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Eames: ciencia y diseño

“Take your pleasure seriously” , Charles Eames

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Charles y Ray Eames frente a la maqueta conceptual de la exposición “Mathematica” que diseñaron para el California Museum of Science and Industry en 1961 por encargo de IBM Corporation. Crédito: Eames Office, LLC.

Existen parejas que pueden (o no) llevarse bien en el amor, pero que trabajando juntas son capaces de complementarse hasta el punto de convertir su relación en una fuente de energía creativa arrolladora. Éste fue el caso de Charles y Ray Eames que, además de marido y mujer, fueron el dúo de diseñadores más importante del siglo XX.

Los Eames son un arquetipo de colaboración creativa, pero también de unión entre conocimiento científico y humanista. Charles, como arquitecto, aportaba el conocimiento técnico, mientras que Ray imprimía el sentido artístico y estético. El éxito de sus trabajos son hoy la demostración de que la innovación y la creatividad surgen, a menudo, en la frontera entre disciplinas pero, sobre todo, cuando las personas ponen en contacto sus respectivas imaginaciones. En palabras de Charles: “en última instancia todo se conecta -personas, ideas, objetos. La calidad de las conexiones es la clave de la calidad en sí”.

Sus personalidades se atrajeron como polos opuestos y, gracias a su alianza sentimental y profesional, los Eames dejaron un legado fascinante.  Juntos abarcaron un amplio rango de disciplinas: arquitectura, diseño de muebles, películas, fotografía… Prácticamente, no hubo ningún medio o soporte que la pareja no abordara con imaginación e inventiva. Como manifestó Charles en una ocasión: “es una reacción en cadena; cada tema nos lleva al siguiente”.

Trailer del documental “Eames: The Architect and the Painter” (2011) que analiza la relación profesional y personal del dúo de diseñadores.

Divulgación de la ciencia
Aunque la fama les llegó gracias a sus diseños de muebles, especialmente de sillas (como la inmortal Lounge Chair and Ottaman), los Eames se consideraban a sí mismos comunicadores de imágenes. Su objetivo principal era redefinir cómo el público entendía la información y cómo ésta debía ser presentada, ambición que les convirtió en pioneros de la sociedad de la información. Como manifestó Charles en cierta ocasión: “detrás de la era de la información está la era de las oportunidades”.

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Charles y Ray Eames trabajando en un prototipo de la Aluminum Group Lounge Chair en 1957. Crédito: Eames Office, LLC.

Concebían sus proyectos como “llamadas a las armas”, manifiestos intelectuales para educar al espectador en los que conseguían trasmitir grandes cantidades de información pero “dejando salir el buen humor”. Los Eames llamaban a esta estrategia “diversión seria” y a través de ella desarrollaron una amplia labor educativa, fundamentalmente, en la divulgación de la ciencia, a través de revolucionarios diseños de exposiciones, libros y películas que hoy en día siguen siendo un referente.

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Imagen de Charles Eames tomada por el fotógrafo Peter Stackpolel en la Case Study House, donde vivía la pareja, para la revista LIFE en 1950. En el pie de foto del reportaje puede leerse: “Los diseños naturales contenidos en las plantas del desierto de Mojave fascinan a Eames a quien le gusta colgarlos en la pared de su estudio. De ellos dice que recibe ideas para sus propios diseños ” (Enlace al reportaje fotográfico completo al clicar en la imagen) . Créditos: Time Inc.

Posiblemente,  la clave principal del éxito de los Eames en la divulgación de la ciencia es que ellos mismos fueron, además de curiosos, unos investigadores incansables. Su colaboración, durante la Segunda Guerra Mundial, con el ejército de los Estados Unidos les permitió tener acceso a los últimos avances tecnológicos en materiales y maquinaria que luego aplicaron a sus creaciones. A lo largo de su carrera, diseñaron muebles con madera contrachapada, fibra de vidrio, plástico, malla metálica, aluminio… que moldeaban con aparatos que ellos mismos desarrollaban en su estudio. Además, inventaron sistemas de asientos múltiples para aeropuertos o escuelas, contenedores, sillas apilables, etc. Y desarrollaron un innovador estilo arquitectónico de bajo coste y diseño minimalista basado en procesos industriales y en la utilización de módulos prefabricados.

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Una muestra de la frecuente correspondencia que la oficina de los Eames mantuvo con científicos. En este caso se trata de una carta al biólogo Jean-Paul Revel, uno de los muchos asesores de la película “Powers of Ten” (1977). Crédito: Manuscript Division, Library of Congress (E-02)

Pero los Eames no sólo estaban al día en el desarrollo de nuevos materiales y técnicas de producción, sino que también adoptaron el lenguaje, la estética y la metodología de la ciencia para crear su impactante estilo visual. De hecho, los Eames tuvieron entre sus colegas y amigos a reconocidos científicos que colaboraron con ellos en muchos de sus proyectos, especialmente, los educativos.

Los Eames se comprometieron a fomentar el entendimiento popular sobre los beneficios sociales del conocimiento. Para ello, desarrollaron la peculiar habilidad de traducir las ideas complejas en simples imágenes con las que conseguían hacer la ciencia fascinante y accesible para el público general. La fórmula seguida por los Eames consistía, por un lado, en mostrar la belleza y la elegancia de los principios científicos y, por otro, en relacionar los aspectos desconocidos de la ciencia con aspectos familiares de la vida cotidiana. De esta forma convirtieron sus exposiciones y películas en atractivas experiencias de aprendizaje en las que la ciencia se integraba con el arte, el diseño y la filosofía.

Colaboración con IBM
La labor divulgativa de los Eames está estrechamente relacionada con la empresa informática IBM. En la década de 1950, tras conocer el filme A Communication Primer (1953) que explicaba el uso del ordenador en un lenguaje llano, IBM contrató al dúo de diseñadores para crear una serie de películas y exposiciones para su programa educativo. El objetivo de éste no era promocionar los productos de la empresa, sino ayudar a entender a la sociedad el potencial y el impacto de las nuevas tecnologías en el futuro. El primer encargo de IBM al estudio Eames fue la realización de la película The Information Machine (1957), una especie de remake de su anterior filme. De esta forma, comenzó una colaboración que se prolongó más de tres décadas y en la que los Eames llegaron a crear más de cincuenta películas, libros y exposiciones para la multinacional informática.

Pero el proyecto más importante encargado por IBM fue Mathematica: A World of Numbers…and Beyond, una exposición interactiva de matemáticas que se convirtió en un referente mundial del diseño de exposiciones científicas para museos. La muestra se realizó en 1961 para inaugurar una nueva sección del California Museum of Science and Industry en Los Angeles. Charles y Ray Eames pasaron un año investigando y diseñando Mathematica. El objetivo de la exposición era crear una exposición que entretuviera y educara, o como expresó Charles: “iluminar a los aficionados sin avergonzar a los especialistas”.

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Charles Eames mostrando a miembros de IBM el “cubo de la multiplicación”, un interactivo formado por 512 luces que resolvía las funciones de elevación al cuadrado y al cubo escritas por los visitantes a través de un teclado. Crédito: IBM Corporate Archive

El folleto de la exposición dejaba claro su planteamiento:

“Las matemáticas son una herramienta. Las matemáticas son una ciencia. Las matemáticas son una obra de arte. Las matemáticas son un lenguaje, un lenguaje conocido y usado a diario, un lenguaje que toca y afecta a casi todas las áreas del trabajo humano y el juego.”

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Una llamativa cinta de Moebius, interpretada con una flecha móvil, se convirtió en un de los elementos distintivos de la exposición “Mathematica”. Crédito: Eames Office, LLC.

El resultado fue espectacular. Dos muros de 15 metros delimitaban la exposición: el “muro de la historia”, una línea temporal que resumía los principales logros de matemáticos famosos; y el “muro de la imagen”, que mostraba de forma gráfica principios matemáticos fundamentales. Nueve instalaciones interactivas ocupaban el área central de la exposición  e intentaban explicar al público general conceptos como la multiplicación, la topología, la mecánica celeste, la probabilidad y la geometría proyectiva (explicaciones que se completaban con el catálogo de la exposición). Además, cinco “peep shows” mostraban a los asistentes divertidas películas de animación de dos minutos -con música de Elmer Bernstein-, sobre conceptos matemáticos. Sus títulos: Simetría, Eratóstenes, Topología, Funciones y 2n.

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Dispositivos individuales de visionado o “peep shows” mostraban a los visitantes películas de animación de dos minutos sobre conceptos matemáticos. Crédito: IBM Corporate Archive

Mathematica encantó a los espectadores.  Su éxito abrió el apetito del público por entender la ciencia y allanó el camino para la creación de exposiciones experimentales y de museos como el Exploratorium de San Francisco o el Museo de Chicago de Ciencia e Industria. Además, hizo historia convirtiéndose en la exposición para museo, patrocinada por una empresa, de más larga duración hasta la fecha. Se mantuvo abierta hasta 1998, antes de recorrer los principales museos de arte de Estados Unidos. Actualmente, la exposición original se exhibe en el New York Hall of Science y una copia se encuentra como instalación permanente en el Museo de la Ciencia de Boston.

Vídeo realizado por el  New York Hall of Science que explica los elementos que componen la exposición “Mathematica”

Tras Mathematica, los Eames siguieron diseñando exposiciones científicas para IBM, como A computer Perspetive (1971) que recorría la historia del procesador de datos y el ordenador;  Copernicus (1972) con motivo de los quinientos años del nacimiento del astrónomo (a quien los Eames también dedicaron una película);  Isaac Newton: Physics for a Moving Earth (1973), exposición itinerante sobre astronomía y física; y Movable Feasts and Changing Calendars que repasaba los usos de los calendarios desde la antigüedad hasta el presente y su vinculación con la astronomía.

Exposiciones Universales
Los Eames también participaron en otros montajes de gran impacto visual y estético que, de un modo u otro, siempre estuvieron relacionados con la ciencia. El dúo de diseñadores formó parte de La Exhibición Nacional Estadounidense (American National Exhibition) realizada en Moscú en 1959.  La muestra fue organizada por el Departamento de Estado de EE. UU. para promover el intercambio cultural entre las dos superpotencias, aunque en realidad se trataba de un escaparate propagandístico en el que mostrar “ciencia, tecnología y cultura” por turnos.

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Imagen de “Glimpses of the USA”, una espectacular instalación de pantalla múltiple ideada por Charles y Ray Eames para la gran exposición de Moscú en 1959. La película se proyectó dentro de una cúpula geodésica diseñada por Busckminster Fuller. Crédito: Eames Office, LLC.

El diseño corrió a cargo del arquitecto y diseñador George Nelson de la empresa Herman Miller (representante del mobiliario Eames), quien recomendó al dúo de diseñadores para que produjeran una película que mostrara las ventajas del estilo de vida estadounidense. El resultado de esta colaboración fue una espectacular instalación de pantalla múltiple, conocida como Glimpses of the USA, situada dentro de la nueva cúpula geodésica diseñada por el visionario y genial arquitecto Buckminster Fuller.

Con esta suma de talentos, no es de extrañar que la instalación fuera calificada por la prensa mundial como una auténtica “maravilla tecnológica”. Constaba de siete pantallas de seis por nueve metros. Juntas formaban un mosaico en el que se proyectaba una película de nueve minutos compuesta por 2.200 imágenes.

La película comienza con imágenes del espacio exterior -mostrando estrellas, constelaciones, cúmulos estelares, nebulosas, etc.-, hasta que, de manera parecida a lo que luego harían en su famosa película Powers of Ten (1977), aterriza en el ciudad mientras el narrador dice: “Las mismas estrellas que brillan en Rusia brillan en los Estados Unidos. Desde el cielo, nuestras ciudades se ven muy parecidas”. Seguidamente, la película pasa a mostrar los detalles de “un día normal de trabajo”  y un “día típico de fin de semana” en la vida de los habitantes de los Estados Unidos.

La proyección de los Eames fue el gran éxito de la Feria. Cerca de tres millones de personas se amontonaron en este espacio durante las seis semanas de exhibición. Hasta el propio Fuller afirmó: “nadie había hecho nada como esto antes” e instó a los anunciantes y a los directores de cine a seguir la senda experimental y efectista marcada por los Eames.

Tras esta exitosa puesta en escena, los Eames se hicieron imprescindibles en las sucesivas exposiciones culturales.  Y su sistema de narración fragmentada en pantalla multiple se convirtió en su sello distintivo. En 1962 participaron en la Feria Mundial de Seattle (The Century 21 Exposition) en la realización de una película de 14 minutos titulada The house of Science. Esta vez se trataba de una proyección sincronizada sobre seis pantallas cóncavas instaladas en el interior de una sala oval. La película servía de prólogo para el pabellón de la Ciencia donde se divulgaba conceptos relacionados con disciplinas como las matemáticas, la astronomía, la ciencia atómica y la genética.

Y en 1964 los Eames, junto con el arquitecto Eero Saarinen, se hicieron cargo del pabellón de IBM para la Feria Mundial de Nueva York (1964 New York World’s Fair). La principal atracción de la muestra fue el Ovoid Theater, un recinto elevado a 27 metros de altura con forma de huevo. En su interior se proyectaba sobre 22 pantallas de diferentes formas y tamaños el documental THINK, mezcla de animación, planos fijos e imágenes reales, narrado por un presentador en directo. El objetivo de la película era dar la bienvenida a los espectadores a la era de la informática e intentaba establecer una relación entre el procesamiento informático y asuntos corrientes como organizar una cena con invitados o predecir el tiempo.

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Charles Eames enseña una maqueta del Pabellón IBM y su principal atracción, el Ovoid Theater, a Dean R. McKay, vicepresidente de la compañía. Crédito: Eames Office, LLC.

Dos elementos de la muestra Mathematica fueron reproducidos para la exposición: el muro con el collages de anécdotas de matemáticos y la máquina de probabilidades de más de 4 metros. El estudio también produjo para la exposición tres películas de marionetas creadas por ordenador para familiarizar a los visitantes con los ordenadores y el procesamiento de datos: Computer Day at Midvale, Cast of Characters y Sherlock Holmes in the singular case of the plural green Mustache.

El pabellón fue desmantelado al concluir la exposición. Sin embargo, los Eames produjeron varias películas más como documentos para la posteridad: IBM at the Fair (1965), un vídeo-resumen sobre la feria,  y View from the people wall (1966), una versión condensada en una sola pantalla de la película THINK.

Películas científicas
Las películas fueron el hilo conductor de todos los proyectos de los Eames. Durante toda su carrera, Charles y Ray llegaron a producir más de 100 filmes. “No son sólo películas, sino intentos de comunicar una idea”, decía Charles. Su estilo, próximo al cine experimental, estaba basado en la fragmentación narrativa y en una deliberada sobrecarga informativa. Su fórmula: cortes rápidos, imágenes fijas, animación, colores vivos y la música de Elmer Berstein, el gran compositor de cine americano, autor de bandas sonoras como Los Diez Mandamientos, Matar a un ruiseñor o La Edad de la inocencia.

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Charles y Ray Eames durante el rodaje de una de sus películas . Crédito: Eames Office, LLC.

La máxima expresión Eamesiana en el medio cinematográfcio -hoy considerada como obra maestra-,  fue una película de divulgación científica: Powers of Ten. Se realizaron dos versiones, una en 1968 para la Comisión de Física Universitaria, y otra en 1977 más completa. La película  está basada en un libro de 1957 titulado Cosmic View: the Universe en Forty Jumps del holandés Kees Boeke, aunque el concepto de escala ya había sido tratado en dos películas anteriores de los Eames, A Communication Primer y 2n.

El filme explora el tamaño relativo de las cosas desde lo microscópico hasta lo cósmico. El espectador viaja desde una vista aérea de un hombre en un parque de Chicago a los límites exteriores del universo directamente sobre él. La imagen se aleja cada diez segundos a una distancia diez veces mayor hasta alcanzar la cifra de 10 elevado a la 25ª potencia. Luego, la imagen empieza a descender en sentido contrario hasta adentrase en el mundo microscópico que figura en la mano del hombre, alcanzando la cifra de 10 elevado a la menos 16ª potencia.

La versión completa, de nueve minutos, fue realizada en colaboración con el profesor de física del MIT Philip Morrison, que hace de narrador en la película, y un grupo de asesores en astrofísica, biología, genética y física de partículas. El proceso de realización fue toda una hazaña para la época. Tardaron más de un año en reunir todo el material y para ordenarlo tuvieron que construir un banco de animación de 12 metros de largo.

La película se distribuyó en escuelas y fue vista por varias generaciones de niños. En 1982 se convirtió en un libro, Powers of Ten: A Book About the Relative Size of Things in the Universe and the Effect of Adding Another Zero, escrito por Philip Morrison, Phylis Morrison y la Oficina Eames. La película, dado su valor histórico y estético, fue incluida en 1998 para su preservación en el Registro Nacional de Cine de la Biblioteca del Congreso de EE.UU.

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Charles y Ray Eames posando dentro de las patas metálicas de sus sillas Dining Chairs Metal (DCM) sobre la acera frente a su estudio, en 1947. Crédito: Eames Office, LLC.

La realización de la película concluyó un año antes de la muerte de Charles y constituyó su último gran logro personal y como pareja. Tras su fallecimiento, Ray cerró las puertas de su estudio y se dedicó a catalogar y escribir sobre el legado de su marido. Ella murió en 1988, exactamente, diez años después que él. El día antes de su muerte ella le dijo a un amigo: “sé que día es mañana”.

Interesante e inspiradora charla TED realizada por Eames Demetrios, nieto del dúo de diseñadores, sobre las claves del proceso creativo de los Eames.

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Frank Capra: ¡Qué bella es la ciencia!

Muchos recordarán a Frank Capra por ser el director de películas tan emotivas e inolvidables como la navideña ¡Qué bello es vivir! (1946). Sin embargo, pocos conocen que este famoso cineasta estadounidense de origen italiano fue también un excelente divulgador científico que dedicó los últimos años de su vida a explicar ciencia básica a través del, por aquel entonces, nuevo medio televisivo y utilizando los recursos expresivos de los dibujos animados.

Imagen de Frank Capra en la campaña publicitaria de Apple Computer “Think Different” de 1998

Capra tuvo un interés permanente por la ciencia. Antes de empezar su carrera en el mundo del cine, se licenció en ingeniería química en el Instituto Tecnológico de California (Caltech), entonces conocido como Throop University, con el que nunca llegaría a perder el contacto. De hecho, Capra se consideraba a sí mismo un científico frustrado y cuando uno de sus biógrafos le preguntó sobre dónde hubiera acabado si no hubiera sido director de cine, respondió:

“Con [el Dr. Edwin] Hubble. Como un astrónomo. Podría estudiar las estrellas y los planetas para siempre. Siempre he querido saber por qué, por qué… Las películas cambiaron mi mentalidad. Me metí demasiado en el negocio del cine. Pero cuando recientemente he vuelto a Caltech y escucho sobre cosas que no conozco, como los agujeros negros… ¡Maldita sea! ¡Me vuelvo loco! ¡Cómo demonios he renunciado a lo que desconozco!… Pero parece que las imágenes en movimiento tienen un terrible dominio sobre mí. No sé lo que es…”.
De Frank Capra: The Catastrophe of Success, Joseph McBride

La fascinación de Capra por la ciencia era tal que llegó a incluir conceptos científicos en algunas de sus películas, obligando a sus guionistas a readaptar las escenas. Como es el caso Vive como quieras (1938) en el que su protagonista, James Stewart, suelta un alegato a favor del uso de la energía solar en una de las secuencias románticas del film.

“Recuerdo que en la Universidad otro hombre y yo teníamos una idea; queríamos saber lo que hacía crecer la hierba verde, porque hay un motor diminuto en el verde de la hierba y en el verde de los árboles que tiene el misterioso don de poder coger la energía de los rayos del Sol y almacenarla. Bueno, nosotros pensábamos que si eramos capaces de encontrar el secreto de todos esos millones de pequeños mecanismos en esta materia verde, podríamos hacerlos más grandes, y entonces podríamos obtener todo el poder que necesitáramos para siempre tan sólo de los rayos del Sol.”

Fotograma de la película ‘¡Qué bello es vivir!’ dirigida por Frank Capra en 1946

A mediados de la década de 1950, Capra decidió retirarse del cine de Hollywood tras el fracaso en taquilla de varios de sus films, en especial, de la conocida ¡Qué bello es vivir!, hoy película de culto. Sin embargo, quiso recuperar su vinculación con la universidad de Caltech con la intención de producir una serie de películas educativas sobre ciencia para televisión. Como resultado, Capra no sólo produjo, sino que dirigió y escribió cuatro especiales para la CBS que fueron patrocinados por la American Telephone and Telegraph Company (AT & T) y los Laboratorios Bell.

Rodaje de la película ‘Caballero sin espada’ dirigida por Frank Capra (sentado en el suelo) en 1939

Our Mr. Sun (1956), Hemo the Magnificent (1957), The Strange Case of the Cosmic Rays (1957) y Unchained Goddess (1958) son los títulos de las cuatro películas realizadas por Capra . Cada una de ellas trata sobre un tema concreto: el Sol, el sistema circulatorio humano, la radiactividad y el cambio climático (sí, han leído bien). En su conjunto forman parte de una serie de nueve episodios en la que se combinan imágenes científicas, actores en vivo y animación para transmitir conceptos científicos. En la serie participaron, además de Capra, otros directores, entre ellos, Walt Disney, que fue el anfitrión de la última película de la llamada Bell Laboratory Science Series. (Ver enlaces a las películas y comentarios al final del artículo)

Ciencia animada

Frank Capra fue portada de la revista ‘Time’ en 1938

En un momento en el que el número de televisores en blanco y negro aún era muy elevado, Capra apostó por el uso de los dibujos animados mezclados con imagen real en Technicolor. Capra ya era un gran amante de los dibujos animados incluso antes de producir estas películas. De hecho, a principios de los años 30, fue el responsable de asegurar un contrato de distribución de Disney con Columbia. Consciente de la eficacia de esta potente herramienta pedagógica, Capra convirtió la animación en la pieza clave de su propuesta y reunió a cuatro de las mejores empresas de dibujos animados del momento para trabajar en el proyecto: UPA, Disney, Shamus Culhane Productions y Warner Bros.

Se distribuyeron gratuitamente copias en 16mm de las películas en muchas escuelas de los Estados Unidos donde eran utilizadas regularmente en las aulas. De esta manera, la serie se convirtió en un éxito rotundo y un referente generacional para aquellos estudiantes que crecieron y se formaron con ellas. (Como ejemplo, basta echar un vistazo al cortometraje en animación tradicional de Pixar “Your Friend the Rat”  que utiliza el formato de película educativa, probablemente, inspirado en la serie de los Laboratorios Bell).

La serie guarda cierto parecido con los episodios de “Tomorrowland” del programa de televisión Disneyland que dirigió el legendario animador Ward Kimball (cuyas películas ya hemos tratado en este blog).

El presentador de la serie de los Laboratorios Bell, Frank C. Baxter, se hizo tan popular que tiene una estrella en el paseo de la fama de Hollywood

Sin embargo, el diseño de la Bell Laboratory Science Series es, tal vez, más simple y orientado a la didáctica. En siete de las ocho películas que componen la serie, la estrella principal es el Dr. Frank C. Baxter, un afable profesor de literatura que hace de narrador y conductor. Aunque no era científico, Baxter se convirtió en un icono de la ciencia, algo así como un Eduard Punset, para la generación del baby boom americano de después de la Segunda Guerra Mundial. De hecho, tiene su propia estrella en el paseo de la fama de Hollywood.

Un final de Ciencia Ficción

La última película de la filmografía de Capra fue Rendezvous in Space, un documental futurista encargado por la empresa Martin Marietta Corporation. El film se mostró en la Feria Mundial de Nueva York de 1964, inspiradora de lo que más tarde Walt Disney convirtió en su famoso parque de atracciones.

Vista general de la Feria Mundial de Nueva York de 1964 con su símbolo la Unisphere en el centro

La exposición estuvo dedicada a la carrera espacial, a pesar de su lema “paz mediante el entendimiento”, y tuvo su símbolo en la Unisphere, un globo terráqueo gigante de acero que algunos recordarán haber visto en películas como Men in Black.

El documental de Capra muestra los planes del programa espacial americano de la época, principalmente, los relacionados con el diseño de transbordadores espaciales tripulados y con la construcción de una estación espacial orbitando la Tierra. Hay historiadores que sostiene que éste documental sirvió de inspiración a Stanley Kubrick para 2001: Odisea del espacio, quien tomó prestado algunas ideas del film de Capra, como la elipsis de un sombrero que se convierte en un cohete espacial y que Kubrick utilizaría supuestamente para la escena del hueso arrojado por un simio que da paso a una estación espacial, así como el uso de composiciones musicales clásicas como banda sonora. Después de la Feria, el film se siguió exhibiendo en el salón de la ciencia de la ciudad.


Portada de la novela ‘Marooned’ de Martin Caidin en su edición de 1964

A mediados de 1960, Capra quiso dirigir una película de ciencia ficción y, durante sus últimos años, trabajó en la pre-producción de una adaptación de la novela Marooned de Martin Caidin, autor también de la famosa Cyborg que inspiró la serie The Six Million Dollar Man y The Bionic Woman. El libro trata de una misión espacial tripulada que queda atrapada en la órbita de la Tierra y espera, mientras el oxígeno se acaba, que una nave experimental la rescate.

Sin embargo, las limitaciones presupuestarias hicieron que, finalmente, Capra abandonara el proyecto. La película fue definitivamente dirigida por John Sturges y se estrenó en 1969, cuatro meses después de la misión Apolo 11, por lo que muchos detalles del libro original se adaptaron en el film para reflejar los avances en el programa espacial americano.

Poster del film ‘Marooned’ dirigida por John Sturges en 1969

También la novela fue reescrita siguiendo el planteamiento de la película donde son tres los astronautas (y no uno) a bordo de una nave espacial Apolo (en lugar de una Mercury) quienes esperan el rescate por parte de un cohete Titán III-C (en sustitución de la experimental Gemini) y una nave Soyuz 11 (en vez de una Vostok), curiosamente, misión que más tarde, en 1971, terminó en tragedia cuando regresaba de la primera estación espacial tripulada Salyut 1.

La serie de los Laboratorios Bell

Estas son las películas que componen la Bell Laboratory Science Series:

1. Our Mr. Sun (1956)

Esta película educativa es un excelente repaso  sobre lo que en aquella época se sabía de la estructura y el funcionamiento del Sol, así como sobre su influencia sobre la vida en la Tierra. Escrita y dirigida por Capra, está  protagonizada por Frank C. Baxter, que hace de investigador, y el conocido actor Eddie Albert, que interpreta a un escritor de ficción. Se encargó de la animación el magistral estudio UPA Pictures, fundado por un modernista grupo de animadores de Disney que estaban cansados del estilo realista de la factoría y de la moda de los ‘animales parlanchines’.

Pusieron las voces a los personajes animados: Sterling Holloway, como Chloro Phyll, conocido por ser la voz de Winnie the Pooh o el gato Cheshire en Alicia en el país de las maravillas; el veterano actor Lionel Barrymore, que interpreta en el film el papel del Padre Tiempo, y que muchos recordarán por ser el villano de la película de Kapra ¡Qué bello es vivir!; y Marvin Miller, el Sol del film, conocido por ser la voz del robot Robby en la película Forbidden Plantet o el narrador del Show de la Pantera Rosa, entre otros personajes.

A pesar de las estupendas explicaciones del film y su afán didáctico, no deja de sorprender las constantes referencias religiosas en su narración, reflejo del contexto y circunstancias de su tiempo. La película gano un premio Emmy a la mejor edición de película para televisión. Our Mr. Sun supuso el debut de la serie y fue emitida en la CBS en 1956 en horario de prime time, lo que deja entrever que el propósito de los Laboratorios Bell no era el público infantil, sino el adulto. Su emisión llegó a nueve millones de hogares y se distribuyeron 600 copias de 16 mm en escuelas y otras instalaciones educativas.

2. Hemo The Magnificent  (1957)

La película explica el funcionamiento del sistema circulatorio. Junto con Our Mr. Sun, es una de las películas más populares de la serie y muchas escuelas continuaron proyectándola en sus aulas hasta los años 80. Como en la anterior película, contrasta en el film las didácticas explicaciones sobre la evolución y el surgimiento de la vida desde los océanos, con las empalagosas referencias religiosas.

Fue escrita y dirigida por Frank Capra, y protagonizada nuevamente por el tándem Frank C. Baxter, como investigador, y el actor Richard Carlson, como escritor. La animación fue realizada por la Shamus Culhane Producctions, una empresa fundada por un animador emigrado de la factoría Disney (donde fue responsable de la mítica secuencia de la canción “Heigh-Ho”  de Blancanieves y los siete enanitos), y amante del estilo experimental de la vanguardia rusa, como plasmó en la fabulosa película del Pájaro Loco, El barbero de Sevilla.

Poniendo las voces de los personajes animados, destaca la interpretación, como ardilla, de Mel Blanc, también conocido como “el hombre de las mil voces” por interpretar a multitud de personajes como Bugs Bunny, el Pato Lucas, Pablo Mármol de los Picapiedras o el robot Twiki de Buck Rogers, entre otros. El personaje protagonista, Hemo, lo interpretó Marvin Miller, la voz del Sol en Our Mr. Sun.

3. The Strange Case of the Cosmic Rays (1957)

Esta película trata de explicar qué son y cómo funcionan los rayos cósmicos, partículas muy energéticas procedentes del espacio exterior que chocan con nuestra atmósfera, cargándola eléctricamente, y cuyo origen sigue siendo un misterio. El film fue escrito y dirigido por Frank Capra, y protagonizado por Frank C. Baxter y el actor Richard Carlson, conocido por sus trabajos en películas de terror y ciencia ficción, entre ellas, el clásico It Came from Outer Space (1953). Como en el caso de Hemo de Magnificent, la animación fue encargada al vanguardista estudio Shamus Culhane Producctions.

En este extracto de la película se muestra, como si fuera un western, cómo los científicos llegaron a deducir la existencia de la radiación cósmica cuando estudiaban los fenómenos de ionización, es decir, el proceso por el cual el átomo adquiere carga eléctrica, por medio de un instrumento llamado electroscopio (representado en la animación como un banco de electrones). Las investigaciones mostraron que algo arrancaba electrones de sus átomos aún estando en recipientes cerrados e incluso aislados de los rayos ultravioleta (encarnados en el film como una mujer fatal de sinuosas curvas), los rayos gamma (un mágico ladrón que atraviesa paredes) y la radiación de materiales radiactivos (un grupo de forajidos armados con los números de los isótopos del uranio impresos en sus ropas). El efecto fue atribuido a una radiación extremadamente penetrante que fue llamada “radiación ionizante” y cuyo origen se vinculó inicialmente a la radiactividad terrestre hasta que, a mediados de la década de 1920, se utilizó la expresión “rayos cósmicos” para señalar que la radiación procedía de fuera de la Tierra.

4. Meteora: Unchained Goddess (1958)

Fue la cuarta película y la última de la serie producida por Frank Capra, quien co-escribió el guión y, a diferencia de las otras tres de películas, cedió la dirección al actor Richard Carlson, que también aparece en la película junto con Frank C. Baxter, cada uno en sus respectivos papeles de escritor e investigador.  Lo sorprendente de este film de 1958 es que se adelantó casi 50 años al panfletario documental de Al Gore Una verdad incómoda (2006) al tratar, de manera sospechosamente parecida, el tema de los posibles efectos adversos de un calentamiento global. Con este enfoque, el film explica diferentes aspectos relacionados con el clima, como el viento, las nubes o la lluvia, a través de una dramática fotografía que contrasta con una humorística animación, nuevamente, de la experimental Shamus Culhane Productions.

La idea de un calentamiento global ya era conocida en aquel momento, especialmente, por la publicación un año antes del film de un documento, firmado por el oceanógrafo  Roger Revelle, en el que sugería que un exceso de emisiones de dióxido de carbono haría que los océanos de la Tierra absorbieran este gas a un ritmo mucho más lento de lo previsto por los geólogos, provocando un “efecto invernadero”. Con base en ese conocimiento, Capra imaginó, a través del cine, lo que podría esperarse de tal situación. Así empieza el film:

Dr. Frank C. Baxter: “Una cuestión sumamente peligrosa. Porque con nuestros conocimientos no tenemos idea de lo que podría suceder. Incluso ahora, el hombre puede sin querer cambiar el clima del mundo a través de los residuos de su civilización. Debido a nuestras emisiones, a través de las fábricas y los automóviles, de más de seis millones de toneladas de dióxido de carbono cada año, que ayuda al aire a absorber el calor del Sol, la atmósfera parece estar calentándose”.

Richard Carlson: ” ¿Es esto malo?”

Dr. Frank C. Baxter: “Bueno, se ha calculado que un aumento de unos pocos grados en la temperatura de la Tierra derretiría los casquetes polares. Y si esto sucede, un mar interior ocuparía una buena parte del valle del Mississippi. Los turistas, en barcos con fondo de cristal, verían las torres inundadas de Miami a través de 150 pies de agua tropical. Con el clima, no estamos tratando sólo con fuerzas de una variedad mucho mayor que cualquiera de las que los físicos atómicos hayan encontrado, sino también con la vida misma. “

Tras el cuarteto de Capra, completaron la serie otros cuatro títulos igualmente extraordinarios:

5. Gateways to the Mind (1958), trata sobre los sentidos.  Especialmente interesante son las imágenes que muestran lo que podría suceder como resultado de la privación sensorial extrema. Las animaciones tienen un punto de psicodelia muy propia de la época y de los supuestos experimentos que algunos animadores se atrevieron a hacer con LSD. Contó con la presencia del neurocirujano canadiense Wilder Penfield, creador de un mapa sensorial de la corteza cerebral e impulsor de importantes avances en neurocirugía, especialmente, en operaciones de epilepsia,  y el psicólogo Hadley Cantrell, quien co-dirigió un estudio sociológico sobre la retransmisión radiofónica de La Guerra de los Mundos.

6. The Alphabet Conspiracy (1959), trata sobre el lenguaje. Intervino en el film el genial animador de Warner Bros. Friz Freleng, autor de series como Looney Tunes, Merrie Melodies y La Pantera Rosa.

7. Thread of Life (1960), magistral película que trata de explicar el desarrollo de la teoría genética desde Mendel hasta Watson y Crick . Incluye sencillas explicaciones sobre el ADN, la reproducción humana y la división celular. La animación fue producida por Warner Bros. a través de un de sus animadores, Robert McKimson, autor del diseño definitivo de Bugs Bunny y creador de personajes como el Gallo Claudio, el Demonio de Tasmania o Speedy González.

8. About Time (1962), sobre el tiempo y sus paradojas, protagonizado por Frank C. Baxter y el actor Richard Deacon (nota friki: el médico calvo y con gafas del inicio de la maravillosa Invasion of the Body Snatchers (1956).

9. The Restless Sea (1964), la película muestra las maravillas que se encuentran en las profundidades del océano y explica el trabajo que realizan los oceanógrafos a la hora de estudiar el mundo submarino. Este filme cerró la serie y tuvo a Walt Disney como maestro de ceremonias y al actor Sterling Holloway como sustituto del doctor Frank C. Baxter. (No hallado enlace al vídeo)

 

Resumiendo, ya sea como divulgador científico o como cineasta, las películas de Capra son siempre un placer; relatos llenos de valores en los que el director reflejó su alto compromiso ético con la sociedad a la que perteneció.  El sacrificio hacia los otros, la familia, la lucha por un ideal, la búsqueda de la verdad… son temas que Capra siempre quiso que estuvieran en cada una de sus películas, por lo que todas ellas pueden ser utilizadas con fines educativos. Aunque se  critica su cine como ingenuo y sentimental, lo cierto es que su visionado es más que recomendable, especialmente, en una sociedad en crisis como la actual.

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Ciencia y compás (II): Vuelta en redondo

“Por medios arquitectónicos y gracias a los trazos del compás nos es posible descubrir los efectos del Sol en el Universo”. Marco Vitruvio, ‘De Architectura’

Lo más fascinante del compás es su extrema sencillez. Con tan sólo dos delgadas extremidades a modo de zancos, no sólo podemos trazar círculos perfectos, sino que también obtenemos una posición muy elevada y ventajosa a la hora de hallar el punto medio de un segmento, la bisectriz de un ángulo o trazar perpendiculares y paralelas a una recta por un punto dado.

Los usos del compás son enormes, pero hay quien aún se resiste a sus encantos.  Especialmente desde que hace unos años un profesor canadiense llamado Alexander Overwijk se convirtiera en un fenómeno en Youtube al emular al maestro renacentista Miguel Ángel, según cuenta la leyenda, dibujando a pulso un círculo perfecto en una pizarra y en menos de un segundo. Tras él han sido muchos los que se han unido a esta insensata tarea con toscos métodos.

Pero volvamos a la historia del arte. Como todo en la vida, basta que no busques algo para encontrarlo, así que no he podido evitar tropezar con nuevas representaciones de esta simbólica herramienta. La lista podría hacerse interminable, pero para que no se convierta en una nuevo tipo de trastorno obsesivo, esta será la última entrega dedicada a este grácil soporte de torneados movimientos y trazos circulares.

Bible Moralisée (1215)
De Anónimo

"Bible Moralisée". Österreichische Nationalbibliothek (Viena)

Esta ilustración de estilo gótico perteneciente al frontispicio de Bible Moralisée, una de las más importantes Biblias con imágenes o también llamadas Biblia pauperum (“Biblia de los pobres”). En ella se muestra a Dios creando el Universo a través de principios geométricos.  El compás en este manuscrito es un símbolo de la acción divina, ya que según la tradición medieval existía algo intrínsicamente sagrado y perfecto en la circunferencia. De esta forma, el ser todopoderoso estaba sujeto a las matemáticas y obligado a adaptarse a ella en su labor creadora. Según esta concepción geométrica propia de la antigua Grecia, en la imagen dentro del círculo perfecto ya creado se encuentra dos pequeñas circunferencias que representan el Sol y la Luna. La materia informe restante es lo que más tarde se convertirá en la Tierra, una vez que Dios aplique los mismos principios geométricos y de armonía. La leyenda, en francés antiguo, que acompaña la ilustración lo deja claro: “Aquí creo Dios el cielo y la tierra, el Sol y la Luna y todos los elementos”. Lo sorprendente es observar como, entre la circunferencia trazada por el compás y su interior, el artista intuyó otra forma, la segunda más relevante en la naturaleza después del círculo, la manera más simple de crear complejidad:  el fractal.

Los Elementos (1309–1316)
De Anónimo

"Los Elementos". The British Library (Londres)

Esta ilustración corresponde al frontispicio de la traducción al latín del conocido libro Los Elementos de Euclides que se atribuye a Abelardo de Bath, un estudioso inglés del siglo XII conocido principalmente por haber transcrito a la lengua romana muchas obras científicas árabes de astrología, astronomía, filosofía, alquimia y matemática, así como antiguos textos griegos que sólo se conservaban en la lengua del islam, y que fueron de esta forma conocidos en Europa. Hasta hace relativamente poco tiempo, Los Elementos era el principal libro de texto de la enseñanza de geometría en las escuelas matemáticas europeas. En él Euclides recopiló gran parte del saber matemático de su época aunque su intención era más la de servir como una introducción elemental que de compendio.  Ejerció una gran influencia en los trabajos de científicos como Nicolás Copérnico, Johannes Kepler, Galileo Galilei o Isaac Newton, e incluso el mismo Einstein manifestó que una copia de Los Elementos y un brújula magnética fueron las dos cosas que más le marcaron en su infancia.

Esta imagen del siglo XIV corresponde a un detalle de la letra P. Vemos a una mujer, rodeada por un grupo de estudiantes que parecen monjes, utilizando un compás para medir distancias en un diagrama, mientras que en su mano izquierda sostiene una escuadra. La educación universitaria en Europa fue accesible para algunas mujeres durante el periodo medieval, especialmente, en los conventos. Sin embargo, en la Edad Media era raro que una mujer representara a un profesor, por lo que resulta más probable que se trate de la personificación de la Geometría, basada en el famoso libro de Marciano Capella De Nuptiis Philologiae et Mercurio (siglo V d. C.) que fue el origen del modelo de las siete artes liberales cuya representación alegórica se perpetuó durante siglos.

Artes liberales (1450)
De Pesellino

"Artes liberales", Pesellino. Birmingham Museum of Art (Alabama)

Además de motivos religiosos, una de las especialidades del pintor del quattrocento florentino Francesco di Stefano, también conocido como Il Pesellino (1422–1457),  fueron las pinturas decorativas para paneles y, en particular, para cassone, un tradicional arcón de bodas que gozó de una gran popularidad durante el renacimiento italiano. Las pinturas de este tipo de mobiliario apenas se conservan en su forma original y la mayoría cuelgan de galerías de arte y museos sin hacer referencia a su función original. Era común estas obras las representaciones alegóricas, entre ellas, una de las más utilizadas en la iconografía medieval: las siete Artes Liberales. Este concepto hacía referencia a aquellos estudios que tenían como propósito ofrecer conocimientos generales y destrezas intelectuales, en oposición a las llamadas Artes Manuales o Menores. Comprendían dos grupos de estudios: el trivium ( gramática, retórica y dialéctica)  y el quadrivium (aritmética, astronomía, geometría y música ). Durante la Edad Media, las artes liberales conformaban la parte central del currículo de la enkuklios paideia (“círculo de la educación”) de donde proviene el término “enciclopedia”.

En el lienzo las personificaciones femeninas aparecen de mayor tamaño, sentadas triunfalmente con sus parejas masculinas debajo. Cinco de los siete acompañantes llevan libros y representan a académicos o sabios, ya que sólo los hombres tenían acceso a la educación superior formal. Posiblemente sea Euclides, con el compás, quien acompaña a la Geometría y Pitágoras a la Aritmética. Se consideraba que si bien la Geometría y la Aritmética estudiaban el espacio y el número en estado puro, la Astronomía y la Música eran el estudio del espacio y el número en movimiento. Se pueden notar estos detalles en la sutil y delicada ejecución de Pessellino. Lástima que su temprana muerte a los 35 años pusiera fin a su corta carrera en la historia del arte.

Melancolía I (1514)
De Alberto Durero

"Melancolía I", Alberto Durero. Musée d'Unterlinden (Colmar)

Melancolía I es una de las obras más misteriosas del pintor del Renacimiento alemán  Alberto Durero. Se trata de uno de los tres grabados que componen sus conocidas Estampas Maestras. En la obra destaca una figura provista de alas que parece identificarse con un ángel. Apoya su cabeza en una de sus manos mientras con la otra sostiene un compás.  Entre una gran variedad de elementos símbólicos, podemos observar instrumentos científicos y técnicos que pertenecen en su mayor parte a las artes de la carpintería y la arquitectura, tales como una sierra, una regla, clavos, etc. Descubrimos además herramientas de medida como una balanza y un reloj de arena, y un “cuadrado mágico”, en el que la suma de las celdas da siempre 34.  También dos objetos geométricos algo desconcertantes llaman la atención: una esfera de madera y un poliedro de piedra truncado.

La interpretación más extendida sostiene que el grabado de Durero alude al carácter melancólico de la teoría clásica de “los cuatro humores”, según la cual el ser humano estaba influido por cuatro fluidos o “humores”: sanguíneo, colérico, flemático y melancólico. De esta forma, la imagen personifica la melancolía de aquellos que equipados de los instrumentos del arte y de la ciencia son incapaces de alcanzar la perfección. Llegó a manifestar al respecto: “En cuanto a la Geometría, puede demostrar la verdad de algunas cosas; pero en lo que atañe a otras hay que contentarse con la opinión y el juicio de los hombres”. Hay quien considera que se trata de un autorretrato de Durero, un reflejo de su personalidad reflexiva.

Detalle del cuadro donde aparece un cometa y un arcoiris como representación de la Astronomía

Curiosamente, durante el Renacimiento se reivindicó la figura del melancólico como reflejo de la genialidad y la creatividad del artista. Durero personifica claramente esta idea. Su padre era orfebre, lo que facilitó su conocimiento de técnicas e instrumentos. Como humanista, las matemáticas eran para él una exigencia en el arte y se convirtió en un autor erudito que colaboraba con estudiosos y científicos y participaba en los movimientos intelectuales de la época. Decía Durero que el arte sin conocimiento era “una mezcolanza fortuita de imitación irreflexiva, fantasía irracional y práctica ciegamente aceptada”.

Arquitectura (1600)
De Giambologna

"Arquitectura", Giambologna. Bargello Museum (Florencia)

El escultor renacentista Juan de Bolonia, conocido como Giambologna, fue autor de varias de las figuras más famosas de la historia del arte sobre temática mitológica. Entre ellas se encuentra esta personificación de la Arquitectura, representada como una hermosa joven que sostiene en su mano derecha la escuadra, el compás y el transportador de ángulos, y lleva como collar una plomada, instrumento para señalar líneas verticales. La elegancia, la ligereza y el cuidado equilibrio de esta estatua la convierten en una excelente muestra del estilo personal desarrollado por Giambologna que supuso la transformación del complejo manierismo iniciado por Miguel Ángel hacia la escultura barroca de Bernini. Aunque nació en Flandes, estudió y trabajó en Italia donde realizó sus mejores trabajos. Llegó a ser uno de los escultores más importantes de la corte de los Médici, quienes nunca permitieron que abandonara Florencia por miedo a que la Casa de Austria o los Habsburgo de España le ofrecieran trabajo permanente. Al menos ellos no se permitireron la fuga de talentos.

Arquímedes pensativo (1620)
De Domenico Fetti

"Arquímedes pensativo", Domenico Fetti. Art museum Alte Meister (Dresden)

Esta obra pertenece al pintor barroco italiano Domenico Fetti. Como mandaba la tradición barroca y su galería de seres llamados filósofos, Arquímedes aparece vestido humildemente como un personaje cotidiano, pero encerrando en su sencillez una mente lúcida y reflexiva. La atención de la figura se centra en el rostro pensativo, cargado de naturalismo, y en sus manos. Instrumentos de medición como el compás, la escuadra y un reloj de arena, así como un espejo, algunos libros y unos papeles complementan a modo de bodegón la zona inferior del lienzo y crean diferentes planos de profundidad. La penumbra del fondo y el foco de luz procedente de la izquierda resalta la figura y contrasta el blanco de los papeles dotando a la composición de mayor perspectiva en clara influencia de los caravagistas romanos. El estilo de Fetti fue evolucionando a lo largo de su obra haciéndose más pictórico y colorido, al modo de la pintura barroca flamenca liderada por Rubens. A pesar de su temprana muerte a los 34 años, ejerció una importante influencia entre algunos pintores de la época.

Y con esta reflexiva imagen acabamos nuestro especial de Ciencia y Compás. Animo a los lectores de este post a que compartan cualquier pintura, ilustración, fotografía o vídeo relacionados con esta temática.
¡A trazar círculos y redondeles!

Pentagramas de estrellas

“En el espacio nadie puede oír tus gritos.”, trailer de la película Alien.

Ciencia y música son viejas compañeras. El lenguaje universal de la música ha sido invocado frecuentemente por la ciencia para describir y comprender el mundo. A su vez, muchos músicos han utilizado la ciencia como inspiración para sus creaciones. Sin duda, la astronomía es la disciplina que más se ha beneficiado de esta simbiosis. Veamos algunos ejemplos:

Pitagóricos
En la Grecia antigua, los pitagóricos consideraban el Universo como una mezcla de armonía y número. Los planetas emitían sonidos, según las proporciones de sus órbitas alrededor de la Tierra, que combinados entonaban una sinfonía o “música de las esferas”. Esta idea de un Cosmos musical de órbitas circulares y proporciones armoniosas se prolongó durante toda la Edad Media hasta el siglo XVII. En el siguiente vídeo, fragmento del maravilloso corto de animación producido por Walt Disney en 1959 “Donald en el país de las matemáticas”, el pato Donald viaja a la antigua Grecia donde conoce a los Pitagóricos y la relación entre la música y las matemáticas. Acaba participando en una jam session improvisada con Pitágoras tocando el arpa:

Johannes Kepler
Fiel a la convicción clásica, el astrónomo alemán Johannes Kepler relacionó las órbitas de los planetas con los sólidos regulares y con los acordes musicales. Propuso en su libro Harmonices Mundi (1619) que la velocidad de cada planeta correspondía a ciertas notas de la escala musical. Cuanto más rápido era el movimiento, más agudo era el sonido que emitía. Asumida esta creencia, Kepler escribió seis melodías, cada una correspondiente a un planeta diferente.

Estudio de Herschel en la localidad inglesa de BathWilliam Herschel
El alemán William Herschel se dedicó profesionalmente a la música y llegó a ser un gran intérprete de oboe, profesor y más tarde director de orquesta. Sin embargo, la lectura a los 35 años del libro Astronomía de James Ferguson le hizo cambiar de profesión y dedicó el resto de su vida a diseñar y construir telescopios. A los pocos años de su nueva afición ya había descubierto un planeta, Urano, que inauguró una larga lista de importantes observaciones y hallazgos astronómicos. Como curiosidad, en la imagen vemos un detalle de la casa donde Herschel vivía con su hermana Caroline, en la localidad inglesa de Bath. En ella se conserva su piano y uno de los telescopios que él mismo construyó.

Georges Gamow
El astrónomo ucraniano Georges Gamow, uno de los tutores de la teoría del Big Bang, incluyó en la serie de libros de divulgación Mr. Tompkins tres arias para ser cantadas por tres eminentes cosmólogos, Abbé George Lemaître, Fred Hoyle y él mismo, que explicaban diferentes teorías de la creación del Universo.

Fred Hoyle
El astrónomo británico Fred Hoyle, autor de la teoría del Estado Estacionario y de la Panspermia, así como creador del término “Big Bang” -que utilizó para ridiculizar la teoría que hoy recibe este nombre-, también tuvo su propia experiencia musical y mantuvo una estrecha amistad con el músico Leo Smit. Escribió para él los libretos de dos composiciones, la ópera Alquimia de Amor (1969) y Copérnico: Narrativa y Credo (1973), e hizo de narrador en el estreno y en la grabación de ésta última.

Brian May
El conocido músico británico Brian May, guitarrista de la exitosa banda Queen, inició su carrera como astrónomo, llegando a pasar varios años en la isla de Tenerife dedicado al estudio de distintos fenómenos astronómicos desde el Observatorio del Teide. En 2008, tras varios años alejado de los escenarios, decidió culminar su formación y obtuvo el doctorado en astrofísica por el Imperial College de Londres.

Voyager
La música ha podido viajar por el espacio a bordo de sondas como las Voyager, lanzadas en 1977 para estudiar los planetas exteriores. Éstas llevan consigo un disco de oro con una selección de sonidos y músicas de varias culturas del mundo diseñado por el astrofísico y divulgador Carl Sagan. En el capítulo 11 de su popular serie Cosmos nos cuenta con orgullo algunos detalles de este curioso CD interestelar:

Mars Polar Lander
En 1999, la NASA instaló un micrófono en la sonda Mars Polar Lander para grabar los sonidos de la superficie marciana, según una idea propuesta por Sagan antes de su muerte. Sin embargo, este particular homenaje que la NASA quiso hacer al popular divulgador tuvo un imprevisto: 10 minutos antes del aterrizaje se perdió el contacto y la misión fracasó, posiblemente debido a un fallo en los cohetes de frenado de la sonda, aunque sigue sin estar claro las causas de su pérdida.

Huygens
La sonda Huygens, fabricada por la Agencia Espacial Europea, aterrizó en la superficie de Titán, satélite de Saturno, llevando consigo un CD de 14 minutos con cuatro temas musicales de estilo roquero compuestos por los franceses Julien Civange y Louis Haeri. Se incorporó, además, a la sonda un par de micrófonos y, aunque pudo registrar el ruido del viento durante el descenso, no pudo grabar los truenos de la densa atmósfera de Titán como se tenía previsto.

Kronos Quartet
En 2002, la NASA asesoró al cuarteto de cuerdas estadounidense Kronos Quartet en la producción multimedia Sun Rings de 10 movimientos, compuesta de sonidos e imágenes espaciales. En el vídeo podemos apreciar lo espectacular de esta propuesta musical:

Symphony of Science
El compositor John Boswell ha elaborado un proyecto llamado Simphony of Science basado en una serie de videos musicales donde científicos y divulgadores como Carl Sagan, Richard Feynman, Stephen Hawking y Richard Dawkins “cantan” los conceptos del conocimiento humano. Un ejemplo de esta interesante fusión entre música electrónica y divulgación científica:

Stellar Music Project
Proyecto musical ideado por el compositor Jeno Keuler y el astrofísico Zoltán Kolláth  para convertir los modos de oscilación de las estrellas en melodías. Se basa en el descubrimiento de cada estrella, como cada instrumento musical, posee su propio sonido, dependiendo de su tamaño y de su edad. El estudio de estas distorsiones permite a la astrosismología conocer, al igual que en una ecografía, lo que sucede en las profundidades de las estrellas. Un ejemplo de composición basada en oscilaciones estelares: StellarMusicNo1.mp3. En el vídeo, el astrofísico Todd Hoeksema de la Universidad de Standford nos explica cómo se generan estos sonidos en una de las estrellas que mejor conocemos, nuestro Sol:

Stradivarius
El Sol puede ser la respuesta a un misterioso fenómeno musical: el singular sonido del violín Stradivarius. Una de las muchas teorías al respecto sostiene que el secreto está en el “Mínimo de Maunder”, un periodo de escasa actividad solar que, entre los siglos XVII y XVIII, provocó un descenso en la temperatura en Europa. Esta “Pequeña Edad de Hielo” pudo causar un lento crecimiento en los árboles que dotaron a la madera de unas singulares cualidades sonoras.

Teoría de cuerdas
El sonido también forma parte de una moderna teoría de la física que trata de superar la incompatibilidad entre mecánica cuántica y la relatividad general. La conocida teoría de cuerdas describe el Universo como una sinfonía cósmica resonando con todas las notas que entonan unos minúsculos hilos vibrantes.  No hay mejor manera para comprender esta interesante y compleja teoría que ver “El Universo elegante“, uno de los mejores documentales de divulgación científica de los últimos años realizado por la PBS para el canal NOVA y presentado por el físico Brian Greene, autor del libro homónimo:

Este artículo fue publicado en la revista “Astronomía en los Museos”, editada por el Museo de la Ciencia y el Cosmos de Tenerife.

Más allá de la Relatividad

“Un físico es el medio que tienen los átomo de pensar en los átomos”, Anónimo.

Vídeo de divulgación donde se explican dos de los descubrimientos que Albert Einstein publicó en el mismo año que su teoría de la relatividad: el movimiento browniano, que proporcionó pruebas de la existencia de los átomos; y el efecto fotoeléctrico, que supuso la explicación más exacta de la naturaleza de la luz, así como el premio Nobel de física para su autor. Realizado por Iván Jiménez

El siglo XX vio como se transformaba súbitamente la visión de la realidad. La física que nos había guiado desde los tiempos de Galileo a Newton dejó de tener sentido. Uno de los principales causantes de esta revolución fue Albert Einstein. Gracias a él se desarrollaron las dos piedras angulares en las que hemos reconstruido nuestra comprensión del Universo y la materia.

Por un lado, la Relatividad supuso un cambio radical en nuestro modo de ver el mundo cuando los objetos se mueven a gran rapidez o tienen una gran masa. Gracias a ella descubrimos que el espacio y el tiempo son curvos e inseparables, que el Universo había tenido un comienzo y que aún se está expandiendo. Pero, por otro lado, Einstein también proyectó el primer rayo de luz sobre una nueva rama de la física: la mecánica cuántica. Un nuevo marco para comprender el comportamiento de los átomos, el mundo de la luz, la electricidad y de todo lo que opera a las escalas más diminutas.

A cambio hemos tenido que pagar un precio muy alto: renunciar a las certezas y dejar la ciencia en manos de la probabilidad. El mundo de lo infinitamente pequeño representa una realidad ajena a nuestra experiencia cotidiana y sentido común. Simplemente no se puede comprender a base de símiles derivados de la experiencia humana. Sin embargo, sin ella no podemos comprender muchas cosas que de otro modo no habríamos podido conocer.

La mecánica cuántica no sólo es fascinante por sus insólitos planteamientos y sus extravagantes leyes, además ha servido para realizar las predicciones más precisas y eficaces de toda la historia de la ciencia. Predijo la posibilidad del láser, que hoy tiene múltiples aplicaciones, desde en ingeniería hasta los lectores de CD; ha ayudado a la optimización de nuevos medicamentos y materiales; o se ha utilizado como base para nuevos microscopios capaces de ver la forma de las propias moléculas.

Paradójicamente, Albert Einstein se negó a aceptar la teoría que él mismo había ayudado a crear y sostuvo, hasta su muerte, que la realidad debía estar acorde con ideas más intuitivas. Aunque siempre se cita su frase “Dios no juega a los dados”, sus palabras auténticas fueron: “parece difícil echarle un vistazo furtivo a las cartas de Dios. Pero que juegue a los dados y utilice métodos telepáticos… es algo que yo no puedo creer ni por un momento”.

Cuántica: la chistera de mago

Este vídeo nace de la necesidad urgente de divulgación hacia la sociedad de este campo del conocimiento ya que, recientemente, ha crecido la popularidad de la física cuántica entre muchas pseudociencias que han encontrado en la complejidad de esta disciplina la jerga y verborrea adecuada para dotar de base científica a sus absurdas pretensiones con el innegable intento de obtener credibilidad.

Nuestra imagen del mundo y de nosotros mismos se ha visto afectada por los descubrimientos científicos. Para algunos seguidores de la Nueva Era, creyentes en ovnis, astrólogos, homeópatas y amantes de las pulseras milagrosas la ciencia les ha arrebatado el misterio esencial de la vida. Pero, en realidad, la ciencia sólo ha ayudado a eliminar algunos mitos producto de la ignorancia. Por suerte, ya han pasado los tiempos en el que las enfermedades eran resultado de maldiciones, o cuando la Tierra era el centro del Universo y los rayos, instrumentos de los dioses.

La ciencia no tiene respuestas a todos las preguntas, pero su realidad está abrumadoramente respaldada por las pruebas experimentales, lo que supone una evidencia muy importante de la existencia de unas leyes que, aún fuera de nuestra experiencia directa, nos sirven para comprender y prever el funcionamiento de la Naturaleza. Esto no significa que las respuestas sean ciertas y que el científico tenga la verdad.  Sea como sea, la ciencia, en su intento de dar solución a las grandes preguntas de la humanidad, nos ha proporcionado un conjunto de nuevos misterios igual de profundos e interesantes. Y eso es lo verdaderamente estimulante del conocimiento científico.

Cuando existen preguntas que la ciencia no puede responder pasan a formar parte del dominio de las creencias y las religiones. Estas son perfectamente respetables y forman parte de la propia naturaleza humana, pero todavía ninguna forma de fe ha sido suficiente para demostrar algún milagro, al menos que, como decía David Hume “el testimonio sea de tal categoría que su falsedad sea más milagrosa que los hechos que se propone establecer”. O lo que es lo miso, como simplificó el excelente divulgador Carl Sagan, “las afirmaciones extraordinarias precisan pruebas extraordinarias”.

Para finalizar, no está de más compartir el legítimo consejo de Bertrand Russell: “No es conveniente creer una proposición cuando no hay base alguna que sugiera que es cierta”. Espero que el vídeo trasmita al espectador algún ejemplo de lo fascinante y sorprendente que puede ser la ciencia.

Ver también:

“Viaje a la Relatividad” (Vídeo sobre la teoría especial y general de la Relatividad)

Jorge Cham, el doctorado en viñetas

Autor de cómic y experto en robótica del California Institute of Technology (Caltech)

Mucho se habla de los progresos y milagros de la ciencia, pero poco se dice sobre la carrera de obstáculos que supone la investigación. En el mundo académico, como en cualquier actividad humana, el éxito no depende tanto de factores externos, como conseguir financiación o la suerte, sino de la salud mental. Mantener una actitud positiva, sobre todo, cuando alguien se enfrenta a un doctorado en el principio de su carrera, es una misión imposible que lleva a muchos jóvenes a hacerse la gran pregunta: ¿Por qué estudio ciencias? Bajo el lema “El poder de procrastinar”, el experto en robótica y creador de la tira cómica Piled higher and Deeper, de cuyas siglas se obtiene el acrónimo PhD (también abrevación en inglés de Doctor Philosophiae), Jorge Cham habla en sus viñetas de los beneficios de la procrastinación, un estado parecido a la pereza cuyas propiedades han quedado demostradas por la propia historia, sino… ¿qué hacía Newton debajo de un manzano? ¿Trabajar? Cham describe con humor las miserias de la vida académica, la letra pequeña que nunca se explica y que muchas veces entra en conflicto con las ilusiones y expectativas de muchos jóvenes generando dudas y ansiedad. La tira ha sido publicada en multitud de periódicos y revistas y ha dado lugar a varios libros. No obstante, su éxito ha trascendido al papel convirtiéndose en una publicación online (www.phdcomics.com), punto de encuentro de miles de estudiantes que están atrapados en sus estudios de doctorado.

Viniendo de un terreno científico-técnico, ¿cómo te incorporas al mundo del cómic?
“Empezó en Standford donde hice el doctorado. Allí hubo un anuncio en el periódico universitario pidiendo tiras cómicas. Yo siempre he leído cómics toda mi vida y hablando con mi hermano sobre la experiencia del doctorado se me ocurrió intentarlo para ver que pasaba. En el periódico les gustó, así que seguí dibujando y hasta ahora.”

¿Cómo has compaginado la investigación y la docencia con el dibujo? ¿En qué medida se han beneficiado ambas dedicaciones?
“Al principio lo fui haciendo mientras estudiaba el doctorado. En este contexto fue fácil hablar de mi experiencia, de lo que me pasaba, las clases, los profesores, etc. Luego, cuando me gradué, seguí haciéndolo porque sabía que había gente que lo leía. Siempre le di prioridad, por lo que encontré tiempo para dibujar. El cómic siempre fue para mí una forma de expresar mis emociones y la ansiedad que uno pasa haciendo el doctorado. De manera que fue una buena válvula de escape. Además, profesionalmente es interesante porque me ha dado la oportunidad de visitar lugares donde me invitan a hablar y a dar charlas.”

¿Cuándo dibujas lo haces pensando en un público concreto, el universitario, o piensas en un lector más amplio?
“Cuando pienso en mi audiencia lo hago teniendo en cuenta a la gente que está en la universidad o haciendo investigaciones. Pero uno siempre intenta buscar temas generales que puedan afectar a cualquier persona. Un universitario lo encontrará mucho más chistoso, pero cualquiera lo puede leer y disfrutar de los dibujos y del humor.”

¿Cuál crees que es el éxito de tu tira? ¿Por qué hay tanta gente que se identifica con tus personajes?
“Es interesante ver que mi tira la leen gente de todas partes del mundo y de todas las ramas de la ciencia, de las humanidades y las ciencias sociales. Creo que la gente se identifica porque todos pasamos por lo mismo. Todos empezamos una carrera con ciertas ilusiones y expectativas, pero cuando uno entra en ellas no siempre se corresponde con la realidad y uno se pregunta porqué hago esto o si vale la pena. Esa ansiedad en el contexto universitario es aparentemente igual en todas las disciplinas y en todas partes del mundo.”

Tus lectores han convertido la tira en un punto de encuentro. ¿Qué has aprendido de sus comentarios?
“Es muy interesante el hecho de que muchas de las ciencias se hacen en soledad. Creo que en la astrofísica también ocurre; puedes pasar toda la noche mirando una pantalla. E igual sucede en muchas otras disciplinas. Creo que esto es lo que hace que mucha gente lea la tira; están solas, pero al ver que hay otras personas de muchas disciplinas en todas partes del mundo que están haciendo lo mismo se sienten conectadas. Muchas personas me escriben y me lo cuentan, y eso me da mucho satisfacción.”

Imagino que ese apoyo es lo qué te anima a seguir con la tira.
“Lo que me anima aún no lo he descubierto. Honestamente, empecé haciendo esto no por este sentimiento, sino por una necesidad de expresarme y de crear algo chistoso que entretuviera. La audiencia es algo que hace esta experiencia mucho más excitante.”

¿En dónde te inspiras para crear tus personajes y las situaciones?
“Me inspiro en mi propia experiencia, que es lo que conozco bien. Pero siempre estoy buscando el arquetipo, personajes que me parece que existen en todos partes, en todos los laboratorios y en todas las universidades, y el tipo de dinámicas y situaciones que yo creo que son comunes. Hay un personaje, con quien empezó la tira cómica, que básicamente soy yo. También mis amigos y gente con la quien yo trabajaba forman los distintos personajes.”

¿Cuál es el futuro de la tira cómica? ¿Tienes pensado cambiar de proyecto?
“Pues tengo suficiente material para otros libros. Después, lo más seguro es que se me hayan acabo las ideas. Dentro de un año o dos puede que haga un cambio, quizás en la tira o bien comience otro proyecto. Hay campos como la animación que me interesan mucho, pero el cómic es mucho más fácil. Me gustaría hacer algo, quizás un libro, que mezcle algunos aspectos de la ciencia con el humor.”

¿Eres de la opinión de los que creen que la ciencia debe hacerse entretenida o bien piensas que divulgar es simplificar demasiado las ideas?
“Bueno, es importante que uno hable al nivel del público. Si el público no tiene el contexto para entender algo es importante que la comunicación sea entretenida y se haga un poco simplificada para que la gente se interese y comprenda bien los beneficios de la ciencia y cómo se hace.”

Precisamente, en tu tira cómica haces divulgación no del conocimiento científico, sino de la forma de hacer ciencia. ¿Hasta que punto se puede leer una crítica al sistema académico?

“El cómic cuestiona cuáles son los beneficios y los sacrificios que se debe hacer en una carrera. Espero que sea algo positivo porque te enseña cómo es la realidad. No sé si hay una crítica, pero sí hay gente que ve un poco de cinismo en mi tira cómica. Es cierto que no es muy positiva, pero hay que decir las cosas como son; si el proceso no es del todo favorable para los estudiantes o para las personas que hacen ciencia se tiene que contar.”

Hablando del mundo académico, ¿crees que es beneficiosa para la ciencia la actual tendencia de valorar la investigación según medidas cuantitativas, es decir, la masa de publicaciones en lugar de la calidad?
“En mi opinión, no creo que beneficie mucho. Es importante mantenerte competitivo y trabajar mucho, pero me parece que últimamente el tipo de persona que sobrevive en las universidades o instituciones y que cosecha éxito son personas que tienen más en mente el número de publicaciones que ideas originales.”

¿Hasta que punto la ciencia se ha convertido en una empresa? ¿Se está perdiendo creatividad a favor de rentabilidad?
“Por un lado, la competencia te obliga a ser más imaginativo, pero al mismo tiempo es posible que se esté sacrificando la creatividad por otro tipo de habilidades; se tienen más en cuenta cuestiones administrativas, de cómo vender tu investigación, que ser creativo en las propuestas. Es algo bastante claro cuando vas a buscar trabajo y lo primero que evalúan es el número de publicaciones, la cantidad y no necesariamente la originalidad.”

¿Qué solución darías al problema de la precariedad de los contratos posdoctorales?
“Los contratos son bastante precarios, en general. Hay muy pocas oportunidades, especialmente para puestos de profesor. Literalmente tienes que esperar a que alguien se muera para que se abra una sustitución. Se podría ser más honesto con los estudiantes que quieren estudiar el dotorado y decirles que las posibilidades de ser profesor son pocas y que hay que pensar en otras opciones.”

En la escuela nos obligan a escoger: ciencias o letras. Ambas líneas difícilmente vuelven a encontrarse. ¿Qué opinas de la excesiva especialización en el ámbito del conocimiento?
“Creo que la especialización es inevitable. Cuando se incrementa el volumen de conocimiento de algo hay que especializarse. En ese sentido es muy importante la divulgación. Creo que es fundamental tener una educación completa y no dedicarse demasiado a la ciencia renunciando a la cultura.”

¿Tiene sentido el matrimonio entre el conocimiento humanístico y el científico, tal como sucedió en el Renacimiento, en la ciencia del siglo XXI?
“Si es rentable y alguien te va a contratar, puede que sea posible, aunque no lo creo. De todas formas, siempre van haber personas que tienen un interés general en ambos terrenos.”

¿Sigue la actualidad en materia de astronomía?
“Sí, cada vez que sale una noticia relacionada con la astronomía la leo con interés. Recientemente, he seguido toda la controversia y la discusión sobre Plutón. Además, debo confesar que soy un auténtico admirador de Contact de Carl Sagan. Estoy impaciente por ver alguno de los telescopios que hay aquí.”

¿Cuándo fue la última vez que miró el cielo?
“Creo que fue hace unos meses estando de camping en la playa. Siempre es increíble ver las estrellas y preguntarse de dónde venimos y si hay otros planetas con vida. Lamentablemente, cada vez es más difícil ver el cielo en las ciudades. Es algo que nos perjudica, aunque es algo inevitable. Por suerte todavía queda lugares en los que se puede ver el cielo con cierta claridad.”

Entrevista publicada en el último número de IAC Noticias, revista del Instituto de Astrofísica de Canarias

Ciencia y arte según la astronauta Mae Jemison

(Del canal de Internet Technology, Entretainment and Design (TED). Conferencia pronunciada en el año 2002 en Monterey, California)

Entrevista a Juan Arana

Catedrático de Filosofía de la Universidad de Sevilla

“Si un hombre nunca se contradice, será porque nunca dice nada.” Miguel de Unamuno

(Entrevista realizada para el canal VOCES del Instituto de Astrofísica de Canarias)

El conocimiento se inicia con las noches estrelladas, cuando surge la irremediable pregunta de cómo empezó todo. No es casualidad que la ciencia y la filosofía avanzaran juntas durante muchos siglos en el intento de dar una explicación a las propiedades de la naturaleza y de nosotros mismos. Todo cambió con la revolución científica del siglo XVII. Con la razón monopolizada por la ciencia, la filosofía se hizo más aséptica y abstracta, y los científicos iniciaron un periodo de especialización obcecada que aún hoy continúa. Sin embargo, una joven disciplina, la cosmología, ha abierto el diálogo. Las viejas preguntas vuelven a ser formuladas: el origen y el destino del universo, la infinitud, la nada, el azar, el tiempo, etc. En este cruce de caminos se encuentra Juan Arana, catedrático de Filosofía de la Universidad de Sevilla y fiel defensor en España de la Tercera Cultura , una nueva filosofía natural que pretende poner fin al divorcio entre la cultura humanística y la científica.

Un Universo de preguntas

¿Dios o la materia?

Portada del libro '¿Dios o la materia?'. Editorial Áltera

Hace unos meses apareció publicado un libro bajo el título “¿Dios o la materia?” (Ed. Altera, 2008). Podría parecer una obra más de las muchas que se han lanzado al mercado editorial como remedio homeopático para la existencia. Sin embargo, dos aspectos llaman la atención: el primero, que se plantee bajo signos de interrogación, lo que sugiere la sana costumbre de proponer preguntas en lugar de ofrecer verdades únicas; y el segundo, un tentador subtítulo aclarando lo que en él se ofrece:”un debate sobre cosmología, ciencia y religión”. Es decir, que nos encontramos en un cruce de caminos, un intento de acercar, después de más de dos siglos de alejamiento mutuo, la cultura científica y la humanista. Como en todo diálogo se necesitan al menos dos personas, un investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias, Martín López Corredoira, y un filósofo de la Universidad de Bremen (Alemania), Francisco Soler Gil, se han planteado el propósito de dejar de lado los particularismos que los separa y ofrecer al lector la posibilidad de posicionarse por sí mismo sobre la eterna pregunta de la creación. No hay que olvidar que el conocimiento se inicia con las noches estrelladas, cuando surge la irremediable pregunta de cómo empezó todo.

La separación de saberes
La ciencia y la filosofía avanzaron juntas durante muchos siglos en el intento de dar una explicación satisfactoria a las propiedades de la naturaleza y, también, de nosotros mismos. “Antiguamente, un filósofo serio trataba de saber todo lo referente a las ciencias naturales de su época”, explica Soler Gil. Sin embargo, todo cambió con la revolución científica del siglo XVII. El triunfo definitivo de la física de Newton auguró un futuro donde las verdades dejaron de estar vetadas para el hombre y el método teórico-experimental se erigió como el único y más exitoso modo de descifrar el sistema del mundo. En este sueño de rigor que no admitía más que certezas absolutas en base a demostraciones empíricas, los filósofos se encerraron en las universidades, huyendo de las preguntas capitales, los problemas últimos que siempre habían preocupado al hombre, a favor de cuestiones más asépticas y difíciles de comunicar. “El exceso de erudición ha llevado a la filosofía a perder el contacto con la realidad y la visión de conjunto”, explica el filósofo de la Universidad de Sevilla, Juan Arana, autor del prólogo del libro.

Al desapego inicial  pronto le siguió la desconfianza. “Si vamos a una facultad de filosofía sigue habiendo cierta aversión a la ciencia; consideran que los científicos son sólo obreros del saber, pero el pensamiento real está en la filosofía”, critica el astrofísico López Corredoira, aunque añade que el desinterés es desgraciadamente mutuo: “en las estudios científicos se ve la filosofía como un pasatiempo, algo que tuvo su gloria, pero lo importante es hacer un gran telescopio y sacar más y más datos”. Para el investigador la relación está desequilibrada, “sobran datos y faltan preguntas”.

Si bien la filosofía está condicionada por la propia experiencia, la ciencia se ayuda de instrumentos externos para percibir aspectos de la naturaleza insospechados. En el propósito común de comprender cómo son las cosas, “la filosofía del siglo XXI no debe estar de espaldas al desarrollo de la ciencia, sobre todo, en aquellos temas que tengan que ver con la realidad  y el conocimiento del ser”, afirma López Corredoira, tal vez quien mejor representa esta voluntad de mestizaje al compaginar la investigación astrofísica con la publicación regular de ensayos filosóficos. Para Soler Gil, también de formación científica y dedicado a la Filosofía de la Física, “si se considera la ciencia como la tarea de recopilar datos, ninguna de las teorías importantes de la historia de la física se hubieran creado; todo surge por un intento de descubrir la realidad que se oculta detrás de los fenómenos y esa es la función de la filosofía, plantearse preguntas”. Y sitúa el éxito de Newton y Galileo en que “eran físicos y filósofos al mismo tiempo”.

Ejemplar de "Principios matemáticos de la filosofía natural", obra publicada por Newton en 1687 donde desarrolló sus conocidas teorías sobre el movimiento y la gravitación. Además de su importancia científica, el físico consideró que se trataba de una obra filosófica ya que proponía una descripción mecanicista de la realidad

Ejemplar de "Principios matemáticos de la filosofía natural", obra publicada por Newton en 1687 donde desarrolló sus conocidas teorías sobre el movimiento y la gravitación. Además de su importancia científica, el físico consideró que se trataba de una obra filosófica ya que proponía una descripción mecanicista de la realidad

Aunque son cada vez más los que perciben la necesidad de un proyecto interdisciplinar, no siempre el acercamiento ha sido positivo. “Hay muchos filósofos que se han acercado a la ciencia, pero a la más especulativa, y han creído ver en la ciencia lo que no hay”, advierte López Corredoira. Y señala el ejemplo de la mecánica cuántica como una moderna “chistera de mago” donde cualquier explicación tiene cabida. “Alguien que únicamente ve la parte esotérica y exótica de la ciencia, sin comprender la parte matemática o técnica, sólo ofrecerá una versión sesgada”, declara el investigador.

Cosmología, punto de encuentro
El origen y el destino del Universo, la infinitud, la nada, el azar, el espacio-tiempo, etc. son extravagantes conceptos que la ciencia, y en particular una joven disciplina, la Cosmología, ha rehabilitado tras los éxitos de la astronomía y la astrofísica en los últimos 50 años. “Las viejas preguntas vuelven a ser formuladas; los cosmólogos han hecho incursiones en la metafísica que dejan asombrados a los filósofos más ambiciosos”, afirma Arana y sitúa el triunfo de esta disciplina en ser “el último lujo de la humanidad ya que estudia el Universo simplemente porque al hombre le interesa saber dónde está, no por su repercusión inmediata”. Sin embargo, “si bien en otra época se especulaba mucho, ahora -matiza López Corredoira- se ha encontrado la manera de abrazar estas cuestiones científicamente”.

Aunque Arana reconoce que “la cosmología tienen un lenguaje matemático y una conexión con la astronomía de observación que no tiene el filósofo, el momento especulativo es importante en las dos disciplinas; no tienen la evidencia empírica necesaria para hacer una teoría con seguridad”.  Y considera el camino de la especulación más esperanzador que inquietante: “esa libertad de imaginar, de crear nuevos conceptos y buscar nuevos horizontes es un ejemplo a seguir para muchos filósofos”.

Sin duda, en los últimos años ha habido una proliferación de supuestos que ha desconcertado a muchos en la medida que la cosmología iba dejando atrás el complemento observacional a favor de una senda más especulativa. Este supuesto es corroborado por López Corredoira en su labor diaria como astrofísico: “en cosmología hay evidencias empíricas, pero quizás no tantas como nos quieren hacer ver”. Y  añade: “la limitación es clara, no podemos ver el origen del Universo ni reproducirlo en laboratorio, sólo podemos observar las galaxias, la radiación que nos llega y cuatro cosas más y con eso reconstruir nuestro modelo; es como un detective que tiene dos pistas y tiene que imaginar el asesinato, puede acertar o se puede equivocar”.

Es precisamente aquí donde Soler Gil sitúa la importancia de integrar las disciplinas: “a un científico siempre le interesará saber si los modelos utilizados son una descripción de la realidad o un ajuste de los datos; llegado el momento, se requiere de espíritu crítico respecto a los modelos imperantes y la filosofía es la mejor herramienta”. También López  Corredoira comparte esta idea: “los filósofos son más conscientes de los procesos humanos, siempre están desconfiando del método, de la epistemología, vigilando cada proceso; los científicos no sospechan de nada, piensan que todo es liso y llano, que de los datos va a salir la verdad”.

La religión del Big Bang
Tal vez, en el mercado de teorías cosmológicas, el Big Bang es la más aceptada, aunque su escenario aún está lejos de ser satisfactorio. “Hay gente que piensa que el modelo ya está finiquitado, pero no es así; los elementos que tenemos no son suficientes en mi opinión para tener una teoría cosmológica completa”, afirma López Corredoira y señala los prejuicios y las modas como las razones del inmovilismo del actual modelo del Universo: “lo más fácil es posicionarse en la parte más ortodoxa si quieres conseguir dinero para tu investigación”.  La cosmología está llena de objetos ocultos y vértigos metafísicos: la materia y la energía oscura, la inflación, las ondas gravitacionales… son, según Soler Gil, “indicios de que se están añadiendo al modelo original demasiados parámetros y entidades que no se conocen simplemente para mantenerlo; hay aspectos de la física que podrían estar necesitando una revisión, aunque esto no significa que todo el modelo esté equivocado”.

Inscripción sobre la tumba de Immanuel Kant tomada de su obra 'Crítica de la razón práctica': «Dos cosas colman el ánimo con una admiración y una veneración siempre renovadas y crecientes, cuanto más frecuente y continuadamente reflexionamos sobre ellas: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí.»

Inscripción sobre la tumba de Immanuel Kant tomada de su obra 'Crítica de la razón práctica': «Dos cosas colman el ánimo con una admiración y una veneración siempre renovadas y crecientes, cuanto más frecuente y continuadamente reflexionamos sobre ellas: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí.»

A pesar de todo, Soler Gil ve en el modelo cosmológico actual una concordancia clara con los planteamientos teístas occidentales: “la belleza de la naturaleza y la matemática que la describe puede sugerir que hay un principio racional que quiere que nosotros participemos en el plan del Universo”. Sin embargo, para López Corredoira el supuesto de que las constantes del Universo estén ajustadas para el hombre “es hablar por no estar callado; hay muchas cosa que no conocemos, pero no veo la necesidad de encajar a Dios”. Según el investigador, la ciencia y las creencias son terrenos que no guardan relación: “la religión es algo totalmente irracional, humano y muy respetable; tratar de defenderla con argumentos racionales me parece un camino equivocado”.

La cuestión religiosa en el estudio del Universo no es algo nuevo. A lo largo de la historia las distintas creencias de los científicos han determinado la elección de un modelo u otro. Por ejemplo, el propio Einstein rechazó la idea del Big Bang porque “aquello sugería demasiado la creación”, y los autores que plantearon como alternativa la teoría del Estado Estacionario lo hicieron para que fuera coherentemente atea. Según Arana, “posicionamientos metafísicos o religiosos normalmente suelen estar detrás del trabajo que hace un físico o un cosmólogo; el problema está en que los científicos son críticos con su trabajo, pero no con sus puntos de partida”.  Por ello propone que tanto el científico como el cosmólogo “deberían hacer un autoanálisis para saber cuáles son sus creencias, prejuicios y conjeturas, puesto que eso puede condicionar su trabajo teórico”.

Arana toma como ejemplo al mismo Einstein quien, obsesionado con la creencia de que podía encontrar una teoría que diera explicación al Universo entero, “se dice que al final de su vida debería haberse dedicado a pescar al tomar un vía demasiado especulativa”. Tal vez esa teoría que el físico alemán buscaba esté precisamente en lo que estos autores proponen, la insensata pretensión de conocer todo. Propuestas como ésta, realizadas no desde el oportunismo, sino a través del conocimiento del método científico, la evidencia empírica y la memoria histórica, son un buen ejemplo que no debería desaparecer como las moscas en invierno. Ojalá la misma gravedad que establece los vínculos afectivos entre los cuerpos celestes que la cosmología estudia consiga unir de nuevo los distintos saberes. A fin de cuentas, el diálogo es el mejor anzuelo para pescar grandes respuestas en un mar de dudas.

Artículo publicado en el diario “La Opinión de Tenerife”, suplemento de cultura. (Versión .pdf)

Dalí: el Universo en su reverso

Como un moderno personaje renacentista, el artista de Figueres creía firmemente en la concurrencia entre la causa surrealista y la ciencia. Su obra es un maravilloso recorrido por los avances científicos del siglo XX.

Como un moderno personaje renacentista, el artista de Figueres creía firmemente en la concurrencia entre la causa surrealista y la ciencia. Su obra es un maravilloso recorrido por los avances científicos del siglo XX.

Dalí fue un artista de muchas inquietudes. En especial, se sintió fascinado por la ciencia, cuyos descubrimientos alimentaron su creatividad, sus reflexiones, escritos y, sobre todo, su obra. Como un moderno personaje renacentista, el artista de Figueres creía firmemente en la concurrencia entre la causa surrealista y la ciencia. Su obra es un maravilloso recorrido por los avances científicos del siglo XX. El pintor catalán trató disciplinas como la cuántica, la física nuclear, la relatividad, la genética, la geología, la geometría, la psicología y la óptica.

Dalí utilizó el lenguaje científico con rigor y como culto a la objetividad. Aprovechó la capacidad de la física y las matemáticas de ver más allá de los objetos visibles y del mundo tangible para explorar en sus obras nuevas dimensiones que superasen la realidad cotidiana. Según él, la ciencia era, además de una fuente de inspiración inagotable, una de las vías para llegar a la inmortalidad e incorporó plenamente a sus pinturas un mundo basado en las leyes de la relatividad y la incertidumbre cuántica. De hecho, creó un método basado en un discurso científico para explicar el funcionamiento de su proceso creativo: el método paranoico-crítico.

Ávido lector de publicaciones científicas, hasta su muerte estuvo suscrito a revistas especializadas y poseía una amplia biblioteca de libros de física, biología y matemáticas repletos de sus propias anotaciones en los márgenes. El interés que demostraba por cada teoría emergente le valió la amistad de muchos científicos, que ayudaron y asesoraron al pintor en la realización de sus obras y admiraron la poderosa intuición del artista. “Todos mis cuadros, la gente se ríe al verlos por primera vez, pero después de casi 12 años, todos los científicos reconocen que cada una de estas pinturas es una auténtica profecía”, declaró.

Tras su imagen frívola y provocadora se escondía un creador seriamente involucrado con los avances de la ciencia y sus implicaciones sociales. Para Dalí no había nada más sugerente que la realidad: “es evidente que existen otros mundos, pero esos otros mundos están en el nuestro, residen en la Tierra”.  El pintor no sólo encontró en la ciencia el impulso poético que necesitaba, además de una religión y una manera de trascender, sino que llegó a sentenciar: “los pensadores y literatos no pueden aportarme absolutamente nada y los científicos todo, incluso la inmortalidad del alma”.

La relatividad del inconsciente
Dalí estuvo especialmente influenciado por las teorías de dos grandes pensadores del siglo XX, Freud y Einstein. De este último, Dalí acoge las implicaciones del espacio-tiempo relativista cuyas explicaciones escuchó en la visita que el físico hizo a la Residencia de Estudiantes en 1923. Aquella semilla científica germinará en su obra “La persistencia de la memoria” (1931), donde Dalí pinta la deformación del tiempo, la cuarta dimensión de Einstein, representada con diversos relojes blandos y maleables que consideró premonitorios de la nueva física que se avecinaba.

En cuanto a Freud, incorporó el psicoanálisis y utilizó sus teorías para penetrar en el inconsciente científicamente. Dalí escribió: “Freud es mi padre”. De hecho, en 1938, llegó a entrevistarse con él en Londres. El artista, fascinado por todo lo invisible, intentó plasmar en sus pinturas el mundo del inconsciente, el universo sumergido según el padre del psicoanálisis. Dalí siempre tenía a los pies de su cama un caballete con un lienzo preparado para plasmar las ensoñaciones que recordaba tras despertar. Manifestó: “yo trabajo constantemente en el momento de dormir; mis mejores ideas vienen de mis sueños y la actividad más ‘daliniana’ se produce mientras duermo”.

La firma de Salvador Dalí se inspira en una imagen científica: la fotografía estroboscópica de la caída de una gota de leche tomada por Harold Edgerton.

La firma de Salvador Dalí se inspira en una imagen científica: la fotografía estroboscópica de la caída de una gota de leche tomada por Harold Edgerton.

Dalí mezcló los elementos psicoanalíticos con aspectos del campo de la percepción. En especial, añade algunos fundamentos de la psicología de la Gestalt que estudió, desde principios del XX, los fenómenos fisiológicos y psicológicos que subyacen en la percepción y la relación del sujeto con el medio. Manipulando la imagen, Dalí logra en su obra hacernos partícipes de un delirio perceptivo, una “ilusión óptica” según la Gestalt, de forma que lo que vemos es tangible e imposible de contradecir.

El engaño de los sentidos
La primera de las pasiones científicas de Dalí fueron las dobles imágenes. Intrigado por el engaño de los sentidos, experimentó con representaciones de objetos que conforman, a la vez, otros totalmente distintos. La primera doble imagen que pinta es “El hombre invisible” (1929). Fueron varios los orígenes de esta obsesión por la metamorfosis perceptiva: por un lado, el ensayo de Freud sobre el cuadro de Leonardo da Vinci “Santa Ana, la virgen y el niño” (1517), donde aparece un buitre entre los pliegues del ropaje; y por otro, el célebre “Tratado de la Pintura” (1651) del mismo Leonardo, donde instaba a los artistas a encontrar figuras reconocibles en las manchas o contornos informes de paredes sucias o nubes.

Otra de las inquietudes de Dalí fue la tridimensionalidad, que le condujo a combinar su técnica artística con la tecnología científica más destacada del momento. La primera de ellas fue la representación estereoscópica que descubre a través de las telas de Gerard Dou, artista holandés contemporáneo de Vermer, al comprobar que había realizado dos versiones, apenas distintas entre sí, de muchas de las escenas que retrató. Siguiendo esta idea, en “El Cristo de Gala” (1978) pintó dos cuadros casi idénticos para lograr la visión en tres dimensiones al superponerlos, y en “La armonía de las esferas” (1979) consigue su primera obra estereoscópica en un solo elemento. Al mismo tiempo, Dalí trabaja con la lente de Fresnel, un instrumento óptico ensayado por la NASA para ver imágenes en relieve.

Posteriormente, el artista creyó encontrar en la cuarta dimensión una salida al estancamiento del mundo del arte. En 1971, año en que Dennis Gabor recibió el Premio Nobel por sus trabajos sobre el láser, Dalí se interesa por la holografía, y un año después realiza la primera exposición de hologramas en Nueva York con asesoramiento del propio científico. En la introducción del catálogo de la muestra, Dalí explica: “Gracias al genio de Gabor, la holografía ha hecho posible el renacimiento del arte y las puertas de un nuevo espacio creativo se han abierto ante mi”.

Tampoco dejó de lado otros avances en el mundo de la imagen. Valoraba con interés las películas y la fotografía científicas coetáneas. De tal forma, el cine fue otro de sus medios de expresión el cual consideraba capaz de expresar la violencia de las emociones humanas mucho mejor que la quietud y la cristalización de la pintura. Y transformó la representación de la fotografía estroboscópica de la caída de una gota de leche, tomada por el ingeniero Harold Edgerton en 1936, en la corona con la que remataba su firma.

La estética de los números
Dalí llevó acabo en sus obras un extraordinario desarrollo de las matemáticas. Como los maestros clásicos, aplica el conocimiento científico al equilibrio de las composiciones. En especial, gracias a los consejos del matemático húngaro Matila Ghyka, obtuvo un gran dominio de la Regla Áurea, una proporción que ya conocían los griegos y que se encuentra en la naturaleza. Es el caso del cuadro “Semitaza gigante volante, con anexo inexplicable de cinco metros de longitud” (1945) donde una espiral áurea controla toda la composición.

El hipercubo fue una de las grandes intuiciones de Dalí que, adelantándose en 20 años a la representación matemática de Thomas Banchoff, muestra a Jesús crucificado sobre una cruz de cuatro dimensiones formada por ocho cubos unidos por sus caras.

El hipercubo fue una de las grandes intuiciones de Dalí que, adelantándose en 20 años a la representación matemática de Thomas Banchoff, muestra a Jesús crucificado sobre una cruz de cuatro dimensiones formada por ocho cubos unidos por sus caras.

Pero Dalí fue mas allá del uso técnico de las matemáticas y las incorporó como forma de expresión artística. Usó figuras abstractas como el cubo, la esfera o el dodecaedro, junto con otras casi inéditas en arte, como el hipercubo, un objeto de cuatro dimensiones, inimaginable salvo para los matemáticos, que el pintor utilizó en su cuadro “La crucifixión” (1954) o “Corpus Hypercubus”. El dibujo se adelantó en 20 años a la representación matemática de Thomas Banchoff que en 1975 publicó un artículo en el Washington Post ilustrado con la obra de Dalí. Desde entonces el científico y el artista mantuvieron una estrecha colaboración.

En cierta ocasión, preguntado en qué consistía su método paranoico-crítico, respondió: “en el método no hay nada de ensoñación sino topología trascendental”. Así, en muchos cuadros, los objetos (relojes, rostros, partes de cuerpos humanos o animales) experimentan cambios y deformaciones por medio de transformaciones topológicas, como en “Desintegración de la persistencia de la memoria” (1952-54), donde Dalí descompone las imágenes de su famosa pintura de los relojes.

Estos conocimientos en Topología Diferencial y Sistemas Dinámicos llevaron a Dalí a interesarse por la Teoría de las Catástrofes del matemático René Thom, quien obtuvo por ella la Medalla Field, equivalente al Premio Nobel. La teoría desafió el mundo científico al proponer una nueva manera de considerar todas las transformaciones que se producen de manera imprevista. Esta idea influyó en Dalí hasta el punto de que adaptó su firma para convertirla en una ecuación, como en “El rapto topológico de Europa” (1983), que materializa la idea de la evolución del continente europeo desde la teoría del creativo matemático.

Dalí escribe en 1985: “no se puede encontrar una noción más estética que la última Teoría de las Catástrofes de René Thom, que se aplica tanto a la geometría del ombligo parabólico como a la deriva de los continentes; la Teoría de René Thom ha encantado todos mis átomos desde que la conocí”. Y bajo sus influjos no dejó de crear, inspirando una particular caligrafía en el “Tratado de escritura catastrofeiforme” (1982) o formando parte de sus cuadros, como en “La cola de golondrina” (1983) donde aparece la ‘arista de retroceso’ de una superficie.

Pero Dalí fue todavía más lejos. Utilizará sistemas autorreferenciales y estructuras fractales en pinturas como “El rostro de la guerra”, (1940). Otras, como “La calavera de Zurbarán” (1956), contienen ilusiones ópticas basadas en un cubo de Necker y de Koffka. También, la espiral será un elemento fundamental. En “Figura rinoceróntica del Alisios de Fidias” (1954) o en “Retrato de Gala con síntomas rinocerónticos” (1954) relaciona las espirales logarítmicas con los cuernos de rinocerontes. Dalí, además, utilizó la teoría de la simetría y la combinó con un tipo específico de ambigüedad antisimétrica, tal y como ocurre en su “Aparición de rostro y frutero en una playa” (1938), donde casi todos los detalles tienen doble significado y la misma pintura representa un paisaje o la figura de un perro.

La doble hélice
El 25 de abril de 1953 se publicaba en la revista Nature un artículo, de poco más de una página, que causaría un gran impacto en la comunidad científica. El texto, escrito por un joven biólogo estadounidense de 24 años, James Dewey Watson, y un físico británico de 36 años que no había acabado su tesis doctoral, Francis Harry Compton Crick, explicaba la hipótesis de que el ADN, responsable de la transmisión del código genético, tenía una hermosa estructura de doble hélice. En poco tiempo, esta imagen se convirtió en un icono e impresionó profundamente a Dalí que la utilizó en su obra pictóricas como un elemento para pervivir en el tiempo, ya que consideraba el ADN como la clave de la inmortalidad.

Para el artista, tanto la estructura del átomo como el ADN configuraban una realidad que no podíamos percibir con los sentidos, realidades ocultas como la de los sueños. Así, en “Galacidalacidesoxyribonucleicacid” (1963), combinación de les palabras Gala, Dalí y ácido desoxirribonucleico, la doble hélice aparece junto con Gala, que es observada por la molécula de la sal, formada por hombres que se apuntan con fusiles. En “Representación del ADN” (1971) y “El ácido desoxirribonucleico y la escalera de Jacob”(1975) se reproduce el ácido desoxirribonucleico desde la óptica surrealista; a la estructura helicoidal le incorpora una historia bíblica: el sueño de Jacob con una escalera que llega hasta el cielo por donde bajan y suben los mensajeros de los dioses.

Dalí también dedicó una obra a Watson y Crick e incluyó las fotografías de ambos científicos con las inscripciones ‘Watson: a model builder’ y ‘Crick: Life is a three-letter word’ en “Hommage à Crick et Watson” (1963). La molécula aparecerá en otras muchas obras como “Árabes acidodesoxirribonucleicos” (1963), “La estructura del ADN” (1975) o “Paisaje de Mariposa. El gran masturbador en paisaje surrealista con ADN” (1957-58).

La mística nuclear
En 1940 Dalí se interesa por la teoría cuántica de Max Planck. Estaba fascinado por la física de partículas ya que permitía conocer los misterios insondables de la materia al igual que las teorías de Freud desvelaban el yo más escondido. En este año pinta la obra “Mercado de esclavos con la aparición del rostro de Voltaire” (1940), que finaliza la etapa surrealista. Y en 1945, aterrorizado por la explosión atómica de Hiroshima, inicia su periodo nuclear con el cuadro apocalíptico “Idilio atómico y uránico melancólico” (1945).

Desde entonces, Dalí aprovechará en sus obras, en sentido metafórico, los descubrimientos científicos relativos a la desintegración de la materia y a la liberación de la energía. Los objetos se descomponen en partículas que flotan en el espacio en un estado de aparente inmovilidad provocado por fuerzas de atracción y repulsión recíprocas, observable en obras como “Equilibrio interatómico de una pluma de cisne” (1947), “Las tres esfinges de Bikini” (1947) o “Desmaterialización de la propia nariz de Nerón” (1947).

El cuadro se estructura según la proporción Áurea que fue calculada siguiendo las directrices del matemático Matila Ghyka. En el boceto de 1947 se advierte la meticulosidad del análisis geométrico realizado por Dalí basado en el pentagrama místico pitagórico.

El cuadro se estructura según la proporción Áurea que fue calculada siguiendo las directrices del matemático Matila Ghyka. En el boceto de 1947 se advierte la meticulosidad del análisis geométrico realizado por Dalí basado en el pentagrama místico pitagórico.

La pintura corpuscular desembocará en la mística nuclear, una vuelta a la pintura religiosa mediante la nueva dimensión de la realidad y la materia descrita por la física moderna. “Deseaba ver y comprender las fuerzas y las leyes ocultas de las cosas, evidentemente para llegar a dominarlas”, comentó. “Mi genio intuitivo me dice que yo poseo un medio excepcional para penetrar en el corazón de las cosas: el misticismo”. Según él, la ciencia era una prueba de la existencia de Dios y la existencia de Dios era una prueba de la fuerza de la ciencia.

Dalí sigue pintando la fragmentación de la materia, pero incorpora elementos de la tradición religiosa. El pintor utilizará la tensión superficial, la fuerza de origen atómico que impide que dos materiales se mezclen, en “La Madonna de Portlligat” (1949), donde nada toca a nada, y para divinizar a su mujer Gala en “Leda atómica” (1949), obra que requirió un gran desarrollo matemático y el estudio del “Tratado de la divina proporción” del matemático renacentista Luca Pacioli. También, cautivaron al artista las esferas que representan a los átomos en los manuales de física, y en “Galatea de las esferas” (1952) muestra a su musa compuesta por multitud de átomos.

Sentía, además, fascinación por los grandes aceleradores de partículas que bombardeaban la materia y lo utilizó de inspiración en la creación de lo que llamó ‘la pistola cuántica’, un trabuco de época cargado de tinta que aplicará para realizar las litografías que ilustraron la Divina Comedia de Dante. El autor llegó a la necesidad de plasmar las antipartículas, trabajo que inicia con “La Asunción Antiprotónica” (1956), donde plantea que la Asunción de la Virgen no es consecuencia de la fuerza de la oración, sino de la fuerza de sus antiprotones.

Pero Dalí, sobre todo, admiraba la figura de Werner Heisenberg, el físico que anunció el Principio de Incertidumbre según el cual la propia presencia del observador determinaba la observación, lo que el pintor consideraba absolutamente surrealista. En 1958, Dalí escribe el texto “Manifiesto Antimateria”, en el que declara: “quiero encontrar la manera de transportar mis obras a la antimateria. Se trata de la aplicación de una nueva ecuación formulada por el doctor Werner Heisenberg (…) Esta es la razón de que yo, que sólo admiraba a Dalí, comience a admirar a este Heisenberg que se parece a mí”.

La nueva cultura
En los últimos años de su vida, en 1985, el Museo Dalí de Figueres acogió una reunión científica de alto nivel bajo el título “Cultura y Ciencia: determinismo y libertad” en el que asistieron físicos, matemáticos y artistas. El enfermo y anciano Dalí siguió con atención desde su habitación toda la jornada a través de un circuito de televisión interno y durante el simposio se entrevistó personalmente con la algunos de los científicos asistentes, entre ellos sus dos amigos, René Thom e Ilya Prigogine, a quienes pidió que reconciliaran sus diferencias científicas “en el nombre de Schrodinger”.

Pero ésta no fue la última anécdota de Salvador Dalí respecto a la ciencia. El día de su muerte, en 1989, dejó en su mesilla de noche varios libros, entre ellos, “La breve historia del tiempo” de Stephen Hawking, “La geometría del arte y la vida” del matemático Matila Ghyka y “¿Qué es la vida?” del físico Erwin Schrodinger. Sin duda, unas lecturas muy singulares para cualquier artista, pero no para Dalí quien, en 1979, con motivo del ingreso en la Académie des Beaux-Arts del Instituto de Francia, a la pregunta del porqué de su interés por la ciencia, respondió: “porque los artistas no me interesan nada. Creo que los artistas deberían tener nociones científicas para caminar sobre otro terreno, que es el de la unidad”.

Dalí fue pionero en el diálogo entre las humanidades y las ciencias: “lo desgraciado de nuestros días es la monstruosa especialización de cada ciencia; o sea, el que sabe de física no sabe de pintura, el pintor no sabe de física, el biólogo muy poco de física, todo está demasiado especializado”. El artista siempre fue consciente de los logros de la ciencia y se sintió responsable de sus implicaciones. “Estamos asistiendo al progreso casi monstruoso de la civilización, sin ningún tipo de síntesis”, afirmó. Por ello, quiso volver a agrupar ambos mundos, tal y como lo había hecho Leonardo en el Renacimiento: “yo soy el salvador de la pintura”.

Lamentablemente, su disfraz de bufón exhibicionista que le dio dinero y fama eclipsó la lectura científica de su obra. Él era consciente de ello: “si no organizara estos espectáculos y dijera disparates, interesaría mucho menos como pintor”. Loco o visionario, la ciencia que le acompañó toda la vida tiene mucho que aprender de sus lienzos. Dalí sabía que no hay mayor recurso creativo que poner la realidad patas arriba. Y ese es el impulso poético que convendría recuperar para la ciencia: que los matemáticos piensen en física, los físicos en biología, los biólogos en arte y los artistas en matemáticas; ver, por un instante, el Universo en su reverso.

Este artículo fue publicado en el diario “La Opinión de Tenerife” (Versión .pdf ) y recibió una Mención Honorífica en los Premios Prismas Casa de las Ciencias a la Divulgación 2006

Matemáticas en el pentagrama

El astrónomo Johannes Kepler formuló las leyes del movimiento planetario basándose en la idea de una armonía musical del Cosmos

El astrónomo Johannes Kepler formuló las leyes del movimiento planetario basándose en la idea de una armonía musical del Cosmos

No se puede ver ni palpar, sin embargo, se siente. La música es una de las manifestaciones artísticas más universales y, a la vez, una de los rasgos más singulares, junto con el habla, del ser humano. Pero el lenguaje musical tiene, también, mucho en común con otro lenguaje que la inteligencia ha inventado para describir la realidad: la ciencia. La música es racionalidad y es una actividad poética y creadora, la unión entre el sonido organizado y la transmisión de emociones. La metáfora perfecta del pensamiento humano.

La ciencia habla de espectros, frecuencias, resonancias, vibraciones y análisis armónico. No es una simple coincidencia, no hay música sin física. El sonido es un fenómeno físico originado por la vibración de los cuerpos y que se trasmite por ondas. A diferencia del ruido, el efecto estético de un sonido depende de la relación lógica y pautada de sus vibraciones. Es decir, que en el fenómeno musical existe una esencia matemática. Y si consideramos la música como una sensación auditiva cuyo propósito es invocar emociones, disciplinas como la fisiología, la psicología, la bioquímica y las neurociencias tienen mucho que decir.

A los griegos da gusto oírles
La correspondencia entre la música y la ciencia se conoce desde hace mucho tiempo.  Probablemente, hacia el siglo VI a.C., en Mesopotamia ya advirtieran las relaciones numéricas entre longitudes de cuerdas. Pero fue en la Grecia antigua cuando se trazaron las diferentes escaleras armónicas basadas en las proporciones numéricas. Para los pitagóricos el Universo era armonía y número. Las notas musicales se correspondían con los cuerpos celestes. Los planetas emitían tonos según las proporciones aritméticas de sus órbitas alrededor de la Tierra. Y los sonidos de cada esfera se combinaban produciendo una sincronía sonora: la “música de las esferas”.

Esta armonía celestial fue descrita por muchos pensadores como Platón, que en La República, relata el mito de Er, un guerrero que en su muerte temporal ve el Universo y describe las órbitas de los planetas. “Encima de cada uno de los círculos iba una Sirena que daba también vueltas y lanzaba una voz siempre del mismo tono; y de todas las voces, que eran ocho, se formaba un acorde”. También Cicerón, en El Sueño de Escipión, explica el fenómeno: “Es el sonido que se produce por el impulso y movimiento de las órbitas, compuesto de intervalos desiguales, pero armonizados (…) Porque tan grandes movimientos no podrían causarse con silencio, y hace la naturaleza que los extremos suenen, unos, graves, y otros, agudos”.

Un Sistema Solar polifónico
La tradición que consideraba al Universo como un gran instrumento musical se prolongará durante la Edad Media y hasta el siglo XVII, cuando aparece la figura de Johannes Kepler. El astrónomo alemán intentó comprender las leyes del movimiento planetario y consideró que éstas debían cumplir las leyes pitagóricas de la armonía. En su libro Harmonices Mundi (1619) ilustra el orden del Universo según los sonidos producidos por las velocidades angulares de cada planeta. Cuanto más rápido era el movimiento, más agudo era el sonido que emitía.

Asumida esta creencia, Kepler escribió seis melodías, cada una correspondiente a un planeta diferente, e instó a los músicos de su época a asimilar su descubrimiento. Escribió: “el movimiento celeste no es otra cosa que una continua canción para varias voces, para ser percibida por el intelecto, no por el oído; una música que, a través de sus discordantes tensiones, a través de sus síncopas y cadencias, progresa hacia cierta predesignada cadencia para seis voces y, mientras tanto, deja sus marcas en el inmensurable flujo del tiempo”.

El Sol lleva la batuta
Las primeras evidencias de música originada en un cuerpo celeste, tal como habían imaginado los pitagóricos primero y Kepler más tarde, no se encontraron hasta hace varias décadas. Las estrellas no emiten melodías armoniosas, pero sí que están sometidas a perturbaciones que provocan una respuesta en forma de ondas. No podemos escuchar el sonido emitido por una estrella, ya que las ondas de sonido necesitan un medio por el que propagarse y el Universo está prácticamente vacío, pero sí podemos observar cómo vibra. Y éste es el ámbito de estudio de la sismología solar, un campo de la astrofísica que desde 1979 investiga en detalle la estructura interna invisible del Sol.

Como un complejo instrumento musical, nuestro astro oscila creando tipos de ondas (modos propios de oscilación) que se propagan por su interior y se reflejan en la superficie deformándola ligeramente, del mismo modo que las olas del mar. Observando esta alteración se pueden descubrir las frecuencias de las ondas que irradian desde su núcleo y deducir, al igual que en una ecografía, las características físicas y los movimientos que se prolongan en el interior. Que nuestro astro tenga ritmo no es una cualidad única, sino que cada estrella, como cada instrumento musical, posee su propio sonido.

El Sol es, también, la repuesta a uno los misterios que la ciencia llevaba años persiguiendo: el excelso sonido del violín Stradivarius. La última teoría sostiene que el secreto está en el “Mínimo de Maunder”, un periodo de escasa actividad solar que entre los siglos XVII y XVIII, cuando se elaboraron los citados violines, provocó un acusado cambio climático. La temperatura en Europa descendió, en lo que se llamó la “Pequeña Edad de Hielo”, causando un lento crecimiento en los árboles y dotando a la madera de unas singulares cualidades sonoras.

Los números dan la nota
Para Leibniz, “la música es un ejercicio de aritmética secreta y el que se entrega a ella ignora que maneja números”. Y Bertrand Russell consideraba que “el matemático puro, como el músico, es creador libre de su mundo de belleza ordenada”. Descartes (Compendio musical), Galileo (Discurso), Mersenne (Armonía Universal), D’Alembert (la solución de la ecuación de ondas) y Euler (Nueva teoría musical), son algunos de los matemáticos que se han preocupado por la elaboración de teorías musicales. Si bien, también se conocen muchos compositores que han aplicado a sus creaciones principios de lógica y probabilidad matemática, como Debussy, Boulez, Messiaen, Varese, Stockhausen o Xenakis, precursores de la música electrónica actual.

Pero la música no solamente ha seducido a los matemáticos. Científicos de muchas disciplinas han recogido sus teorías en composiciones musicales. Como Clark Maxwell, descubridor de la existencia de las ondas electromagnéticas, que compuso una canción titulada “Rigid Body Sings” para explicar de forma cómica la ley de colisión entre los cuerpos rígidos, o el físico Georges Gamow, que en uno de sus libros sobre su simpático personaje de ficción Mr. Tompkins incluyó tres arias para ser cantadas por tres eminentes cosmólogos, Abbé George Lemaître, Fred Hoyle y él mismo, que explicaban diferentes teorías de la creación del Universo.

Con la música a otra parte

Pocos estímulos despiertan una reacción tan emotiva como la música. Esto se debe a que, como cualquier creación del ser humano, es fruto del cerebro. En contra de la creencia popular, emoción y razón están relacionadas. Por ello, han prosperado nuevos campos de estudio, en especial, desde las neurociencias, que analizan la conexión entre el sonido, la emoción y el pensamiento. Y aunque hace 20 años pocos creían que pudiera aportar nada, actualmente es un ámbito de gran interés académico y múltiples aplicaciones, sobre todo, terapéuticas.

Hoy sabemos, que la música y el lenguaje tienen un origen común, ya que a nivel neurológico han evolucionado juntas en los últimos dos millones de años. También conocemos que la música estimula la zona del cerebro que registra el placer, un mecanismo básico para la supervivencia. Y que no todos escuchamos del mismo modo: gracias a imágenes obtenidas por Resonancia Magnética Funcional, se ha observado que la actividad cerebral en un músico es diferente de la de una persona sin formación musical.

Resumiendo, la música es el arte de combinar sonidos armónicamente con el propósito de producir sensaciones. Pero la armonía no es sólo un elemento esencial de la música, sino que ha sido invocada frecuentemente por la ciencia para describir y comprender el mundo. Muchos científicos han confiado en la armonía del Universo y algunos músicos han utilizado la lógica y el cálculo en sus creaciones. La música integra con la ciencia un campo general del pensamiento que nos distingue como humanos. Preguntarnos por ella, es preguntarnos por nosotros mismos.

Artículo publicado en el diario “La Opinión de Tenerife”. (Versión pdf.)

Números y garabatos

Son muchos los ejemplos de cómo los fenómenos científico-técnicos han influido en el arte en distintas épocas. Los descubrimientos en antropología, en matemáticas o la física cuántica, han tenido influencia en algunas corrientes de las artes plásticas. Desde el sistema de perspectiva geométrica utilizado por los artistas renacentistas, hasta la revolución científica de principios del siglo XX que inspiró a las vanguardias artísticas, pasando por las teselaciones del arte islámico, la proporción áurea o la geometría fractal, la evolución de las artes aplicadas no ha sido ajena al conocimiento científico. Sirvan estos casos como ejemplo:

Goethe: el psicólogo del color

Anillo simbólico magnético (1798). J.W. von Goethe

Wolfgang von Goethe (1749-1832) fue un apasionado de la ciencia, aunque esta faceta haya quedado eclipsada por la literaria. Para Goethe, las preocupaciones estéticas y científicas eran una misma cosa. A lo largo de su vida escribió sobre meteorología, botánica, zoología, antropología y geología. Desarrolló una teoría sobre la luz y el color, opuesta a la de Newton, que tuvo escaso éxito desde el punto de vista científico, pero que ejerció una cierta influencia en los comienzos del arte abstracto. Una de sus obras sobre el color, Anillo simbólico magnético (1798), es un cuadro construido con formas de imanes interactuando.

Étienne-Jules Marey: fotógrafo de fluidos

Fencer. Étienne-Jules Marey

Etienne-Jules Marey (1830-1904), fisiólogo, médico, biomecánico e inventor en 1882 de la cronofotografía, base técnica de la cinematografía. Dedicó su vida al estudio del movimiento en todas sus formas: locomoción animal y humana, circulación sanguínea, desplazamientos de objetos o de fluidos, caída de los cuerpos. Los clichés tomados por Marey son imágenes fantásticas que asocian la ciencia al onirismo, la poesía a la técnica, son obras maestras estéticas que pertenecen igualmente a la historia del arte, de la fotografía, de la aeronáutica y de la aerodinámica.

Ernst Haeckel y el paisajismo científico

Art forms in Nature. Ernst Haeckel

Biólogo alemán y ferviente darwinista, las contribuciones de Haeckel (1834-1919) a la zoología fueron una mezcla de investigación y especulación. En 1866 anticipó el hecho de que la clave de los factores hereditarios reside en el núcleo de la célula. Viajó por todo el mundo dibujando especies marinas. Su estudio supera el interés científico. Sus láminas se han expuesto en galerías y editado como catálogos de arte.

Jakson Pollock y los fractales

Jackson Pollock. Foto: Hans Namuth

El análisis computerizado está ayudando a explicar el atractivo de las pinturas de Jackson Pollock (1912-1956). Los famosos goteos y marañas de este artista crean motivos fractales similares a los que árboles y nubes forman en la naturaleza. El análisis de su obra ha ayudado a comprender que existen preferencias visuales por las configuraciones fractales. Sorprendentemente muchos objetos que nos rodean en la naturaleza poseen valores en su configuración fractal situados en el mismo intervalo que sus pinturas.

Los grabados de Escher

Relatividad. M. C. Escher (1953)

Maurits Cornelis Escher (1898-1972) representó conceptos abstractos de las matemáticas a través de metáforas visuales, efectos ópticos y paradojas. Escher conectó arte y matemáticas, y valiéndose de teselas, poliedros, bandas de moebius, nudos y geometrías varias, fue capaz de generar imágenes, formas e ideas de una gran belleza. Inauguró el Op art, uno de los movimientos artísticos que más se relacionan con la investigación científica, al estudiar el color, la influencia de la luz y el movimiento en los cambios cromáticos y su percepción en la retina.

Metzinger, el cubismo y la cuántica

Le Village. Jean Metzinger (1918)

Jean Metzinger (1883-1957) es uno de los más tempranos e influyentes teóricos del cubismo. Estuvo muy interesado en la filosofía de Bergson y las especulaciones sobre las nuevas geometrías (Riemann, Poincaré). Metzinger era un apasionado de las matemáticas y quedó seducido por las explicaciones de Maurice Princet sobre estos asuntos. En 1912 redacta una de las principales fuentes del cubismo, Du Cubisme, una defensa del fundamento matemático de la pintura que quedó liberada de las restricciones de la linealidad. El cubismo podía presentar la realidad desde distintos ángulos. Esta idea se cree que inspiró a Niels Bohr, coleccionista de arte, en su Principio de Complementariedad (1927) que concluyó en la dualidad onda-partícula de la luz y fue base de la ‘Interpretación de Copenhague’ de la mecánica cuántica.

Picasso y la cuarta dimensión

Las señoritas de Avignon. Pablo Picasso (1907)

Pablo Picasso (1881-1973) y Albert Einstein (1879-1955), aunque en ámbitos aparentemente lejanos como el arte y la ciencia, tenían en común la búsqueda de la cuarta dimensión. Ambos estaban preocupados por descubrir la naturaleza del espacio y el tiempo, en particular la naturaleza de la simultaneidad. En 1905 la Teoría de la Relatividad pone de manifiesto la figura del observador y afirma que cada uno tiene su propia visión del mundo. Por su parte Picasso pinta Las señoritas de Avignon (1907), obra que rompió los confines de la perspectiva visual al sintetizar todos los puntos de vista en uno. Se cree que Picasso se inspiró en un libro de geometría de la época en el que encontró la teoría para representar diferentes perspectivas en sucesión.

Kepler y la música del mundo

Mysterium Cosmographicum. Johannes Kepler (1596)

Johannes Kepler (1571-1630) pensaba, en la tradición de los filósofos pitagóricos, que sus leyes debían expresar la armonía musical del cosmos. En su tercera ley, Kepler representó la velocidad angular de cada planeta en un pentagrama musical, la nota más baja correspondía al caso más alejado del Sol y la más alta al más cercano. De hecho, Kepler llegó a componer seis melodías que se correspondían con los seis planetas del Sistema Solar conocidos hasta entonces. Al combinarse, estas melodías podían producir cuatro acordes distintos, siendo uno de ellos el acorde producido al inicio del Universo, y otro de ellos el que sonaría a su término.

El Hombre de Vitruvio. Leonardo da Vinci. 1492

El Hombre de Vitruvio. Leonardo da Vinci (1492)

Leonardo, el sabio total
Leonardo da Vinci (1452 – 1519), uno de los grandes genios del Renacimiento. Buscó el conocimiento en todas sus manifestaciones. Los intereses científicos de Leonardo eran múltiples; la física —representada por la óptica, la mecánica y la hidráulica—, la astronomía, las matemáticas y la geografía; también la biología, con atención principal a la botánica, la fisiología y la anatomía, tanto humana como comparada. Leonardo es también uno de los más grandes artistas de la humanidad; fue el primero en aplicar las leyes de la perspectiva, y creó las técnicas del claroscuro y del esfumato. No deben olvidarse otros intereses, como la música, la fonética, la geología. Leonardo representa la síntesis de la máxima manifestación del espíritu humano, tanto en el arte como en la ciencia y la técnica.

Dalí y la obsesión por la ciencia

La persistencia de la memoria. Salvador Dalí (1931)

El interés de Salvador Dalí (1904-1989) por la ciencia era palpable. Las simbolismos matemáticos ocultos tras la pintura del genio de Figueres, su relación con los pensadores más importantes de su época, como Freud o Einsten, la rigurosa meticulosidad de la geometría en el tratamiento de la perspectiva, son ejemplos de la obsesión del artista por el mundo científico. A través de su obra podemos realizar un recorrido histórico por los acontecimientos científicos del siglo XX. El descubrimiento del ADN, la teoría cuántica, los modelos atómicos o el concepto de antimateria causaron un profundo impacto en Dalí que los utilizó como fuente de inspiración para respaldar sus creaciones.

Duchamp y Poincaré: la geometría no-euclidiana

3 Stoppages Étalon. Marcel Duchamp (1913–14)

El físico y matemático Henri Poincaré (1854-1912), cuestionando la posibilidad de un conocimiento científico objetivo influyó en Marcel Duchamp (1887-1968), artista dadaísta francés, que al leerlo en 1912 inicia un giro en su producción. Duchamp estudia tratados de perspectiva, geometría y matemáticas, y crea un sistema casi científico para incorporar efectos casuales a su obra. En Trois stoppages étalon (1913-14), crea a partir del azar un conjunto de tres hilos de menos de un metro acompañados de sus tres reglas para mostrar que todas las medidas son artificiales. Duchamp produce una matemática ficticia: adopta el rigor del pensamiento científico, pero unido con la indeterminación del azar, como ironía sobre la pretensión de absoluto de la ciencia. Su obra influyó fuertemente en el arte del siglo XX.

Renaissance teams

Cosmic Voyage. Donna J. Cox IMAX

Término creado por Donna J. Cox, del National Center for Supercomputing Application (NCSA), en 1986, para describir la colaboración entre especialistas y artistas a la hora de resolver problemas en el campo de la visualización de datos científicos. La visualización científica implica la traducción mediante un procedimiento informático de valores numéricos en gráficos según una pauta temporal. El artista participa en las distintas fases del proceso; en el diseño, la colaboración, la secuenciación y la edición de las imágenes.

Versión .pdf del artículo publicado en La Opinión de Tenerife