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10 visiones artísticas de astronautas trastornados

Dese hace unos días La Formula del Lápiz tiene una nueva spin-off llamada La Fórmula del Cosmos, un microblog en el que iré recopilando cualquier tipo de arte inspirado en el Universo y la exploración espacial con el que vaya tropezando. Y qué mejor forma de inaugurarla que con una lista -elaborada con las primeras entradas publicadas-, de varios proyectos artísticos basados en la figura que más legítimamente representa la última aventura humana: los astronautas.

Aunque el interés por la belleza y el significado de la experiencia humana en el espacio sigue presente, como demuestra el reciente éxito de la película Gravity, desde que el hombre llegó a la Luna, ser astronauta nunca ha vuelto a ser lo mismo. La exploración espacial se ha convertido en algo rutinario. Los hombres del espacio ya no son intrépidos exploradores, sino adiestrados operarios de laboratorios espaciales. Hoy los astronautas no son héroes nacionales, sino hombres corrientes. No ocupan portadas de periódicos ni reúnen a millones de personas delante del televisor.

Culturalmente, tras el uso mediático, ideológico y propagandístico durante los primeros años de la carrera espacial, el astronauta ha pasado de ser un mito a convertirse en un icono pop que inspira campañas de publicidad, artículos de moda y hasta ropa de cama. Pero el arte, interesado por el viaje espacial desde los inicios de la astronáutica, ha continuado inspirándose en su figura. Si bien a finales del siglo pasado muchos artistas la utilizaron para criticar la estandarización de la cultura de masas (como la serie ‘Space’ del artista islandés Erró) o la manipulación informativa (como ‘Sputnik’ del catalán Joan Fontcuberta), en este siglo la mayoría de artistas parecen coincidir en relacionar al viajero espacial con la soledad, la incomunicación o la pérdida de valores e ideales. La siguiente lista, formada por siete proyectos fotográficos y tres pictóricos, son una muestra de esta tendencia.

1. Crash Landed  de Ken Hermann

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¿Qué pasaría si un día, al girar una calle o al levantar la cabeza en una biblioteca, descubres a un astronauta mirándote fijamente? El fotógrafo Ken Hermann, en ocasiones, ve astronautas deambulando por Copenhagen.  Leer más

2. Astronauts  de Hunter Freeman

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Los astronautas retratados por Hunter Freeman tienen miedo de salir de sus trajes, pero no es fácil adaptarse cuando vives encerrado en una escafandra espacial. Sin duda, para abandonar la Tierra antes es necesario salir de la ‘cuna de la mente’. Leer más

3. Space de Tyler Shields

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¿Quién no ha soñado, alguna vez, en ser astronauta? Sin embargo, el fotógrafo de moda Tyler Shieds tenía otro anhelo: utilizar una cámara Hasselblad 500 como la empleada durante el programa Apolo. Un día su sueño se hizo realidad. Leer más

 4. Lost Astronaut  de Nacho Alegre y Alicia Framis

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¿Por qué ninguna mujer ha ido a la Luna? La astronauta fotografiada por Nacho Alegre y reencarnada en la artista Alicia Framis lleva más de 40 años esperando su turno. Pero, ya se sabe, quien espera, desespera… o bien, como otras muchas mujeres en la historia, acaba haciéndose invisible y anónima. Leer más

5. Astronaut Suicides de Neil Dacosta

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Miles de horas de estudio, entrenamientos intensivos, noches de ojos abiertos imaginando el día en que tu sueño de ingravidez, por fin, se hará realidad… y llega Obama y te cancela el programa del transbordador espacial.  ¿No dan ganas de suicidarse? Leer más

6. Astronauts  de Bernard Bailly

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Los astronautas describen con frecuencia su primer vuelo espacial como una “sensación divina” o una “alucinación paradisíaca”. Los viajeros fotografiados por Bernard Bailly siguen en un estado alterado de conciencia. Leer más

7. Disportraits  de Matthias Schaller

¿Alguna vez has tenido la sensación cuando hablabas con alguien de que no te estaba escuchando? Probablemente es lo que te suceda con los astronautas de Matthias Schaller. Leer más

 8. Astronauts de Scott Listfield

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Los astronautas de Scott Listfield son el presagio de que  el turismo espacial será en unos años el equivalente a los viajes espirituales a la India. La sociedad de consumo tiene los días contados, claro que cuando los vuelos espaciales sean low cost y permitan acumular puntos. Leer más

9. Astronauts de Nicholas Forker

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Astronautas jugando al béisbol, posando con un balón de baloncesto o sentados en un sofá. El bolígrafo de Nicholes Forker escribe fino a la hora de retratar las contrariedades de la cultura americana. Leer más

10. Cosmonauts de Jeremy Geddes

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A los cosmonautas de Jeremy Geddes les gusta echar de comer a las palomas, pero no para matar el aburrimiento, sino para crear atmósfera y dramatismo. Como ángeles de una mitología cósmica, su vuelo espacial es al mismo tiempo un ascenso y una caída. Leer más

Eames: ciencia y diseño

“Take your pleasure seriously” , Charles Eames

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Charles y Ray Eames frente a la maqueta conceptual de la exposición “Mathematica” que diseñaron para el California Museum of Science and Industry en 1961 por encargo de IBM Corporation. Crédito: Eames Office, LLC.

Existen parejas que pueden (o no) llevarse bien en el amor, pero que trabajando juntas son capaces de complementarse hasta el punto de convertir su relación en una fuente de energía creativa arrolladora. Éste fue el caso de Charles y Ray Eames que, además de marido y mujer, fueron el dúo de diseñadores más importante del siglo XX.

Los Eames son un arquetipo de colaboración creativa, pero también de unión entre conocimiento científico y humanista. Charles, como arquitecto, aportaba el conocimiento técnico, mientras que Ray imprimía el sentido artístico y estético. El éxito de sus trabajos son hoy la demostración de que la innovación y la creatividad surgen, a menudo, en la frontera entre disciplinas pero, sobre todo, cuando las personas ponen en contacto sus respectivas imaginaciones. En palabras de Charles: “en última instancia todo se conecta -personas, ideas, objetos. La calidad de las conexiones es la clave de la calidad en sí”.

Sus personalidades se atrajeron como polos opuestos y, gracias a su alianza sentimental y profesional, los Eames dejaron un legado fascinante.  Juntos abarcaron un amplio rango de disciplinas: arquitectura, diseño de muebles, películas, fotografía… Prácticamente, no hubo ningún medio o soporte que la pareja no abordara con imaginación e inventiva. Como manifestó Charles en una ocasión: “es una reacción en cadena; cada tema nos lleva al siguiente”.

Trailer del documental “Eames: The Architect and the Painter” (2011) que analiza la relación profesional y personal del dúo de diseñadores.

Divulgación de la ciencia
Aunque la fama les llegó gracias a sus diseños de muebles, especialmente de sillas (como la inmortal Lounge Chair and Ottaman), los Eames se consideraban a sí mismos comunicadores de imágenes. Su objetivo principal era redefinir cómo el público entendía la información y cómo ésta debía ser presentada, ambición que les convirtió en pioneros de la sociedad de la información. Como manifestó Charles en cierta ocasión: “detrás de la era de la información está la era de las oportunidades”.

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Charles y Ray Eames trabajando en un prototipo de la Aluminum Group Lounge Chair en 1957. Crédito: Eames Office, LLC.

Concebían sus proyectos como “llamadas a las armas”, manifiestos intelectuales para educar al espectador en los que conseguían trasmitir grandes cantidades de información pero “dejando salir el buen humor”. Los Eames llamaban a esta estrategia “diversión seria” y a través de ella desarrollaron una amplia labor educativa, fundamentalmente, en la divulgación de la ciencia, a través de revolucionarios diseños de exposiciones, libros y películas que hoy en día siguen siendo un referente.

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Imagen de Charles Eames tomada por el fotógrafo Peter Stackpolel en la Case Study House, donde vivía la pareja, para la revista LIFE en 1950. En el pie de foto del reportaje puede leerse: “Los diseños naturales contenidos en las plantas del desierto de Mojave fascinan a Eames a quien le gusta colgarlos en la pared de su estudio. De ellos dice que recibe ideas para sus propios diseños ” (Enlace al reportaje fotográfico completo al clicar en la imagen) . Créditos: Time Inc.

Posiblemente,  la clave principal del éxito de los Eames en la divulgación de la ciencia es que ellos mismos fueron, además de curiosos, unos investigadores incansables. Su colaboración, durante la Segunda Guerra Mundial, con el ejército de los Estados Unidos les permitió tener acceso a los últimos avances tecnológicos en materiales y maquinaria que luego aplicaron a sus creaciones. A lo largo de su carrera, diseñaron muebles con madera contrachapada, fibra de vidrio, plástico, malla metálica, aluminio… que moldeaban con aparatos que ellos mismos desarrollaban en su estudio. Además, inventaron sistemas de asientos múltiples para aeropuertos o escuelas, contenedores, sillas apilables, etc. Y desarrollaron un innovador estilo arquitectónico de bajo coste y diseño minimalista basado en procesos industriales y en la utilización de módulos prefabricados.

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Una muestra de la frecuente correspondencia que la oficina de los Eames mantuvo con científicos. En este caso se trata de una carta al biólogo Jean-Paul Revel, uno de los muchos asesores de la película “Powers of Ten” (1977). Crédito: Manuscript Division, Library of Congress (E-02)

Pero los Eames no sólo estaban al día en el desarrollo de nuevos materiales y técnicas de producción, sino que también adoptaron el lenguaje, la estética y la metodología de la ciencia para crear su impactante estilo visual. De hecho, los Eames tuvieron entre sus colegas y amigos a reconocidos científicos que colaboraron con ellos en muchos de sus proyectos, especialmente, los educativos.

Los Eames se comprometieron a fomentar el entendimiento popular sobre los beneficios sociales del conocimiento. Para ello, desarrollaron la peculiar habilidad de traducir las ideas complejas en simples imágenes con las que conseguían hacer la ciencia fascinante y accesible para el público general. La fórmula seguida por los Eames consistía, por un lado, en mostrar la belleza y la elegancia de los principios científicos y, por otro, en relacionar los aspectos desconocidos de la ciencia con aspectos familiares de la vida cotidiana. De esta forma convirtieron sus exposiciones y películas en atractivas experiencias de aprendizaje en las que la ciencia se integraba con el arte, el diseño y la filosofía.

Colaboración con IBM
La labor divulgativa de los Eames está estrechamente relacionada con la empresa informática IBM. En la década de 1950, tras conocer el filme A Communication Primer (1953) que explicaba el uso del ordenador en un lenguaje llano, IBM contrató al dúo de diseñadores para crear una serie de películas y exposiciones para su programa educativo. El objetivo de éste no era promocionar los productos de la empresa, sino ayudar a entender a la sociedad el potencial y el impacto de las nuevas tecnologías en el futuro. El primer encargo de IBM al estudio Eames fue la realización de la película The Information Machine (1957), una especie de remake de su anterior filme. De esta forma, comenzó una colaboración que se prolongó más de tres décadas y en la que los Eames llegaron a crear más de cincuenta películas, libros y exposiciones para la multinacional informática.

Pero el proyecto más importante encargado por IBM fue Mathematica: A World of Numbers…and Beyond, una exposición interactiva de matemáticas que se convirtió en un referente mundial del diseño de exposiciones científicas para museos. La muestra se realizó en 1961 para inaugurar una nueva sección del California Museum of Science and Industry en Los Angeles. Charles y Ray Eames pasaron un año investigando y diseñando Mathematica. El objetivo de la exposición era crear una exposición que entretuviera y educara, o como expresó Charles: “iluminar a los aficionados sin avergonzar a los especialistas”.

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Charles Eames mostrando a miembros de IBM el “cubo de la multiplicación”, un interactivo formado por 512 luces que resolvía las funciones de elevación al cuadrado y al cubo escritas por los visitantes a través de un teclado. Crédito: IBM Corporate Archive

El folleto de la exposición dejaba claro su planteamiento:

“Las matemáticas son una herramienta. Las matemáticas son una ciencia. Las matemáticas son una obra de arte. Las matemáticas son un lenguaje, un lenguaje conocido y usado a diario, un lenguaje que toca y afecta a casi todas las áreas del trabajo humano y el juego.”

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Una llamativa cinta de Moebius, interpretada con una flecha móvil, se convirtió en un de los elementos distintivos de la exposición “Mathematica”. Crédito: Eames Office, LLC.

El resultado fue espectacular. Dos muros de 15 metros delimitaban la exposición: el “muro de la historia”, una línea temporal que resumía los principales logros de matemáticos famosos; y el “muro de la imagen”, que mostraba de forma gráfica principios matemáticos fundamentales. Nueve instalaciones interactivas ocupaban el área central de la exposición  e intentaban explicar al público general conceptos como la multiplicación, la topología, la mecánica celeste, la probabilidad y la geometría proyectiva (explicaciones que se completaban con el catálogo de la exposición). Además, cinco “peep shows” mostraban a los asistentes divertidas películas de animación de dos minutos -con música de Elmer Bernstein-, sobre conceptos matemáticos. Sus títulos: Simetría, Eratóstenes, Topología, Funciones y 2n.

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Dispositivos individuales de visionado o “peep shows” mostraban a los visitantes películas de animación de dos minutos sobre conceptos matemáticos. Crédito: IBM Corporate Archive

Mathematica encantó a los espectadores.  Su éxito abrió el apetito del público por entender la ciencia y allanó el camino para la creación de exposiciones experimentales y de museos como el Exploratorium de San Francisco o el Museo de Chicago de Ciencia e Industria. Además, hizo historia convirtiéndose en la exposición para museo, patrocinada por una empresa, de más larga duración hasta la fecha. Se mantuvo abierta hasta 1998, antes de recorrer los principales museos de arte de Estados Unidos. Actualmente, la exposición original se exhibe en el New York Hall of Science y una copia se encuentra como instalación permanente en el Museo de la Ciencia de Boston.

Vídeo realizado por el  New York Hall of Science que explica los elementos que componen la exposición “Mathematica”

Tras Mathematica, los Eames siguieron diseñando exposiciones científicas para IBM, como A computer Perspetive (1971) que recorría la historia del procesador de datos y el ordenador;  Copernicus (1972) con motivo de los quinientos años del nacimiento del astrónomo (a quien los Eames también dedicaron una película);  Isaac Newton: Physics for a Moving Earth (1973), exposición itinerante sobre astronomía y física; y Movable Feasts and Changing Calendars que repasaba los usos de los calendarios desde la antigüedad hasta el presente y su vinculación con la astronomía.

Exposiciones Universales
Los Eames también participaron en otros montajes de gran impacto visual y estético que, de un modo u otro, siempre estuvieron relacionados con la ciencia. El dúo de diseñadores formó parte de La Exhibición Nacional Estadounidense (American National Exhibition) realizada en Moscú en 1959.  La muestra fue organizada por el Departamento de Estado de EE. UU. para promover el intercambio cultural entre las dos superpotencias, aunque en realidad se trataba de un escaparate propagandístico en el que mostrar “ciencia, tecnología y cultura” por turnos.

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Imagen de “Glimpses of the USA”, una espectacular instalación de pantalla múltiple ideada por Charles y Ray Eames para la gran exposición de Moscú en 1959. La película se proyectó dentro de una cúpula geodésica diseñada por Busckminster Fuller. Crédito: Eames Office, LLC.

El diseño corrió a cargo del arquitecto y diseñador George Nelson de la empresa Herman Miller (representante del mobiliario Eames), quien recomendó al dúo de diseñadores para que produjeran una película que mostrara las ventajas del estilo de vida estadounidense. El resultado de esta colaboración fue una espectacular instalación de pantalla múltiple, conocida como Glimpses of the USA, situada dentro de la nueva cúpula geodésica diseñada por el visionario y genial arquitecto Buckminster Fuller.

Con esta suma de talentos, no es de extrañar que la instalación fuera calificada por la prensa mundial como una auténtica “maravilla tecnológica”. Constaba de siete pantallas de seis por nueve metros. Juntas formaban un mosaico en el que se proyectaba una película de nueve minutos compuesta por 2.200 imágenes.

La película comienza con imágenes del espacio exterior -mostrando estrellas, constelaciones, cúmulos estelares, nebulosas, etc.-, hasta que, de manera parecida a lo que luego harían en su famosa película Powers of Ten (1977), aterriza en el ciudad mientras el narrador dice: “Las mismas estrellas que brillan en Rusia brillan en los Estados Unidos. Desde el cielo, nuestras ciudades se ven muy parecidas”. Seguidamente, la película pasa a mostrar los detalles de “un día normal de trabajo”  y un “día típico de fin de semana” en la vida de los habitantes de los Estados Unidos.

La proyección de los Eames fue el gran éxito de la Feria. Cerca de tres millones de personas se amontonaron en este espacio durante las seis semanas de exhibición. Hasta el propio Fuller afirmó: “nadie había hecho nada como esto antes” e instó a los anunciantes y a los directores de cine a seguir la senda experimental y efectista marcada por los Eames.

Tras esta exitosa puesta en escena, los Eames se hicieron imprescindibles en las sucesivas exposiciones culturales.  Y su sistema de narración fragmentada en pantalla multiple se convirtió en su sello distintivo. En 1962 participaron en la Feria Mundial de Seattle (The Century 21 Exposition) en la realización de una película de 14 minutos titulada The house of Science. Esta vez se trataba de una proyección sincronizada sobre seis pantallas cóncavas instaladas en el interior de una sala oval. La película servía de prólogo para el pabellón de la Ciencia donde se divulgaba conceptos relacionados con disciplinas como las matemáticas, la astronomía, la ciencia atómica y la genética.

Y en 1964 los Eames, junto con el arquitecto Eero Saarinen, se hicieron cargo del pabellón de IBM para la Feria Mundial de Nueva York (1964 New York World’s Fair). La principal atracción de la muestra fue el Ovoid Theater, un recinto elevado a 27 metros de altura con forma de huevo. En su interior se proyectaba sobre 22 pantallas de diferentes formas y tamaños el documental THINK, mezcla de animación, planos fijos e imágenes reales, narrado por un presentador en directo. El objetivo de la película era dar la bienvenida a los espectadores a la era de la informática e intentaba establecer una relación entre el procesamiento informático y asuntos corrientes como organizar una cena con invitados o predecir el tiempo.

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Charles Eames enseña una maqueta del Pabellón IBM y su principal atracción, el Ovoid Theater, a Dean R. McKay, vicepresidente de la compañía. Crédito: Eames Office, LLC.

Dos elementos de la muestra Mathematica fueron reproducidos para la exposición: el muro con el collages de anécdotas de matemáticos y la máquina de probabilidades de más de 4 metros. El estudio también produjo para la exposición tres películas de marionetas creadas por ordenador para familiarizar a los visitantes con los ordenadores y el procesamiento de datos: Computer Day at Midvale, Cast of Characters y Sherlock Holmes in the singular case of the plural green Mustache.

El pabellón fue desmantelado al concluir la exposición. Sin embargo, los Eames produjeron varias películas más como documentos para la posteridad: IBM at the Fair (1965), un vídeo-resumen sobre la feria,  y View from the people wall (1966), una versión condensada en una sola pantalla de la película THINK.

Películas científicas
Las películas fueron el hilo conductor de todos los proyectos de los Eames. Durante toda su carrera, Charles y Ray llegaron a producir más de 100 filmes. “No son sólo películas, sino intentos de comunicar una idea”, decía Charles. Su estilo, próximo al cine experimental, estaba basado en la fragmentación narrativa y en una deliberada sobrecarga informativa. Su fórmula: cortes rápidos, imágenes fijas, animación, colores vivos y la música de Elmer Berstein, el gran compositor de cine americano, autor de bandas sonoras como Los Diez Mandamientos, Matar a un ruiseñor o La Edad de la inocencia.

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Charles y Ray Eames durante el rodaje de una de sus películas . Crédito: Eames Office, LLC.

La máxima expresión Eamesiana en el medio cinematográfcio -hoy considerada como obra maestra-,  fue una película de divulgación científica: Powers of Ten. Se realizaron dos versiones, una en 1968 para la Comisión de Física Universitaria, y otra en 1977 más completa. La película  está basada en un libro de 1957 titulado Cosmic View: the Universe en Forty Jumps del holandés Kees Boeke, aunque el concepto de escala ya había sido tratado en dos películas anteriores de los Eames, A Communication Primer y 2n.

El filme explora el tamaño relativo de las cosas desde lo microscópico hasta lo cósmico. El espectador viaja desde una vista aérea de un hombre en un parque de Chicago a los límites exteriores del universo directamente sobre él. La imagen se aleja cada diez segundos a una distancia diez veces mayor hasta alcanzar la cifra de 10 elevado a la 25ª potencia. Luego, la imagen empieza a descender en sentido contrario hasta adentrase en el mundo microscópico que figura en la mano del hombre, alcanzando la cifra de 10 elevado a la menos 16ª potencia.

La versión completa, de nueve minutos, fue realizada en colaboración con el profesor de física del MIT Philip Morrison, que hace de narrador en la película, y un grupo de asesores en astrofísica, biología, genética y física de partículas. El proceso de realización fue toda una hazaña para la época. Tardaron más de un año en reunir todo el material y para ordenarlo tuvieron que construir un banco de animación de 12 metros de largo.

La película se distribuyó en escuelas y fue vista por varias generaciones de niños. En 1982 se convirtió en un libro, Powers of Ten: A Book About the Relative Size of Things in the Universe and the Effect of Adding Another Zero, escrito por Philip Morrison, Phylis Morrison y la Oficina Eames. La película, dado su valor histórico y estético, fue incluida en 1998 para su preservación en el Registro Nacional de Cine de la Biblioteca del Congreso de EE.UU.

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Charles y Ray Eames posando dentro de las patas metálicas de sus sillas Dining Chairs Metal (DCM) sobre la acera frente a su estudio, en 1947. Crédito: Eames Office, LLC.

La realización de la película concluyó un año antes de la muerte de Charles y constituyó su último gran logro personal y como pareja. Tras su fallecimiento, Ray cerró las puertas de su estudio y se dedicó a catalogar y escribir sobre el legado de su marido. Ella murió en 1988, exactamente, diez años después que él. El día antes de su muerte ella le dijo a un amigo: “sé que día es mañana”.

Interesante e inspiradora charla TED realizada por Eames Demetrios, nieto del dúo de diseñadores, sobre las claves del proceso creativo de los Eames.

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Van Gogh, la voz nocturna

“Mirar las estrellas siempre me hace soñar, como sueño al contemplar los puntitos negros que representan a pueblos y ciudades en un mapa. ¿Por qué, me pregunto, los puntos brillantes del firmamento no son tan accesibles como los puntitos negros del mapa de Francia?” VINCENT VAN GOGH

“Terraza del café de la Place du Forum en Arlés por la noche” (1888). Ésta es la primera pintura en la que Vincent utilizó fondos estrellados. Las estrellas que aparecen corresponden, según algunos estudiosos, a la constelación de Acuario. Crédito: Kröller-Müller Museum

La noche estrellada fue uno de los temas favoritos de Van Gogh. Bajo el cielo centelleante, el pintor percibe las fuerzas de la naturaleza que ofrecen a la humanidad un sentimiento de eternidad. Pero las escenas nocturnas no tienen un significado religioso, sino que contienen referencias a la infinitud del Universo basadas en un intenso conocimiento literario y  científico de su tiempo. Aunque con ciertas licencias estéticas, Van Gogh representó con exactitud los astros y constelaciones en todos sus cuadros de cielos estrellados.

Los paisajes nocturnos se convirtieron en un tema popular durante el siglo XIX. Como visitante habitual de museos, Van Gogh era muy consciente de esta tradición. Pero más allá de un estilo artístico, quiso modernizar la iconografía tradicional de la oscuridad representando de forma novedosa los efectos de la luz y el ambiente de la noche a través del color. Encontrar los pigmentos adecuados para evocar un ambiente nocturno no es tarea fácil. Sin embargo, Van Gogh logró renovar de forma radical la técnica y el estilo de la tradición artística mediante el uso de una particular gama de colores. Claro está que la noche no es tan azul como el pintor representó en sus cuadros, pero consiguió trasmitir los efectos poéticos de la madrugada como pocos artistas han hecho.

“Noche estrellada sobre el Ródano” (1888). Encontramos representada una de las constelaciones más famosas del cielo boreal, la Osa Mayor. Crédito: Musée d’Orsay

Los colores del Universo
A principios de la era moderna, la noche se convirtió en una cultura de pleno derecho. Los avances tecnológicos, como la luz de gas y las farolas, hicieron que la oscuridad desapareciera; revelaron algunos de sus secretos, pero al mismo tiempo estimularon la atracción por la noche completamente oscura. La astronomía se puso de moda, especialmente, durante la década de los 80 del siglo XIX. Las revistas publicaban los últimos descubrimientos astronómicos y aparecieron libros de divulgación y novelas relacionadas con esta ciencia.

Proyección del cielo sobre Arlés en septiembre de 1888 con la Osa Mayor. Crédito: Crédito: Francis (th)E mule Science’s News

La fascinación de Van Gogh por la noche estrellada coincide con este momento en el que se generalizan las publicaciones populares sobre los avances en astronomía y se extiende la convicción de una estrecha relación entre el hombre y las estrellas. Es sabido que Van Gogh era un lector voraz, que leía con rapidez y que consumía libros por docenas. Por ello no es descabellado pensar, como sostienen algunos investigadores de su obra, que las pinturas nocturnas de Van Googh estuvieron influenciadas por su interés en la investigación astronómica de su tiempo.

“La Noche Estrellada” (1889). Además de Venus y la Luna aparecen otras estrellas que se corresponden con la constelación de Aries. Las ondulaciones que atraviesan el cielo podrían representar, según algunos autores, la Via Láctea o la forma en espiral de las galaxias, hecho que acababa de ser descubierto. Crédito: Museo de Arte Moderno de Nueva York.

Incluso en la Exposición Universal de 1889, que festejaba la ciencia y la tecnología de la época, la astronomía estuvo bien representada y fueron exhibidos nuevos telescopios, relojes celestes, modelos del sistema solar, mapas de constelaciones y de la luna e insólitas fotografías de la superficie solar. De hecho, en lo alto de la Torre Eiffel se instaló un observatorio astronómico. Van Gogh siguió con atención en las revistas los preparativos de la exposición universal e incluso pidió a su hermano Theo, que expusiera su pintura Noche estrellada sobre el Ródano (1888), como ejemplo de sus efectos nocturnos experimentales.

“Nébuleuse en spirale de la constellation des Chiens de chasse”, Astronomie Populaire (1880), de Camille Flammarion

No por casualidad, una de las personas que se encargaron de la organización de la exposición universal fue el astrónomo francés Camille Flammarion, en aquel entonces una estrella mundial por sus trabajos científicos, pero, sobre todo, por haber publicado una obra de divulgación que se convirtió en un inesperado éxito de ventas: Astronomie populaire (1880). Aunque no dejó constancia de ello, es probable que Van Gogh conociera la obra de Flammarion debido a su gran popularidad e incluso pudiera haber leído alguna novela de Julio Verne y sus conocidos Viajes Extraordinarios, entre los que destacan De la Tierra a la Luna (1865),  su continuación Alrededor de la Luna (1870) y Héctor Servadac (1877).

“Harper’s Weekly”, revista leída regularmente por Van Gogh, mostraba en un reportaje de 1881 imágenes de los cometas Donati, Encke y Coggia.

Lo que sí sabemos es que Van Gogh era un apasionado coleccionista de reproducciones de grabados, que logró obtener de revistas como The Graphic, The Illustrated London News, L’illustration o Harper’s Weekly. En todas ellas aparecieron en aquella época reportajes de temas astronómicos con imágenes de objetos celestes recién descubiertos. Por ejemplo, hay quien ha visto en el impresionante remolino que domina el cielo de su obra Noche Estrellada (1889) similitudes con una nebulosa con forma de espiral o la cola de un cometa, fenómenos que fueron fotografiados en la década de los 80 del sigo XIX.

Imagen del cometa 3D/ Biela en 1846 cuando se fraccionó en dos partes. “Bilderatlas der Sternenwelt” (1888).

Sea como sea, Van Gogh se sintió profundamente fascinado por el mundo nocturno, incluso mucho antes de pensar en ser artista. Como dejó escrito en multitud de cartas, le gustaba trabajar al anochecer; le proporcionaba momentos de rejuvenecimiento físico y espiritual que aprovechaba como fuente de imaginación y creatividad. Los destellos de las estrellas, la luna en medio del cielo, la aparición de focos de luz artificial (en aquel entonces la contaminación lumínica aún no era un problema serio) ocuparon sus sueños y puede que la lectura alimentara su imaginación. Aunque no conociera el éxito durante su tristemente corta vida, tuvo el privilegio de ver el firmamento a través de una mirada única y asombrosa, e hizo que su belleza fuese más accesible para todos.

Como curiosidad, el cártel de la película Medianoche en París (2011) de Woody Allen, rinde homenaje al conocido cuadro de Van Gogh La Noche Estrellada.

Ciencia y compás (II): Vuelta en redondo

“Por medios arquitectónicos y gracias a los trazos del compás nos es posible descubrir los efectos del Sol en el Universo”. Marco Vitruvio, ‘De Architectura’

Lo más fascinante del compás es su extrema sencillez. Con tan sólo dos delgadas extremidades a modo de zancos, no sólo podemos trazar círculos perfectos, sino que también obtenemos una posición muy elevada y ventajosa a la hora de hallar el punto medio de un segmento, la bisectriz de un ángulo o trazar perpendiculares y paralelas a una recta por un punto dado.

Los usos del compás son enormes, pero hay quien aún se resiste a sus encantos.  Especialmente desde que hace unos años un profesor canadiense llamado Alexander Overwijk se convirtiera en un fenómeno en Youtube al emular al maestro renacentista Miguel Ángel, según cuenta la leyenda, dibujando a pulso un círculo perfecto en una pizarra y en menos de un segundo. Tras él han sido muchos los que se han unido a esta insensata tarea con toscos métodos.

Pero volvamos a la historia del arte. Como todo en la vida, basta que no busques algo para encontrarlo, así que no he podido evitar tropezar con nuevas representaciones de esta simbólica herramienta. La lista podría hacerse interminable, pero para que no se convierta en una nuevo tipo de trastorno obsesivo, esta será la última entrega dedicada a este grácil soporte de torneados movimientos y trazos circulares.

Bible Moralisée (1215)
De Anónimo

"Bible Moralisée". Österreichische Nationalbibliothek (Viena)

Esta ilustración de estilo gótico perteneciente al frontispicio de Bible Moralisée, una de las más importantes Biblias con imágenes o también llamadas Biblia pauperum (“Biblia de los pobres”). En ella se muestra a Dios creando el Universo a través de principios geométricos.  El compás en este manuscrito es un símbolo de la acción divina, ya que según la tradición medieval existía algo intrínsicamente sagrado y perfecto en la circunferencia. De esta forma, el ser todopoderoso estaba sujeto a las matemáticas y obligado a adaptarse a ella en su labor creadora. Según esta concepción geométrica propia de la antigua Grecia, en la imagen dentro del círculo perfecto ya creado se encuentra dos pequeñas circunferencias que representan el Sol y la Luna. La materia informe restante es lo que más tarde se convertirá en la Tierra, una vez que Dios aplique los mismos principios geométricos y de armonía. La leyenda, en francés antiguo, que acompaña la ilustración lo deja claro: “Aquí creo Dios el cielo y la tierra, el Sol y la Luna y todos los elementos”. Lo sorprendente es observar como, entre la circunferencia trazada por el compás y su interior, el artista intuyó otra forma, la segunda más relevante en la naturaleza después del círculo, la manera más simple de crear complejidad:  el fractal.

Los Elementos (1309–1316)
De Anónimo

"Los Elementos". The British Library (Londres)

Esta ilustración corresponde al frontispicio de la traducción al latín del conocido libro Los Elementos de Euclides que se atribuye a Abelardo de Bath, un estudioso inglés del siglo XII conocido principalmente por haber transcrito a la lengua romana muchas obras científicas árabes de astrología, astronomía, filosofía, alquimia y matemática, así como antiguos textos griegos que sólo se conservaban en la lengua del islam, y que fueron de esta forma conocidos en Europa. Hasta hace relativamente poco tiempo, Los Elementos era el principal libro de texto de la enseñanza de geometría en las escuelas matemáticas europeas. En él Euclides recopiló gran parte del saber matemático de su época aunque su intención era más la de servir como una introducción elemental que de compendio.  Ejerció una gran influencia en los trabajos de científicos como Nicolás Copérnico, Johannes Kepler, Galileo Galilei o Isaac Newton, e incluso el mismo Einstein manifestó que una copia de Los Elementos y un brújula magnética fueron las dos cosas que más le marcaron en su infancia.

Esta imagen del siglo XIV corresponde a un detalle de la letra P. Vemos a una mujer, rodeada por un grupo de estudiantes que parecen monjes, utilizando un compás para medir distancias en un diagrama, mientras que en su mano izquierda sostiene una escuadra. La educación universitaria en Europa fue accesible para algunas mujeres durante el periodo medieval, especialmente, en los conventos. Sin embargo, en la Edad Media era raro que una mujer representara a un profesor, por lo que resulta más probable que se trate de la personificación de la Geometría, basada en el famoso libro de Marciano Capella De Nuptiis Philologiae et Mercurio (siglo V d. C.) que fue el origen del modelo de las siete artes liberales cuya representación alegórica se perpetuó durante siglos.

Artes liberales (1450)
De Pesellino

"Artes liberales", Pesellino. Birmingham Museum of Art (Alabama)

Además de motivos religiosos, una de las especialidades del pintor del quattrocento florentino Francesco di Stefano, también conocido como Il Pesellino (1422–1457),  fueron las pinturas decorativas para paneles y, en particular, para cassone, un tradicional arcón de bodas que gozó de una gran popularidad durante el renacimiento italiano. Las pinturas de este tipo de mobiliario apenas se conservan en su forma original y la mayoría cuelgan de galerías de arte y museos sin hacer referencia a su función original. Era común estas obras las representaciones alegóricas, entre ellas, una de las más utilizadas en la iconografía medieval: las siete Artes Liberales. Este concepto hacía referencia a aquellos estudios que tenían como propósito ofrecer conocimientos generales y destrezas intelectuales, en oposición a las llamadas Artes Manuales o Menores. Comprendían dos grupos de estudios: el trivium ( gramática, retórica y dialéctica)  y el quadrivium (aritmética, astronomía, geometría y música ). Durante la Edad Media, las artes liberales conformaban la parte central del currículo de la enkuklios paideia (“círculo de la educación”) de donde proviene el término “enciclopedia”.

En el lienzo las personificaciones femeninas aparecen de mayor tamaño, sentadas triunfalmente con sus parejas masculinas debajo. Cinco de los siete acompañantes llevan libros y representan a académicos o sabios, ya que sólo los hombres tenían acceso a la educación superior formal. Posiblemente sea Euclides, con el compás, quien acompaña a la Geometría y Pitágoras a la Aritmética. Se consideraba que si bien la Geometría y la Aritmética estudiaban el espacio y el número en estado puro, la Astronomía y la Música eran el estudio del espacio y el número en movimiento. Se pueden notar estos detalles en la sutil y delicada ejecución de Pessellino. Lástima que su temprana muerte a los 35 años pusiera fin a su corta carrera en la historia del arte.

Melancolía I (1514)
De Alberto Durero

"Melancolía I", Alberto Durero. Musée d'Unterlinden (Colmar)

Melancolía I es una de las obras más misteriosas del pintor del Renacimiento alemán  Alberto Durero. Se trata de uno de los tres grabados que componen sus conocidas Estampas Maestras. En la obra destaca una figura provista de alas que parece identificarse con un ángel. Apoya su cabeza en una de sus manos mientras con la otra sostiene un compás.  Entre una gran variedad de elementos símbólicos, podemos observar instrumentos científicos y técnicos que pertenecen en su mayor parte a las artes de la carpintería y la arquitectura, tales como una sierra, una regla, clavos, etc. Descubrimos además herramientas de medida como una balanza y un reloj de arena, y un “cuadrado mágico”, en el que la suma de las celdas da siempre 34.  También dos objetos geométricos algo desconcertantes llaman la atención: una esfera de madera y un poliedro de piedra truncado.

La interpretación más extendida sostiene que el grabado de Durero alude al carácter melancólico de la teoría clásica de “los cuatro humores”, según la cual el ser humano estaba influido por cuatro fluidos o “humores”: sanguíneo, colérico, flemático y melancólico. De esta forma, la imagen personifica la melancolía de aquellos que equipados de los instrumentos del arte y de la ciencia son incapaces de alcanzar la perfección. Llegó a manifestar al respecto: “En cuanto a la Geometría, puede demostrar la verdad de algunas cosas; pero en lo que atañe a otras hay que contentarse con la opinión y el juicio de los hombres”. Hay quien considera que se trata de un autorretrato de Durero, un reflejo de su personalidad reflexiva.

Detalle del cuadro donde aparece un cometa y un arcoiris como representación de la Astronomía

Curiosamente, durante el Renacimiento se reivindicó la figura del melancólico como reflejo de la genialidad y la creatividad del artista. Durero personifica claramente esta idea. Su padre era orfebre, lo que facilitó su conocimiento de técnicas e instrumentos. Como humanista, las matemáticas eran para él una exigencia en el arte y se convirtió en un autor erudito que colaboraba con estudiosos y científicos y participaba en los movimientos intelectuales de la época. Decía Durero que el arte sin conocimiento era “una mezcolanza fortuita de imitación irreflexiva, fantasía irracional y práctica ciegamente aceptada”.

Arquitectura (1600)
De Giambologna

"Arquitectura", Giambologna. Bargello Museum (Florencia)

El escultor renacentista Juan de Bolonia, conocido como Giambologna, fue autor de varias de las figuras más famosas de la historia del arte sobre temática mitológica. Entre ellas se encuentra esta personificación de la Arquitectura, representada como una hermosa joven que sostiene en su mano derecha la escuadra, el compás y el transportador de ángulos, y lleva como collar una plomada, instrumento para señalar líneas verticales. La elegancia, la ligereza y el cuidado equilibrio de esta estatua la convierten en una excelente muestra del estilo personal desarrollado por Giambologna que supuso la transformación del complejo manierismo iniciado por Miguel Ángel hacia la escultura barroca de Bernini. Aunque nació en Flandes, estudió y trabajó en Italia donde realizó sus mejores trabajos. Llegó a ser uno de los escultores más importantes de la corte de los Médici, quienes nunca permitieron que abandonara Florencia por miedo a que la Casa de Austria o los Habsburgo de España le ofrecieran trabajo permanente. Al menos ellos no se permitireron la fuga de talentos.

Arquímedes pensativo (1620)
De Domenico Fetti

"Arquímedes pensativo", Domenico Fetti. Art museum Alte Meister (Dresden)

Esta obra pertenece al pintor barroco italiano Domenico Fetti. Como mandaba la tradición barroca y su galería de seres llamados filósofos, Arquímedes aparece vestido humildemente como un personaje cotidiano, pero encerrando en su sencillez una mente lúcida y reflexiva. La atención de la figura se centra en el rostro pensativo, cargado de naturalismo, y en sus manos. Instrumentos de medición como el compás, la escuadra y un reloj de arena, así como un espejo, algunos libros y unos papeles complementan a modo de bodegón la zona inferior del lienzo y crean diferentes planos de profundidad. La penumbra del fondo y el foco de luz procedente de la izquierda resalta la figura y contrasta el blanco de los papeles dotando a la composición de mayor perspectiva en clara influencia de los caravagistas romanos. El estilo de Fetti fue evolucionando a lo largo de su obra haciéndose más pictórico y colorido, al modo de la pintura barroca flamenca liderada por Rubens. A pesar de su temprana muerte a los 34 años, ejerció una importante influencia entre algunos pintores de la época.

Y con esta reflexiva imagen acabamos nuestro especial de Ciencia y Compás. Animo a los lectores de este post a que compartan cualquier pintura, ilustración, fotografía o vídeo relacionados con esta temática.
¡A trazar círculos y redondeles!

Ciencia y Compás (I): Arte a la redonda

“Si un hombre se echa sobre la espalda, con las manos y los pies extendidos, y coloca la punta de un compás en su ombligo, los dedos de las manos y los de los pies tocarán la circunferencia del círculo que así trazamos”.  Leonardo da Vinci (“El Hombre de Vitruvio”)

Compás parabólico diseñado por Leonardo da Vinci

El compás ha sido un símbolo de perfección y medida a lo largo de la historia. Basta determinar su centro y un punto cualquiera para conseguir un fabuloso y refinado círculo. Pero no sólo sirve para la creación de redondeles, sino también para trazar ángulos y tomar distancias. Gracias a este instrumento geométrico los griegos construyeron gran parte de sus figuras planas y consideraron que cualquier construcción hecha solamente con regla y compás era más elegante que aquellas conseguidas por otras herramientas. Por ello, su imagen ha sido utilizada frecuentemente por el arte como representación del conocimiento y la ciencia, en especial, de disciplinas como las Matemáticas, la Geometría, la Astronomía, la Filosofía natural o la Arquitectura. Veamos algunos ejemplos:

Newton (1995) y Master of the Universe (1989)
De Eduardo Paolozzi

"Newton", Eduardo Paolozzi. British Library (Londres). Credito: John McCullough

El artista escocés Eduardo Paolozzi realizó en 1995 una escultura para la Biblioteca Británica de Londres basada en el cuadro Newton de William Blake en la que se representa al genio de la manzana desnudo y con un compás en la mano. Paolozzi se inspiró en estos dos grandes genios ingleses como símbolos de la unión entre la ciencia y el arte. Para resaltar esta idea puso a su escultura los ojos del David de Miguel Ángel. Antes de esta obra, Paolozzi había realizado otra muy parecida llamada Master of the Universe, inspirada en El anciano de los días también de Blake. A diferencia de la estatua de Newton, el Creador es ciego y usa sus dedos en lugar de un compás.

Master of the Universe, Eduardo Paolozzi. National Gallery of Scotland (Edimburgo)

Como era habitual en la obra del artista, los personajes aparecen reconstruidos de un modo cubista lo que les confiere un cierto aire robótico o cibernético. “Un escultor en el mundo urbano debe preocuparse por las contradicciones del hombre y la máquina”, expresó. Paolozzi siempre estuvo muy interesado en los desarrollos científicos y tecnológicos lo que quedó reflejado en una serie de esculturas humanas con elementos mecánicos. El escritor de ciencia ficción J. G. Ballard dijo que “si hubiera un holocausto, se podría reconstruir el siglo XX con los trabajos de Eduardo Paolozzi”. El siguiente vídeo es un buen resumen de su obra:

El anciano de los días (1794) y Newton (1795)
De William Blake

"El anciano de los días", William Blake. British Museum (Londres)

El anciano de los días es una ilustración realizada por el escritor y pintor romántico William Blake para el frontispicio de su poema Europa, una profecía (1794). En ella aparece una divinidad, que Blake identifica como Urizen -símbolo de la fuerza de la razón-, que mide las dimensiones de su creación mediante un compás. Observamos también en la imagen una serie de figuras geométricas básicas como el triángulo y, por supuesto, el círculo. La obra de Blake estuvo muy influenciada por la mitología y la religión. La ciencia, en cambio, no era santo de su devoción.

"Newton", William Blake. Tate Britain (Londres)

Consideraba ridículo cualquier esfuerzo por intentar entender la creación a través de leyes racionales. La ciencia, sin la imaginación y sin la poesía, era par él un poder satánico que intentaba reemplazar a los dioses. Como crítica a la arrogancia intelectual de los científicos quiso parodiar en otra ilustración a Newton mostrándolo desnudo, en una posición contraída y sosteniendo nuevamente un compás; concentrado en su estudio, pero sin apreciar las belleza de la naturaleza circundante.

El geógrafo (1668-1669) y El astrónomo (1668)
De
Johannes Vermeer

"El geógrafo", Johannes Vermeer. Städelsches Kunstinstitut (Frankfurt)

Aunque este cuadro recibe el nombre de El geógrafo, no se conoce exactamente cuál es el motivo del lienzo. Tampoco se sabe a quién está retratando, aunque existe la teoría de que tal vez se trate del rostro del propio Vermeer. Pero lo que sí está claro es que el conjunto de elementos representados tienen mucho que ver con la ciencia; el personaje sostiene un compás en la mano y no es casualidad que detrás de él se muestre una esfera, concretamente, un globo terráqueo. También cabe interpretar el mapa sobre el que se inclina como un símbolo del poder del conocimiento ya que en la época de Vermeer los Países Bajos eran una potencia comercial gracias a los descubrimientos geográficos que habían permitido el comercio con territorios lejanos.

"El astrónomo", Johannes Vermeer. Musée du Louvre (Paris)

Hasta entonces no era habitual mostrar a científicos en la pintura ya que se suponía que la ciencia atentaba contra lo divino. Vermeer quiso plasmar el cambio de paradigma que el mundo estaba experimentando en el siglo XVII y que ponía fin al viejo molde de la Edad Media impuesto por la Iglesia. Para ello, utilizó esta figura y la de El astrónomo, en la que también podemos apreciar instrumentos científicos, como el dibujo de las tablas astronómicas, el astrolabio plano de la mesa o el compás al lado del libro. En este interesante vídeo podrás descubrir algunas claves más del misterioso cuadro de “El geógrafo”:

Heráclito (1650-1674) y otros Filósofos
De Luca Giordano

"Heráclito", Luca Giordano. Pinacoteca Tosio Martinengo (Brescia)

Siguiendo la moda, entre los hombres de letras y los coleccionistas del Barroco, de las serie de retratos de filósofos de la antigüedad, el napolitano Luca Giordano recogió el legado de su maestro Ribera y realizó múltiples cuadros representando filósofos, astrónomos y científicos, a quienes dotó de un cierto aire de misticismo. Entre ellos destaca, por sostener un compás y apoyarlo sobre una esfera, este retrato del filósofo griego Heráclito, también conocido como “el Oscuro” o “el filósofo llorón” por la naturaleza enigmática de su filosofía, su expresión críptica y su concepción pesimista de la humanidad.

"Filósofo dibujando figuras gemétricas con un compás", Luca Giordano. Musée du Louvre (París)

Giordano, conocido desde su infancia por su talento y rapidez de ejecución, -se le llegó a llamar Luca “fa Presto”- manifestó también una especial habilidad en la pintura al fresco, lo que le llevó a recibir numerosos encargos de la corte española. Entre 1692 y 1702, se convirtió en el pintor más relevante del final del reinado del último rey de la Casa de los Austria, Carlos II. El pintor Napolitano (1634- 1705) se enfrentó en el Casón del Buen Retiro a uno de los retos más importante de su carrera, decorar la bóveda del Salón de Embajadores, una superficie de 12 metros de ancho por 20 de largo.

"Pareja de filósofos", Luca Giordano. Museo Nacional del Prado (Madrid)

Giordano se inspiró en sus propias pinturas en busca de temas o figuras que pudiera incluir en el Casón. Así, muchos de los asuntos tratados proceden de obras realizadas por el propio artista antes de su llegada a Madrid, entre ellos, sus filósofos, que coronan los lunetos de la bóveda y sostienen la historia del Mundo acompañados de las nueve musas de las artes y las ciencias.

Astronomía (1649) y Alegoría de la geometría (1649)
De Laurent de la Hyre

"Astronomía", Laurent de la Hyre. Musée des Beaux-Arts (Orléans)

Astronomía y Alegoría de la Geometría son dos obras que pertenecen a una serie de representaciones de las Siete Artes Liberales pintadas por el artista barroco Laurent de la Hyre para decorar una habitación de la casa de París de Gédéon Tallemant, uno de los consejeros del rey Luis XIII. Las siete artes son el trío Gramática, Retórica y Dialéctica, y el cuarteto Aritmética, Música, Geometría y Astronomía, siempre representadas por mujeres, de acuerdo con el género femenino de sus nombres en latín y que se mantiene en todas las lenguas romances. Era muy habitual que estas imágenes decoraran estudios privados y bibliotecas, aunque en el caso de las pinturas de De la Hyre no se conoce con certeza como estaban dispuestas en la sala ya que apenas se han conservado repartidas en varias colecciones.

"Alegoría de la Geometría", Laurent de la Hyre.Toledo Museum of Art (Ohio)

En el caso de sus alegorías de la Geometría y de la Astronomía, ambas aparecen sujetando un compás y acompañadas de una esfera, en la forma de un globo terráqueo y otro celeste respectivamente. En el caso de la joven geómetra sostiene además un papel en su mano derecha en el que aparecen el teorema de Pitágoras y la medición del círculo de Arquímedes. Por su parte, la Astronomía se muestra alada, como si se tratara de un ángel, y con una montaña de libros a su lado; dirige su mirada al cielo mientras su rostro queda iluminado, símbolo de la inspiración. Curiosamente, la relación de Laurent de la Hyre con la ciencia no acaba aquí. Su hijo, Philippe de La Hire, intentó seguir sus pasos en la pintura, sin embargo, acabó convirtiéndose en un reconocido matemático y astrónomo, miembro de la Academia de la Ciencias y director del observatorio de París.

Filósofo y Arquímedes o Demócrito (1630)
De José de Ribera

En el barroco, la representación alegórica de las artes liberales dio paso a los retratos de sabios que eran representados como hombres pobres, humildemente vestidos, cuya única riqueza era su conocimiento y su espíritu modesto. El tenebrista valenciano, asentado en Nápoles, José de Ribera, también llamado Lo Spagnoletto, (“el españolito”), realizó varias pinturas dedicadas a filósofos por encargo del Virrey de Nápoles Don Fernando Atán de Ribera y Enríquez, Duque de Alcalá, hombre de gran aprecio por la cultura y que poseía una gran colección de retratos de filósofos antes del encargo a Ribera. Es muy probable que fuera éste quien aportara al pintor el concepto de la serie de filósofos harapientos. Estos primeros retratos generaron más demanda y otro grupo de filósofos le fue encomendado por el príncipe de Liechtenstein. A partir de estos encargos se hicieron innumerables réplicas e imitaciones. Sin embargo, debido a la multitud de versiones existentes, la ausencia de firma en la mayoría  de los lienzos, la variedad de filósofos retratados y la ausencia de identificación de cada filósofo, hoy en día es difícil conocer la dimensión real de la obra de Ribera.

"Filósofo", José de Ribera. Hermitage (San Petersburgo)

De lo que no hay duda es que la década de 1630 fue la más fructífera para el pintor.  Entre sus series de los filósofos destacan varios por llevar en su mano un compás como símbolo de la relación entre sabiduría y conocimiento científico y matemático. Es el caso de este anciano barbudo que, por la forma en la que sujeta el compás, abierto y con las puntas hacia arriba, sugiere que se trata de un filósofo y no de un geómetra, como estuvo identificado en el pasado. Hay quien piensa que podría tratarse de Aristóteles o Euclides, aunque sigue abierto a la especulación. Valga mencionar que se trata de una copia parcial de otra composición original de mayor formato, con seguridad perdida o destruida, del que sólo se conservan copias repartidas en varia colecciones.

"Arquímedes" (o Demócrito), José de Ribera. Museo Nacional del Prado (Madrid)

La siguiente pintura también ha sufrido diversos cambios de identidad. Por la sonrisa se le ha identificado con Demócrito, el filósofo presocrático fundador del atomismo, también llamado “el filósofo de la risa” ya que consideraba que el estado natural del ánimo del hombre era la apacible alegría. Sin embargo, el compás que sostiene y los folios con trazados relativos a la correspondencia entre el cuadrado y el círculo, parecen indicar el carácter matemático del  filósofo, lo que apunta a que podría tratarse de Arquímedes. Actualmente la primera teoría es la más aceptada, aunque entre los filósofos de Ribera ya existe otro Demócrito también sonriente. Se ha hablado de una posible influencia de Velázquez, durante su viaje a Nápoles en 1630, señalando la semejanza del personaje con los Borrachos (1629). Lo más interesante es que la sencillez de la pintura de Ribera y el gesto risueño e incluso pícaro del personaje contrastan con la tradicional imagen de Arquímedes asesinado por los soldados romanas en el asedio de Siracusa.

Ilustración del artista francés Eduard Vimont (1846-1930). Entre algunos elementos representados, podemos apreciar la esfera armilar que sujeta el solado romano, el compás en el suelo al lado del cadáver de Arquímedes y el diagrama detrás de la silla sobre la relación entre la esfera y el cilindro.

Curiosamente, según una de las versiones  del historiador griego Plutarco sobre la muerte de este personaje, tal vez,  la fatalidad de sostener en su mano algún tipo de instrumento matemático (¿un compás?) pudo confundir al soldado romano y motivar su asesinato, no sin antes pronunciar, como cuenta la leyenda, sus últimas palabras en referencia a la figura que supuestamente estaba estudiando: “No molestes mis círculos”. También el filósofo e historiador romano Cicerón cuenta que se colocaron sobre su tumba, a petición del propio Arquímedes, las esculturas de una esfera y un cilindro en alusión a su descubrimiento de una relación matemática entre estos dos cuerpos geométricos. Para conocer más sobre este personaje, también llamado “el Einstein de la Grecia antigua”, recomiendo el siguiente vídeo que corresponde al capítulo Arquímedes y los griegos de la serie de dibujos animados Érase una vez… los inventores, creada por Albert Barillé, un ejemplo de televisión educativa que consiguió la difícil tarea de trasmitir a los más jóvenes el amor por el conocimiento y la cultura a través del entretenimiento:

Pentagramas de estrellas

“En el espacio nadie puede oír tus gritos.”, trailer de la película Alien.

Ciencia y música son viejas compañeras. El lenguaje universal de la música ha sido invocado frecuentemente por la ciencia para describir y comprender el mundo. A su vez, muchos músicos han utilizado la ciencia como inspiración para sus creaciones. Sin duda, la astronomía es la disciplina que más se ha beneficiado de esta simbiosis. Veamos algunos ejemplos:

Pitagóricos
En la Grecia antigua, los pitagóricos consideraban el Universo como una mezcla de armonía y número. Los planetas emitían sonidos, según las proporciones de sus órbitas alrededor de la Tierra, que combinados entonaban una sinfonía o “música de las esferas”. Esta idea de un Cosmos musical de órbitas circulares y proporciones armoniosas se prolongó durante toda la Edad Media hasta el siglo XVII. En el siguiente vídeo, fragmento del maravilloso corto de animación producido por Walt Disney en 1959 “Donald en el país de las matemáticas”, el pato Donald viaja a la antigua Grecia donde conoce a los Pitagóricos y la relación entre la música y las matemáticas. Acaba participando en una jam session improvisada con Pitágoras tocando el arpa:

Johannes Kepler
Fiel a la convicción clásica, el astrónomo alemán Johannes Kepler relacionó las órbitas de los planetas con los sólidos regulares y con los acordes musicales. Propuso en su libro Harmonices Mundi (1619) que la velocidad de cada planeta correspondía a ciertas notas de la escala musical. Cuanto más rápido era el movimiento, más agudo era el sonido que emitía. Asumida esta creencia, Kepler escribió seis melodías, cada una correspondiente a un planeta diferente.

Estudio de Herschel en la localidad inglesa de BathWilliam Herschel
El alemán William Herschel se dedicó profesionalmente a la música y llegó a ser un gran intérprete de oboe, profesor y más tarde director de orquesta. Sin embargo, la lectura a los 35 años del libro Astronomía de James Ferguson le hizo cambiar de profesión y dedicó el resto de su vida a diseñar y construir telescopios. A los pocos años de su nueva afición ya había descubierto un planeta, Urano, que inauguró una larga lista de importantes observaciones y hallazgos astronómicos. Como curiosidad, en la imagen vemos un detalle de la casa donde Herschel vivía con su hermana Caroline, en la localidad inglesa de Bath. En ella se conserva su piano y uno de los telescopios que él mismo construyó.

Georges Gamow
El astrónomo ucraniano Georges Gamow, uno de los tutores de la teoría del Big Bang, incluyó en la serie de libros de divulgación Mr. Tompkins tres arias para ser cantadas por tres eminentes cosmólogos, Abbé George Lemaître, Fred Hoyle y él mismo, que explicaban diferentes teorías de la creación del Universo.

Fred Hoyle
El astrónomo británico Fred Hoyle, autor de la teoría del Estado Estacionario y de la Panspermia, así como creador del término “Big Bang” -que utilizó para ridiculizar la teoría que hoy recibe este nombre-, también tuvo su propia experiencia musical y mantuvo una estrecha amistad con el músico Leo Smit. Escribió para él los libretos de dos composiciones, la ópera Alquimia de Amor (1969) y Copérnico: Narrativa y Credo (1973), e hizo de narrador en el estreno y en la grabación de ésta última.

Brian May
El conocido músico británico Brian May, guitarrista de la exitosa banda Queen, inició su carrera como astrónomo, llegando a pasar varios años en la isla de Tenerife dedicado al estudio de distintos fenómenos astronómicos desde el Observatorio del Teide. En 2008, tras varios años alejado de los escenarios, decidió culminar su formación y obtuvo el doctorado en astrofísica por el Imperial College de Londres.

Voyager
La música ha podido viajar por el espacio a bordo de sondas como las Voyager, lanzadas en 1977 para estudiar los planetas exteriores. Éstas llevan consigo un disco de oro con una selección de sonidos y músicas de varias culturas del mundo diseñado por el astrofísico y divulgador Carl Sagan. En el capítulo 11 de su popular serie Cosmos nos cuenta con orgullo algunos detalles de este curioso CD interestelar:

Mars Polar Lander
En 1999, la NASA instaló un micrófono en la sonda Mars Polar Lander para grabar los sonidos de la superficie marciana, según una idea propuesta por Sagan antes de su muerte. Sin embargo, este particular homenaje que la NASA quiso hacer al popular divulgador tuvo un imprevisto: 10 minutos antes del aterrizaje se perdió el contacto y la misión fracasó, posiblemente debido a un fallo en los cohetes de frenado de la sonda, aunque sigue sin estar claro las causas de su pérdida.

Huygens
La sonda Huygens, fabricada por la Agencia Espacial Europea, aterrizó en la superficie de Titán, satélite de Saturno, llevando consigo un CD de 14 minutos con cuatro temas musicales de estilo roquero compuestos por los franceses Julien Civange y Louis Haeri. Se incorporó, además, a la sonda un par de micrófonos y, aunque pudo registrar el ruido del viento durante el descenso, no pudo grabar los truenos de la densa atmósfera de Titán como se tenía previsto.

Kronos Quartet
En 2002, la NASA asesoró al cuarteto de cuerdas estadounidense Kronos Quartet en la producción multimedia Sun Rings de 10 movimientos, compuesta de sonidos e imágenes espaciales. En el vídeo podemos apreciar lo espectacular de esta propuesta musical:

Symphony of Science
El compositor John Boswell ha elaborado un proyecto llamado Simphony of Science basado en una serie de videos musicales donde científicos y divulgadores como Carl Sagan, Richard Feynman, Stephen Hawking y Richard Dawkins “cantan” los conceptos del conocimiento humano. Un ejemplo de esta interesante fusión entre música electrónica y divulgación científica:

Stellar Music Project
Proyecto musical ideado por el compositor Jeno Keuler y el astrofísico Zoltán Kolláth  para convertir los modos de oscilación de las estrellas en melodías. Se basa en el descubrimiento de cada estrella, como cada instrumento musical, posee su propio sonido, dependiendo de su tamaño y de su edad. El estudio de estas distorsiones permite a la astrosismología conocer, al igual que en una ecografía, lo que sucede en las profundidades de las estrellas. Un ejemplo de composición basada en oscilaciones estelares: StellarMusicNo1.mp3. En el vídeo, el astrofísico Todd Hoeksema de la Universidad de Standford nos explica cómo se generan estos sonidos en una de las estrellas que mejor conocemos, nuestro Sol:

Stradivarius
El Sol puede ser la respuesta a un misterioso fenómeno musical: el singular sonido del violín Stradivarius. Una de las muchas teorías al respecto sostiene que el secreto está en el “Mínimo de Maunder”, un periodo de escasa actividad solar que, entre los siglos XVII y XVIII, provocó un descenso en la temperatura en Europa. Esta “Pequeña Edad de Hielo” pudo causar un lento crecimiento en los árboles que dotaron a la madera de unas singulares cualidades sonoras.

Teoría de cuerdas
El sonido también forma parte de una moderna teoría de la física que trata de superar la incompatibilidad entre mecánica cuántica y la relatividad general. La conocida teoría de cuerdas describe el Universo como una sinfonía cósmica resonando con todas las notas que entonan unos minúsculos hilos vibrantes.  No hay mejor manera para comprender esta interesante y compleja teoría que ver “El Universo elegante“, uno de los mejores documentales de divulgación científica de los últimos años realizado por la PBS para el canal NOVA y presentado por el físico Brian Greene, autor del libro homónimo:

Este artículo fue publicado en la revista “Astronomía en los Museos”, editada por el Museo de la Ciencia y el Cosmos de Tenerife.

La forma del átomo II

“Dios es capaz de crear partículas de distintos tamaños y formas… y quizás de densidades y fuerzas distintas, y de este modo puede variar las leyes de la naturaleza, y hacer nuevos mundos de tipos diferentes en partes diferentes del Universo. Yo por lo menos no veo esto nada contradictorio”, ISAAC NEWTON, Óptica

Los Simpson

El modelo planetario del átomo ha inspirado a generaciones de artistas y escritores de ciencia ficción a imaginar mundos dentro de otros mundos, en la que los átomos son diminutos sistemas solares que forman parte de una estructura cada vez mayor. Un ejemplo de ello es esta genial intro de un capítulo de Los Simpson.

Buckminster Fuller

No sólo la configuración elemental de la materia ha inspirado al arte. Una estructura arquitectónica conocida como cúpula geodésica, desarrollada por el ingeniero y visionario Richard Buckminster Fuller en 1954, dio nombre a un tipo de molécula formada por átomos de carbono llamada fulereno. Tanto la molécula como la cúpula geodésica comparten su forma esférica generada a partir de polígonos cuyos vértices coinciden con la superficie de una esfera. Este tipo de estructuras son extremadamente ligeras y estables debido a lo que Fuller calificó como tensegridad, esto es, el equilibrio entre fuerzas de tracción y compresión. Si quieren saber más sobre el legado de Buckminster Fuller, vean este magnífico reportaje de la CBS y no se pierdan su ‘espacial’ final con esta reflexión del arquitecto: “everyboy is an astronaut”.



Atomium

Cuandoel arquitecto André Waerkeyn recibió el encargo de construir un monumento para la Exposición Universal de Bruselas de1958, no dudó en diseñar una estructura atómica como símbolo de la era moderna. Compuesta por nueve esferas de acero de 18 metros de diámetro, representa la estructura de un cristal de hierro ampliado 165 mil millones de veces. Planeada para permanecer sólo seis meses, pronto se convirtió en una atracción turística y ha perdurado hasta la actualidad como un emblema de la ciudad de Bruselas.

A is For Atom

Poco después de la explosión de Hiroshima, los Estados Unidos iniciaron una campaña para promocionar el uso pacífico de la energía atómica. Para ello realizaron algunas películas de propaganda con el propósito de “humanizar” la figura del átomo. A is For Atom (1953) es un ejemplo de este esfuerzo. Se trata de una película educativa de animación producido por General Electric en la que los elementos aparecen como personas con cabeza de molécula y la energía nuclear como gigantes portadores de progreso para la humanidad. El film es una reliquia del pensamiento y de la animación americana de los años 50.

La hormiga atómica

Tras la explosión nuclear en Japón,  numerosos monstruos y superhéroes mutantes aparecieron en la ficción como metáfora del temor surgido por la nueva energía. Entre ellos, La Hormiga Atómica es un personaje de dibujos animados creado por la factoría de animación Hanna-Barbera en 1965. Se trata de una minúscula hormiga antropomórfica y parlante, poseedora de una gran fuerza y poder que obtiene de la exposición a la radiación a través de un “desintegrador de átomos” que se encuentra en su laboratorio. Su símbolo no podría ser otro que el modelo atómico de Bohr.

Doctor Manhattan

Dr. Manhattan es uno de los personajes principales del popular comic Watchmen, cuya acción transcurre en los años 80 en el marco de una inminente guerra nuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Tras sufrir un accidente durante un experimento de física para desintegrar los objetos en átomos individuales su cuerpo se vaporiza. Sin embargo, sus átomos vuelven a combinarse convertido en un superhéroe capaz de manipular la materia. Sus creadores se inspiraron en otro superhéreo  de los años 60 con iguales poderes llamado Capitán Átomo . A diferencia de aquel personaje, el Dr. Manhattan rechaza un uniforme con el símbolo del átomo de Bohr, que considera absurdo, y se graba en la frente el esquema de un átomo de hidrógeno.

Here Comes Science

They Might Be Giants es un grupo de música indie estadounidense formado en los 80. Desde 2005 han elaborado varios proyectos educativos para niños. Su último disco en 2009 está dedicado a la divulgación de la ciencia. Para ello han elaborado varios videoclips de animación donde explican con sencillez varios conceptos científicos, entre ellos, este brillante vídeo sobre la tabla periódica donde se da a entender cómo los elementos se ordenan según las propiedades físicas de sus átomos.

Cosmos

El popular astrónomo y divulgador de la ciencia Carl Sagan hizo una magistral descripción de los átomos y de los elementos químicos en el episodio 9 de su serie Cosmos sin mostrar ni una sola representación del modelo atómico. Si a él le sobraban las imágenes, a quienes nos dedicamos a la divulgación nos sobran las palabras para describir la genilidad del maestro.

Atom

Una de los mejores documentales sobre física cuántica. Realizado en 2007 por la BBC y presentado por el físico Jim Al-Khalili, posiblemente el nuevo Carl Sagan de la divulgación científica, está compuesto por tres episodios donde se explica cómo el descubrimiento del átomo ha cambiado nuestra comprensión del Universo.


La forma del átomo I

Modelo planetario del átomo

Todo el mundo conoce la imagen del átomo formada por varios electrones dando vueltas a un núcleo como planetas orbitando alrededor del Sol. Esta figura la creó en 1904 un físico japonés llamado Hantaro Nagaoka y aunque constituye la percepción más común del átomo, está equivocada.

Según la mecánica cuántica, las partículas elementales tienen una apariencia un tanto borrosa. Los electrones se parecen más bien a aspas de un ventilador que gira. Es decir, el electrón no ocupa una órbita definida, sino una nube o zona del espacio donde existe la probabilidad de encontrarlos. El siguiente vídeo, elaborado por el canal NOVA de la televisión pública americana PBS, ilustra a la pefección cómo es en realidad un átomo:

Literalmente, un átomo no se parece a nada que hayamos visto antes. Tal vez, debido a esta incapacidad de poder someter al mundo subatómico a nuestro sentido común, el modelo planetario del átomo, ordenado y mecanicista, se siga enseñando en las escuelas y haya inspirado a multitud de artistas desde su formulación en los primeros años del siglo XX. Fue entonces cuando surgió en las más variadas ramas del conocimiento un mismo interés por descomponer el objeto de estudio en sus unidades mínimas: desde las partículas subatómicas en la física a las cadenas del ADN en la genética o los factores conductuales en psicología.

En arte, el equivalente de esta tendencia fue la abstracción. Las vanguardias artísticas, en su búsqueda de un lenguaje renovado que expresara una realidad más completa y diversa, no dudaron incorporar los avances científicos de la época, especialmente, los relacionados con la nueva física de la fragmentación de la materia. La idea de que un mensaje visual complejo se puede construir a partir de elementos simples se convirtió en uno de los principios básicos del arte abstracto.

Kandinsky, anatomía de un lienzo

"Composición VIII", Wassily Kandinsky

Tal vez le corresponde a Vassili Kandinsky la contribución más lúdica a esta nueva concepción del arte. Su interés por la ciencia fue una constante en su vida y ejerció una profunda influencia en su obra. Uno de los descubrimientos científicos más decisivos en su pintura y que sirvió de justificación teórica en el proceso de abandono del naturalismo a la abstracción une sus raíces en la composición atómica de la materia. No es casualidad que sólo pasaran diez años entre la creación de su pintura más representativa “Composición VIII” (1923) y la aparición del modelo atómico del físico Niels Bohr en 1913.

"Several circles", Wassily Kandinsky

Gracias a su erudición, Kandinsky supo entender la nueva realidad, más allá de las percepciones y sin determinismo, que la mecánica cuántica planteaba. En palabras del pintor, refiriéndose al descubrimiento de las partículas subatómicas: “Un acontecimiento científico vino a eliminar uno de los obstáculos más importantes de este camino. Fue la división del átomo. En mi alma, la desintegración del átomo era lo mismo que la desintegración del mundo entero.”

La nueva era de la incertidumbre era para él un logro que confirmaba la fortaleza de la ciencia y, a su vez, una oportunidad de cambio para el arte. “Allí están los sabios profesionales que analizan una y otra vez la materia, que no tienen miedo a ninguna pregunta, y que finalmente ponen en tela de juicio la misma materia sobre la que ayer descansaba todo y sobre la que se apoyaba todo el universo”, expresó.

"Circles in a circle", Wassily Kandisnky

La materia ya no era algo rígido, aprehensible mediante los sentidos, sino un complejo enredo de materia y vacío, unida por fuerzas que apenas comenzaban a estudiarse. “Todo se hacía precario, inestable, blando. No me hubiera asombrado ver una piedra fundirse en el aire frente a mí y hacerse invisible”, explicó. Kandisnky no dudó en convertir este sentimiento de pérdida total del sentido y de colapso de las bases preexistentes en una conversión a la abstracción y concentró sus esfuerzos pictóricos en visualizar esa inestabilidad material e invisible.

Dalí y la mística nuclear
Dalí también se sintió fascinado por la teoría cuántica. El llamado periodo nuclear de Dalí empieza con el lanzamiento de la bomba de Hiroshima: “La explosión atómica el 6 de agosto de 1945 me había estremecido sísmicamente. A partir de entonces el átomo se convirtió en mi sujeto de reflexión preferido. Muchos paisajes pintados en este periodo expresan el miedo enorme que sentí con el miedo de la explosión“.

"Las tres esfinges de bikini", Salvador Dalí

Interesado por el mundo escondido de los sueños y del psicoanálisis, la física de partículas significó para él la posibilidad de conocer metafóricamente los misterios insondables de la materia. “En la actualidad el mundo exterior -el de la física- ha trascendido al de la psicología. Mi padre hoy es el doctor Heisenberg”, manifestó. Para el pintor, el Principio de Incertidumbre formulado por el físico era algo absolutamente surrealista: “Esta es la razón de que yo, que hasta ahora sólo admiraba a Dalí, comience admirar a ese Heisenberg que se parece a mi”.

La desintegración de la materia y la liberación de la energía como consecuencia de las fuerzas que unen las partículas subatómicas serán, desde entonces, algunos de los temas recurrentes de Dalí. “Deseaba ver y comprender las fuerzas y leyes ocultas de las cosas, evidentemente para llegara a dominarlas”, declaró el pintor quien se consideraba a sí mismo como un “medio excepcional para penetrar en el corazón de las cosas”. Llegó a manifestar: “En la comarca del Empordán el único átomo que se encuentra en periodo de fabricación es el átomo de Dalí”.

"Galatea de las esferas", Salvador Dalí

El pintor se sintió, sobre todo, cautivado por la representación esférica de los átomos. En su universo atómico, los objetos se descomponen en partículas corpusculares que flotan en un estado de aparente inmovilidad a través de fuerzas de atracción y repulsión recíproca. “Sumido en una gran efervescencia de ideas, decidí acometer la solución plástica de la teoría cuántica, e inventé el realismo cuantificado para convertirme en dueño de la gravitación”, expresó.

"La separación del átomo (Desmaterialización cerca de la nariz de Nerón)", Salvador Dalí

La tensión superficial, la fuerza de origen atómico que impide que los materiales se mezclen, sirvieron a Dalí para justificar una vuelta al misticismo en el que incorporó elementos tradicionales de la pintura religiosa. “La virgen no asciende al cielo rezando. Sube hacia él impulsado por la fuerza misma de sus antiprotones”, comentó. Consideraba las partículas y antipartículas como “elementos angelicales” y manifestó: “Con los pi-mesones y los más gelatinosos e indeterminados neutrinos deseo pintar la belleza de los ángeles y de la realidad (…) Si los físicos producen antimateria, les está permitido a los pintores, ya especialistas en ángeles, pintarlas.”

Más allá de la Relatividad

“Un físico es el medio que tienen los átomo de pensar en los átomos”, Anónimo.

Vídeo de divulgación donde se explican dos de los descubrimientos que Albert Einstein publicó en el mismo año que su teoría de la relatividad: el movimiento browniano, que proporcionó pruebas de la existencia de los átomos; y el efecto fotoeléctrico, que supuso la explicación más exacta de la naturaleza de la luz, así como el premio Nobel de física para su autor. Realizado por Iván Jiménez

El siglo XX vio como se transformaba súbitamente la visión de la realidad. La física que nos había guiado desde los tiempos de Galileo a Newton dejó de tener sentido. Uno de los principales causantes de esta revolución fue Albert Einstein. Gracias a él se desarrollaron las dos piedras angulares en las que hemos reconstruido nuestra comprensión del Universo y la materia.

Por un lado, la Relatividad supuso un cambio radical en nuestro modo de ver el mundo cuando los objetos se mueven a gran rapidez o tienen una gran masa. Gracias a ella descubrimos que el espacio y el tiempo son curvos e inseparables, que el Universo había tenido un comienzo y que aún se está expandiendo. Pero, por otro lado, Einstein también proyectó el primer rayo de luz sobre una nueva rama de la física: la mecánica cuántica. Un nuevo marco para comprender el comportamiento de los átomos, el mundo de la luz, la electricidad y de todo lo que opera a las escalas más diminutas.

A cambio hemos tenido que pagar un precio muy alto: renunciar a las certezas y dejar la ciencia en manos de la probabilidad. El mundo de lo infinitamente pequeño representa una realidad ajena a nuestra experiencia cotidiana y sentido común. Simplemente no se puede comprender a base de símiles derivados de la experiencia humana. Sin embargo, sin ella no podemos comprender muchas cosas que de otro modo no habríamos podido conocer.

La mecánica cuántica no sólo es fascinante por sus insólitos planteamientos y sus extravagantes leyes, además ha servido para realizar las predicciones más precisas y eficaces de toda la historia de la ciencia. Predijo la posibilidad del láser, que hoy tiene múltiples aplicaciones, desde en ingeniería hasta los lectores de CD; ha ayudado a la optimización de nuevos medicamentos y materiales; o se ha utilizado como base para nuevos microscopios capaces de ver la forma de las propias moléculas.

Paradójicamente, Albert Einstein se negó a aceptar la teoría que él mismo había ayudado a crear y sostuvo, hasta su muerte, que la realidad debía estar acorde con ideas más intuitivas. Aunque siempre se cita su frase “Dios no juega a los dados”, sus palabras auténticas fueron: “parece difícil echarle un vistazo furtivo a las cartas de Dios. Pero que juegue a los dados y utilice métodos telepáticos… es algo que yo no puedo creer ni por un momento”.

Cuántica: la chistera de mago

Este vídeo nace de la necesidad urgente de divulgación hacia la sociedad de este campo del conocimiento ya que, recientemente, ha crecido la popularidad de la física cuántica entre muchas pseudociencias que han encontrado en la complejidad de esta disciplina la jerga y verborrea adecuada para dotar de base científica a sus absurdas pretensiones con el innegable intento de obtener credibilidad.

Nuestra imagen del mundo y de nosotros mismos se ha visto afectada por los descubrimientos científicos. Para algunos seguidores de la Nueva Era, creyentes en ovnis, astrólogos, homeópatas y amantes de las pulseras milagrosas la ciencia les ha arrebatado el misterio esencial de la vida. Pero, en realidad, la ciencia sólo ha ayudado a eliminar algunos mitos producto de la ignorancia. Por suerte, ya han pasado los tiempos en el que las enfermedades eran resultado de maldiciones, o cuando la Tierra era el centro del Universo y los rayos, instrumentos de los dioses.

La ciencia no tiene respuestas a todos las preguntas, pero su realidad está abrumadoramente respaldada por las pruebas experimentales, lo que supone una evidencia muy importante de la existencia de unas leyes que, aún fuera de nuestra experiencia directa, nos sirven para comprender y prever el funcionamiento de la Naturaleza. Esto no significa que las respuestas sean ciertas y que el científico tenga la verdad.  Sea como sea, la ciencia, en su intento de dar solución a las grandes preguntas de la humanidad, nos ha proporcionado un conjunto de nuevos misterios igual de profundos e interesantes. Y eso es lo verdaderamente estimulante del conocimiento científico.

Cuando existen preguntas que la ciencia no puede responder pasan a formar parte del dominio de las creencias y las religiones. Estas son perfectamente respetables y forman parte de la propia naturaleza humana, pero todavía ninguna forma de fe ha sido suficiente para demostrar algún milagro, al menos que, como decía David Hume “el testimonio sea de tal categoría que su falsedad sea más milagrosa que los hechos que se propone establecer”. O lo que es lo miso, como simplificó el excelente divulgador Carl Sagan, “las afirmaciones extraordinarias precisan pruebas extraordinarias”.

Para finalizar, no está de más compartir el legítimo consejo de Bertrand Russell: “No es conveniente creer una proposición cuando no hay base alguna que sugiera que es cierta”. Espero que el vídeo trasmita al espectador algún ejemplo de lo fascinante y sorprendente que puede ser la ciencia.

Ver también:

“Viaje a la Relatividad” (Vídeo sobre la teoría especial y general de la Relatividad)

Puntitos

Este corto obtuvo una Mención Especial en la Octava Edición de Jameson Notodofilmfest (Madrid, 2010) en la categoría Starlight. Realizado por Iván Jiménez

Jameson Notodofilmfest, con el apoyo del Instituto de Astrofísica de Canarias, invitó este año a realizar cortometrajes que se inspiraran en el tema “el cielo y las estrellas”. De casi un centenar de trabajos presentados a esta sección, que se llamó Starlight, sólo dos llegaron a la final celebrada el pasado 20 de abril en el Teatro Alcázar de Madrid.

Bajo el seudónimo de Noa Rodríguez Rodríguez, el/la director/a del film intenta dar explicación a las eternas preguntas sobre el Universo a través del humor y la ironía, resaltando los tópicos, las frases hechas y las reflexiones manidas que habitualmente acompañan las observaciones del cielo estrellado.

En la forma de una discusión de pareja, interpretada por Natalia Ruiz y Javier Martos, el corto avanza hasta una sorpresa final que da sentido a la buscada simplicidad visual y técnica del film, y que resalta, a modo de autocrítica, la cada vez más frecuente actitud en astrofísica y, en general, en la ciencia, de ver lo que se quiere ver.  También pretende ser una metáfora literal de lo “pequeños e insignificantes que somos” (parafraseando las trilladas palabras de uno de sus personajes), pero dando la vuelta a la popular y gastada visión de los seres humanos vistos como un hormiguero desde la altura.

Aunque se trata de un corto sencillo y poco elaborado (tan sólo se dedicó un par de horas en su realización y una caja de zapatos, la que aparece en el cartel), “Puntitos” confía en la inteligencia del público para que éste agrupe ideas y alcance sus propias conclusiones a través de un formato poco corriente y “bajo mínimos” narrativos: un plano fijo y dos personajes fuera de campo. Una elección arriesgada, pero ilustradora de que con una idea de base y sin medios se pueden contar historias y estimular la reflexión de temas tan profundos y complicados como lo es el Universo y nuestro lugar en él.

Enlace a la versión con seudónimo presentada en Notodofilmfest

Naturaleza y matemáticas

Vídeo realizado por Cristóbal Vila (www.etereaestudios.com) que ilustra la relación entre las formas naturales y las propiedades matemáticas de la serie y espiral de Fibonacci, la proporción y el ángulo áureos, las triangulaciones de Delaunay y las teselaciones de Voronoi.

Ciencia y arte según la astronauta Mae Jemison

(Del canal de Internet Technology, Entretainment and Design (TED). Conferencia pronunciada en el año 2002 en Monterey, California)

Una esférica visión del Cosmos II

[Vimeo 9781222]

Ilustraciones del libro “Imago Mundi” cedidas para la exposción “Cosmovisiones” del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC). Realizado por Iván Jiménez

“La figura y el movimiento del mundo contribuyen a darle armonía; la figura, porque siendo esférica y semejante a sí misma en todos sentidos puede encerrar en sí todas las demás figuras regulares; el movimiento, porque describe eternamente un círculo.”

Platón (s. IV a. C)

“Hay algo que se mueve con el movimiento continuo, el cual es el movimiento circular. No sólo lo prueba el razonamiento, sino el hecho mismo. De aquí se sigue que el primer cielo debe ser eterno.”

Aristóteles (s. IV a. C)

“El Ser es semejante a la masa de una esfera bien redondeada, cuya fuerza es constante desde el centro en cualquier dirección.”

Parménides (s. VI a. C)

“Cuando sigo a mi capricho la apretada multitud de las estrellas en su curso circular, mis pies ya no tocan la Tierra.”

Ptolomeo (s. II)

“La esfera de las estrellas es inmóvil; la Tierra, haciendo una revolución, produce el nacimiento y el ocaso cotidiano de las estrellas y de los planetas.”

Aryabhata (s. VI)

“La perfección última de una cosa es que se una con su principio; por eso también se dice que el círculo es una figura perfecta, porque tiene el mismo principio y fin.”

Tomás de Aquino (s.XIII)

“Mas ya movía mi deseo y mi querer,
como rueda a su vez movida,
el amor que mueve el Sol y las demás estrellas.”

“La Divina Comedia”, Dante (s.XIV)

“La máquina del mundo tendrá el centro en cualquier lugar y la circunferencia en ninguno, pues la circunferencia y el centro son Dios, que está en todas partes y en ninguna.”

Nicolás de Cusa (s. XV)

“Podemos afirmar con certidumbre que el Universo es todo centro, o que el centro del Universo está en todas partes y la circunferencia.”

Giordano Bruno (s. XVI)

“El mundo es esférico, sea porque es la forma más perfecta de todas, sin comparación alguna, totalmente indivisa, sea porque es la más capaz de todas las figuras, la que más conviene para comprender todas las cosas y conservarlas, sea también porque las demás partes separadas del mundo (me refiero al Sol, a la Luna y a las estrellas) aparecen con tal forma.”

Nicolás Copérnico (s. XVI)

“Es imposible que la razón, sin una instrucción previa, pueda dejar de imaginar que la Tierra es una especie de casa inmensa con la bóveda del cielo situada sobre ella; una casa inmóvil dentro de la cual el Sol, que es tan pequeño, pasa de una región a otra como pájaro errante a través del aire.”

Johannes Kepler (s. XVII)

“La entera creación como una coalición de todas las estrellas distribuidas en forma esférica alrededor de un centro general y todas gobernadas por una misma ley.”

Thomas Wright (s. XVIII)

“Nosotros sabemos que un círculo es un ser más elevado que una línea recta, en la medida en que el conocimiento y la sabiduría son más dignos de estima que el mero afecto.”

“Planilandia”, Edwin A. Abbot  (s. XIX)

“La forma primordial de cualquier cosa manifiesta, del átomo al globo, del hombre a los ángeles, es esferoidal, siendo la esfera, en todas las naciones, el emblema de eternidad y del infinito”.

Helena Blavatsky (s. XIX)

“El desplazamiento en el a línea recta hacia cualquier planeta sólo puede conseguirse mediante el recorrido en círculos de satélites intermedios, que proporcionarán una línea directa de círculos de un satélite a otro.”

Kazimir Malevich (s.XX)

“Oculto en el cambiante esquema de las cifras , en lo más recóndito del número irracional, se hallaba un círculo perfecto, trazado mediante unidades dentro de un campo de ceros. El universo había sido creado ex profeso, manifestaba el círculo. En cualquier galaxia que nos encontremos, tomamos la circunferencia de un círculo, la dividimos por su diámetro y descubrimos un milagro: otro círculo que se remonta kilómetros y kilómetros después de la coma decimal. (…) En tanto y cuanto habitemos en este universo y poseamos un mínimo talento para la matemática, tarde o temprano lo descubriremos porque ya está aquí, en el interior de todas las cosas. No es necesario salir de nuestro planeta para hallarlo. En la textura del espacio y en la naturaleza de la materia, al igual que en una gran obra de arte, siempre figura, en letras pequeñas, la firma del artista. Por encima del hombre, de los demonios, de los guardianes y constructores de túneles, hay una inteligencia que precede el Universo. El círculo se ha cerrado. Eleanor encontró, por fin, lo que buscaba.”

“Contact”, Carl Sagan (s. XX)

Una esférica visión del Cosmos

“El universo había sido creado ex profeso, manifestaba el círculo. En cualquier galaxia que nos encontremos, tomamos la circunferencia de un círculo, la dividimos por su diámetro y descubrimos un milagro: otro círculo que se remonta kilómetros y kilómetros después de la coma decimal.” Carl Sagan, Contact

Los pueblos de América Central alcanzaron un alto grado de conocimientos astronómico. La figura muestra un monolito circular con cuatro círculos concéntricos. En el centro se distingue el rostro del Dios Sol. Lo flanquean cuatro figuras de forma cuadrada que representan cuatro soles. El círculo exterior está formado por 20 áreas, los días de cada uno de los 18 meses del calendario azteca.

Circunferencias, círculos, esferas… La simetría circular es la forma matemática más frecuente en la naturaleza. La circunferencia es el perímetro más corto que encierra una superficie plana. La esfera es la menor superficie que encierra un volumen. El círculo protege, rueda, mueve. Es perfección y armonía; orden y belleza.

No es casualidad que desde el primer momento en el que la humanidad dirigió su mirada al cielo creyera ver una geometría circular que proveía de armonía y movimiento al Cosmos. A simple vista, el Universo finge reflejar en él la perfección de la esfera y la inercia de un círculo: la redondez está en muchos de los objetos que lo componen, como el Sol, las estrellas y los planetas; y el cielo parece moverse como una esfera de estrellas fijas rodeando la Tierra.

El círculo, la esfera, han seducido tanto a la ciencia como al arte. No sólo es la forma más simétrica y estable en la naturaleza, sino que constituye el símbolo a través del cual el hombre ha tratado de entender los misterios del mundo. En la historia de la astronomía tiene un especial significado: el orden y la belleza del movimiento planetario, la perfección geométrica de los cuerpos celestes e incluso la armonía en sentido musical, “la música de las esferas”.

A la vez, son muchas las representaciones artísticas que han llegado hasta nuestros días a través de libros y manuscritos en los cuales  la hegemonía de lo círcular es más que evidente a la hora de ilustrar los grandes conceptos de la creación, Dios o el Cosmos.  Sólo el desarrollo de la astronomía moderna, gracias al telescopio, consiguió romper la fascinación por el círculo y dotar al Universo de su verdadera forma y lugar.

De sphaera mundi. La divina geometría

El Universo geocéntrico en la Europa Cristiana situaba la Tierra, con las aguas y los continentes, en el centro del Universo y rodeada de los círculos del Aire y del Fuego. En el exterior, se mueven concéntricamente las esferas que contienen los planetas, el Sol y la Luna, así como las representaciones del zodiaco. Entre ésta última franja y las estrellas fijas, está el 'Primum Mobile', que transmite el movimiento a todo el Universo.

Fue la escuela griega quien dio a la astronomía una verdadera importancia científica. Los filósofos griegos tenían una concepción geocéntrica del mundo. Propusieron un modelo en el que los planetas, además de la Luna y el Sol, giraban en torno de la Tierra, el centro del Universo, describiendo círculos a velocidad constante. Esta idea estaba de acuerdo con un sentido de lo que parecía bello y elegante. El círculo era la forma más perfecta, sin principio ni final. Y el movimiento circular era, sin duda, el más apropiado para cuerpos tan sublimes como los celestes. El modelo geocéntrico de los griegos (conocido como modelo aristotélico) fue ampliado por Claudio Ptolomeo en el siglo II d. C hasta constituir un modelo cosmológico completo en el que la Tierra estaba rodeada concretamente de ocho esferas concéntricas donde se engarzaban la Luna, Mercurio, Venus, el Sol, Marte, Júpiter, Saturno, la esfera del Zodíaco y las estrellas fijas.

Sin embargo, el modelo griego no explicaba algunas singularidades como, por ejemplo, por qué algunos planetas parecían describir bucles mientras avanzaban con respecto a las estrellas fijas. Debido a estos extraños cambios en su movimiento, a los planetas se les denominó “estrellas errantes”. Para solucionar el problema, Ptolomeo ideó un ingenioso sistema en el cual la Tierra no estaba en el centro exacto (ecuante). Y los planetas giraban alrededor de su propia órbita (epiciclo), mientras describían un gran círculo (deferente). Así, los planetas no estaban sujetos directamente a las esferas, sino mediante una rueda excéntrica. Cuando la esfera gira, la rueda entra en rotación y los planetas rizan su trayectoria.

Este esquema del mundo, representa el modelo matemático de Ptolomeo. Todos los planetas, a excepción del Sol, tienen epiciclos. Y la esfera de las estrellas fijas es concéntrica a la Tierra. También lo son las siete esferas, todas de color azul, que transmiten el movimiento a las esferas planetarias.

La Iglesia cristiana no tuvo problemas para aceptar y abrazar el modelo geocéntrico ptolemaico como la imagen del Universo que mejor se ajustaba a las escrituras y constituyó el paradigma de la ciencia medieval hasta la revolución científica moderna. Además, presentaba la gran ventaja de dejar más allá de la esfera de las estrellas fijas una enorme cantidad de espacio para acomodar nuevas esferas transparentes e invisibles. La más externa fue denominada Empíreo, donde los ángeles, santos y bienaventurados gozaban de la presencia de Dios. Por debajo se encontraba el Primum Mobile (‘primer motor’), una fuerza mística encargada de trasmitir el movimiento a las demás esferas. El mundo era así más perfecto y más adecuado a como Dios, obviamente, debía de haberlo creado.

De revolutionibus. La revolución cosmológica

Conforme avanzaban los siglos y los astrónomos realizaban observaciones cada vez más continuas y precisas, el sistema de Ptolomeo se manifestaba incapaz de explicar los fenómenos celestes del Sistema Solar. Se imponía la necesidad de una reforma fundamental que no tardó en realizarse. En 1543, Nicolás Copérnico publicó una hipótesis totalmente diferente y reveladora que proponía Sol, y no a la Tierra, como el centro del Universo. Copérnico tardó 25 años en desarrollar su modelo heliocéntrico. Su obra De Revolutionibus Orbium Coelestium (De las Revoluciones de las Esferas Celestes) se considera el inicio de la astronomía moderna y marcó uno de los mayores cambios en la historia de la ciencia que afectó también a la filosofía y la religión.

La idea de Heráclides pudo llegar a la Edad Media a través de ilustraciones como ésta. En la imagen vemos al Sol casi en el centro del Zodiaco rodeado por Mercurio y Venus girando en órbitas no concéntricas. El Sol y la Luna giran alrededor de la Tierra, que presenta una extraña forma oblonga, mientras que Júpiter y Saturno giran tanto alrededor de la Tierra como del Sol.

Antes de elaborar su teoría, Copérnico estudió los textos griegos y descubrió que la rotación de la Tierra y el sistema heliocéntrico ya habían sido propuestos en la antigua Grecia. Heráclides Póntico (s. IV a. C), discípulo de Aristóteles y de la escuela platónica, afirmó que el movimiento aparente diurno del cielo se debía al movimiento de nuestro planeta, cada 24 horas, alrededor de su eje. Y dedujo que los planetas Mercurio y Venus giraban alrededor del Sol, que a su vez daba vueltas a la Tierra. Una idea revolucionaria que situará a Heráclides entre los precursores de Copérnico. Más adelante, Aristarco de Samos (s. III a. C), propuso un modelo totalmente heliocéntrico. Diecisiete siglos habrían de pasar para que la imagen de los planetas girando alrededor del Sol volviera a aparecer.

No obstante, en la época en que se publicó la obra de Copérnico resultaba difícil que los científicos lo aceptaran. Muchos consideraron que se trataba sólo de un artificio para calcular los movimientos de los planetas. Su teoría también levantó una tormenta de protestas de otro tipo. La idea de que el Sol, generoso creador de luz y calor, debía ser el soberano de los planetas más pequeños, era totalmente contraria a las enseñanzas religiosas occidentales. El propio Copérnico, consciente de la polémica que generarían sus ideas, quiso que el libro se publicara estando en su lecho de muerte y dedicó el mismo al Papa. Más tarde, la Iglesia católica colocaría la obra en su lista de libros prohibidos.

Con esta imagen Thomas Digges sugiere una de las más profundas transformaciones en la historia del pensamiento científico. La esfera de las estrellas fijas, que hasta entonces siempre había encerrado el Universo entero, se quebranta; las estrellas parecen salirse de los bordes de la página. Por primera vez se representa un Universo no terminado, infinito y poblado de estrellas.

Durante los siglos XVI y XVII hubo un intenso debate entre los do sistemas del mundo, copernicano y ptolemaico. En ambos casos el Universo todavía se encontraba limitado por una única esfera externa formada por las estrellas. Sin embargo, algunos astrónomos como Thomas Digges y Giordano Bruno empezaron a imaginar las estrellas como otros soles poblando un Universo infinito. De alguna manera, comenzaba a resquebrajarse el sistema imperante hasta ese momento. Las estrellas no estaban necesariamente dispuestas sobre una esfera, sino que se encontraban a distintas distancias de la Tierra; el Universo ya no podía concebirse como finito. Por defender esta idea, demasiado avanzada para su tiempo, Bruno perecería en la hoguera.

Astronomía nova. La cuadratura del círculo

El sistema copernicano, mucho más simple y superior a todos los precedentes, no estaba libre de defectos. Copérnico compartió el apego al prestigio de las formas perfectas del círculo y la esfera, y representó el sistema solar con órbitas circulares y con distancias respectivas bastante equivocadas. En conjunto, la visión copernicana no tuvo un impacto inmediato. Pasó casi un siglo para que científicos de la talla de Galileo Galilei, Johannes Kepler e Isaac Newton completaran la revolución astronómica liberando a la astronomía de los residuos geocéntricos.

El Sol irradia con su luz todo el Universo. La Tierra y el globo sublunar, constituido por los cuatro elementos, gira alrededor del Sol dejando en su interior las órbitas de Mercurio y Venus. Júpiter está representad, además, con los cuatro satélites descubiertos por Galileo en 1610. Y el octavo cielo se representa con las doce figuras zodiacales.

Gracias al telescopio de Galileo se inició una era de descubrimientos y observaciones que elevó progresivamente el conocimiento del Universo. Lo primero que Galileo observó fue la Luna. Ya no parecía un disco perfectamente liso, sino que tenía montañas y estaba llena de cráteres. A continuación dirigió su telescopio a Júpiter y avistó cuatro lunas (que hoy son 12). De modo que los cuerpos celestes no giraban exclusivamente alrededor de la Tierra. Y por último, volvió su telescopio hacia el Sol y descubrió manchas en su superficie que cambiaban de forma y posición. Las observaciones con el telescopio demostraban que los cielos no eran inmutables e indestructibles, y que toda la materia debería ser la misma en todas partes. Había comenzado la astronomía moderna.

Pitágoras, Platón, Ptolomeo y todos los astrónomos cristianos, daban por sentado que el círculo era la forma geométrica más perfecta. Fiel a esta convicción, Kepler relacionó las órbitas de los planetas con los sólidos regulares, como plasmó en su obra Mysterium Cosmographicum (a la izquierda) y con los acordes musicales, idea que fue compartida por muchos, entre ellos Robert Fludd (imagen de la derecha) que representó el Universo entero atravesado por un instrumento musical con una sola cuerda afinado, claro, por la mano divina.

Sin embargo, la geometría circular seguía ofreciendo una imagen de perfección y de esplendor cósmico que nadie estaba dispuesto cuestionar. El Cosmos parecía estar dotado de un “concierto admirable” conseguido mediante movimientos regulares, órbitas circulares y proporciones armoniosas. Muchos científicos siguieron empeñados en hacer encajar las piezas de la maquinaría celeste y creyeron ver correspondencias y analogías según las creencias de los antiguos matemáticos griegos.

El empleo del telescopio reveló que muchos objetos celestes estaban formados en realidad por muchas estrellas. En la imagen está representado el sistema solar con sus planetas, la Luna, los satélites de Júpiter y de Saturno. No sólo el Sol está rodeado por planetas que orbitan en elipses, sino también todas las estrellas que forman 'otros mundos'. En la parte inferior discuten las figuras de Ptolomeo, Copérnico, Keplero y Tycho Brahe.

Destacan los esfuerzos de Johannes Kepler quien relacionó los seis planetas conocidos hasta el momento (Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter y Saturno) con los cinco sólidos regulares o “platónicos”. De esta forma, cada uno de los polígonos regulares, inscritos o anidados uno dentro del otro, determinaban las distancias del Sol a los planetas. Fiel a su visión, Kepler también creyó ver la prueba irrefutable de la perfección celeste en la “música de las esferas”, un concepto pitagórico que sostenía que las esferas de los planetas emitían sonidos que combinados producían una música armónica. Kepler tuvo la convicción de que la velocidad de cada planeta correspondía a ciertas notas de la escala musical latina.

Finalmente, los descubrimientos de nuevos planetas como Urano y Neptuno, así como de las lunas de Júpiter, y el aumento en la precisión de las mediciones hizo comprender a Kepler que la fascinación por el círculo había sido un engaño. Advirtió que los planetas no describen círculos alrededor de la Tierra a velocidad constante, sino que se mueven alrededor del Sol describiendo ‘elipses’ a velocidad variable. Roto el hechizo del círculo, las elipses de Kepler dejaban un misterio por resolver. ¿Qué es lo que mueve a los planetas? La solución llegó unos pocos años después, cuando Isaac Newton publicó su famosa teoría de la gravitación. Su obra culminaba la revolución científica iniciada por Copérnico y proporcionaba el fundamento científico de la moderna visión del mundo.

Este texto pertenece al catálogo de la exposición “Cosmovisiones” del Instituto de Astrofísica de Canarias. (Versión .pdf)

Relatividad: ciencia y estética

Vídeo de divulgación donde se explican las cuestiones más básicas de la teoría de la Relatividad, así como otros aspectos de la vida de Albert Einstein. Mereció el Premio especial en el Pirelli Relativity Challenge 2005, concurso organizado por el festival anual de divulgación Pirelli International Award. Realizado por Iván Jiménez e Inés Bonet

Pocas teorías científicas han tenido tanta repercusión en la cultura y en las artes como la teoría de la relatividad de Einstein. No sólo significó una ruptura en el ámbito científico al cambiar las bases de la mecánica clásica de Galileo y Newton en las que se había asentado la física a lo largo de cuatro siglos, sino que modificó el curso del pensamiento occidental. Ortega y Gasset dijo al respecto: “la teoría de Einstein es una maravillosa justificación de la multiplicidad armónica de todos los puntos de vista. Amplíese esta idea a lo moral y a lo estético y se tendrá una nueva manera de sentir la historia y la vida”.

A pesar de la incomprensión inicial de una teoría ciertamente compleja, las nociones acerca de la percepción de la realidad que introdujo la relatividad tuvieron inmediatamente su correlato en el discurso artístico. Estas ideas lograron su máxima expresión con las vanguardias que recurrieron a una visión subjetiva de la realidad y a la destrucción o distorsión del espacio y el tiempo. Los objetos perdieron la nitidez, se hicieron más difusos y la realidad pasó a representarse desde múltiples referencias o puntos de vista.

No es casualidad que dos años después de que Einstein presentara al mundo su teoría de la relatividad, Picasso pintara “Las señoritas de Avignon”, obra que rompió los confines de la perspectiva visual al sintetizar todos los puntos de vista en uno. También Dalí acogió las implicaciones del espacio-tiempo relativista cuyas explicaciones escuchó en la visita que el físico hizo a la Residencia de Estudiantes en 1923. Aquella semilla científica germinará en su obra “La persistencia de la memoria”, donde Dalí pinta la deformación del tiempo, la cuarta dimensión de Einstein, representada con diversos relojes blandos y maleables que consideró premonitorios de la nueva física que se avecinaba.

La relatividad es un ejemplo más de cómo los fenómenos científico-técnicos han influido en el arte en distintas épocas. Por ello, la ciencia debe aprender a aprovechar la capacidad de captación y acercamiento del arte para trasmitir fragmentos del saber desconocidos e inaccesibles. Con él la divulgación científica se hace interesante, hermosa y enriquecedora. Este fue el objetivo del presente audiovisual: aprovechar la conjunción de luz, color y sonido de este medio de creación artística para intentar explicar las cuestiones más básicas de la relatividad.

Continuación:

“El otro legado de Einstein” (Vídeo sobre el efecto fotoeléctrico y el movimiento browniano)

Dalí: el Universo en su reverso

Como un moderno personaje renacentista, el artista de Figueres creía firmemente en la concurrencia entre la causa surrealista y la ciencia. Su obra es un maravilloso recorrido por los avances científicos del siglo XX.

Como un moderno personaje renacentista, el artista de Figueres creía firmemente en la concurrencia entre la causa surrealista y la ciencia. Su obra es un maravilloso recorrido por los avances científicos del siglo XX.

Dalí fue un artista de muchas inquietudes. En especial, se sintió fascinado por la ciencia, cuyos descubrimientos alimentaron su creatividad, sus reflexiones, escritos y, sobre todo, su obra. Como un moderno personaje renacentista, el artista de Figueres creía firmemente en la concurrencia entre la causa surrealista y la ciencia. Su obra es un maravilloso recorrido por los avances científicos del siglo XX. El pintor catalán trató disciplinas como la cuántica, la física nuclear, la relatividad, la genética, la geología, la geometría, la psicología y la óptica.

Dalí utilizó el lenguaje científico con rigor y como culto a la objetividad. Aprovechó la capacidad de la física y las matemáticas de ver más allá de los objetos visibles y del mundo tangible para explorar en sus obras nuevas dimensiones que superasen la realidad cotidiana. Según él, la ciencia era, además de una fuente de inspiración inagotable, una de las vías para llegar a la inmortalidad e incorporó plenamente a sus pinturas un mundo basado en las leyes de la relatividad y la incertidumbre cuántica. De hecho, creó un método basado en un discurso científico para explicar el funcionamiento de su proceso creativo: el método paranoico-crítico.

Ávido lector de publicaciones científicas, hasta su muerte estuvo suscrito a revistas especializadas y poseía una amplia biblioteca de libros de física, biología y matemáticas repletos de sus propias anotaciones en los márgenes. El interés que demostraba por cada teoría emergente le valió la amistad de muchos científicos, que ayudaron y asesoraron al pintor en la realización de sus obras y admiraron la poderosa intuición del artista. “Todos mis cuadros, la gente se ríe al verlos por primera vez, pero después de casi 12 años, todos los científicos reconocen que cada una de estas pinturas es una auténtica profecía”, declaró.

Tras su imagen frívola y provocadora se escondía un creador seriamente involucrado con los avances de la ciencia y sus implicaciones sociales. Para Dalí no había nada más sugerente que la realidad: “es evidente que existen otros mundos, pero esos otros mundos están en el nuestro, residen en la Tierra”.  El pintor no sólo encontró en la ciencia el impulso poético que necesitaba, además de una religión y una manera de trascender, sino que llegó a sentenciar: “los pensadores y literatos no pueden aportarme absolutamente nada y los científicos todo, incluso la inmortalidad del alma”.

La relatividad del inconsciente
Dalí estuvo especialmente influenciado por las teorías de dos grandes pensadores del siglo XX, Freud y Einstein. De este último, Dalí acoge las implicaciones del espacio-tiempo relativista cuyas explicaciones escuchó en la visita que el físico hizo a la Residencia de Estudiantes en 1923. Aquella semilla científica germinará en su obra “La persistencia de la memoria” (1931), donde Dalí pinta la deformación del tiempo, la cuarta dimensión de Einstein, representada con diversos relojes blandos y maleables que consideró premonitorios de la nueva física que se avecinaba.

En cuanto a Freud, incorporó el psicoanálisis y utilizó sus teorías para penetrar en el inconsciente científicamente. Dalí escribió: “Freud es mi padre”. De hecho, en 1938, llegó a entrevistarse con él en Londres. El artista, fascinado por todo lo invisible, intentó plasmar en sus pinturas el mundo del inconsciente, el universo sumergido según el padre del psicoanálisis. Dalí siempre tenía a los pies de su cama un caballete con un lienzo preparado para plasmar las ensoñaciones que recordaba tras despertar. Manifestó: “yo trabajo constantemente en el momento de dormir; mis mejores ideas vienen de mis sueños y la actividad más ‘daliniana’ se produce mientras duermo”.

La firma de Salvador Dalí se inspira en una imagen científica: la fotografía estroboscópica de la caída de una gota de leche tomada por Harold Edgerton.

La firma de Salvador Dalí se inspira en una imagen científica: la fotografía estroboscópica de la caída de una gota de leche tomada por Harold Edgerton.

Dalí mezcló los elementos psicoanalíticos con aspectos del campo de la percepción. En especial, añade algunos fundamentos de la psicología de la Gestalt que estudió, desde principios del XX, los fenómenos fisiológicos y psicológicos que subyacen en la percepción y la relación del sujeto con el medio. Manipulando la imagen, Dalí logra en su obra hacernos partícipes de un delirio perceptivo, una “ilusión óptica” según la Gestalt, de forma que lo que vemos es tangible e imposible de contradecir.

El engaño de los sentidos
La primera de las pasiones científicas de Dalí fueron las dobles imágenes. Intrigado por el engaño de los sentidos, experimentó con representaciones de objetos que conforman, a la vez, otros totalmente distintos. La primera doble imagen que pinta es “El hombre invisible” (1929). Fueron varios los orígenes de esta obsesión por la metamorfosis perceptiva: por un lado, el ensayo de Freud sobre el cuadro de Leonardo da Vinci “Santa Ana, la virgen y el niño” (1517), donde aparece un buitre entre los pliegues del ropaje; y por otro, el célebre “Tratado de la Pintura” (1651) del mismo Leonardo, donde instaba a los artistas a encontrar figuras reconocibles en las manchas o contornos informes de paredes sucias o nubes.

Otra de las inquietudes de Dalí fue la tridimensionalidad, que le condujo a combinar su técnica artística con la tecnología científica más destacada del momento. La primera de ellas fue la representación estereoscópica que descubre a través de las telas de Gerard Dou, artista holandés contemporáneo de Vermer, al comprobar que había realizado dos versiones, apenas distintas entre sí, de muchas de las escenas que retrató. Siguiendo esta idea, en “El Cristo de Gala” (1978) pintó dos cuadros casi idénticos para lograr la visión en tres dimensiones al superponerlos, y en “La armonía de las esferas” (1979) consigue su primera obra estereoscópica en un solo elemento. Al mismo tiempo, Dalí trabaja con la lente de Fresnel, un instrumento óptico ensayado por la NASA para ver imágenes en relieve.

Posteriormente, el artista creyó encontrar en la cuarta dimensión una salida al estancamiento del mundo del arte. En 1971, año en que Dennis Gabor recibió el Premio Nobel por sus trabajos sobre el láser, Dalí se interesa por la holografía, y un año después realiza la primera exposición de hologramas en Nueva York con asesoramiento del propio científico. En la introducción del catálogo de la muestra, Dalí explica: “Gracias al genio de Gabor, la holografía ha hecho posible el renacimiento del arte y las puertas de un nuevo espacio creativo se han abierto ante mi”.

Tampoco dejó de lado otros avances en el mundo de la imagen. Valoraba con interés las películas y la fotografía científicas coetáneas. De tal forma, el cine fue otro de sus medios de expresión el cual consideraba capaz de expresar la violencia de las emociones humanas mucho mejor que la quietud y la cristalización de la pintura. Y transformó la representación de la fotografía estroboscópica de la caída de una gota de leche, tomada por el ingeniero Harold Edgerton en 1936, en la corona con la que remataba su firma.

La estética de los números
Dalí llevó acabo en sus obras un extraordinario desarrollo de las matemáticas. Como los maestros clásicos, aplica el conocimiento científico al equilibrio de las composiciones. En especial, gracias a los consejos del matemático húngaro Matila Ghyka, obtuvo un gran dominio de la Regla Áurea, una proporción que ya conocían los griegos y que se encuentra en la naturaleza. Es el caso del cuadro “Semitaza gigante volante, con anexo inexplicable de cinco metros de longitud” (1945) donde una espiral áurea controla toda la composición.

El hipercubo fue una de las grandes intuiciones de Dalí que, adelantándose en 20 años a la representación matemática de Thomas Banchoff, muestra a Jesús crucificado sobre una cruz de cuatro dimensiones formada por ocho cubos unidos por sus caras.

El hipercubo fue una de las grandes intuiciones de Dalí que, adelantándose en 20 años a la representación matemática de Thomas Banchoff, muestra a Jesús crucificado sobre una cruz de cuatro dimensiones formada por ocho cubos unidos por sus caras.

Pero Dalí fue mas allá del uso técnico de las matemáticas y las incorporó como forma de expresión artística. Usó figuras abstractas como el cubo, la esfera o el dodecaedro, junto con otras casi inéditas en arte, como el hipercubo, un objeto de cuatro dimensiones, inimaginable salvo para los matemáticos, que el pintor utilizó en su cuadro “La crucifixión” (1954) o “Corpus Hypercubus”. El dibujo se adelantó en 20 años a la representación matemática de Thomas Banchoff que en 1975 publicó un artículo en el Washington Post ilustrado con la obra de Dalí. Desde entonces el científico y el artista mantuvieron una estrecha colaboración.

En cierta ocasión, preguntado en qué consistía su método paranoico-crítico, respondió: “en el método no hay nada de ensoñación sino topología trascendental”. Así, en muchos cuadros, los objetos (relojes, rostros, partes de cuerpos humanos o animales) experimentan cambios y deformaciones por medio de transformaciones topológicas, como en “Desintegración de la persistencia de la memoria” (1952-54), donde Dalí descompone las imágenes de su famosa pintura de los relojes.

Estos conocimientos en Topología Diferencial y Sistemas Dinámicos llevaron a Dalí a interesarse por la Teoría de las Catástrofes del matemático René Thom, quien obtuvo por ella la Medalla Field, equivalente al Premio Nobel. La teoría desafió el mundo científico al proponer una nueva manera de considerar todas las transformaciones que se producen de manera imprevista. Esta idea influyó en Dalí hasta el punto de que adaptó su firma para convertirla en una ecuación, como en “El rapto topológico de Europa” (1983), que materializa la idea de la evolución del continente europeo desde la teoría del creativo matemático.

Dalí escribe en 1985: “no se puede encontrar una noción más estética que la última Teoría de las Catástrofes de René Thom, que se aplica tanto a la geometría del ombligo parabólico como a la deriva de los continentes; la Teoría de René Thom ha encantado todos mis átomos desde que la conocí”. Y bajo sus influjos no dejó de crear, inspirando una particular caligrafía en el “Tratado de escritura catastrofeiforme” (1982) o formando parte de sus cuadros, como en “La cola de golondrina” (1983) donde aparece la ‘arista de retroceso’ de una superficie.

Pero Dalí fue todavía más lejos. Utilizará sistemas autorreferenciales y estructuras fractales en pinturas como “El rostro de la guerra”, (1940). Otras, como “La calavera de Zurbarán” (1956), contienen ilusiones ópticas basadas en un cubo de Necker y de Koffka. También, la espiral será un elemento fundamental. En “Figura rinoceróntica del Alisios de Fidias” (1954) o en “Retrato de Gala con síntomas rinocerónticos” (1954) relaciona las espirales logarítmicas con los cuernos de rinocerontes. Dalí, además, utilizó la teoría de la simetría y la combinó con un tipo específico de ambigüedad antisimétrica, tal y como ocurre en su “Aparición de rostro y frutero en una playa” (1938), donde casi todos los detalles tienen doble significado y la misma pintura representa un paisaje o la figura de un perro.

La doble hélice
El 25 de abril de 1953 se publicaba en la revista Nature un artículo, de poco más de una página, que causaría un gran impacto en la comunidad científica. El texto, escrito por un joven biólogo estadounidense de 24 años, James Dewey Watson, y un físico británico de 36 años que no había acabado su tesis doctoral, Francis Harry Compton Crick, explicaba la hipótesis de que el ADN, responsable de la transmisión del código genético, tenía una hermosa estructura de doble hélice. En poco tiempo, esta imagen se convirtió en un icono e impresionó profundamente a Dalí que la utilizó en su obra pictóricas como un elemento para pervivir en el tiempo, ya que consideraba el ADN como la clave de la inmortalidad.

Para el artista, tanto la estructura del átomo como el ADN configuraban una realidad que no podíamos percibir con los sentidos, realidades ocultas como la de los sueños. Así, en “Galacidalacidesoxyribonucleicacid” (1963), combinación de les palabras Gala, Dalí y ácido desoxirribonucleico, la doble hélice aparece junto con Gala, que es observada por la molécula de la sal, formada por hombres que se apuntan con fusiles. En “Representación del ADN” (1971) y “El ácido desoxirribonucleico y la escalera de Jacob”(1975) se reproduce el ácido desoxirribonucleico desde la óptica surrealista; a la estructura helicoidal le incorpora una historia bíblica: el sueño de Jacob con una escalera que llega hasta el cielo por donde bajan y suben los mensajeros de los dioses.

Dalí también dedicó una obra a Watson y Crick e incluyó las fotografías de ambos científicos con las inscripciones ‘Watson: a model builder’ y ‘Crick: Life is a three-letter word’ en “Hommage à Crick et Watson” (1963). La molécula aparecerá en otras muchas obras como “Árabes acidodesoxirribonucleicos” (1963), “La estructura del ADN” (1975) o “Paisaje de Mariposa. El gran masturbador en paisaje surrealista con ADN” (1957-58).

La mística nuclear
En 1940 Dalí se interesa por la teoría cuántica de Max Planck. Estaba fascinado por la física de partículas ya que permitía conocer los misterios insondables de la materia al igual que las teorías de Freud desvelaban el yo más escondido. En este año pinta la obra “Mercado de esclavos con la aparición del rostro de Voltaire” (1940), que finaliza la etapa surrealista. Y en 1945, aterrorizado por la explosión atómica de Hiroshima, inicia su periodo nuclear con el cuadro apocalíptico “Idilio atómico y uránico melancólico” (1945).

Desde entonces, Dalí aprovechará en sus obras, en sentido metafórico, los descubrimientos científicos relativos a la desintegración de la materia y a la liberación de la energía. Los objetos se descomponen en partículas que flotan en el espacio en un estado de aparente inmovilidad provocado por fuerzas de atracción y repulsión recíprocas, observable en obras como “Equilibrio interatómico de una pluma de cisne” (1947), “Las tres esfinges de Bikini” (1947) o “Desmaterialización de la propia nariz de Nerón” (1947).

El cuadro se estructura según la proporción Áurea que fue calculada siguiendo las directrices del matemático Matila Ghyka. En el boceto de 1947 se advierte la meticulosidad del análisis geométrico realizado por Dalí basado en el pentagrama místico pitagórico.

El cuadro se estructura según la proporción Áurea que fue calculada siguiendo las directrices del matemático Matila Ghyka. En el boceto de 1947 se advierte la meticulosidad del análisis geométrico realizado por Dalí basado en el pentagrama místico pitagórico.

La pintura corpuscular desembocará en la mística nuclear, una vuelta a la pintura religiosa mediante la nueva dimensión de la realidad y la materia descrita por la física moderna. “Deseaba ver y comprender las fuerzas y las leyes ocultas de las cosas, evidentemente para llegar a dominarlas”, comentó. “Mi genio intuitivo me dice que yo poseo un medio excepcional para penetrar en el corazón de las cosas: el misticismo”. Según él, la ciencia era una prueba de la existencia de Dios y la existencia de Dios era una prueba de la fuerza de la ciencia.

Dalí sigue pintando la fragmentación de la materia, pero incorpora elementos de la tradición religiosa. El pintor utilizará la tensión superficial, la fuerza de origen atómico que impide que dos materiales se mezclen, en “La Madonna de Portlligat” (1949), donde nada toca a nada, y para divinizar a su mujer Gala en “Leda atómica” (1949), obra que requirió un gran desarrollo matemático y el estudio del “Tratado de la divina proporción” del matemático renacentista Luca Pacioli. También, cautivaron al artista las esferas que representan a los átomos en los manuales de física, y en “Galatea de las esferas” (1952) muestra a su musa compuesta por multitud de átomos.

Sentía, además, fascinación por los grandes aceleradores de partículas que bombardeaban la materia y lo utilizó de inspiración en la creación de lo que llamó ‘la pistola cuántica’, un trabuco de época cargado de tinta que aplicará para realizar las litografías que ilustraron la Divina Comedia de Dante. El autor llegó a la necesidad de plasmar las antipartículas, trabajo que inicia con “La Asunción Antiprotónica” (1956), donde plantea que la Asunción de la Virgen no es consecuencia de la fuerza de la oración, sino de la fuerza de sus antiprotones.

Pero Dalí, sobre todo, admiraba la figura de Werner Heisenberg, el físico que anunció el Principio de Incertidumbre según el cual la propia presencia del observador determinaba la observación, lo que el pintor consideraba absolutamente surrealista. En 1958, Dalí escribe el texto “Manifiesto Antimateria”, en el que declara: “quiero encontrar la manera de transportar mis obras a la antimateria. Se trata de la aplicación de una nueva ecuación formulada por el doctor Werner Heisenberg (…) Esta es la razón de que yo, que sólo admiraba a Dalí, comience a admirar a este Heisenberg que se parece a mí”.

La nueva cultura
En los últimos años de su vida, en 1985, el Museo Dalí de Figueres acogió una reunión científica de alto nivel bajo el título “Cultura y Ciencia: determinismo y libertad” en el que asistieron físicos, matemáticos y artistas. El enfermo y anciano Dalí siguió con atención desde su habitación toda la jornada a través de un circuito de televisión interno y durante el simposio se entrevistó personalmente con la algunos de los científicos asistentes, entre ellos sus dos amigos, René Thom e Ilya Prigogine, a quienes pidió que reconciliaran sus diferencias científicas “en el nombre de Schrodinger”.

Pero ésta no fue la última anécdota de Salvador Dalí respecto a la ciencia. El día de su muerte, en 1989, dejó en su mesilla de noche varios libros, entre ellos, “La breve historia del tiempo” de Stephen Hawking, “La geometría del arte y la vida” del matemático Matila Ghyka y “¿Qué es la vida?” del físico Erwin Schrodinger. Sin duda, unas lecturas muy singulares para cualquier artista, pero no para Dalí quien, en 1979, con motivo del ingreso en la Académie des Beaux-Arts del Instituto de Francia, a la pregunta del porqué de su interés por la ciencia, respondió: “porque los artistas no me interesan nada. Creo que los artistas deberían tener nociones científicas para caminar sobre otro terreno, que es el de la unidad”.

Dalí fue pionero en el diálogo entre las humanidades y las ciencias: “lo desgraciado de nuestros días es la monstruosa especialización de cada ciencia; o sea, el que sabe de física no sabe de pintura, el pintor no sabe de física, el biólogo muy poco de física, todo está demasiado especializado”. El artista siempre fue consciente de los logros de la ciencia y se sintió responsable de sus implicaciones. “Estamos asistiendo al progreso casi monstruoso de la civilización, sin ningún tipo de síntesis”, afirmó. Por ello, quiso volver a agrupar ambos mundos, tal y como lo había hecho Leonardo en el Renacimiento: “yo soy el salvador de la pintura”.

Lamentablemente, su disfraz de bufón exhibicionista que le dio dinero y fama eclipsó la lectura científica de su obra. Él era consciente de ello: “si no organizara estos espectáculos y dijera disparates, interesaría mucho menos como pintor”. Loco o visionario, la ciencia que le acompañó toda la vida tiene mucho que aprender de sus lienzos. Dalí sabía que no hay mayor recurso creativo que poner la realidad patas arriba. Y ese es el impulso poético que convendría recuperar para la ciencia: que los matemáticos piensen en física, los físicos en biología, los biólogos en arte y los artistas en matemáticas; ver, por un instante, el Universo en su reverso.

Este artículo fue publicado en el diario “La Opinión de Tenerife” (Versión .pdf ) y recibió una Mención Honorífica en los Premios Prismas Casa de las Ciencias a la Divulgación 2006

Números y garabatos

Son muchos los ejemplos de cómo los fenómenos científico-técnicos han influido en el arte en distintas épocas. Los descubrimientos en antropología, en matemáticas o la física cuántica, han tenido influencia en algunas corrientes de las artes plásticas. Desde el sistema de perspectiva geométrica utilizado por los artistas renacentistas, hasta la revolución científica de principios del siglo XX que inspiró a las vanguardias artísticas, pasando por las teselaciones del arte islámico, la proporción áurea o la geometría fractal, la evolución de las artes aplicadas no ha sido ajena al conocimiento científico. Sirvan estos casos como ejemplo:

Goethe: el psicólogo del color

Anillo simbólico magnético (1798). J.W. von Goethe

Wolfgang von Goethe (1749-1832) fue un apasionado de la ciencia, aunque esta faceta haya quedado eclipsada por la literaria. Para Goethe, las preocupaciones estéticas y científicas eran una misma cosa. A lo largo de su vida escribió sobre meteorología, botánica, zoología, antropología y geología. Desarrolló una teoría sobre la luz y el color, opuesta a la de Newton, que tuvo escaso éxito desde el punto de vista científico, pero que ejerció una cierta influencia en los comienzos del arte abstracto. Una de sus obras sobre el color, Anillo simbólico magnético (1798), es un cuadro construido con formas de imanes interactuando.

Étienne-Jules Marey: fotógrafo de fluidos

Fencer. Étienne-Jules Marey

Etienne-Jules Marey (1830-1904), fisiólogo, médico, biomecánico e inventor en 1882 de la cronofotografía, base técnica de la cinematografía. Dedicó su vida al estudio del movimiento en todas sus formas: locomoción animal y humana, circulación sanguínea, desplazamientos de objetos o de fluidos, caída de los cuerpos. Los clichés tomados por Marey son imágenes fantásticas que asocian la ciencia al onirismo, la poesía a la técnica, son obras maestras estéticas que pertenecen igualmente a la historia del arte, de la fotografía, de la aeronáutica y de la aerodinámica.

Ernst Haeckel y el paisajismo científico

Art forms in Nature. Ernst Haeckel

Biólogo alemán y ferviente darwinista, las contribuciones de Haeckel (1834-1919) a la zoología fueron una mezcla de investigación y especulación. En 1866 anticipó el hecho de que la clave de los factores hereditarios reside en el núcleo de la célula. Viajó por todo el mundo dibujando especies marinas. Su estudio supera el interés científico. Sus láminas se han expuesto en galerías y editado como catálogos de arte.

Jakson Pollock y los fractales

Jackson Pollock. Foto: Hans Namuth

El análisis computerizado está ayudando a explicar el atractivo de las pinturas de Jackson Pollock (1912-1956). Los famosos goteos y marañas de este artista crean motivos fractales similares a los que árboles y nubes forman en la naturaleza. El análisis de su obra ha ayudado a comprender que existen preferencias visuales por las configuraciones fractales. Sorprendentemente muchos objetos que nos rodean en la naturaleza poseen valores en su configuración fractal situados en el mismo intervalo que sus pinturas.

Los grabados de Escher

Relatividad. M. C. Escher (1953)

Maurits Cornelis Escher (1898-1972) representó conceptos abstractos de las matemáticas a través de metáforas visuales, efectos ópticos y paradojas. Escher conectó arte y matemáticas, y valiéndose de teselas, poliedros, bandas de moebius, nudos y geometrías varias, fue capaz de generar imágenes, formas e ideas de una gran belleza. Inauguró el Op art, uno de los movimientos artísticos que más se relacionan con la investigación científica, al estudiar el color, la influencia de la luz y el movimiento en los cambios cromáticos y su percepción en la retina.

Metzinger, el cubismo y la cuántica

Le Village. Jean Metzinger (1918)

Jean Metzinger (1883-1957) es uno de los más tempranos e influyentes teóricos del cubismo. Estuvo muy interesado en la filosofía de Bergson y las especulaciones sobre las nuevas geometrías (Riemann, Poincaré). Metzinger era un apasionado de las matemáticas y quedó seducido por las explicaciones de Maurice Princet sobre estos asuntos. En 1912 redacta una de las principales fuentes del cubismo, Du Cubisme, una defensa del fundamento matemático de la pintura que quedó liberada de las restricciones de la linealidad. El cubismo podía presentar la realidad desde distintos ángulos. Esta idea se cree que inspiró a Niels Bohr, coleccionista de arte, en su Principio de Complementariedad (1927) que concluyó en la dualidad onda-partícula de la luz y fue base de la ‘Interpretación de Copenhague’ de la mecánica cuántica.

Picasso y la cuarta dimensión

Las señoritas de Avignon. Pablo Picasso (1907)

Pablo Picasso (1881-1973) y Albert Einstein (1879-1955), aunque en ámbitos aparentemente lejanos como el arte y la ciencia, tenían en común la búsqueda de la cuarta dimensión. Ambos estaban preocupados por descubrir la naturaleza del espacio y el tiempo, en particular la naturaleza de la simultaneidad. En 1905 la Teoría de la Relatividad pone de manifiesto la figura del observador y afirma que cada uno tiene su propia visión del mundo. Por su parte Picasso pinta Las señoritas de Avignon (1907), obra que rompió los confines de la perspectiva visual al sintetizar todos los puntos de vista en uno. Se cree que Picasso se inspiró en un libro de geometría de la época en el que encontró la teoría para representar diferentes perspectivas en sucesión.

Kepler y la música del mundo

Mysterium Cosmographicum. Johannes Kepler (1596)

Johannes Kepler (1571-1630) pensaba, en la tradición de los filósofos pitagóricos, que sus leyes debían expresar la armonía musical del cosmos. En su tercera ley, Kepler representó la velocidad angular de cada planeta en un pentagrama musical, la nota más baja correspondía al caso más alejado del Sol y la más alta al más cercano. De hecho, Kepler llegó a componer seis melodías que se correspondían con los seis planetas del Sistema Solar conocidos hasta entonces. Al combinarse, estas melodías podían producir cuatro acordes distintos, siendo uno de ellos el acorde producido al inicio del Universo, y otro de ellos el que sonaría a su término.

El Hombre de Vitruvio. Leonardo da Vinci. 1492

El Hombre de Vitruvio. Leonardo da Vinci (1492)

Leonardo, el sabio total
Leonardo da Vinci (1452 – 1519), uno de los grandes genios del Renacimiento. Buscó el conocimiento en todas sus manifestaciones. Los intereses científicos de Leonardo eran múltiples; la física —representada por la óptica, la mecánica y la hidráulica—, la astronomía, las matemáticas y la geografía; también la biología, con atención principal a la botánica, la fisiología y la anatomía, tanto humana como comparada. Leonardo es también uno de los más grandes artistas de la humanidad; fue el primero en aplicar las leyes de la perspectiva, y creó las técnicas del claroscuro y del esfumato. No deben olvidarse otros intereses, como la música, la fonética, la geología. Leonardo representa la síntesis de la máxima manifestación del espíritu humano, tanto en el arte como en la ciencia y la técnica.

Dalí y la obsesión por la ciencia

La persistencia de la memoria. Salvador Dalí (1931)

El interés de Salvador Dalí (1904-1989) por la ciencia era palpable. Las simbolismos matemáticos ocultos tras la pintura del genio de Figueres, su relación con los pensadores más importantes de su época, como Freud o Einsten, la rigurosa meticulosidad de la geometría en el tratamiento de la perspectiva, son ejemplos de la obsesión del artista por el mundo científico. A través de su obra podemos realizar un recorrido histórico por los acontecimientos científicos del siglo XX. El descubrimiento del ADN, la teoría cuántica, los modelos atómicos o el concepto de antimateria causaron un profundo impacto en Dalí que los utilizó como fuente de inspiración para respaldar sus creaciones.

Duchamp y Poincaré: la geometría no-euclidiana

3 Stoppages Étalon. Marcel Duchamp (1913–14)

El físico y matemático Henri Poincaré (1854-1912), cuestionando la posibilidad de un conocimiento científico objetivo influyó en Marcel Duchamp (1887-1968), artista dadaísta francés, que al leerlo en 1912 inicia un giro en su producción. Duchamp estudia tratados de perspectiva, geometría y matemáticas, y crea un sistema casi científico para incorporar efectos casuales a su obra. En Trois stoppages étalon (1913-14), crea a partir del azar un conjunto de tres hilos de menos de un metro acompañados de sus tres reglas para mostrar que todas las medidas son artificiales. Duchamp produce una matemática ficticia: adopta el rigor del pensamiento científico, pero unido con la indeterminación del azar, como ironía sobre la pretensión de absoluto de la ciencia. Su obra influyó fuertemente en el arte del siglo XX.

Renaissance teams

Cosmic Voyage. Donna J. Cox IMAX

Término creado por Donna J. Cox, del National Center for Supercomputing Application (NCSA), en 1986, para describir la colaboración entre especialistas y artistas a la hora de resolver problemas en el campo de la visualización de datos científicos. La visualización científica implica la traducción mediante un procedimiento informático de valores numéricos en gráficos según una pauta temporal. El artista participa en las distintas fases del proceso; en el diseño, la colaboración, la secuenciación y la edición de las imágenes.

Versión .pdf del artículo publicado en La Opinión de Tenerife