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Ciencia y compás (II): Vuelta en redondo

“Por medios arquitectónicos y gracias a los trazos del compás nos es posible descubrir los efectos del Sol en el Universo”. Marco Vitruvio, ‘De Architectura’

Lo más fascinante del compás es su extrema sencillez. Con tan sólo dos delgadas extremidades a modo de zancos, no sólo podemos trazar círculos perfectos, sino que también obtenemos una posición muy elevada y ventajosa a la hora de hallar el punto medio de un segmento, la bisectriz de un ángulo o trazar perpendiculares y paralelas a una recta por un punto dado.

Los usos del compás son enormes, pero hay quien aún se resiste a sus encantos.  Especialmente desde que hace unos años un profesor canadiense llamado Alexander Overwijk se convirtiera en un fenómeno en Youtube al emular al maestro renacentista Miguel Ángel, según cuenta la leyenda, dibujando a pulso un círculo perfecto en una pizarra y en menos de un segundo. Tras él han sido muchos los que se han unido a esta insensata tarea con toscos métodos.

Pero volvamos a la historia del arte. Como todo en la vida, basta que no busques algo para encontrarlo, así que no he podido evitar tropezar con nuevas representaciones de esta simbólica herramienta. La lista podría hacerse interminable, pero para que no se convierta en una nuevo tipo de trastorno obsesivo, esta será la última entrega dedicada a este grácil soporte de torneados movimientos y trazos circulares.

Bible Moralisée (1215)
De Anónimo

"Bible Moralisée". Österreichische Nationalbibliothek (Viena)

Esta ilustración de estilo gótico perteneciente al frontispicio de Bible Moralisée, una de las más importantes Biblias con imágenes o también llamadas Biblia pauperum (“Biblia de los pobres”). En ella se muestra a Dios creando el Universo a través de principios geométricos.  El compás en este manuscrito es un símbolo de la acción divina, ya que según la tradición medieval existía algo intrínsicamente sagrado y perfecto en la circunferencia. De esta forma, el ser todopoderoso estaba sujeto a las matemáticas y obligado a adaptarse a ella en su labor creadora. Según esta concepción geométrica propia de la antigua Grecia, en la imagen dentro del círculo perfecto ya creado se encuentra dos pequeñas circunferencias que representan el Sol y la Luna. La materia informe restante es lo que más tarde se convertirá en la Tierra, una vez que Dios aplique los mismos principios geométricos y de armonía. La leyenda, en francés antiguo, que acompaña la ilustración lo deja claro: “Aquí creo Dios el cielo y la tierra, el Sol y la Luna y todos los elementos”. Lo sorprendente es observar como, entre la circunferencia trazada por el compás y su interior, el artista intuyó otra forma, la segunda más relevante en la naturaleza después del círculo, la manera más simple de crear complejidad:  el fractal.

Los Elementos (1309–1316)
De Anónimo

"Los Elementos". The British Library (Londres)

Esta ilustración corresponde al frontispicio de la traducción al latín del conocido libro Los Elementos de Euclides que se atribuye a Abelardo de Bath, un estudioso inglés del siglo XII conocido principalmente por haber transcrito a la lengua romana muchas obras científicas árabes de astrología, astronomía, filosofía, alquimia y matemática, así como antiguos textos griegos que sólo se conservaban en la lengua del islam, y que fueron de esta forma conocidos en Europa. Hasta hace relativamente poco tiempo, Los Elementos era el principal libro de texto de la enseñanza de geometría en las escuelas matemáticas europeas. En él Euclides recopiló gran parte del saber matemático de su época aunque su intención era más la de servir como una introducción elemental que de compendio.  Ejerció una gran influencia en los trabajos de científicos como Nicolás Copérnico, Johannes Kepler, Galileo Galilei o Isaac Newton, e incluso el mismo Einstein manifestó que una copia de Los Elementos y un brújula magnética fueron las dos cosas que más le marcaron en su infancia.

Esta imagen del siglo XIV corresponde a un detalle de la letra P. Vemos a una mujer, rodeada por un grupo de estudiantes que parecen monjes, utilizando un compás para medir distancias en un diagrama, mientras que en su mano izquierda sostiene una escuadra. La educación universitaria en Europa fue accesible para algunas mujeres durante el periodo medieval, especialmente, en los conventos. Sin embargo, en la Edad Media era raro que una mujer representara a un profesor, por lo que resulta más probable que se trate de la personificación de la Geometría, basada en el famoso libro de Marciano Capella De Nuptiis Philologiae et Mercurio (siglo V d. C.) que fue el origen del modelo de las siete artes liberales cuya representación alegórica se perpetuó durante siglos.

Artes liberales (1450)
De Pesellino

"Artes liberales", Pesellino. Birmingham Museum of Art (Alabama)

Además de motivos religiosos, una de las especialidades del pintor del quattrocento florentino Francesco di Stefano, también conocido como Il Pesellino (1422–1457),  fueron las pinturas decorativas para paneles y, en particular, para cassone, un tradicional arcón de bodas que gozó de una gran popularidad durante el renacimiento italiano. Las pinturas de este tipo de mobiliario apenas se conservan en su forma original y la mayoría cuelgan de galerías de arte y museos sin hacer referencia a su función original. Era común estas obras las representaciones alegóricas, entre ellas, una de las más utilizadas en la iconografía medieval: las siete Artes Liberales. Este concepto hacía referencia a aquellos estudios que tenían como propósito ofrecer conocimientos generales y destrezas intelectuales, en oposición a las llamadas Artes Manuales o Menores. Comprendían dos grupos de estudios: el trivium ( gramática, retórica y dialéctica)  y el quadrivium (aritmética, astronomía, geometría y música ). Durante la Edad Media, las artes liberales conformaban la parte central del currículo de la enkuklios paideia (“círculo de la educación”) de donde proviene el término “enciclopedia”.

En el lienzo las personificaciones femeninas aparecen de mayor tamaño, sentadas triunfalmente con sus parejas masculinas debajo. Cinco de los siete acompañantes llevan libros y representan a académicos o sabios, ya que sólo los hombres tenían acceso a la educación superior formal. Posiblemente sea Euclides, con el compás, quien acompaña a la Geometría y Pitágoras a la Aritmética. Se consideraba que si bien la Geometría y la Aritmética estudiaban el espacio y el número en estado puro, la Astronomía y la Música eran el estudio del espacio y el número en movimiento. Se pueden notar estos detalles en la sutil y delicada ejecución de Pessellino. Lástima que su temprana muerte a los 35 años pusiera fin a su corta carrera en la historia del arte.

Melancolía I (1514)
De Alberto Durero

"Melancolía I", Alberto Durero. Musée d'Unterlinden (Colmar)

Melancolía I es una de las obras más misteriosas del pintor del Renacimiento alemán  Alberto Durero. Se trata de uno de los tres grabados que componen sus conocidas Estampas Maestras. En la obra destaca una figura provista de alas que parece identificarse con un ángel. Apoya su cabeza en una de sus manos mientras con la otra sostiene un compás.  Entre una gran variedad de elementos símbólicos, podemos observar instrumentos científicos y técnicos que pertenecen en su mayor parte a las artes de la carpintería y la arquitectura, tales como una sierra, una regla, clavos, etc. Descubrimos además herramientas de medida como una balanza y un reloj de arena, y un “cuadrado mágico”, en el que la suma de las celdas da siempre 34.  También dos objetos geométricos algo desconcertantes llaman la atención: una esfera de madera y un poliedro de piedra truncado.

La interpretación más extendida sostiene que el grabado de Durero alude al carácter melancólico de la teoría clásica de “los cuatro humores”, según la cual el ser humano estaba influido por cuatro fluidos o “humores”: sanguíneo, colérico, flemático y melancólico. De esta forma, la imagen personifica la melancolía de aquellos que equipados de los instrumentos del arte y de la ciencia son incapaces de alcanzar la perfección. Llegó a manifestar al respecto: “En cuanto a la Geometría, puede demostrar la verdad de algunas cosas; pero en lo que atañe a otras hay que contentarse con la opinión y el juicio de los hombres”. Hay quien considera que se trata de un autorretrato de Durero, un reflejo de su personalidad reflexiva.

Detalle del cuadro donde aparece un cometa y un arcoiris como representación de la Astronomía

Curiosamente, durante el Renacimiento se reivindicó la figura del melancólico como reflejo de la genialidad y la creatividad del artista. Durero personifica claramente esta idea. Su padre era orfebre, lo que facilitó su conocimiento de técnicas e instrumentos. Como humanista, las matemáticas eran para él una exigencia en el arte y se convirtió en un autor erudito que colaboraba con estudiosos y científicos y participaba en los movimientos intelectuales de la época. Decía Durero que el arte sin conocimiento era “una mezcolanza fortuita de imitación irreflexiva, fantasía irracional y práctica ciegamente aceptada”.

Arquitectura (1600)
De Giambologna

"Arquitectura", Giambologna. Bargello Museum (Florencia)

El escultor renacentista Juan de Bolonia, conocido como Giambologna, fue autor de varias de las figuras más famosas de la historia del arte sobre temática mitológica. Entre ellas se encuentra esta personificación de la Arquitectura, representada como una hermosa joven que sostiene en su mano derecha la escuadra, el compás y el transportador de ángulos, y lleva como collar una plomada, instrumento para señalar líneas verticales. La elegancia, la ligereza y el cuidado equilibrio de esta estatua la convierten en una excelente muestra del estilo personal desarrollado por Giambologna que supuso la transformación del complejo manierismo iniciado por Miguel Ángel hacia la escultura barroca de Bernini. Aunque nació en Flandes, estudió y trabajó en Italia donde realizó sus mejores trabajos. Llegó a ser uno de los escultores más importantes de la corte de los Médici, quienes nunca permitieron que abandonara Florencia por miedo a que la Casa de Austria o los Habsburgo de España le ofrecieran trabajo permanente. Al menos ellos no se permitireron la fuga de talentos.

Arquímedes pensativo (1620)
De Domenico Fetti

"Arquímedes pensativo", Domenico Fetti. Art museum Alte Meister (Dresden)

Esta obra pertenece al pintor barroco italiano Domenico Fetti. Como mandaba la tradición barroca y su galería de seres llamados filósofos, Arquímedes aparece vestido humildemente como un personaje cotidiano, pero encerrando en su sencillez una mente lúcida y reflexiva. La atención de la figura se centra en el rostro pensativo, cargado de naturalismo, y en sus manos. Instrumentos de medición como el compás, la escuadra y un reloj de arena, así como un espejo, algunos libros y unos papeles complementan a modo de bodegón la zona inferior del lienzo y crean diferentes planos de profundidad. La penumbra del fondo y el foco de luz procedente de la izquierda resalta la figura y contrasta el blanco de los papeles dotando a la composición de mayor perspectiva en clara influencia de los caravagistas romanos. El estilo de Fetti fue evolucionando a lo largo de su obra haciéndose más pictórico y colorido, al modo de la pintura barroca flamenca liderada por Rubens. A pesar de su temprana muerte a los 34 años, ejerció una importante influencia entre algunos pintores de la época.

Y con esta reflexiva imagen acabamos nuestro especial de Ciencia y Compás. Animo a los lectores de este post a que compartan cualquier pintura, ilustración, fotografía o vídeo relacionados con esta temática.
¡A trazar círculos y redondeles!

César Portela, aquitecto de estrellas

Entevista al arquitecto nacido en Pontevedra, César Portela. En su trabajo afirma sentirse inspirado por el cielo estrellado y tener muy presente la iluminación natural, considerando las estrellas como fuentes de luz que deben integrase al diseño de edificios y construcciones. Reivindica la arquitectura tradicional como pionera en entender las relaciones entre el Universo, el espacio y la tecnología.

Arquitecto nacido en Pontevedra. Estudió en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid y Barcelona. Ha recibido multitud de reconocimientos y distinciones, entre los que destaca el Premio Nacional de Arquitectura Española, en 1999.

¿Qué debería copiar nuestra arquitectura y el urbanismo de la arquitectura celeste del Universo?
Muchas cosas: la naturalidad, la verdad, la eficiencia. El Universo es una fuente inagotable de inspiración; deberíamos copiar su complejidad y al mismo tiempo su sencillez. Las cosas sencillas no significan que sean simples. El Universo es sencillo pero complejo al mismo tiempo.

En muchas culturas de la antigüedad la arquitectura estaba influenciada por el cielo estrellado. ¿En que momento y por qué la arquitectura se aleja de la astronomía?
El avance en otros campos de la tecnología nos distrajo de cosas fundamentales. En el camino los arquitectos perdimos de vista algo tan esencial como el tratamiento natural de la calefacción y la refrigeración de los edificios, y el contacto con la luz natural y de las estrellas. En el caso de la iluminación, arquitectura y luz han ido siempre de la mano a lo largo de la historia y es un factor esencial en la configuración del espacio arquitectónico. La luz sirve para iluminar los objetos que nos rodean y a nosotros mismos. Le Corbusier decía que la arquitectura es un juego de formas, de volúmenes y de texturas bajo la luz. Los arquitectos jugamos con la luz, aunque tal vez sea la luz la que juegue con nosotros.

¿Estamos actualmente iluminando bien?
Un amigo director de cine decía que en una película era casi tan importante el iluminador como los actores: no hay nada peor que un gesto mal iluminado. El manejo de la luz artificial es fundamental. En el campo de la arquitectura muchas veces se cambió la calidad de la luz por la intensidad. Fue un pretendido logro de este mundo desarrollista en el que estamos viviendo donde importa más el crecimiento que la calidad. En la arquitectura actual echo en falta la investigación y el matiz en conseguir iluminaciones de calidad.

De hecho, hemos condenado a la naturaleza al insomnio. ¿Cómo puede la arquitectura recuperar la mirada al cielo?
Yo recuerdo una noche en el patio de La Alhambra donde la arquitectura y la luz de las estrellas me provocaron una sensación inolvidable. Ese recogimiento que uno tiene cuando la luz desciende y se une el silencio y la noche estrellada es fundamental de recuperar. Es casi imposible recordar historias de amor en la literatura que no se produzcan bajo el efecto de la luz de las estrellas. Son momentos en los que la oscuridad y la contemplación extreman las emociones.

Tú propones una transformación positiva del territorio en cuanto dialogo con el paisaje y con la conciencia o la herencia cultural del lugar. ¿Cómo consigues un compromiso viable entre lo técnico y el paisaje?
No sintiéndome prepotente y tendiendo siempre en cuenta dónde sitúo mi arquitectura y para qué gente es esa arquitectura, intentando lograr a su vez la mayor belleza posible. Yo creo que hacer algo bello cuesta igual que hacer una cosa fea y mala. Cuando pintas una casa, cuesta igual el kilo de color acertado que el kilo de color desacertado. Y esa es la labor y el reto del arquitecto, hacer algo bueno con el mismo dinero con el que se hace algo malo. La arquitectura es un arte no ensimismado en el que no te puedes permitir ciertos lujos, como sí ocurre en otro tipo de artes. En un poema o en un cuadro puedes hacer lo que quieras, en la arquitectura no, es parte de una necesidad y no del lucimiento personal. La arquitectura te obliga en cuanto sueñas un espacio a pegar un salto y apoyar los pies en el suelo. Desde el principio tienes que compaginar sueño con realidad.

En arquitectura, ¿se confunde a menudo naturaleza con paisaje?
Una cosa es la imagen que uno tiene del lugar y otra cosa es el lugar. La Naturaleza es el sitio; el paisaje es la conciencia o la percepción que uno hace de lo natural. Por eso cuando mil pintores pintan el mismo paisaje lo pintan de manera diferente. El paisaje es más subjetivo, en cambio, la naturaleza se puede objetivar. Un análisis científico te dice que hay una roca, pero cuando yo lo interpreto y lo pinto a mi me dice una cosa y a ti otra. La arquitectura es artificio, pero el artificio no tiene porque llevarse mal con la naturaleza. La buena arquitectura se lleva muy bien con la naturaleza y no pretende ser mimética. Antes de existir Venecia cualquiera hubiera dicho que no se podía construir allí, en cambio, hoy tenemos una maravilla. Lo que diferencia el disparate o la barbarie del arte es la calidad. La arquitectura, si es buena, no tiene porque avergonzarse de ser artificio. Lo mismo le pasa al hombre, no debe avergonzarse de ser racional, pero sí cuando emplea esa racionalidad en contra de sí mismo.

Usar la energía de manera más eficiente, ahorra costes, aumenta la productividad y beneficia el medio ambiente. Si son todas ventajas, ¿por qué cuesta tanto cambiar esta situación de incremento insostenible?
Porque hay intereses claros. Hay empresas que venden kilovatios como hay empresas que venden armas. Las guerras no se acaban cuando todos sabemos que son malas para quienes las pierden y para quienes las ganan.

Derrochar es barato.
Era más barato como se hacía antes cuando en las zonas de calor se organizaban lugares de fresco como el patio interior que provocaba corrientes y te evitabas refrigeración, o el espacio del fuego donde te calentabas y no necesitabas calefacción. Yo creo que hoy en día esos edificios de cristal en lugares tropicales es otro insulto a la razón, porque requiere una cantidad  de energía que es un disparate. Y lo mismo ocurre en zonas de frío en las que es necesario compensar la temperatura con un gasto energético desaforado. Yo creo que la buena arquitectura, además de ser bonita, tiene que ser útil, barata y económica. Hacer más con menos es un logro al que debemos aspirar todos los arquitectos.

En una sociedad del beneficio inmediato, basada en el consumo y el derecho al derroche, ¿es posible un crecimiento sostenible?
Tiene que serlo. Si se acaba, se acaba para todos. Hay gente tan insensata que se cree que esto es eterno, pero en realidad somos muy frágiles. La mayor parte de esa gente que promueve el desarrollo incontrolado está esquizofrénica. En el fondo es miedo y eso es muy peligroso. En las cuestiones de interés general no debería permitirse que la iniciativa pública pueda alcanzar esos límites de locura. Parece que los beneficios son una conquista, un logro; a mi me parece un insulto para la humanidad. El crecimiento sostenible o es posible o acabaremos con nosotros mismos. Si nos queremos suicidar, allá nosotros; yo desde luego no quiero.

¿Qué le espera al hombre de esta situación? ¿Eres optimista con el futuro?
Decía un escritor francés “el futuro será diferente o no será”. Eso vale para el momento que estamos viviendo. Tenemos que dar un cambiazo o no hay futuro. La Tierra y sus recursos son limitados, pero la estupidez humana no tiene límites. Por ejemplo, hoy en día se habla de turismo espacial, algo que cuesta muchos millones. Cuando hay gente que se muere de sed, eso es un desprecio a la solidaridad y al resto de la humanidad. Con los años te das cuenta de que las mayores satisfacciones de la vida son las cosas más baratas: una noche con los amigos, una playa, hablar de lo divino y de lo humano, cosas que no cuestan dinero. En esta esquizofrenia del consumismo y del despilfarro yo creo que hay que volver a las cosas esenciales que realmente cuestan poco y que son fáciles de obtener.

Es paradójico que actualmente los artículos de lujo sean el aire, el silencio y el cielo estrellado.
Y el tiempo. La gente desaprovecha ese tiempo llenándolo con cosas banales en lugar de estar con la gente que quiere y en el lugar adecuado. Eso es lo que vale. Todo lo demás es un disparate.

¿Qué piensas cuando oyes hablar de turismo sostenible?
Antes lo que había eran viajeros que iban en busca de aventuras y que se mezclaban con la gente. El turismo de hoy lo que pretende es alienarte. Es parecido a unos grandes almacenes y esta parafernalia en la que estamos metidos. No nos engañemos, ese es el turismo que hay y que cada vez será mayor.  A mí esto no me interesa. Lo importante son esas satisfacciones que te da el encontrarte con las particularidades de un sitio, poder relacionarte con la gente de allí y disfrutar del encuentro, no sólo con ese lugar, sino también contigo mismo.

Sobre la especulación urbanística has dicho que es un problema de mal gusto y falta de cultura. ¿Cuál es la solución?
Educar siempre es el dinero mejor empleado. Es importante enseñar a es estar conforme con uno mismo porque, entonces, puedes estar conforme en cualquier sitio. Es algo que se debería aprender en los colegios al igual que el respeto a los demás. Hay gente que tiene cuatro casas, una en la playa, otra en el monte y otra en la ciudad, y al final no puede disfrutar de ninguna. En cambio, con una tienda de campaña te arreglas perfectamente.

¿Cuándo el poder público entenderá lo urbano como un bien público? ¿Para cuándo una política no para construir casas sino para construir ciudad?
Eso es esencial. La que más pena me da es que en el pasado esas cosas estaban mucho más claras, hasta el punto de que es difícil encontrar edificios de más de 100 años que no tengan una gran calidad arquitectónica y no se hayan adaptado al territorio o no hayan intentado compaginar la artificialidad con la naturaleza. Hoy en día hay un desprecio al sentido común y un encumbramiento de lo que el hombre puede hacer. Se cree capaz de destruir el paisaje y la naturaleza impunemente, y eso tiene consecuencias.

Finalmente, ¿qué te sugiere una noche con el cielo estrellado?
Que es una suerte estar vivo y poder disfrutar de ese momento. Esas cosas son las que de alguna manera tendríamos que sacarle más partido, a esa maravilla que es la Tierra y este Universo en el que estamos.

Artículo publicado en el magazine digital Caosyciencia.