del envejecimiento y el cáncer, son para este entusiasta investigador un puzzle cuya resolución es sólo cuestión de tiempo. Sabe que los logros de la biología y, en especial, la ingeniería genética son imparables. En medio siglo ha pasado de ser una disciplina teórica a generar una poderosa tecnología capaz de modificar la naturaleza. Sin duda, la biología es la ciencia del siglo XXI y Morata, uno de sus protagonistas. Pero más allá de su trabajo como investigador y su prestigio internacional, es también un científico sensible a las implicaciones sociales de la tecnología, preocupado por el aspecto humano de la ciencia. “El desarrollo del conocimiento es seguramente la aventura más hermosa, ética y estética que haya hecho la especie humana”, afirma. Al escuchar su testimonio resulta evidente que para averiguar la esencia de las cosas es necesario reconocer que nosotros somos parte de aquello que queremos conocer.

Ginés Morata es otro científico que habita la “frontera”, ese terreno que une, en lugar de separar, la ciencia y las humanidades. “La cultura no es sólo la literatura o el arte”, expresa el reconocido biólogo y genetista. Sólo alguien dispuesto a correr riesgos, a imaginar imposibles, puede permanecer en esa orilla donde la razón y la emoción forman parte de un mismo anhelo, el conocimiento. Por eso su campo de estudio puede parecer para muchos una quimera, un sueño. Descubrir los mecanismos de regeneración de órganos y tejidos, así como el misterioso fenómeno de la muerte celular programada, esenciales para abordar cuestiones como el envejecimiento y el cáncer, son para este entusiasta investigador un puzzle cuya solución es sólo cuestión de tiempo. Sabe que los logros de la biología y, en especial, la ingeniería genética son imparables. En tan sólo medio siglo ha pasado de ser una disciplina teórica a generar una poderosa tecnología capaz de modificar la naturaleza. Sin duda, la biología es la ciencia del siglo XXI y Morata, uno de sus protagonistas. Pero más allá de su trabajo como investigador y su prestigio internacional, es también un científico sensible a las implicaciones sociales de la tecnología, preocupado por el aspecto humano de la ciencia. “El desarrollo del conocimiento es seguramente la aventura más hermosa, ética y estética que haya hecho la especie humana”, afirma. Pocas veces resulta tan evidente, como en la voz de Morata, que para conocer la esencia de las cosas es necesario reconocer que nosotros somos parte de aquello que queremos conocer.
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