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Universo Kubrick

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Universe (1960) de Roman Kroitor y Colin Low, National Film Board of Canada. Un excelente documental que inspiró a Stanley Kubrick en el diseño de efectos especiales de 2001: una odisea del espacio.

Los grandes creadores saben sacar partido de su propio talento e inspiración. Pero, a menudo, también necesitan fijarse en la obra de otros. El dominio público es siempre una fuente rica de creatividad. Una prueba de que sin el préstamo y la adaptación muchas grandes obras maestras que hoy admiramos no hubieran podido existir es la película 2001: una odisea del espacio (1968) del enigmático director de cine Stanley Kubrick.

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Kubrick durante el rodaje de 2001: una odisea del espacio. Esta imagen pertenece a una serie de 20 fotografías realizadas por la revista LIFE en el set de la película. Crédito: Dmitri Kessel-Time & Life Pictures / Getty Image

A estas alturas no hay nada que podamos descubrir de este excelente cineasta, pero resulta interesante comprobar cómo su preocupación por la minuciosidad y el detalle le llevó a investigar cada uno de los temas que trataba en sus películas con una precisión casi científica. Tal y como se descubrió tras su muerte (y se muestra en el documental Stanley Kubrick’s Boxes), llegó a recopilar habitaciones enteras de documentación que archivaba en cajas que el mismo diseñaba, ya que las que había en el mercado no le parecían adecuadas. Por supuesto, la preparación de 2001: una odisea del espacio no estuvo exenta de una obsesiva búsqueda de inspiración y preocupación por el detalle.

Sorprende, sin embargo, los motivos por los que Kubrick quiso hacer una película sobre la exploración espacial aún sin tener un interés particular por la ciencia. De hecho, sentía una especial desconfianza hacia los progresos tecnológicos; cosa que no es de extrañar dado su carácter hipocondríaco. Kubrick dudaba acerca de la capacidad del género humano para sobrevivir a su propia capacidad de inventar armas de destrucción en masa. No obstante, llegó a la conclusión de que la conquista del espacio, tal vez, era la única cosa que la raza humana podía hacer para evitar su desaparición. Esta idea y un informe sobre la posibilidad de vida en otros planetas, que leyó durante su investigación para su anterior película ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú, hicieron que Kubrick se decidiera a realizar una película de ciencia ficción que tratara sobre el destino del hombre, su papel en el Cosmos y su relación con una posible forma de vida superior.

Consejo de expertos

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Stanley Kubrick y Arthur C. Clarke (en el centro) custodiado por un grupo de asesores, entre ellos, el ingeniero Fred Ordway III de la NASA (de blanco). Crédito: Kubrick Family Estate

Para 2001: una odisea del espacio Kubrick se entrevistó con distinguidos astrónomos, expertos en vida extraterrestre y viajes espaciales, médicos, teólogos, biólogos, químicos… Muchas de estas entrevistas se grabaron para incluirlas en la película en forma de introducción, ya que la intención inicial de Kubrick era hacer lo que él calificó como un “documental mitológico”, aunque finalmente desechó esta idea. También visitó las instalaciones de la NASA y otras empresas implicadas en la carrera espacial a fin de descubrir cómo eran y cómo funcionaban. Kubrick contrató como asesores a dos técnicos del Centro Marshall de la NASA: el ingeniero Fred Ordway y el diseñador Harry Lange, quienes formaban parte del equipo de Wernher von Braun, promotor del proyecto de exploración espacial americano

El famoso divulgador Carl Sagan convenció a Kubrick de que no mostrara alienígenas con forma humanoide. Cuando vio la película en su estreno, se alegró de haber puesto su granito de arena.

El famoso divulgador Carl Sagan pudo ser el germen del famoso monolito de 2001: una odisea del espacio ya que convenció a Kubrick de que no mostrara en la película alienígenas con forma humanoide. Cuando vio la película en su estreno, se alegró de haber contribuido a que el cineasta hubiera apostado por una representación más abstracta de la inteligencia extraterrestre. Crédito:  NASA/JPL

Incluso, llegó a tener un transcendental encuentro con el conocido astrónomo y divulgador Carl Sagan a quien pidió opinión sobre cómo representar una posible inteligencia extraterrestre. Kubrick quería usar actores para retratar alienígenas humanoides ya que era mucho más barato. Sin  embargo, Sagan lo convenció de que no lo hiciera. Así lo contaba él en uno de sus libros:

“Alegué que era tan grande el número de improbables acontecimientos individuales en la historia de la evolución del hombre, que tampoco era probable existiesen en el Universo seres parecidos a nosotros. Sugerí entonces que cualquier representación explícita de un ser extraterrestre avanzado, sin duda alguna mostraría, al menos, un elemento de falsedad y que la mejor solución sería sugerir a los seres extraterrestres en lugar de retratarlos sui generis.”  (La Conexión Cósmica, 1973)

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Muchos críticos de arte han visto similitudes entre el monolito de 2001: una odisea del espacio y las pinturas del artista francés Georges Yatrides quien utiliza este símbolo en muchas de sus obras como representación de un conocimiento superior. Sus obras empezaron a exhibirse en los años 50 y 60, coincidiendo con el periodo de producción de la película, por lo que es muy probable que Kubrick y Clarke pudieran inspirarse en ellas. Two Figures on the Beach, 1963. Colección privada.

A pesar de que Kubrick no dejó escapar ni un solo aspecto técnico que pudiera ofrecer una imagen poco plausible sobre el futuro, se enfrentaba a un gran reto: cómo mostrar visualmente y de forma realista cosas que nunca antes se habían visto.  Cabe tener en cuenta que cuando Kubrick empezó a idear 2001: una odisea del espacio la carrera espacial acaba de empezar, por lo que no existían apenas referencias sobre cómo se veían las cosas desde el espacio. De hecho, las sucesivas noticias e innovaciones que se iban sucediendo durante la exploración espacial (como los paseos espaciales, las fotografías de planetas tomadas por las sondas, etc.) llegaron a ser un suplicio para el equipo de producción ya que tenía que rectificar constantemente sus diseños.

El viaje del héroe

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Stanley Kubrick y Arthur C. Clarke durante la escritura del guión de 2001: una odisea del espacio en el apartamento del director en Central Park. Crédito: Colección Kubrick Family Estate

Para buscar inspiración Kubrick visionó un gran número de películas de ciencia ficción, como Metropolis (1926), La vida Futura (1936) o Planeta Prohibido (1956), así como algunas títulos japoneses ambientados en el espacio del género Kaiju Eiga. También leyó multitud de novelas y relatos de los mejores escritores de género fantástico, como Isaac Asimov, Ray Bradbury, Robert A. Heinlein y, por supuesto, Arthur C. Clarke, quien finalmente fue contratado para escribir el guión de la película. El cineasta se interesó por él tras leer su novela El fin de la Infancia de la que la 2001: una odisea del espacio tomaría prestado algunas de sus ideas centrales, aunque la inspiración más directa vino de otro relato de Clarke llamado El Centinela.

El primer borrador del guión se llamó “Cómo se conquistó el Sistema Solar” y más tarde, “Viaje más allá de las estrellas”, hasta que en 1965 pasó a ser 2001: una odisea del espacio. Es probable que Kubrick y Clarke se basaran en el poema épico griego La Odisea de Homero. Según el director,

“una Odisea espacial es casi lo mejor que se nos ha ocurrido – comparable en algunos aspectos a La Odisea homérica. Nos percatamos de que para los griegos las vastas extensiones de mar tenían el mismo tipo de misterio y lejanía que el espacio tiene para nuestra generación, y las alejadas islas visitadas por los maravillosos personajes de Homero eran no menos remotas para ellos que para nosotros lo son los planetas que nuestros astronautas pronto explorarán. También comparte con La Odisea un interés por la reflexión, la exploración y la aventura.” (“Beyond the Stars,” Jeremy Bernstein, The New Yorker Magazine, 1965)

También hay quien ha visto otras similitudes argumentales como, por ejemplo, entre HAL 9000 y el cíclope Polifemo, o el apellido del protagonista del filme, Bowman (‘arquero’ en inglés), y la pericia de Odiseo (Ulises) con el arco. Sea como sea, 2001 es una narración épica y, como tal, es lógico que se inspirara en una de los relatos más influyentes de la cultura occidental. Como también puede considerarse épico el proceso de escritura del guión: Kubrick y Clarke llegaron a estimar que habían dedicado más de 2.400 horas para una película de dos horas y veinte minutos y donde hay poco menos de 40 minutos de diálogo. Así lo justificó Kubrick:

“No es un mensaje que yo haya tratado de convertir en palabras. 2001 es una experiencia no verbal (…) Traté de crear una experiencia visual que trascendiera las limitaciones del lenguaje y penetrara directamente en el subconsciente con su carga emotiva y filosófica. Como diría McLuhan, en 2001 el mensaje es el medio” (Playboy Interview, 1968)

Futuro simple

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Maquetas utilizadas en el documental Universe. El método artesanal empleado en la elaboración de los efectos especiales y el realismo y la precisión alcanzados hicieron que Kubrick contratara a su equipo de producción para 2001: una odisea del espacio. Crédito: NFB

Pero Kubrick seguía sin tener claro el diseño visual de la película. La iluminación le llegó tras visionar un modesto documental canadiense en blanco y negro de apenas 30 minutos de duración titulado Universe (en la versión en francés, Notre Univers). Realizado por el National Film Board de Canadá en 1960, la película explica los últimos avances en cosmología de la época. Este excelente y enigmático documental (cuya atmósfera recuerda a los episodios de la mítica serie La Dimensión Desconocida) no sólo inspiró a Kubrick, sino que se convirtió en visión obligada por los técnicos de la NASA, que ordenó más de 300 copias de la película, durante los preparativos de la misión tripulada a la Luna. También recibió una veintena de premios importantes, incluyendo un premio BAFTA a la Mejor Película de Animación, el Premio del Jurado a la Animación en el Festival de Cannes y la nominación a los Óscar al Mejor Cortometraje Documental.

Lo que más llamó la atención al cineasta Stanley Kubrick de esta película, hasta el punto de contratar a su equipo de producción, fue el modo ingenioso en que, sin un gran presupuesto, consigue mostrar de forma realista aspectos astronómicos de difícil visualización, como el nacimiento de una nebulosa o los procesos de formación de estrellas a partir del gas y el polvo cósmico. De hecho, para la realización de estas imágenes, su técnico de efectos especiales, Wally Gentleman, tan sólo necesitó derramar unas gotas de tinta sobre un pequeño recipiente metálico con aceite de coco. Al parecer, la inspiración le llegó cuando, al diluir un poco de crema de leche en su café, se percató en cómo un rayo de Sol proyectaba en el techo una galáctica espiral en rotación. El mismo procedimiento, pero en color y sobre negativo de 65 mm, se utilizó más tarde en 2001: una odisea del espacio para crear las explosiones de estrellas y las nubes de gas y polvo interestelar que el protagonista ve durante su ‘viaje’ a través de la Puerta Estelar.

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Universe no sólo fascinó a Kubrick por su original diseño, sino que también llamó su atención la voz de su narrador Douglas Rain a quien contrató para dar vida a la misteriosa computadora HAL 9000. Crédito: Warner Bros. / MGM

Cabe destacar que la idea y el diseño de producción de Universe estuvo marcado, a su vez, por un encuentro que uno de los directores del filme, Colin Low, tuvo en París con Berthold Bartosch, un vanguardista artista checo pionero del cine de animación que, según le explicó, tenía previsto realizar una película sobre el Cosmos. Como a Kubrick con Universe, también a Low le sorprendió la sencillez y el ingenio de las técnicas que Berthold había previsto usar, especialmente las relacionadas con los tiempos de exposición y la profundidad de campo; ideas que luego ‘tomaría prestado’ para su documental.

Obra de artesanía 

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Maqueta de la nave espacial Discovery One. Para mantener la ilusión de una única fuente brillante de luz, tal y como ocurre en el espacio con el Sol, el equipo técnico tuvo que renunciar a una mayor iluminación. Esta limitación obligó a grabar a velocidades extremadamente lentas y, por lo tanto, a largas sesiones de rodaje con turnos de 24 horas. Crédito: Warner Bros. / MGM

Sin duda, las sutiles y misteriosas imágenes de Universe convencieron a Kubrick de que la sencillez era el mejor aliado para conseguir el grado de realismo que quería para su película. Esto hizo que el cineasta decidiera finalmente que los efectos especiales de 2001: una odisea del espacio estuvieran basados en métodos tradicionales. Esta solución, lejos de simplificar las cosas, complicó extremadamente la producción del filme y obligó a los responsables del equipo técnico a ingeniárselas, incluso renunciando muchas veces a procedimientos más eficaces.  Por ejemplo, para las naves espaciales, en lugar de rodar las maquetas sobre un fondo azul y añadir el resto a partir de otro negativo, como se hace habitualmente en este tipo de producciones, se optó por utilizar complicadas técnicas de rotoscopia, similares a las que se usan en animación, que exigían pintar manualmente miles de hojas de acetato.

Se rodaba con media docena de cámaras simultáneamente y, a veces, en turnos de 24 horas. Además, para conseguir la nitidez y la profundidad de campo necesaria para que las maquetas estuvieran totalmente enfocadas y así no parecer miniaturas, se grababa con aperturas tan pequeñas que obligaban a exposiciones de hasta cuatro segundos por imagen. Algunos planos requerían tanto tiempo de grabación que, tal y como expresó Kubrick, “era como ver la aguja de las horas de un reloj”.

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Maqueta de la Space Station 5 abandonada en algún lugar de la campiña inglesa en 1974. Al terminar la película Kubrick mandó destruir todos los modelos construidos para que no pudieran ser utilizados en otras producciones. Poco después de haber obtenido esta imagen, la maqueta fue destrozada por vándalos. Crédito: Trevor Parsons / The Kubrick FAQ

Resulta paradójico que una película como 2001: una odisea del espacio, construida mediante métodos artesanales más propios del cine mudo que de la moderna industria cinematográfica, esté considerada como una de las películas técnicamente más complejas de la historia del cine. Estas palabras de Kubrick dan una idea de la dificultad del proyecto:

“Nos dimos cuenta de que había 205 escenas con efectos especiales y que cada uno de ellas requeriría un promedio de 10 pasos principales para completarlas. Defino como ” paso principal ” aquel en el que una escena requiere de otro técnico o departamento. (…) 10 pasos para 200 escenas equivale a 2.000 pasos. Pero si piensas que la mayoría de estos pasos había que repetirlos más de ocho o nueve veces para asegurarse de que eran perfectos, el total real era de más de 16.000 pasos por separado.  Esto significaba un increíble número de diagramas, organigramas y otros datos para mantener todo organizado y ser capaz de recuperar la información que alguien podía necesitar sobre algo que otro había hecho siete meses antes. En un un momento dado teníamos que ser capaces de saber en qué etapa se encontraba cada escena . Y el  sistema funcionó”.

Orden e ingenio

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La revista Popular Science publicó en su número de Junio de 1968 un detallado reportaje sobre los efectos especiales de la película titulado “How they filmed 2001: A Space Odyssey” que incluía dibujos del ilustrador oficial Bob McCall.

No es de extrañar que el tiempo de producción de la película se alargara cuatro años. En los estudios de la MGM en Borehamwood (Inglaterra) se creó una sala de control para coordinar todo el trabajo. Bocetos, storyboards, informes de progreso, hojas de notas, fotografías y cualquier sistema imaginable de archivo y de gestión de información se utilizaron para realizar el seguimiento de todos los avances que se iban produciendo en la grabación. Se decía que durante el rodaje se respiraba en los estudios una atmósfera más frenética que en las instalaciones de Cabo Kennedy durante un lanzamiento espacial.

Para 2001: una odisea del espacio también se desarrollaron innovaciones tecnológicas como: un revolucionario diseño de cámara llamado Slit-scan con la que realizaron la psicodélica secuencia de la “Puerta Estelar”; la utilización de un complicado sistema de proyección frontal mediante pantallas polarizadas para las secuencias de los simios; o, quizás, la más espectacular de todas, la construcción de una centrifugadora gigante de doce metros de diámetro y dos de ancho para representar el compartimento principal de la nave Discovery y su sistema de gravedad artificial.

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El impresionante set de rodaje de la centrifugadora. El tambor podía rotar 360 grados a 5 kilómetros por hora y estaba rodeado de compuertas móviles para las cámaras, que tuvieron que ser modificadas para poder funcionar como un sistema de circuito cerrado e, incluso, operar cuando estaban boca abajo. Fuente: Bizony, Piers (2001). 2001 Filming the Future. London: Sidgwick and Jackson

Sin embargo, algunos de estos derroches tecnológicos se complementaron con altas dosis de ingenio. Por ejemplo, para que no se vieran los cables que soportaban a los actores o a los planetas se grabaron verticalmente desde abajo de forma que el propio cuerpo de los astronautas o la maqueta ocultaba las sujeciones. También algunos fondos del cielo estrellado se consiguieron salpicando pintura blanca mediante cepillos de dientes. Incluso se modificó tres amplios frigoríficos para hacer los ataúdes criogénicos de los astronautas. Y no deja de ser llamativo que se decidiera que la misión del Discovery fuera a Júpiter en lugar de Saturno porque el equipo técnico no sabía cómo hacer los anillos.

Puzle de piezas

Universe no fue la única película que inspiró a KubricK. También le causó una gran impresión otro documental que vio durante su visita junto con Clarke a la Feria Mundial de Nuevo York de 1964, un grandioso escaparate de la cultura y la tecnología americana en el que la carrera espacial ocupaba un lugar destacado.

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Cartel de la película To the Moon and Beyond producida por la NASA y proyectada en la Feria Mundial de Nuevo York de 1964, exposición que Kubrick y Clarke visitaron en busca de inspiración para 2001: una odisea del espacio. Crédito: nywf64.com

La película, titulada To the Moon and Beyond, estaba producida por la NASA y se proyectó en un formato experimental llamado Cinerama 360 en el interior de la gigantesca cúpula del Pabellón T&T, conocida durante la feria como “Moon Dome” por estar su exterior cubierto con una reproducción en relieve de la superficie lunar. Se encargó de su realización la empresa Graphic Films en la que trabajaba un joven aprendiz llamado Douglas Trumbull a quien, por supuesto, Kubrick reclutó para formar parte del grupo de producción de efectos especiales de 2001: una odisea del espacio. No tuvo mal ojo, pues Trumbull no sólo fue el artífice de la increíble secuencia de la “Puerta Estelar”, sino que más tarde se convertiría en uno de los más grandes expertos de efectos especiales de la historia del cine, siendo el responsable de películas como Encuentros en la tercera fase, Blade Runner o, recientemente, El árbol de la vida.

Secuencia de la Puerta Estelar realizada por el técnico de efectos especiales Douglas Trumbull mediante una cámara Slit-Scan modificada. A través de este complejo aparato, Trumbull convirtió una serie de imágenes de distintas procedencias, desde pinturas pop-art hasta diagramas electrónicos o láminas de arquitectura, en los espectaculares e hipnóticos dibujos de luces. Esta secuencia contribuyó al éxito de la película ya que las salas se llenaron de espectadores dispuestos a ‘colocarse’ con ayuda de alguna que otra sustancia alucinógena.


2001: una odisea del espacio
 se estrenó en 1968, el mismo año que el Apolo 8 realizó el primer vuelo orbital tripulado a la Luna. La película ganó sólo el premio a los mejores efectos especiales en los Óscar de ese año. En la nominación no aparecía el nombre de ninguno de sus cuatro supervisores. Sí, en cambio, el de Kubrick que ocupaba en los créditos el cargo de director y diseñador de efectos especiales. Aunque el cineasta no estuvo presente en la ceremonia, el premio no sentó del todo bien a algunos miembros del equipo técnico de la película.  Sin embargo, ninguno de ellos olvidaría nunca el privilegio de haber podido trabajar en un proyecto tan experimental y a las órdenes de uno de los mejores cineastas de la historia. Al fin y al cabo, era la mirada de Kubrick la que convirtió 2001: una odisea del espacio en una obra tan inmortal como su oscuro monolito.

Pero, más allá de la extraordinaria visión cinematográfica de Kubrick, de la experiencia de 2001: una odisea del espacio pueden desprenderse varias conclusiones. Por un lado, que la producción creativa es proporcional al acceso a la cultura. Por lo tanto, ya sea en el arte o en la ciencia, es necesario garantizar que cualquiera pueda inspirarse en la obra de otros. A menos que aprendamos a compartir nuestras ideas con los demás, nos quedaremos estancados en una cultura inmovilista y un mundo de problemas sin solución. Y por otro, que un grupo no es sólo una colección de talentos individuales, sino una oportunidad para que estos ingenios se superen y creen algo más grande de lo que nadie hubiera imaginado. 2001: una odisea del espacio es un magnífico ejemplo de que cuando se consigue reunir una combinación acertada de ideas y cuando las personas colaboran de una manera adecuada, el resultado sólo puede ser mágico.

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La elipsis más larga de la historia del cine: 4 millones de años de evolución tecnológica, desde las primeras herramientas de hueso hasta las naves espaciales. Aunque hay quien sostiene que Kubrick tomó prestada la idea del documental de Frank Capra Rendezvous in Space (1964), es, sin duda, una de las imágenes más emblemáticas del séptimo arte.

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