Archivo de la etiqueta: carrera espacial

Universo Kubrick

universe

Universe (1960) de Roman Kroitor y Colin Low, National Film Board of Canada. Un excelente documental que inspiró a Stanley Kubrick en el diseño de efectos especiales de 2001: una odisea del espacio.

Los grandes creadores saben sacar partido de su propio talento e inspiración. Pero, a menudo, también necesitan fijarse en la obra de otros. El dominio público es siempre una fuente rica de creatividad. Una prueba de que sin el préstamo y la adaptación muchas grandes obras maestras que hoy admiramos no hubieran podido existir es la película 2001: una odisea del espacio (1968) del enigmático director de cine Stanley Kubrick.

Kubrick_set

Kubrick durante el rodaje de 2001: una odisea del espacio. Esta imagen pertenece a una serie de 20 fotografías realizadas por la revista LIFE en el set de la película. Crédito: Dmitri Kessel-Time & Life Pictures / Getty Image

A estas alturas no hay nada que podamos descubrir de este excelente cineasta, pero resulta interesante comprobar cómo su preocupación por la minuciosidad y el detalle le llevó a investigar cada uno de los temas que trataba en sus películas con una precisión casi científica. Tal y como se descubrió tras su muerte (y se muestra en el documental Stanley Kubrick’s Boxes), llegó a recopilar habitaciones enteras de documentación que archivaba en cajas que el mismo diseñaba, ya que las que había en el mercado no le parecían adecuadas. Por supuesto, la preparación de 2001: una odisea del espacio no estuvo exenta de una obsesiva búsqueda de inspiración y preocupación por el detalle.

Sorprende, sin embargo, los motivos por los que Kubrick quiso hacer una película sobre la exploración espacial aún sin tener un interés particular por la ciencia. De hecho, sentía una especial desconfianza hacia los progresos tecnológicos; cosa que no es de extrañar dado su carácter hipocondríaco. Kubrick dudaba acerca de la capacidad del género humano para sobrevivir a su propia capacidad de inventar armas de destrucción en masa. No obstante, llegó a la conclusión de que la conquista del espacio, tal vez, era la única cosa que la raza humana podía hacer para evitar su desaparición. Esta idea y un informe sobre la posibilidad de vida en otros planetas, que leyó durante su investigación para su anterior película ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú, hicieron que Kubrick se decidiera a realizar una película de ciencia ficción que tratara sobre el destino del hombre, su papel en el Cosmos y su relación con una posible forma de vida superior.

Consejo de expertos

kubrick_clarke_ordway_NASA

Stanley Kubrick y Arthur C. Clarke (en el centro) custodiado por un grupo de asesores, entre ellos, el ingeniero Fred Ordway III de la NASA (de blanco). Crédito: Kubrick Family Estate

Para 2001: una odisea del espacio Kubrick se entrevistó con distinguidos astrónomos, expertos en vida extraterrestre y viajes espaciales, médicos, teólogos, biólogos, químicos… Muchas de estas entrevistas se grabaron para incluirlas en la película en forma de introducción, ya que la intención inicial de Kubrick era hacer lo que él calificó como un “documental mitológico”, aunque finalmente desechó esta idea. También visitó las instalaciones de la NASA y otras empresas implicadas en la carrera espacial a fin de descubrir cómo eran y cómo funcionaban. Kubrick contrató como asesores a dos técnicos del Centro Marshall de la NASA: el ingeniero Fred Ordway y el diseñador Harry Lange, quienes formaban parte del equipo de Wernher von Braun, promotor del proyecto de exploración espacial americano

El famoso divulgador Carl Sagan convenció a Kubrick de que no mostrara alienígenas con forma humanoide. Cuando vio la película en su estreno, se alegró de haber puesto su granito de arena.

El famoso divulgador Carl Sagan pudo ser el germen del famoso monolito de 2001: una odisea del espacio ya que convenció a Kubrick de que no mostrara en la película alienígenas con forma humanoide. Cuando vio la película en su estreno, se alegró de haber contribuido a que el cineasta hubiera apostado por una representación más abstracta de la inteligencia extraterrestre. Crédito:  NASA/JPL

Incluso, llegó a tener un transcendental encuentro con el conocido astrónomo y divulgador Carl Sagan a quien pidió opinión sobre cómo representar una posible inteligencia extraterrestre. Kubrick quería usar actores para retratar alienígenas humanoides ya que era mucho más barato. Sin  embargo, Sagan lo convenció de que no lo hiciera. Así lo contaba él en uno de sus libros:

“Alegué que era tan grande el número de improbables acontecimientos individuales en la historia de la evolución del hombre, que tampoco era probable existiesen en el Universo seres parecidos a nosotros. Sugerí entonces que cualquier representación explícita de un ser extraterrestre avanzado, sin duda alguna mostraría, al menos, un elemento de falsedad y que la mejor solución sería sugerir a los seres extraterrestres en lugar de retratarlos sui generis.”  (La Conexión Cósmica, 1973)

Les_deux_personnages

Muchos críticos de arte han visto similitudes entre el monolito de 2001: una odisea del espacio y las pinturas del artista francés Georges Yatrides quien utiliza este símbolo en muchas de sus obras como representación de un conocimiento superior. Sus obras empezaron a exhibirse en los años 50 y 60, coincidiendo con el periodo de producción de la película, por lo que es muy probable que Kubrick y Clarke pudieran inspirarse en ellas. Two Figures on the Beach, 1963. Colección privada.

A pesar de que Kubrick no dejó escapar ni un solo aspecto técnico que pudiera ofrecer una imagen poco plausible sobre el futuro, se enfrentaba a un gran reto: cómo mostrar visualmente y de forma realista cosas que nunca antes se habían visto.  Cabe tener en cuenta que cuando Kubrick empezó a idear 2001: una odisea del espacio la carrera espacial acaba de empezar, por lo que no existían apenas referencias sobre cómo se veían las cosas desde el espacio. De hecho, las sucesivas noticias e innovaciones que se iban sucediendo durante la exploración espacial (como los paseos espaciales, las fotografías de planetas tomadas por las sondas, etc.) llegaron a ser un suplicio para el equipo de producción ya que tenía que rectificar constantemente sus diseños.

El viaje del héroe

Kubrick-Clarke

Stanley Kubrick y Arthur C. Clarke durante la escritura del guión de 2001: una odisea del espacio en el apartamento del director en Central Park. Crédito: Colección Kubrick Family Estate

Para buscar inspiración Kubrick visionó un gran número de películas de ciencia ficción, como Metropolis (1926), La vida Futura (1936) o Planeta Prohibido (1956), así como algunas títulos japoneses ambientados en el espacio del género Kaiju Eiga. También leyó multitud de novelas y relatos de los mejores escritores de género fantástico, como Isaac Asimov, Ray Bradbury, Robert A. Heinlein y, por supuesto, Arthur C. Clarke, quien finalmente fue contratado para escribir el guión de la película. El cineasta se interesó por él tras leer su novela El fin de la Infancia de la que la 2001: una odisea del espacio tomaría prestado algunas de sus ideas centrales, aunque la inspiración más directa vino de otro relato de Clarke llamado El Centinela.

El primer borrador del guión se llamó “Cómo se conquistó el Sistema Solar” y más tarde, “Viaje más allá de las estrellas”, hasta que en 1965 pasó a ser 2001: una odisea del espacio. Es probable que Kubrick y Clarke se basaran en el poema épico griego La Odisea de Homero. Según el director,

“una Odisea espacial es casi lo mejor que se nos ha ocurrido – comparable en algunos aspectos a La Odisea homérica. Nos percatamos de que para los griegos las vastas extensiones de mar tenían el mismo tipo de misterio y lejanía que el espacio tiene para nuestra generación, y las alejadas islas visitadas por los maravillosos personajes de Homero eran no menos remotas para ellos que para nosotros lo son los planetas que nuestros astronautas pronto explorarán. También comparte con La Odisea un interés por la reflexión, la exploración y la aventura.” (“Beyond the Stars,” Jeremy Bernstein, The New Yorker Magazine, 1965)

También hay quien ha visto otras similitudes argumentales como, por ejemplo, entre HAL 9000 y el cíclope Polifemo, o el apellido del protagonista del filme, Bowman (‘arquero’ en inglés), y la pericia de Odiseo (Ulises) con el arco. Sea como sea, 2001 es una narración épica y, como tal, es lógico que se inspirara en una de los relatos más influyentes de la cultura occidental. Como también puede considerarse épico el proceso de escritura del guión: Kubrick y Clarke llegaron a estimar que habían dedicado más de 2.400 horas para una película de dos horas y veinte minutos y donde hay poco menos de 40 minutos de diálogo. Así lo justificó Kubrick:

“No es un mensaje que yo haya tratado de convertir en palabras. 2001 es una experiencia no verbal (…) Traté de crear una experiencia visual que trascendiera las limitaciones del lenguaje y penetrara directamente en el subconsciente con su carga emotiva y filosófica. Como diría McLuhan, en 2001 el mensaje es el medio” (Playboy Interview, 1968)

Futuro simple

Universe_10934_SM_1

Maquetas utilizadas en el documental Universe. El método artesanal empleado en la elaboración de los efectos especiales y el realismo y la precisión alcanzados hicieron que Kubrick contratara a su equipo de producción para 2001: una odisea del espacio. Crédito: NFB

Pero Kubrick seguía sin tener claro el diseño visual de la película. La iluminación le llegó tras visionar un modesto documental canadiense en blanco y negro de apenas 30 minutos de duración titulado Universe (en la versión en francés, Notre Univers). Realizado por el National Film Board de Canadá en 1960, la película explica los últimos avances en cosmología de la época. Este excelente y enigmático documental (cuya atmósfera recuerda a los episodios de la mítica serie La Dimensión Desconocida) no sólo inspiró a Kubrick, sino que se convirtió en visión obligada por los técnicos de la NASA, que ordenó más de 300 copias de la película, durante los preparativos de la misión tripulada a la Luna. También recibió una veintena de premios importantes, incluyendo un premio BAFTA a la Mejor Película de Animación, el Premio del Jurado a la Animación en el Festival de Cannes y la nominación a los Óscar al Mejor Cortometraje Documental.

Lo que más llamó la atención al cineasta Stanley Kubrick de esta película, hasta el punto de contratar a su equipo de producción, fue el modo ingenioso en que, sin un gran presupuesto, consigue mostrar de forma realista aspectos astronómicos de difícil visualización, como el nacimiento de una nebulosa o los procesos de formación de estrellas a partir del gas y el polvo cósmico. De hecho, para la realización de estas imágenes, su técnico de efectos especiales, Wally Gentleman, tan sólo necesitó derramar unas gotas de tinta sobre un pequeño recipiente metálico con aceite de coco. Al parecer, la inspiración le llegó cuando, al diluir un poco de crema de leche en su café, se percató en cómo un rayo de Sol proyectaba en el techo una galáctica espiral en rotación. El mismo procedimiento, pero en color y sobre negativo de 65 mm, se utilizó más tarde en 2001: una odisea del espacio para crear las explosiones de estrellas y las nubes de gas y polvo interestelar que el protagonista ve durante su ‘viaje’ a través de la Puerta Estelar.

hal9000

Universe no sólo fascinó a Kubrick por su original diseño, sino que también llamó su atención la voz de su narrador Douglas Rain a quien contrató para dar vida a la misteriosa computadora HAL 9000. Crédito: Warner Bros. / MGM

Cabe destacar que la idea y el diseño de producción de Universe estuvo marcado, a su vez, por un encuentro que uno de los directores del filme, Colin Low, tuvo en París con Berthold Bartosch, un vanguardista artista checo pionero del cine de animación que, según le explicó, tenía previsto realizar una película sobre el Cosmos. Como a Kubrick con Universe, también a Low le sorprendió la sencillez y el ingenio de las técnicas que Berthold había previsto usar, especialmente las relacionadas con los tiempos de exposición y la profundidad de campo; ideas que luego ‘tomaría prestado’ para su documental.

Obra de artesanía 

kubrick-2001-space-ship

Maqueta de la nave espacial Discovery One. Para mantener la ilusión de una única fuente brillante de luz, tal y como ocurre en el espacio con el Sol, el equipo técnico tuvo que renunciar a una mayor iluminación. Esta limitación obligó a grabar a velocidades extremadamente lentas y, por lo tanto, a largas sesiones de rodaje con turnos de 24 horas. Crédito: Warner Bros. / MGM

Sin duda, las sutiles y misteriosas imágenes de Universe convencieron a Kubrick de que la sencillez era el mejor aliado para conseguir el grado de realismo que quería para su película. Esto hizo que el cineasta decidiera finalmente que los efectos especiales de 2001: una odisea del espacio estuvieran basados en métodos tradicionales. Esta solución, lejos de simplificar las cosas, complicó extremadamente la producción del filme y obligó a los responsables del equipo técnico a ingeniárselas, incluso renunciando muchas veces a procedimientos más eficaces.  Por ejemplo, para las naves espaciales, en lugar de rodar las maquetas sobre un fondo azul y añadir el resto a partir de otro negativo, como se hace habitualmente en este tipo de producciones, se optó por utilizar complicadas técnicas de rotoscopia, similares a las que se usan en animación, que exigían pintar manualmente miles de hojas de acetato.

Se rodaba con media docena de cámaras simultáneamente y, a veces, en turnos de 24 horas. Además, para conseguir la nitidez y la profundidad de campo necesaria para que las maquetas estuvieran totalmente enfocadas y así no parecer miniaturas, se grababa con aperturas tan pequeñas que obligaban a exposiciones de hasta cuatro segundos por imagen. Algunos planos requerían tanto tiempo de grabación que, tal y como expresó Kubrick, “era como ver la aguja de las horas de un reloj”.

ss2

Maqueta de la Space Station 5 abandonada en algún lugar de la campiña inglesa en 1974. Al terminar la película Kubrick mandó destruir todos los modelos construidos para que no pudieran ser utilizados en otras producciones. Poco después de haber obtenido esta imagen, la maqueta fue destrozada por vándalos. Crédito: Trevor Parsons / The Kubrick FAQ

Resulta paradójico que una película como 2001: una odisea del espacio, construida mediante métodos artesanales más propios del cine mudo que de la moderna industria cinematográfica, esté considerada como una de las películas técnicamente más complejas de la historia del cine. Estas palabras de Kubrick dan una idea de la dificultad del proyecto:

“Nos dimos cuenta de que había 205 escenas con efectos especiales y que cada uno de ellas requeriría un promedio de 10 pasos principales para completarlas. Defino como ” paso principal ” aquel en el que una escena requiere de otro técnico o departamento. (…) 10 pasos para 200 escenas equivale a 2.000 pasos. Pero si piensas que la mayoría de estos pasos había que repetirlos más de ocho o nueve veces para asegurarse de que eran perfectos, el total real era de más de 16.000 pasos por separado.  Esto significaba un increíble número de diagramas, organigramas y otros datos para mantener todo organizado y ser capaz de recuperar la información que alguien podía necesitar sobre algo que otro había hecho siete meses antes. En un un momento dado teníamos que ser capaces de saber en qué etapa se encontraba cada escena . Y el  sistema funcionó”.

Orden e ingenio

PopularScience1968

La revista Popular Science publicó en su número de Junio de 1968 un detallado reportaje sobre los efectos especiales de la película titulado “How they filmed 2001: A Space Odyssey” que incluía dibujos del ilustrador oficial Bob McCall.

No es de extrañar que el tiempo de producción de la película se alargara cuatro años. En los estudios de la MGM en Borehamwood (Inglaterra) se creó una sala de control para coordinar todo el trabajo. Bocetos, storyboards, informes de progreso, hojas de notas, fotografías y cualquier sistema imaginable de archivo y de gestión de información se utilizaron para realizar el seguimiento de todos los avances que se iban produciendo en la grabación. Se decía que durante el rodaje se respiraba en los estudios una atmósfera más frenética que en las instalaciones de Cabo Kennedy durante un lanzamiento espacial.

Para 2001: una odisea del espacio también se desarrollaron innovaciones tecnológicas como: un revolucionario diseño de cámara llamado Slit-scan con la que realizaron la psicodélica secuencia de la “Puerta Estelar”; la utilización de un complicado sistema de proyección frontal mediante pantallas polarizadas para las secuencias de los simios; o, quizás, la más espectacular de todas, la construcción de una centrifugadora gigante de doce metros de diámetro y dos de ancho para representar el compartimento principal de la nave Discovery y su sistema de gravedad artificial.

2001_CENTRIFUGE_SET

El impresionante set de rodaje de la centrifugadora. El tambor podía rotar 360 grados a 5 kilómetros por hora y estaba rodeado de compuertas móviles para las cámaras, que tuvieron que ser modificadas para poder funcionar como un sistema de circuito cerrado e, incluso, operar cuando estaban boca abajo. Fuente: Bizony, Piers (2001). 2001 Filming the Future. London: Sidgwick and Jackson

Sin embargo, algunos de estos derroches tecnológicos se complementaron con altas dosis de ingenio. Por ejemplo, para que no se vieran los cables que soportaban a los actores o a los planetas se grabaron verticalmente desde abajo de forma que el propio cuerpo de los astronautas o la maqueta ocultaba las sujeciones. También algunos fondos del cielo estrellado se consiguieron salpicando pintura blanca mediante cepillos de dientes. Incluso se modificó tres amplios frigoríficos para hacer los ataúdes criogénicos de los astronautas. Y no deja de ser llamativo que se decidiera que la misión del Discovery fuera a Júpiter en lugar de Saturno porque el equipo técnico no sabía cómo hacer los anillos.

Puzle de piezas

Universe no fue la única película que inspiró a KubricK. También le causó una gran impresión otro documental que vio durante su visita junto con Clarke a la Feria Mundial de Nuevo York de 1964, un grandioso escaparate de la cultura y la tecnología americana en el que la carrera espacial ocupaba un lugar destacado.

moonandbeyond

Cartel de la película To the Moon and Beyond producida por la NASA y proyectada en la Feria Mundial de Nuevo York de 1964, exposición que Kubrick y Clarke visitaron en busca de inspiración para 2001: una odisea del espacio. Crédito: nywf64.com

La película, titulada To the Moon and Beyond, estaba producida por la NASA y se proyectó en un formato experimental llamado Cinerama 360 en el interior de la gigantesca cúpula del Pabellón T&T, conocida durante la feria como “Moon Dome” por estar su exterior cubierto con una reproducción en relieve de la superficie lunar. Se encargó de su realización la empresa Graphic Films en la que trabajaba un joven aprendiz llamado Douglas Trumbull a quien, por supuesto, Kubrick reclutó para formar parte del grupo de producción de efectos especiales de 2001: una odisea del espacio. No tuvo mal ojo, pues Trumbull no sólo fue el artífice de la increíble secuencia de la “Puerta Estelar”, sino que más tarde se convertiría en uno de los más grandes expertos de efectos especiales de la historia del cine, siendo el responsable de películas como Encuentros en la tercera fase, Blade Runner o, recientemente, El árbol de la vida.

Secuencia de la Puerta Estelar realizada por el técnico de efectos especiales Douglas Trumbull mediante una cámara Slit-Scan modificada. A través de este complejo aparato, Trumbull convirtió una serie de imágenes de distintas procedencias, desde pinturas pop-art hasta diagramas electrónicos o láminas de arquitectura, en los espectaculares e hipnóticos dibujos de luces. Esta secuencia contribuyó al éxito de la película ya que las salas se llenaron de espectadores dispuestos a ‘colocarse’ con ayuda de alguna que otra sustancia alucinógena.


2001: una odisea del espacio
 se estrenó en 1968, el mismo año que el Apolo 8 realizó el primer vuelo orbital tripulado a la Luna. La película ganó sólo el premio a los mejores efectos especiales en los Óscar de ese año. En la nominación no aparecía el nombre de ninguno de sus cuatro supervisores. Sí, en cambio, el de Kubrick que ocupaba en los créditos el cargo de director y diseñador de efectos especiales. Aunque el cineasta no estuvo presente en la ceremonia, el premio no sentó del todo bien a algunos miembros del equipo técnico de la película.  Sin embargo, ninguno de ellos olvidaría nunca el privilegio de haber podido trabajar en un proyecto tan experimental y a las órdenes de uno de los mejores cineastas de la historia. Al fin y al cabo, era la mirada de Kubrick la que convirtió 2001: una odisea del espacio en una obra tan inmortal como su oscuro monolito.

Pero, más allá de la extraordinaria visión cinematográfica de Kubrick, de la experiencia de 2001: una odisea del espacio pueden desprenderse varias conclusiones. Por un lado, que la producción creativa es proporcional al acceso a la cultura. Por lo tanto, ya sea en el arte o en la ciencia, es necesario garantizar que cualquiera pueda inspirarse en la obra de otros. A menos que aprendamos a compartir nuestras ideas con los demás, nos quedaremos estancados en una cultura inmovilista y un mundo de problemas sin solución. Y por otro, que un grupo no es sólo una colección de talentos individuales, sino una oportunidad para que estos ingenios se superen y creen algo más grande de lo que nadie hubiera imaginado. 2001: una odisea del espacio es un magnífico ejemplo de que cuando se consigue reunir una combinación acertada de ideas y cuando las personas colaboran de una manera adecuada, el resultado sólo puede ser mágico.

elipsis-2001-corte-original

La elipsis más larga de la historia del cine: 4 millones de años de evolución tecnológica, desde las primeras herramientas de hueso hasta las naves espaciales. Aunque hay quien sostiene que Kubrick tomó prestada la idea del documental de Frank Capra Rendezvous in Space (1964), es, sin duda, una de las imágenes más emblemáticas del séptimo arte.

Este artículo puedes votarlo en Divúlgame y Menéame.

Divulgación Disney (II): el genio nuclear

En esta segunda parte, seguiremos analizando el contexto de Guerra Fría durante el cual se desarrolló la labor divulgativa de Disney, especialmente, relacionada con la carrera espacial y la energía atómica, y analizaremos dos de sus peliculas, hoy en día, más políticamente incorrectas: “Our Friend the Atom” (1957), una apología de la energía nuclear, y “Eyes In Outer space” (1959),  sobre el uso de tecnologías para manipular el clima.

Walt Disney en la portada de la revista Time de diciembre de 1954

Como vimos en la entrada anterior, el éxito de los productos de divulgación realizados por la factoría Disney en los años 50 estuvo muy ligado con el desarrollo del medio televisivo tras la posguerra. El despegue de la televisión comenzó, sobre todo, a partir de 1952 con la concesión de nuevas licencias para cadenas que quedaron en manos de poderosas multinacionales del sector electrónico. Walt Disney supo aprovechar este contexto y se enfrentó abiertamente al nuevo medio desde una perspectiva pedagógica que sólo ha sido comprendida por unos pocos comunicadores; posiblemente, el último y el más mediático de todos, haya sido Carl Sagan con su serie Cosmos.

Como un equilibrista, Disney supo combinar el entretenimiento y el espectáculo con la divulgación científica; los intereses empresariales con la preocupación pedagógica; la comunicación de masas con la responsabilidad social. Todos sus proyectos tuvieron siempre un fondo de interés por la vida animal y las maravillas naturales y culturales del mundo, a la vez que estimulaban a reflexionar sobre el progreso y el mundo del futuro. El escaparate ideado por Disney para materializar esta inquietud didáctica fue su programa de televisión y parque de atracciones Disneyland.

Reportaje televisivo de la inauguración de Tomorrowland en 1955

En ambos medios, su talento divulgativo destacó especialmente en su visionaria sección conocida como Tomorrowland, en la que Disney incluyó una proyección impresionante de cómo sería la vida futura del hombre y sobre los fabulosos logros de la ciencia. En Tomorrowland, la intención era mostrar al público, sobre todo, a la generación más joven, que la ciencia era la nueva frontera de los tiempos modernos, capaz de conducir a la humanidad por los caminos pacíficos de progreso.

Walt Disney con su diseño de ciudad del futuro al fondo. El EPCOT estaba concebido como una urbe construida en círculos concéntricos cuyo núcleo estaba protegido por una cúpula para controlar el clima en su interior.

La fascinación de Disney por los avances científicos le llevó a crear, más adelante, un parque temático dedicado exclusivamente a divulgarlos, el Experimental Prototype Community of Tomorrow (EPCOT), que abrió sus puertas en 1982 en Orlando, Florida. El propósito de Walt Disney era construir una ciudad utópica que sirviera de modelo al mundo. Aunque Walt Disney murió en diciembre de 1966 y no se respetó su idea original de edificar la urbe del futuro, cuando se inauguró se convirtió en la atracción más espectacular de Disney World con áreas como Future World, Horizons, Space Ship, con la famosa Geosphere, The Land, The Living Seas, Universe of Energy, Wonders of Life… Más cerca de las exposiciones universales que de los parques de atracciones, EPCOT se erigió como el paradigma de los centros temáticos educativos.

Un asunto de estado
Volviendo a las películas de animación, esta vez destacaremos dos de ellas que, hoy en día, son de lo más políticamente incorrectas. Se trata de Our Friend the Atom (1957), un alegato a favor del uso de la energía atómica y a la proliferación de centrales nucleares, y Eyes In Outer space (1959), un curioso manifiesto sobre el uso de tecnologías capaces de cambiar el clima a nivel global para, incluso, convertir los zonas árticas en lugares de cultivo. Sin duda, dos interesantes documentos que, más allá de la ingenuidad de algunos de sus planteamientos, nos sirve para reflexionar sobre la maleabilidad y docilidad del pensamiento científico a los intereses, generalmente, políticos y económicos de cada momento.

Walt Disney de visita al Marshall Space Flight Center de la NASA en 1965

Estas películas deben entenderse en el contexto de Guerra Fría, cuando la amenaza de una destrucción mutua asegurada colgaba sobre los Estados Unidos. Por aquel entonces, las principales potencias nucleares, teorizaban con diferentes estrategias, para vencer en un conflicto nuclear o, al menos, quedar en una posición ventajosa. Para justificar los esfuerzos dedicados a este fin, se intentó generar entre la sociedad la promesa de un futuro emocionante para el hombre basado en nuevas aplicaciones civiles y científicas derivadas de la investigación , especialmente, de la energía atómica y de la carrera espacial.

Sin embargo, era difícil no percatarse que los grandes cohetes espaciales no sólo permitían llevar al hombre al espacio y colocar satélites, también desarrollar misiles balísticos de alcance intercontinental con los que librar un gran número de armas nucleares contra blancos remotos. No es casualidad que el mismo propulsor utilizado para lanzar el Sputnik, la primera nave espacial en órbita, fuera también el primer misil balístico intercontinental soviético, el Cohete R-7. Y que el desarrollo de los misiles Titán americanos fuera paralelo al del cohete Saturno I de la NASA.

Walt Disney en la secuencia de presentación de la película “Our Friend the Atom”

Por otro lado, también se quiso convertir la era atómica en un paso más en el progreso tecnológico del mundo, como la edad del bronce o la revolución industrial. Se extendió la creencia que todos los generadores de energía en el futuro serían nucleares. Al igual que la bomba atómica había dejado a todos los explosivos convencionales obsoletos, la energía nuclear haría lo mismo con las fuentes de energía como el carbón y el petróleo. Había una sensación general de que lo nuclear iba a colonizar todos los ámbitos de una manera positiva y productiva.

Disney se mantuvo fiel a las pretensiones de la administración americana de generar contenidos atractivos que permitieran comprender a la sociedad el nuevo panorama científico y tecnológico, y estimular, a la vez, a una nueva generación de técnicos que garantizaran la permanencia y el éxito de la carrera armamentística. Asesorado por los mejores físicos e ingenieros del momento, Disney produjo las dos siguientes películas de animación que, a pesar de su fondo propagandístico, contienen momentos de una incuestionable belleza formal y capacidad didáctica.

Merece la pena su visionado, sobre todo, para todos aquellos que confunden divulgación con espectacularidad y se dejan embaucar por las nuevas producciones repletas de espectaculares imágenes generadas por ordenador y aderezadas con efectos de postproducción que poco informan, enseñan, ni enamoran.

Our Friend the Atom (1957)
49′ 15”

Este filme fue promovido por la administración de Eisenhower para su programa de defensa del uso civil de energía atómica y estuvo patrocinado por General Dynamics, fabricante de reactores nucleares, que también financió la atracción del submarino atómico para Tomorrowland en Disneyland. Esta producción, además de emitirse en el show televisivo, sirvió como material didáctico en escuelas. En su conjunto, se trataba de un proyecto para crear en la generación del babyboom americano una actitud favorable hacia la energía atómica a través del entretenimiento y ofreciendo una visión intencionadamente ingenua.

El físico Heinz Haber junto con Wernher von Braun con una de las maquetas del film “Man and the Moon”

La película comienza con unas imágenes de la película 20.000 leguas de viaje submarino. Seguidamente, Walt Disney introduce el film comparando el Nautilus con los modernos submarinos nucleares y da paso al físico Heinz Haber, colaborador junto a Wernher von Braun en Man in space, quien conduce el filme. Comienza comparando el descubrimiento del átomo con el cuento de “El pescador y el Genio” de Las mil y una noches.  Siguiendo esta fábula, la película relaciona la energía atómica con un genio en una botella, capaz de hacer tanto el bien y como el mal, y sitúa a la humanidad como la responsable de controlar esta fuerza y garantizar la seguridad. Seguidamente, el film pasa a relatar la historia del átomo, desde las primeras especulaciones de Demócrito y la invención de los primeros microscopios que infundieron el sueño por descubrir lo más pequeño hasta el desarrollo de los reactores y centrales nucleares, lamentablemente, tan de moda estos días.

Portada del libro “Our friend the atom” publicado al mismo tiempo que la emisión televisiva como material educativo para escuelas

En su narración el film repasa la lista de todos aquellos científicos del pasado que contribuyeron al estudio del átomo, como John Dalton y su teoría atómica, Amadeo Avogadro y su distinción entre moléculas y átomos, Antoine Henri Becquerel y su descubrimiento de la radioactividad del uranio, Pierre y Marie Curie y su hallazgo del polonio y el radio, Albert Einstein y su conocida fórmula E=mc2 que relaciona masa y energía, Ernest Rutherford y su modelo atómico con el que probó la existencia de un núcleo… Finalmente, la película muestra el modelo planetario del átomo, que erróneamente hoy se sigue enseñando en las escuelas, y la tabla periódica como la culminación de nuestra comprensión de la materia.

Después de esta admirable narración guiada por un uso magistral de la elipsis, la parte final del film se dedica a explicar los mecanismos y consecuencias de una reacción en cadena. Para ilustrar este proceso de fisión nuclear, utiliza el ejemplo de una mesa llena de trampas para ratones, que representan a los átomos, con varias pelotas de ping pong como neutrones formados de la división de los núcleos. Por último, en la que quizás sea la parte más curiosa y chocante de la película, se explica el funcionamiento de un reactor nuclear y se ensalza su poder como generador de progreso vaticinando que todos los generadores de energía en el futuro serían atómicos.

El genio atómico es sospechosamente parecido al genio de “Aladdin” (1992)

De hecho, se muestra la energía atómica como una fuerza casi mágica capaz de penetrar en todos los ámbitos de la vida, no sólo los energéticos, con utilidades tanto en la producción agrícola y en el ganado, a través de abonos y piensos radiactivos para mejorar y conservar los alimentos, como en el desarrollo de una medicina nuclear capaz de curar todo tipo de enfermedades. Su imagen final de un mundo lleno de centrales nucleares pondrá los pelos como escarpias a muchos prosélitos de Greenpeace.

Eyes In Outer space (1959)
25′ 20”

Sin duda, se trata de una de las películas más extrañas y visionarias producidas por el estudio Disney, no sólo por aventurar el uso de los satélites como instrumentos de observación meteorológica cuando hacía apenas dos años del lanzamiento del Sputnik, sino por tratar uno de los temas más de moda entre las intrigas conspiranoicas: la posibilidad de cambiar artificialmente el clima. Aunque se puede intuir claramente el uso militar de estas tecnologías, el filme trata de convencernos de sus muchas utilidades prácticas como, por ejemplo, para protegernos de fenómenos meteorológicos adversos o para mejorar la productividad agrícola de zonas estériles.

Imagen de la futurista estación para la observación meteorológica y el control del clima

Como en la trilogía del espacio, está dirigida por el animador Ward Kimball y narrada por el actor Paul Frees. Empieza hablando sobre la utilización de satélites en órbita con la Tierra para observar los fenómenos meteorológicos y ayudar a predecir el tiempo atmosférico. Tras aclarar cómo el tiempo puede condicionar aspectos tan cotidianos como el estado de ánimo, el filme hace un repaso por las supersticiones y los refranes populares relacionados con la predicción de los fenómenos atmosféricos. Seguidamente, se explica el ciclo del agua por el cual, tras pasar del estado líquido en la superficie de los océanos al estado gaseoso en la atmósfera, el vapor de agua se condensa formando nubes y se precipita como lluvia o nieve. También se analiza el papel del Sol en estos fenómenos.

Misiles dirigidos con compuestos químicos capaces de alterar el tiempo meteorológico

La película ilustra de manera didáctica la influencia de la presión atmosférica en la formación de borrascas y anticiclones, y advierte de su complejidad y de la dificultad de hacer predicciones meteorológicas. Por ello, aboga por el uso de satélites artificiales para hacer pronósticos más precisos. Finalmente, en la parte más asombrosa del filme, se dramatiza una situación de control del clima para detener un huracán que se aproxima a Florida en los Estados Unidos. Dispersando agentes químicos en la atmósfera y creando nubes artificiales consiguen crear un escudo frente la costa americana y desviar el huracán. La película acaba con la curiosa promesa de que en un futuro la humanidad podrá convertir las zonas árticas en lugares productivos para el cultivo. Sin duda, Al Gore tiene a esta película en su lista de películas prohibidas y como material combustible para prender su hoguera de negacionistas y degenerados climáticos. Por otra parte, hará las delicias de todos aquellos seguidores de intrigas conspiranoicas, especialmente, los convencidos de los maléficos chemtrails y de las perversidades del proyecto HAARP.

Estas películas se pueden encontrar en el DVD Walt Disney Treasures – Tomorrowland: Disney in Space and Beyond.